lunes 28 de noviembre de 2011

Los técnicos de lavarropas

Algún tiempo atrás, en la ropa procesada con nuestro lavarropas Phillips Whirlpool de casi veinte años de antigüedad empezaron a aparecer algunas manchas que no salían con nada, y que mi esposa atribuyó a la grasa del motor porque tenían un tono amarillento.
-Vamos a comprar uno nuevo. Este no da más y el técnico me va a cobrar una fortuna- me dijo, mientras yo le decía que consultándolo antes no perdía nada, mientras no cobrara la visita.
El primero que llamó hizo una visita relámpago, y apenas si corrió un poco el tambor cuando emitió su veredicto: la bomba de agua estaba “pinchada” y debíamos pagar $480 por una original.
Ya casi íbamos a comprar uno nuevo en el outlet de Frávega en Nueva Pompeya, cuando a ella se le ocurrió consultar telefónicamente a otro técnico.
-Señora, primero haga dos lavados sin ropa pero agregándole al recipiente del jabón un litro de vinagre de alcohol, y lo que sobre al tambor. Si todavía tiene problemas, vuelva a llamarme. Resultado: hasta ahora lavamos varias tandas de ropa y no volvieron a aparecer manchas.
Evidentemente el aparato estaba simplemente sucio y no me extraña que el ácido acético del vinagre haya resuelto el problema cuando, para limpiar vidrios, yo uso desde siempre el susodicho producto, si no más eficaz al menos más barato que el famoso limpiavidrios del supermercado. Y si acaso es usted un neurótico obsesivo, para estos menesteres puede aplicar el tetracloruro de carbono que se vende por monedas en cualquier droguería, y que yo utilizaba para dejar impecables los vidrios de las matrices de la imprenta. La única precaución: ponerse un barbijo y mantener ventilada la habitación por ser un producto muy tóxico.
Pablo Cazau. Abril 2011.

Frases varias VI

Las convicciones son como las camisas: para que estén siempre limpias, hay que mudarlas. Michel Corday
Las cosas no cambian, nosotros cambiamos. Henry Thoreau
Las estadísticas son como las bikinis: lo que muestran es sugerente, pero lo que esconden es vital. Anónimo
Las ideas envejecen más pronto que las palabras. Gustave Le Bon
Las locuras de las que un hombre se lamenta más en su vida son aquellas que no ha cometido cuando tuvo la oportunidad. Anónimo
Las palabras elegantes no son sinceras; las palabras sinceras no son elegantes. Lao-Tsé
Las palabras son como las hojas. Cuando abundan, poco fruto hay entre ellas. Pope
Las personas fuertes crean sus acontecimientos; las débiles sufren lo que les impone el destino. Alfred de Vigny
Las personas jóvenes bonitas son accidentes de la naturaleza, pero las personas adultas bonitas son obras de arte. Anónimo
Las personas más insoportables son los hombres que se creen geniales y las mujeres que se creen irresistibles. Asselin
Las religiones, como las luciérnagas, necesitan de la oscuridad para brillar. Schopenhauer
Las Siete Maravillas del Mundo son poder tocar, saborear, ver, escuchar, sentir, reír y amar. Anónimo
Lo complejo no tiene porqué ser profundo. Anónimo
Lo más valioso no es lo que tengas en la vida, sino que tienes vida. Madre Teresa
Lo más valioso no es lo que tienes, sino a quien tienes. Anónimo
Lo mejor que podemos hacer por otro no es sólo compartir con él nuestras riquezas, sino mostrarle las suyas. Disraeli
Lo que conduce y arrastra al mundo no son las máquinas sino las ideas. Victor Hugo
Los fallos de los cocineros se tapan con las salsas, los de los arquitectos con flores y los del médico ... con tierra. Anónimo
Los hombres creen que sus mentes dominan el lenguaje, pero a menudo el lenguaje gobierna sus mentes. Francis Bacon
Los hombres no serán virtuosos si no se les permite ser viciosos. Frank Meyer
Los hombres temen a los mismos dioses que han inventado. Lucano
Los juicios que hacemos sobre los demás dicen lo que somos nosotros mismos. Graf
Los moralistas son personas que se rascan allí donde a otros les pica. Samuel Beckett
Los que escriben como hablan, por bien que hablen, escriben muy mal. Comte de Buffon
Los vicios vienen como los pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos. Confucio

lunes 21 de noviembre de 2011

La letra y la música

Algunas veces me he preguntado por qué las personas se entusiasman con una canción aunque no entiendan la letra por estar en otro idioma. De hecho a mí mismo me ha pasado cuando en mi adolescencia me enroscaba con temas como “Lágrimas invisibles” de Ray Conniff y coro o “La vi parada ahí” de Los Beatles sin entender absolutamente nada de la letra. Incluso más: para cantarlas aprendía a pronunciar palabras totalmente ininteligibles.
La respuesta más evidente es que un tema es capaz de cautivar simplemente por la música, independientemente de la letra, lo cual es cierto cuando uno piensa en los temas musicales que han gustado masivamente y a los que nunca pusieron letra.
Hubo temas, sin embargo, que originalmente no tenían letra y que sólo más tarde alguien se la agregó, como ocurrió con “A mi manera” o el tango “Mi noche triste”. Es más: existieron temas musicales que nacieron con una letra, y luego vinieron otros y le pusieron otra distinta que incluso llegó a ser más famosa, como ocurrió con el tango “La Cumparsita” o con “Candle in the wind”, originalmente dedicada a Marilyn Monroe pero luego reelaborada para Lady Di. Esto mismo suelen hacer las murgas cuando se apoderan de temas musicales y les cambian la letra para adaptarlos a su espectáculo, sólo que en estos casos la letra original suele persistir como la más difundida.
Y también ha ocurrido que primero naciera una letra y luego alguien le agregara música, como hizo Astor Piazzolla al musicalizar la poesía de Borges “Jacinto Chiclana”.
Pero la pregunta de fondo es: ¿qué es mejor, la música instrumental, la letra, o la combinación de ambas? Solamente la música o solamente la letra puede tener un gran valor estético, sin duda, pero la combinación de ambas suele potenciar y realzar la obra artística, tal como ocurrió cuando se sumó el sonido a la imagen con la desaparición del cine mudo, o cuando se recita un poema con algún fondo musical.
Sin embargo, habiéndome conformado con la melodía en aquellos años adolescentes, jamás me preocupé por averiguar el significado de la letra, y sólo cuando gracias a la película “El graduado” uní la música con una letra traducida al castellano de “Los sonidos del silencio” y “Miss Robinson”, pude comprender la intensidad emocional que alcanza la conjunción de ambas.
Pablo Cazau. Setiembre 2010.

Una letra murguera de homenaje



Para festejar los diez años de nuestra murga “Los Preferidos de Villa Urquiza” compuse unos versos en base a la famosa canción “Alma, corazón y vida”. Transcribo aquí en primer lugar la letra original, y luego la letra adaptada al evento.
Alma, corazón y vida (letra original)
Recuerdo aquella vez
que yo te conocí,
recuerdo aquella tarde pero no me acuerdo ni como te vi.
Pero si te diré, que yo me enamoré,
de esos tus lindos ojos y tus labios rojos
que no olvidaré.
Oye esta canción que lleva:
alma corazón y vida,
estas tres cositas y nada más.
Porque no tengo fortuna,
estas tres cosas te ofrezco:
alma, corazón y vida y nada más.
Alma para conquistarte,
corazón para quererte,
y vida para vivirla junto a ti
Alma, corazón y vida (letra adaptada)
Recuerdo la primera vez
En que yo me vestí,
de azul, violeta y blanco, era todo como un frenesí.
Sólo te diré, que yo me enamoré,
de aquellos corsos y Los Preferidos
que no olvidaré.
Y van diez años que llevan
alma corazón y vida,
estos reos murgueros del carnaval.
Porque no tenemos guita,
pero nos sobra fuerza
para cantar, bombear y bailar.
Murga para divertirnos,
Murga para enamorarnos,
y vida para diez años más.
Pablo Cazau. Octubre 2009.

lunes 14 de noviembre de 2011

La realidad es incolora




Tiempo atrás mi señora decidió tejer una bufanda y cuando fue a sacar la lana comprobó que se había equivocado al comprarla, porque era violeta en vez de marrón. Esa tarde fuimos a cambiarla y, en la parada del colectivo, volvimos a mirar la lana y era… marrón. Claro que había una explicación física que desconocíamos: diferentes iluminaciones producen diferentes colores.
En rigor, en la realidad los colores no existen: el color es una creación del cerebro cuando procesó la información proveniente de la radiación electromagnética emitida por los cuerpos, y así, una variación en la longitud de onda de esta radiación será interpretada por nuestro cerebro como un color diferente. De hecho, ciertos animales no ven el mundo en colores sino en distintas tonalidades de blanco y negro, y si nosotros oscurecemos lo suficiente una habitación, todos los objetos perderán su color. Inclusive más: hay situaciones donde si un mismo objeto lo llevamos desde la luz artificial a la luz natural, y bien alteramos su contexto, cambiará su color. Y lo mismo si nos ponemos anteojos de cristales de color rosa.
Entonces, ¿cuál es la “verdadera” realidad? ¿La que tiene colores? ¿La que tiene colores alterados? ¿La que tiene solamente blancos, negros y grises? No son tres realidades diferentes, sino la misma realidad que el cerebro ha percibido de tres maneras diferentes. Y una persona que padezca daltonismo la verá de una cuarta forma.
Para todos nosotros la luna es blanca, o a lo sumo con algunos tonos grises. Según un cable de AFP (8/10/11), los astrónomos han descubierto que nuestro satélite está “lleno de colores” y que, usando los instrumentos adecuados, las llanuras lunares parecen rojizas en algunos lugares y azules en otros. Sin embargo, la luna no está llena de colores: nuestros instrumentos la hicieron azulada y rojiza, a lo cual ya se habían anticipado los artistas creando temas musicales como Luna Azul. Y en la costa atlántica argentina hay un balneario llamado Luna Roja porque con ese color se ve a veces el astro cuando está sobre el horizonte.
Por fin podemos ahora responder al interrogante de Jorge Luis Borges cuando se preguntaba de qué color eran las naranjas en la oscuridad. Negras, porque no tienen la oportunidad de reflejar ondas electromagnéticas en el espectro visible.
Pablo Cazau. Octubre 2011.


La creación

Joe Markham observó por milésima vez la placa metálica que se aproximaba por la cinta transportadora. Apretó el destornillador Parker que desde hacía horas tenía en las manos, y por milésima vez ajustó los tornillos A, G y P, tal como le había indicado el supervisor.
Joe había comenzado a trabajar en la fábrica hacía dos años para reemplazar a su padre, quien se jubiló luego de cuarenta años de apretar los tornillos A, G y P con el mismo destornillador Parker que ahora tenía en sus manos.
Era una fábrica enorme. Por lo que Joe podía saber, cubría varias manzanas, y en cada sección se fabricaba una pieza distinta. Sabía que se trataba de una pieza diferente porque había interrogado a sus compañeros de trabajo de las otras secciones al final de la jornada laboral, cuando iban para sus casas.
En realidad, conocía algunas piezas pero no conocía el rompecabezas completo. Cuando empezó a trabajar, el supervisor le dijo que debía ajustar durante cuarenta años los tornillos A, G y P, pero nada le dijo acerca de para qué servía su trabajo, nada le dijo sobre qué se fabricaba allí, nada le dijo sobre cuál era el producto final una vez ensambladas las diferentes piezas. Además, le sugirió no hacer más preguntas de las estrictamente necesarias, tales cómo dónde quedaba el baño o cuándo debía cobrar su salario.
La semilla de la curiosidad fue creciendo lentamente en el cerebro de Joe, hasta que un día se animó, y le pidió a Albert que le dibujara la placa metálica que él ajustaba diariamente en la sección vecina.
Cuando comprobó que la pieza de Albert y la suya propia no encajaban de ninguna manera, siguió pensando que eran piezas de un mismo rompecabezas, sólo que no eran contiguas, razón por la cual, en las siguientes semanas, fue pidiéndoles a otros compañeros de más secciones que dibujaran sus respectivas piezas.
Una noche, en la paz de su hogar, pudo finalmente armar el rompecabezas con todas las piezas, que ensamblaron perfectamente.
Sin embargo, nada tenía sentido. El conjunto no era ni una licuadora, ni un automóvil, ni un telescopio. Era un bloque de placas metálicas perfectamente ensambladas, pero perfectamente inútil. Fue entonces cuando se le ocurrió pensar que la fábrica donde trabajaba era apenas una de las muchas fábricas que, en conjunto, podrían estar construyendo alguna máquina enorme.
En las semanas subsiguientes, robó horas a su descanso para hablar con los operarios de las otras fábricas. Le costó bastante trabajo, porque algunas fábricas estaban muy alejadas.
Pasado un año, su investigación lo condujo a dos conclusiones, la segunda de las cuales resultó más sorprendente aún que la primera. La primera conclusión que obtuvo fue que cada fábrica estaba encargada de construir una gran placa metálica con elementos de plástico y cemento, pero que en sí mismas no tenían ninguna utilidad aparente. Muy pocas de ellas se podían a su vez ensamblar entre sí, pero aún no aparecía ningún artefacto que pudiese tener una función o un sentido. Sin embargo, fue a partir de la segunda conclusión que Joe Markham pudo continuar sus investigaciones.
Ocurrió que, en su visita a las diferentes fábricas, Joe fue descubriendo los límites de la gran ciudad donde vivía. Jamás se le había ocurrido que su ciudad podía tener límites, hasta que los encontró. En su recorrido por las fábricas más lejanas, se dio cuenta de que la ciudad tenía una forma aproximadamente circular, y que más allá de sus precisos aunque irregulares límites, no había... nada. Fue una sensación aterradora. Las calles, las fábricas se interrumpían, y más allá de ellas... ¡cómo explicarlo!, no había ni oscuridad ni luz. Simplemente no había nada, y no me pida el lector que le aclare esto, porque no tengo palabras para hacerlo.
Perplejo, Joe se sentó en el borde de la gran ciudad a meditar sobre este increíble descubrimiento. Estuvo allí varias horas intentando comprender aquel misterio insondable... hasta que advirtió que el borde de aquel sector de la ciudad ¡ensamblaba perfectamente con una de las grandes piezas que construía una de las fábricas!
Al parecer, las fábricas estaban construyendo la ciudad, y también estaban construyendo nuevas fábricas, porque en aquel borde había una fábrica, aún inactiva, a medio construir y cortada por la mitad, y más allá de ella... nada.
Evidentemente, la fábricas viejas estaban construyendo fábricas nuevas, pero... ¿cómo se habían construido las fábricas viejas?
Joe Markham pensó que la gran ciudad donde vivía debió comenzar a construirse por algún lugar y, a juzgar por la orientación y el tiempo que se tardaba en ensamblar las nuevas piezas que cada vez agrandaban más la ciudad, dedujo que todo debió haber comenzado hace millones de años en un punto muy próximo al centro geográfico de la urbe. Hacia allí encaminó sus pasos. El centro de la ciudad era un lugar al que jamás había llegado, aunque no encontró grandes diferencias con el resto de los lugares. Había, eso sí, una fábrica inusualmente grande, mucho mayor a las que conocía, y pensó que allí debía estar la clave del misterio. Por fin podría descubrir qué o quién estaba construyendo la ciudad. Con suerte, para qué lo hacía. Y con más suerte aún, hasta podría llegar a saber qué había antes de comenzar a construirse la gran ciudad.
Ingresó en la fábrica, y encontró muchas secciones donde se fabricaban placas metálicas parecidas. Allí no podría encontrar ninguna solución, por lo que decididamente se encaminó hacia las oficinas centrales.
Atravesó la oficina de personal y la oficina de producción hasta que, finalmente, llegó a una puerta que ostentaba un rótulo dorado: "Presidencia".
Golpeó suavemente la puerta, pero nadie contestó. Finalmente, se atrevió a abrirla e ingresó en un recinto amplio y lujoso, con una gran mesa en el centro, aunque no había persona alguna que pudiese atenderlo.
Además de varios planos de placas metálicas y de algunos cirios encendidos, Joe sólo pudo encontrar sobre el escritorio un cartel que identificaba a su dueño: "E.S. Dios. Presidente. Compañía Constructora de la Realidad".
Pablo Cazau. 1990.

lunes 7 de noviembre de 2011

El aprendizaje esquizofrénico


Si estamos en una reunión social y preguntamos qué significa “oc”, Fulanita nos dice con rapidez que es una antigua lengua romance europea, y cuando preguntamos quién era Thor, la misma Fulanita anuncia que era el dios del trueno en la mitología germánica.
Luego preguntamos qué pasó con Espartaco, y sale Menganito diciendo que fue derrotado por Craso en el sur de Italia, y cuando volvemos a preguntar qué alimento no se descompone, también Menganito nos suelta que es la miel.
Un observador ingenuo podría concluir que Fulanita es una verdadera especialista en lenguas europeas y en mitología germánica, o que Menganito es historiador y chef. Sin embargo, no son nada de eso: Fulanita acertó porque hace muchas palabras cruzadas, mientras que Menganito lo hizo porque hace poco vio, a falta de algo mejor, un documental sobre Espartaco, y porque una vez su abuela le contó lo de la miel.
Esto es lo que podemos llamar el aprendizaje esquizofrénico, fragmentado, no sistematizado, y buena parte de lo que todos aprendemos se organiza de esa manera. Sabemos cómo conectar un módem a la PC pero no somos técnicos, y sabemos que cuando nos sale un granito es porque adentro hay pus, sin ser médicos.
No se trata de desacreditar este tipo de aprendizaje, que incluso puede ser muy útil, sino de destacar la diferencia con el aprendizaje sistematizado, no fragmentado, que generalmente se adquiere en la educación formal, como por ejemplo en los niveles terciarios o universitarios. Allí se aprende a ser técnico en computación, historiador, médico, especialista en mitología germánica y experto en lenguas europeas, y en cada caso se aprende toda la disciplina en forma sistemática, es decir, en función de contextos. Es así que el médico sabe que detrás de un granito hay pus porque hubo un combate entre gérmenes y glóbulos blancos, y hubo un combate porque hay en el organismo un sistema inmunológico, y que hay un sistema inmunológico porque quedó organizado a partir de una combinación única de bases cíclicas nitrogenadas en el ADN.
Pablo Cazau. Agosto 2011.

El Sol está enojado

Si las pitonisas de turno le han vaticinado que en el 2011 Saturno será peligroso, no les crea, porque quien está verdaderamente enojado este año es el Sol.
Desde 1755 se sabe que el astro rey intensifica su actividad aproximadamente cada 11 años. El último ciclo de calma fue inusualmente prolongado, y desembocó en una gran actividad que continuará a lo largo del año 2011.
Mientras la provincia de San Juan celebra su emblemática Fiesta Nacional del Sol, y la colombiana Shakira ya comenzó su gira por Sudamérica en un tour denominado “Sale el Sol”, el mundo en general no tendrá este año motivos para festejar nada. En los próximos meses se esperan una gran cantidad de tormentas solares que podrán afectar no solamente las telecomunicaciones, sino también algo más grave como las redes eléctricas. Extrañaríamos aquellos cortes de luz que duraban “apenas” un día, sumidos en una virtual Edad Media donde la electricidad podría faltar durante meses si no se toman las previsiones del caso, como tener preparados generadores alternativos.
Y si no hay electricidad por un tiempo relativamente prolongado, no solamente no tendríamos aires acondicionados, ventiladores, televisión o internet, por no decir Facebook, sino que también la producción de combustibles quedaría afectada, con lo cual no tendríamos nafta para seguir a Shakira en su “Sale el Sol World Tour”.
Pablo Cazau. Marzo 2011.