lunes 21 de noviembre de 2011

La letra y la música

Algunas veces me he preguntado por qué las personas se entusiasman con una canción aunque no entiendan la letra por estar en otro idioma. De hecho a mí mismo me ha pasado cuando en mi adolescencia me enroscaba con temas como “Lágrimas invisibles” de Ray Conniff y coro o “La vi parada ahí” de Los Beatles sin entender absolutamente nada de la letra. Incluso más: para cantarlas aprendía a pronunciar palabras totalmente ininteligibles.
La respuesta más evidente es que un tema es capaz de cautivar simplemente por la música, independientemente de la letra, lo cual es cierto cuando uno piensa en los temas musicales que han gustado masivamente y a los que nunca pusieron letra.
Hubo temas, sin embargo, que originalmente no tenían letra y que sólo más tarde alguien se la agregó, como ocurrió con “A mi manera” o el tango “Mi noche triste”. Es más: existieron temas musicales que nacieron con una letra, y luego vinieron otros y le pusieron otra distinta que incluso llegó a ser más famosa, como ocurrió con el tango “La Cumparsita” o con “Candle in the wind”, originalmente dedicada a Marilyn Monroe pero luego reelaborada para Lady Di. Esto mismo suelen hacer las murgas cuando se apoderan de temas musicales y les cambian la letra para adaptarlos a su espectáculo, sólo que en estos casos la letra original suele persistir como la más difundida.
Y también ha ocurrido que primero naciera una letra y luego alguien le agregara música, como hizo Astor Piazzolla al musicalizar la poesía de Borges “Jacinto Chiclana”.
Pero la pregunta de fondo es: ¿qué es mejor, la música instrumental, la letra, o la combinación de ambas? Solamente la música o solamente la letra puede tener un gran valor estético, sin duda, pero la combinación de ambas suele potenciar y realzar la obra artística, tal como ocurrió cuando se sumó el sonido a la imagen con la desaparición del cine mudo, o cuando se recita un poema con algún fondo musical.
Sin embargo, habiéndome conformado con la melodía en aquellos años adolescentes, jamás me preocupé por averiguar el significado de la letra, y sólo cuando gracias a la película “El graduado” uní la música con una letra traducida al castellano de “Los sonidos del silencio” y “Miss Robinson”, pude comprender la intensidad emocional que alcanza la conjunción de ambas.
Pablo Cazau. Setiembre 2010.

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