lunes 9 de enero de 2012

Mejor no saber

Cuanto mayor información tiene una persona, más poder tiene. Sin embargo, la información es un arma de doble filo, porque también puede ser autodestructiva.
No vamos al médico por temor a que nos informe que tenemos un mal incurable. No preguntamos por alguien que no vemos hace mucho tiempo por temor a que nos digan que le pasó lo peor. O también, cuando alguien nos confiesa que mató a alguien, esa información nos convierte automáticamente en cómplice, y por tanto en delincuente. Asimismo, cuando presenciamos un delito podemos ser víctimas de su autor, como cuando el secuestrado identifica a su secuestrador.
Días pasados pregunté en Yahoo Respuestas: “Si un mago supiese el día y hora de tu muerte, ¿se lo preguntarías?” De los seis que respondieron, sólo uno dijo que sí, alegando que “me daría tiempo de hacer lo que me falta por hacer y de despedirme de las personas importantes en mi vida”, aunque del dicho al hecho…
Uno de los ejemplos más patéticos de información peligrosa se dio en la Segunda Guerra Mundial, cuando varios soldados nazis masacraron a militares polacos. Como los soldados nazis sabían demasiado fueron a su vez asesinados por un oficial nazi, el cual a su vez fue asesinado por un superior. Parece que el asunto terminó allí, porque de otra manera Hitler se hubiera quedado sin su estado mayor, o sea sus secuaces más fieles.
Pablo Cazau. Setiembre 2010.

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