lunes 28 de febrero de 2011

Los pobres están molestando

¿Qué está pasando hoy en los países árabes petroleros? A riesgo de simplificar demasiado, podemos explicarlo en los siguientes términos.

Ciertos países descubren que hay enormes cantidades de petróleo bajo su tierra, y por lo tanto son sus propietarios. Sin embargo, no cuentan con la tecnología y los recursos humanos para explotarlo, transportarlo y/o refinarlo, con lo cual se asocian con las multinacionales petroleras que aportan todo eso.

El dinero de la venta del petróleo se reparte entonces entre dos grandes socios: las petroleras y los Estados, y ambos comienzan a enriquecerse rápidamente. Hasta aquí no habría problema: salvo el medio ambiente, que a ellos no les importa, nadie sale dañado y todos salen ganando.

Pero hay sin embargo un problema: uno de los socios, los Estados, deciden no repartir equitativamente el dinero: una élite se guarda para ellos la gran porción de la torta, dejándole las migajas al resto de los habitantes, que se empobrecen cada vez más.

Estos pobres, que no son giles, comienzan a reclamar lo que proclamaban Los Ratones Paranoicos en uno de sus temas: “Yo quiero mi pedazo, por qué no me lo dan”, estallando entonces la rebelión popular que comenzó en Egipto, extendiéndose luego a otros Estados petroleros bajo el supuesto de que “si los egipcios pobres pueden, ¿por qué no nosotros?”. Los pobres han comenzado a molestar.

Los dos clásicos socios del petróleo se ponen entonces en alerta, aunque por diferentes motivos:

1) Los Estados temen que la rebelión popular derribe la élite codiciosa a cargo del gobierno y no puedan seguir enriqueciéndose: no están dispuestos a repartir más equitativamente la parte que les tocó, ni a regalarles el negocio a otra élite, salvo algunos países sensatos como Arabia Saudita y algún otro, que son minoría y en los cuales no hay revueltas. Algunos cayeron, como Mubarak en Egipto, otros están al borde del abismo como en Libia, y otros han decidido reprimir violentamente la rebelión enfrentando a algunos pobres que ganan un poco más (los soldados) con los pobres que ganan menos (la población en general).

2) Las petroleras también se ponen el alerta a través de sus socios y voceros, sus respectivos gobiernos (por ejemplo EEUU), socios de ellos porque también se enriquecen. Un motivo básico de este temor es que el nuevo gobernante árabe o venezolano decida elegir otros socios diferentes a los que tenía el gobierno depuesto, con lo cual comenzarían a mermar sus ganancias. Es así que comienzan sugiriendo a los árabes ricos que repartan mejor la torta con sus congéneres (el eufemismo es “defendamos los derechos humanos de los pobres”) o que, de última, convoquen a elecciones democráticas (algo que poco tiene que ver con la cultura árabe) con la esperanza que poder transar con un nuevo gobierno más seguro porque fue elegido por el pueblo.

La situación es bastante más compleja e incluye muchas otras variables que explican cosas cómo por qué sube el petróleo en estos casos, pero lo expuesto resume a mi entender el fondo de la cuestión: tres grandes socios que actualmente se reparten las ganancias del petróleo (estados sede de multinacionales, empresas multinacionales petroleras y élites gobernantes árabes) y un cuarto socio en discordia (el pueblo árabe) que reclama su parte del botín. En la historia argentina reciente ya hemos vivido esta situación con la rebelión popular que derrocó a De la Rúa, con la diferencia que la gente no reclamaba una parte de la ganancia petrolera sino lo que les habían confiscado en los bancos con el famoso “corralito”.

Pablo Cazau. Febrero 2011.

Explicar por los orígenes

Si una persona protesta un poco porque pisó una baldosa floja, su reacción puede quedar perfectamente explicada por la situación vivida, pero si en cambio se pone violento y empieza a golpear la vereda con un martillo, comenzamos a pensar en otra explicación, que muchas veces adopta la forma de una explicación por los orígenes:

- Reaccionó así porque ya van diez veces que pisa una baldosa floja en el día.

- Reaccionó así porque esa es su costumbre: siempre lo hizo de esa manera.

- Reaccionó así porque tuvo malas experiencias en su niñez.

Explicar algo del presente por algo que ocurrió en el pasado se llama explicación por los orígenes, especialmente si son orígenes lejanos. A veces consideramos que actuamos de tal o cual forma porque es la marca de algún antepasado.

Es frecuente considerar a los mitos como explicaciones a partir de los orígenes. Así por ejemplo, encontramos mitos que explican el origen del disfraz en carnaval a partir de la costumbre del dios Momo, divinidad griega de la burla y la locura que presidía las fiestas bacanales, de usar permanentemente disfraces para engañar a las víctimas de sus chanzas. Hay mitos populares que explican los OVNIS a partir de un origen extraterrestre, y también hay mitos religiosos, como la explicación de la existencia del hombre a partir de un Dios que lo creó a su imagen y semejanza.

Y si entendemos el mito como explicación por el origen en un sentido amplio, también habrá mitos creados por la filosofía, como el dar cuenta del origen de todas las cosas a partir de la unión o separación (amor u odio) de cuatro elementos básicos: agua, tierra, aire y fuego. Tal vez hoy en día Empédocles, inventor de esta doctrina, hubiese dicho que un café es el fruto de la unión amorosa de la tierra con el agua, o que un viento cálido resulta de la feliz combinación del aire con el fuego.

En el mismo sentido amplio también son mitos muchas teorías científicas, como el intento de explicar el universo a partir de una explosión inicial, el Big Bang, o la propuesta freudiana que explicar por qué hoy en día las masas humanas se comportan como lo hacen a partir de un acontecimiento primordial que tuvo lugar en las hordas primitivas con el asesinato de su jefe.

A veces las explicaciones científicas se imponen con la fuerza de un dogma de fe, lo que ha llevado a algunos pensadores a considerar a la ciencia como la melliza monocigótica de la religión. Otros, más cautos, enfatizan el carácter provisorio de las conclusiones científicas, pero sin dejar de reconocer la íntima relación entre ambas. Tal el caso de Einstein, para quien la ciencia sin religión es coja, y la religión sin ciencia es ciega.

Las explicaciones por el origen no son más que explicaciones causales que suelen asumir la forma de un relato, de un encadenamiento narrativo a veces particularmente interesante y hasta emotivo, y son tal vez un resabio de aquella época paradisíaca en que nos dormíamos plácidamente mientras nos contaban una historia.

Pablo Cazau. Julio 1995.

Frases varias II

Cuando son los caballos los que han trabajado, es el cochero el que recibe la propina. Maurier du Daphne

Cuando tengo razón nadie se acuerda, cuando me equivoco nadie se olvida. Anónimo

Cuando uno es incapaz de reírse de si mismo, ha llegado el momento de que los otros se rían de él. Thomas Szasza

Cuanto mejor es una persona, más difícilmente sospecha de la maldad de los demás. Cicerón

Daría todo lo que sé, por la mitad de lo que ignoro. Descartes

De cerca, nadie es normal. Caetano Veloso

Debemos el progreso a los insatisfechos. Aldous Huxley

Desde que inventaron las excusas nadie es culpable. Anónimo

El arte de la medicina consiste en mantener al paciente en buen estado de ánimo mientras la naturaleza le va curando. Voltaire

El beso es el contacto de dos epidermis y la fusión de dos fantasías. Alfred de Musset

El cristianismo podría ser bueno si alguien intentara practicarlo. Bernard Shaw

El cuerpo humano es el carruaje; el yo, el hombre que lo conduce; el pensamiento son las riendas, y los sentimientos, los caballos. Platón

El destino mezcla las cartas, y nosotros las jugamos. Schopenhauer

El dolor es siempre menos fuerte que la queja. Jean de la Fontaine

El dolor que se calla es más doloroso. Racine

El error de la juventud consiste en creer que la inteligencia compensa la falta de experiencia, en tanto que el error de la edad madura es creer que la experiencia sustituye a la inteligencia. Lyman Brynson

El éxito no es definitivo y el fracaso no es fatal. Churchill

El éxito no es para los que piensan que pueden hacer algo sino para quienes lo hacen. Anónimo

El genio consiste en saber hacer simple lo complejo. C. W. Ceran

El hecho de que alguien nos haya agraviado no significa nada, a menos en que insistamos en recordarlo. Anónimo

El hombre es el único animal que come sin tener hambre, bebe sin tener sed y habla sin tener nada que decir. Mark Twain

El hombre es la suma de sus fantasías. Henry James

El hombre es más razonador que razonable. Federico I de Prusia

El hombre es un animal sociable que detesta a sus semejantes. Eugéne Delacroix

lunes 21 de febrero de 2011

La ceguera a los cambios



Tiempo atrás un programa de TV ponía al descubierto ciertos descuidos en las películas del tipo “en la misma escena el actor aparece con un reloj en una toma y sin reloj en la siguiente”, incluso siendo el personaje un general romano de hace dos mil años.

Independientemente de lo anterior, se hicieron algunos experimentos en que a los sujetos se les presentaba la escena de un programa televisivo y donde, fuera de cámara, iban introduciéndose cambios en el decorado, a veces importantes.

En ambos casos una abrumadora mayoría de espectadores no advirtió los cambios, incluso luego de habérseles informado acerca de los mismos.

Algo parecido ocurre cuando alguna vez hicimos un regalo anunciándole a nuestro cumpleañero que lo buscara en el living de su propia casa porque estaba a la vista. Y tardó más de lo esperable en encontrarlo.

Algunos psicólogos llaman a este fenómeno “ceguera a los cambios”, una denominación poco feliz porque sugiere que es una discapacidad, cuando en realidad es un rasgo adaptativo: el cerebro no despilfarra energías en lo que juzga poco importante sino que las aprovecha en lo que considera útil. Así, frente a un león nadie pierde tiempo en ver si una flor cambió de posición, o si de repente pasó una gaviota.

Sin embargo, cuando el marido entra al dormitorio donde está su cónyuge con un amante, la ceguera a los cambios aquí no funciona porque el cambio amenaza seriamente su bienestar y, a la larga, quizá su supervivencia. No advierte muchos otros pequeñas diferencias que no son significativas, con lo cual ahorró un montón de energía para concentrarla en lo que realmente le interesaba.

Paradójicamente, se conocen casos donde en similares situaciones traumáticas la víctima se ha quedado literalmente ciega. Se trata de la llamada “ceguera histérica”, que por ser de origen psíquico es posible en algún momento revertirla. Es un caso especial de ceguera a los cambios donde el cambio, en lugar de ser poco importante, es tan traumático que la persona lo ha negado resistiéndose a verlo.

Pablo Cazau. Febrero 2011.

A qué psicólogo voy

Hay gente que va al primer psicólogo que encuentra, hay gente que elige a varios quedándose con quien “les cayó mejor”, hay gente que lo elige porque es hombre o porque es mujer, y otros porque se lo recomendaron. Sin embargo, hay otras personas que antes averiguan si el psicólogo es psicoanalista, conductista, cognitivista, sistémico, guestáltico, existencialista, o brujo destrabador de conflictos, porque les preocupa primariamente la teoría que sustentan bajo el supuesto que ella es la que cura.

La efectividad de una terapia no va a depender tanto de si la terapia es psicoanalítica o conductista, sino de si satisface o no las expectativas del paciente en términos de motivo de consulta, eficacia del tratamiento y duración del mismo. Hay gente que lo único que quiere es que le saquen el miedo a volar porque si no pierde su trabajo, aunque ello le signifique la aparición de un nuevo síntoma. Si para ello le sirve la terapia conductista, entonces esta habrá sido eficaz en su caso. Otras personas desean cambios más profundos y duraderos, con lo cual podrán acceder a otros tipos de terapia (psicoanalítica, por ejemplo) aunque ello le signifique más tiempo y más dinero.

A mucha gente no le interesa pasarse la vida psicoanalizándose para luego ser el más sano del cementerio. Mientras el conductista contesta “en tres semanas usted dejará de tener miedo a volar en avión”, el psicoanalista responde: “no lo sé: todo el tiempo necesario para que su mente funcione como Freud manda”.

Suelen también venderse muy bien las psicologías alternativas que prometen soluciones rápidas del tipo “en una semana conocerá todas las herramientas para su autotransformación”, y todo lo que tenga un tufillo oriental. Basta con agenciarse algunas palabras exóticas escritas por algún japonés del siglo no sé cuantos –sin importar si estaba loco o no- para poder armar un sistema plausible que garantice la felicidad eterna.

Sin embargo, en materia de psicoterapias nada es fácil ni rápido como pretenden mostrar muchos de estos procedimientos, debido a que el sistema nervioso, soporte físico de nuestras emociones y pensamientos, tiene una alta estabilidad y resistencia a los cambios, la misma que garantiza la identidad entendida como continuidad en el tiempo del sí-mismo.

Como recomendación final, cuando se trate de elegir un psicólogo oficial o no, convendrá atender al grado de confianza que inspira y, sobre todo, plantearle cómo quiere ser atendido, qué es lo que quiere solucionar y en cuánto tiempo.

Pablo Cazau. 2008.

Transformación

Todo comenzó en una cálida y tormentosa tarde de verano.

Volviendo de mi trabajo como todos los días, me dispuse a aprovechar el tiempo perdido en la hora de colectivo haciendo una siesta, pero no pude dormirme.

El fantasma del aburrimiento comenzó a rondar, de manera que decidí ocupar mi mente elaborando estadísticas intrascendentes.

Tras haber hecho los cálculos correspondientes, llegué a la conclusión que el 80% de los pasajeros no hacía nada, el 15% leía o escuchaba música, y el 5% restante dormía.

Al cabo de un tiempo percibí, sin embargo, que algo raro ocurría, y pronto me di cuenta: había muchos pasajeros, incluso muchos de ellos parados, pero eran todas mujeres. Mi mente racional atribuyó el fenómeno a una jugarreta del azar, no obstante lo cual no pude evitar echar una ojeada a la gente de otros colectivos y a las personas que circulaban por la calle.

¡Eran todas mujeres!

Otro impulso me llevó a mirarme en el espejito del colectivo, y, aliviado, comprendí que no había perdido mis atributos masculinos.

La preocupación por mi salud mental era por entonces más apremiante que mis deseos de conquista, por lo que, en lugar de alegrarme por tener al fin todas las mujeres para mí como el jefe de la horda primitiva de Darwin, comencé a ahondar más en aquella extraña percepción que me atormentaba.

Cuando llegué a mi habitación de soltero, más impulsos me llevaron a mirar la televisión, donde constaté que todos los programas donde había hombres, ahora habían sido invadidos por mujeres.

Consternado, llamé a mi amigo para contarle estas experiencias y averiguar si él había tenido las mismas visiones. Nadie me contestó.

Pronto comenzó a invadirme el cansancio. Comí algo que encontré en la heladera, y me fui luego a dormir intentando tranquilizarme pensando que todo había sido un mal sueño y que al día siguiente retornaría la normalidad.

Todavía recuerdo aquella mañana de febrero, luego de tantos años, porque fue el suceso más inexplicable de mi vida: luego de abrir los ojos, fui a vestirme y sorprendida encontré solamente ropa masculina.

Pablo Cazau. 2006.

lunes 14 de febrero de 2011

El número de veces que las cosas suceden

Un corolario del principio de inducción de la ciencia clásica sostiene que si una cosa ocurre dos veces, tiene más probabilidades de ocurrir que si hubiera ocurrido una sola vez.

Así por ejemplo, si dos amantes se encuentran dos veces, tendrán más probabilidades de encontrarse que si lo hubieran hecho una sola vez.

Si a lo largo del mismo periodo de tiempo, una persona se casa dos o tres veces es más probable que vuelva repetir el evento que aquella con un solo matrimonio.

Otro corolario del susodicho principio podría decir que si una cosa ocurrió una o más veces, es más probable que vuelva a ocurrir que aquella que nunca ocurrió. Así, si a lo largo de 50 años una persona intentó dos veces dejar de fumar, es más probable que lo intente otra vez que aquella que jamás se propuso dejar el cigarrillo.

Una mujer, que nada sabía del tal principio, era sin embargo muy conocedora del asunto cuando le recomendó a su amiga: “Querida, si esa ropa no la usaste en el último año mejor regalala porque no la volverás a usar más”.

Sin embargo, muchas personas tienen otro principio de lo más extraño: “Si una cosa ocurre dos o más veces, es mucho menos probable que vuelva a ocurrir”. Así, si salió dos veces el 35 en la quiniela, según estas personas habrá que esperar bastante para que vuelva salir.

Claro que este razonamiento viola las leyes de la probabilidad: si el número 35 salió dos veces seguidas, tiene la misma probabilidad que cualquier otro número de salir la tercera vez, porque el azar carece de memoria.

Y siguen razonando: “Si me cae un meteorito en la cabeza una vez, si sobrevivo ya nunca más me sucederá algo así”, lo cual es falso porque el azar permite que a la hora le caiga otro meteorito. Y si se trata del mismo meteorito deberá pensar en una teoría conspirativa.

Fuera de la teoría de la probabilidad y entrando en el terreno psicológico, también es importante el número de veces que las cosas suceden, siendo por lo general la primera vez algo imborrable e irrepetible.

“¿Cómo fue su primera vez?” solía preguntar un pícaro periodista a sus entrevistados, porque a nadie podía interesarle la segunda vez. Un evento puede ser muy importante no necesariamente porque haya sido lindo, sino simplemente porque fue el primero que le ocurrió en la vida. Nadie olvida el nacimiento del primer hijo, pero cuando se trata del séptimo ni lo tiene registrado, salvo que sea otra vez varón y el padre sea el hombre-lobo.

Pablo Cazau. Mayo 2010.

Es fea pero la amo

Días pasados me lo encontré a mi amigo José Iturriberrigoycoerrotaberricoechea en la parada del colectivo sosteniendo en la mano la foto de su esposa. Me dijo que aunque tenía una discapacidad estética, la amaba igual desde aquel día que fue elegida Reina del Bagre en entre Ríos.

- ¿Y nunca pensó en hacerse la cirugía estética?

- Sí, pero el médico le dijo que era imposible porque necesitaba un trasplante de cabeza. Una amiga le dijo que iba a mejorar si salía desnuda a tomar baños de luna a la azotea como hacen las napolitanas, pero lo único que consiguió fue que le crecieran desproporcionadamente los senos.

Y agregó:

- En una época trabajó como modelo para un libro de anatomía patológica. Finalmente consiguió un trabajo como azafata del Tren Fantasma en el Parque Japonés, pero después la echaron porque un niño se murió del susto. Luego hizo de extra en la película “El regreso de los muertos vivos”, y finalmentese consiguió un laburo en Sprayette, en la propaganda de un aparatito para embellecer el rostro: ella hacía de la foto de “antes”.

- Y dígame, ¿cómo se casó con una mujer tan fea?

- Me conquistó con su habilidad para hacer papas fritas. Cuando me casé, me acuerdo que el cura preguntó donde estaba la novia, cuando ya hacía rato que estábamos frente al altar. Nos gustaba ir a los restaurantes, porque allí los mozos siempre miran para otro lado. No quería ir a la casa de la madre, que era peor que ella: parecía un pulpo con un solo ojo para ver en la oscuridad del living, y tenía el jopo como un velocirraptor. Además era un velocirraptor porque aparecía de golpe y te tomaba por sorpresa.

Y así diciendo, mi amigo se subió al colectivo mostrándole la foto al chofer y así no pagar boleto y que le cedieran el asiento.

Pablo Cazau. Julio 2009.

El intendente

Tehuen era un pequeño pueblo de casi 2000 habitantes escondido en los valles de la cordillera patagónica. Francisco Morales era su intendente, y tal vez la persona más querida y respetada de aquellos lares.

Aquella mañana fría y lluviosa, el intendente Morales había convocado a su larga lista de amigos y colaboradores a una ceremonia en el cementerio para recordar a sus padres y a su hermano gemelo Luis, fallecidos en un accidente automovilístico veinte años atrás.

Cuando todos se hubieron reunido alrededor de las tres tumbas, el sacerdote comenzó su discurso para la oración.

Francisco Morales, ubicado en un privilegiado lugar, escuchó apenas las primeras palabras de homenaje a los difuntos, porque enseguida su mente se pobló de antiguos recuerdos.

Había sido un accidente absurdo: un caballo cruzó la ruta, y el automóvil donde viajaban su padre, su madre, su hermano Luis y él mismo, volcó espectacularmente sobre la ladera.

Cuando recobró el conocimiento, Francisco miró aturdido a su alrededor y comprendió la magnitud del desastre al constatar que toda su familia había pasado a mejor vida, y que no le quedaban más parientes sobre la tierra.

Recordó también haber arrastrado sus 25 años hacia la ruta desierta en busca de ayuda. Luego de dos interminables horas pasó un lugareño con su camioneta, lo que le permitió llegarse hasta Tehuen, el pueblo de toda su vida.

La población entera recibió con pesar la noticia, pero también, íntimamente, con alivio. Después de todo, se había salvado Francisco pero no Luis, es decir, conservaba la vida el hermano inteligente, generoso y valiente en quien muchos veían al futuro líder de Tehuen, mientras que no existía más el hermano torpe, haragán, jugador y pendenciero.

Los años demostraron que las expectativas depositadas por la población en Francisco se cumplieron sobradamente. De hecho fue –y aún era- uno de los mejores intendentes que Tehuen había tenido en sus 120 años de existencia.

Francisco Morales, en silencio, siguió recordando aquel accidente y, en particular, aquella decisión que tomó por entonces y que habría de cambiarle la vida.

Recordó entonces que, cuando tomó el primer contacto con el lugareño que pasaba por la ruta, no sabe cómo pero se identificó como Francisco, cuando él era en realidad su deplorable y descalificado hermano gemelo.

Luis, ya como Francisco, continuó los estudios que había iniciado su hermano y todos comprendieron que si en los primeros meses no rendía como antes, era porque todavía perduraba la conmoción que le produjo la pérdida repentina de toda su familia.

Y si hubo alguien, en aquella mañana fría y lluviosa del cementerio, que sospechó el cambio de identidad, nunca dijo nada. Después de todo, el pueblo necesitaba un intendente.

Pablo Cazau. 2007.

lunes 7 de febrero de 2011

El derecho al olvido



Todos tenemos alguna cosita molesta en nuestro pasado: como los tigres, nos la pasamos acumulando manchas que no podemos erradicar de la memoria propia o ajena, rogando permanentemente que no salgan a la luz.

Sin embargo, alguno puede alegar que aquello fueron travesuras de adolescente o equivocaciones de médico recién recibido, y que por tanto tiene todo el derecho a que su pasado negro o grisáceo sea eliminado definitivamente del prontuario, de la misma forma que la justicia borra alguna rateada al colegio y alguna que otra travesura cuando cumplimos la mayoría de edad.

Parte de nuestra historia de vida, tanto la buena como la mala, permanece registrada en Internet incluso aunque nunca hayamos ingresado en la red: Google nos ha denegado el derecho al olvido porque junto a nuestros logros y virtudes, aparecerán también en el mejor buscador del mundo algún exabrupto del que ya nos habíamos olvidado, o alguna opinión negativa sobre nosotros que se mantiene indeleble en la red al alcance de cualquiera. De hecho, Internet es hoy una herramienta más de los servicios de inteligencia para hacer averiguaciones sobre alguien, y lo que alguna vez se preconizó como el gran logro democrático de la triple w, es decir la posibilidad de cualquiera de hablarle al mundo, está empezando a mostrar hoy su lado oscuro.

¿Gozan los delincuentes del derecho al olvido? No, porque incluso saldada su deuda con la sociedad y ya fuera de la prisión, su prontuario no queda destruido a la espera que pueda servir de agravante para algún nuevo delito. ¿Gozamos todos nosotros del derecho al olvido? Tampoco, porque cualquier travesura podrá ser utilizada por aquellos que llegaron a conocerla y así manchar, con cualquier motivo, nuestro “buen nombre y honor”.

Nadie tiene el derecho al olvido simplemente porque el olvido casi no existe: si no quedó escrito en los servidores de Google, en un amarillento expediente penal o contravencional o en un foto que nos compromete peligrosamente, quedó en la memoria de potenciales enemigos o, lo que es peor, en nuestra propia memoria bajo la forma de remordimiento, de culpa o de experiencia traumática.

Nadie puede tener derecho al olvido, pero sí a la reivindicación, al perdón o a la resignificación del pasado, siendo muy afortunado si lo consigue. Y será verdaderamente desgraciado si cae en las garras de la extorsión o del simple odio o la envidia de algún semejante. Incluso la persona más limpia del mundo puede sufrir las consecuencias de la publicidad de su vida porque siempre podrá haber alguien que hable mal de él, y otros que le crean.

Pablo Cazau. Enero 2011.

Abotonados

Por la década del ’70 un amigo obtuvo la instantánea de dos perros abotonados en la plaza de mi barrio, aunque no sé si aún siguen abotonados o no.

Pablo Cazau. Abril 2009.

El lunfardo en una milonga



Para ilustrar el modo en que aparece el lunfardo en las letras de la música ciudadana, a continuación se propone un breve análisis de la milonga “Línea 9”, interpretada por un devoto del lunfardo, Edmundo Rivero, y donde Carlos de la Púa, el autor de la letra, relata las desventuras de un ingenuo hombre del campo que llega a la gran ciudad (Buenos Aires) y es víctima de los punguistas (carteristas) cuando toma el tranvía 9 en la Estación Retiro del ferrocarril.
El siguiente es el texto tal como lo canta Rivero:

LINEA 9 (MILONGA)
Letra de Carlos De La Púa

Era un boncha boleado, un chacarero.
Que se tomó aquel nueve en el Retiro.
Nunca vieron esparos ni lanceros
un gil a la acuarela más a tiro.

Era polenta el bobo y la marroca
y la empiedrada fule berretín.
De grilo la cachimba daba boca
y le orejeaba un poco el chiquilín.

(recitado)
El ropae que acusaba este laburo
trabajó despacito de culata.
Pero el lancero se pasó de apuro
y de gil casi más mete la pata.

Era un bondi de línea requemada
con guarda batidor cara de rope.
Si no saltó cabron por la mancada,
fue de chele nomás, de puro miope.

Los versos comienzan describiendo sintéticamente al chacarero recién llegado del interior en términos de un individuo boncha (tonto, revés de chabón) y boleado (desorientado, en la gran ciudad). Luego, continúa con “Nunca vieron esparos ni lanceros, un gil a la acuarela más a tiro”. El lancero es el ladrón, especialmente el hábil con los dedos, mientras que el esparo es el colaborador del lancero que distrae a la víctima. La letra cuenta que ellos nunca vieron un gil a la acuarela (un tonto) más a tiro (más a mano, más disponible).
La expresión “Era polenta el bobo y la marroca” indica que era polenta (un botín apetecible) tanto el bobo (el reloj) como la marroca (la cadena del reloj). Luego describe como el punguista intenta robarle el grilo (la cartera, la billetera) revisándole el chiquilín (bolsillo pequeño).
Mientras el ropae (esparo al revés) trabajaba pacientemente, el lancero se apresuró demasiado y casi más mete la pata, es decir casi más se equivoca.
Los versos terminan describiendo al tranvía (bondi) y al empleado (guarda) encargado de los boletos, que es retratado como un individuo batidor (denunciador del hurto), con cara de rope (con cara amenazante o cara de perro, donde rope es perro al revés), y que si no pudo darse cuenta de la acción de los punguistas, fue de chele nomás (por azar, y donde chele es el revés de leche), de puro miope.

Pablo Cazau. Julio 2004.
Nota publicada en la revista francesa “Lasalida”, especializada en tango y editada en París, 2004.