Cristina Fernández asumió días pasados su segundo mandato presidencial en
Argentina. Los resultados oficiales indican que la votó el 53%, aunque no
aclara que fue el 53% de los votantes y no de todos los ciudadanos, ya que sólo
emitió su voto un 76%. Aún así, ganó por mayoría.
Hay varias razones que explican este triunfo, pero me detendré en dos de
ellos.
1) Una economía floreciente en su
primer mandato.- Claro está que es más fácil el manejo económico cuando se
trata de un país con muchos recursos y cuando la coyuntura internacional es
favorable. En realidad, la idoneidad en estas cuestiones aparece cuando el país
está en una verdadera crisis, y si no vean lo que le pasó a Zapatero en España.
Además, durante su primer mandato Cristina heredó y amplió una política de
estado benefactor con los llamados subsidios: la población entera pagaba
bastante menos el transporte, el gas, la electricidad o el agua, entre otras
cosas, porque el estado se hacía cargo del resto. Claro está que una vez
reelegida, y no antes, vino la sorpresa: se acabaron la mayoría de los subsidios,
de manera que ahora el grueso de la población debe pagar dos o tres veces más
el gas, la electricidad o el agua. Y si el gobierno quiere recortar gastos
drásticamente, eso significa que la política económica no es tan buena como
parecía.
2) Una oposición que no convence
mucho.- Aquí me estoy refiriendo solamente al partido radical, el
tradicional oponente del peronismo de Cristina. En los últimos veinte años los
radicales, aunque probablemente menos corruptos, han demostrado ser
completamente inútiles en materia económica. Los dos presidentes que por
entonces pasaron, en medio del enojo popular tuvieron que renunciar antes de
tiempo porque no sabían que hacer con la economía. Particularmente dramática
fue la caída de De la Rúa en 2001 a raíz de una pésima receta del ministro
Cavallo llamada “el corralito”, donde miles y miles de personas perdieron sus
ahorros porque los bancos jamás se los devolvieron. Yo me salvé porque,
siguiendo el consejo de mi fallecido padre, tenía algunos dólares en el colchón:
si los hubiera tenido en el banco los perdía, y si los hubiera guardado en el
colchón como pesos argentinos, habría perdido la mitad o más debido a la
repentina devaluación de la moneda.
Pablo Cazau.
Diciembre 2011.



