
Nuestro cerebro es el órgano más complejo, y por eso el que más falla. A veces él mismo corrige enseguida el error, y otras veces nos hace vivir equivocados toda la vida.
Es capaz de muchas travesuras, algunas de las cuales son las siguientes:
1) El cerebro reptiliano.- Incapaz de pensar, actúa impulsivamente y después nos obliga a arrepentirnos. Manda la orden para golpear, insultar, o jugarle a un caballo porque gana seguro, cuando es sabido que menos del 3% de los caballos de carrera devuelven lo que los apostadores han invertido en ellos.
Claro que también tiene su lado positivo, como cuando ante un peligro repentino nos hace reaccionar instantáneamente, sin pensar. También marca nuestro territorio, de manera que cuando colocamos nuestro abrigo en una silla, sin advertirlo hemos señalado un lugar al que nadie puede entrar ni tocar nada.
2) El cerebro emocional.- Leibniz decía que todos los seres humanos podemos ponernos de acuerdo fácilmente acerca de si una suma está o no bien hecha, pero el problema de administrar un país es mucho más complejo: nuestras emociones, enconos, resentimientos, miedos, depresiones, afinidades y simpatías interfieren para que una tarea no se lleve a cabo de acuerdo a la lógica o al sentido común. La afirmación del filósofo alemán puede resultar un tanto extraña a los ingenieros que piensan que todo puede resolverse con un cálculo bien hecho.
El cerebro emocional no sabe qué hacer con sus emociones irracionales: sabe que el avión es lo más seguro para viajar, pero tiene miedo de volar. Y ello sin hablar de otras fobias: el millonario Howard Hughes tenía amatofobia, un miedo enfermizo al polvo.
Desde ya que el cerebro emocional tiene su parte buena. Los románticos sostendrían que gracias a él amamos y nos enamoramos, pero la cosa es algo más prosaica: las emociones, buenas o malas, son como un radar que nos permiten identificar situaciones favorables o peligrosas para nuestra supervivencia y bienestar. Por ejemplo, el miedo sirve para salir corriendo frente a un león suelto.
3) El cerebro maniqueo.- Considera que las cosas son blancas o negras, sin grises, y que las únicas respuestas son SI y NO, no existiendo el DEPENDE, ya que ello obligaría pensar demasiado.
Frente a preguntas del tipo si se está de acuerdo con la pena de muerte o con tal o cual gobierno, el cerebro maniqueo, que es haragán y simplista, responde sí o no sin entender que la realidad es compleja y tiene múltiples matices. Carece totalmente de creatividad.
Solemos pensar en términos de “todo o nada” En una encuesta que realicé en 2004 sobre el tema ¿Estás de acuerdo con la eutanasia?, 65 respondieron SÍ o NO, y 124 DEPENDE, pero fue porque entre las posibles respuestas para elegir había otras alternativas.
A veces, sin embargo, es bueno tomar decisiones rápidas por sí o por no: ante la urgencia actuar frente a una persona, la consideraremos provisionalmente buena o mala, benéfica o perjudicial, capitalista o comunista.
4) El cerebro prejuicioso.- Es el que cree firmemente las cosas más inverosímiles y alejadas de la realidad. La mandrágora fue considerada en la Edad Media una panacea contra todas las enfermedades, y se creía que crecía al pie de los patíbulos regada con el semen de los ahorcados. Otras personas creen que sólo deben decir cosas importantes e interesantes. Sin embargo, muchos buenos momentos de la vida transcurrieron cuando la gente hablaba de pavadas.
A veces el prejuicio se disfraza de teoría científica cuando se la afirma dogmáticamente sin haberla comprobado. Posiblemente tal haya sido el caso del psicólogo japonés Furukawa, para quien la personalidad está determinada por el grupo sanguíneo. Los tipo 0 son muy buenos empleados, los tipo B son gente flexible y amante de la libertad, y los tipo A gustan de ambientes muy estructurados.
Sin embargo, los prejuicios son algunas veces necesarios: no podemos pasarnos la vida intentando determinar la verdad de todas nuestras creencias: la urgencia de tener que actuar y tomar decisiones en base a ellas nos obliga a ser prejuiciosos, mal que nos pese.
Nuestros cerebros reptiliano, emocional, maniqueo y prejuicioso son en buena medida una carga de nuestros antepasados las amebas, las víboras, los canes y los simios, entre otros animalejos.
Pablo Cazau. Agosto 2009.