viernes 29 de octubre de 2010

Halloween 2010

Decidido a festejar la Noche de Brujas, el 31 de octubre hacia la medianoche me acerqué sigilosamente a la cama de mis hijos con la careta de Frankestein, los desperté y les grité “¡Auhhhhhh!

Me miraron un instante, me dijeron “Viejo, no te hagás el pelotudo que ya sos grande” y siguieron durmiendo plácidamente. Triste y descorazonado, me fui al living a pensar en alguna venganza, y a la hora me aparecí en mi casa con un camión y varios custodios. Luego de ponerme otra flamante careta me acerqué nuevamente, y mis hijos salieron gritando de terror a la calle, ella con su camisón y él en calzoncillos. No hay nada que hacerle: para asustarlos nada mejor que una careta de Moyano.

Pablo Cazau. Octubre 2010.

lunes 25 de octubre de 2010

Baile de disfraces retro



Algunos problemas de organización del evento no alcanzaron a empañar una reunión donde todos pudieron divertirse uniendo mágicamente el presente y el pasado, mientras degustaban una excelente pizza libre. Fue así que el pasado 16 de Octubre, en un Resto Pub de Almagro, se juntó mucha gente con la consigna de ir vestidos con reminiscencias de las décadas 60, 70 y hasta 80. Apareció un Dr. Kildare, un Kojak, tres damas disfrazadas de Los Ángeles de Charlie, alguien que parecía Pappo, damas vestidas como en aquellas épocas, y otros tantos con disfraces indescifrables y exóticas pelucas.

Con el tiempo un traje termina convirtiéndose en un disfraz, y tal fue lo que ocurrió aquella noche. Tal vez la única excepción fuimos nosotros con nuestros todavía trajes de murgueros porque los seguimos usando, aun cuando nos presentamos diciendo que veníamos de los sesenta en representación de la murga Los Viciosos de Almagro.

Pablo Cazau. Octubre 2010.

Cosas y casos de abogados

Mi padrino, letrado él, me dijo que el 70% de los abogados o eran incompetentes o eran deshonestos, aunque no me aclaró si él estaba incluido o no en ese porcentaje. La deshonestidad se da cuando actúa en contra de los intereses del cliente, y la incompetencia cuando son incapaces de transformar verdades en falsedades, o viceversa.

También han demostrado sentido del humor, como puede apreciarse en las siguientes preguntas reales que al parecer realizaron a testigos en juicios orales:

"Y bien, ¿no es cierto que cuando una persona muere durante el sueño, no se entera hasta la mañana siguiente?"

"El hijo más joven, el de veinte años, ¿qué edad tiene?"

"¿Estaba usted presente cuando se tomó su foto?"

"¿Estaba usted solo, o era el único?"

"¿Él le mató a usted?"

"¿A que distancia uno del otro estaban los vehículos en el momento de la colisión?"

"Usted estuvo allí hasta que se marchó, ¿es cierto?"

"¿Cuántas veces ha cometido usted suicidio?"

“Las escaleras que bajaban al sótano, ¿también subían?”

"¿Cómo terminó su primer matrimonio?" (Testigo: “Por muerte”). "Y ¿por la muerte de quién terminó?"

"Todos sus hijos fueron varones, ¿cierto?" (Testigo: "Sí."). "¿Hubo alguna hija mujer?"

"¿Mr. Dennington estaba muerto en el momento de su autopsia?" (Testigo: "No, estaba sentado en la mesa preguntándose por qué estaba yo haciéndole una autopsia”).

Lo que sí es cierto es que la profesión da para ser arrogante: el abogado suele considerar que él es mucho más inteligente que los demás, incluidos los clientes, el testigo o el abogado de la otra parte, y hasta más inteligente que Dios. Una vez yo le dije a un abogado algo que había escuchado por ahí y me dijo ¡Qué inteligente es usted! Le contesté entonces que si él opinaba eso era porque creía que yo era un tonto. Más tonto que él, por supuesto.

Desde ya, como cualquier humano pueden equivocarse. Un inescrupuloso abogado había tomado conocimiento que una anciana vecina suya, de 92 años de edad y sin familiares, había enviudado inesperadamente, y que de un día para el otro se encontraba sin un centavo para su subsistencia.

Le propuso entonces pagarle una cantidad mensual necesaria para sobrevivir decorosamente hasta que falleciera, ocasión donde, contrato mediante, pasaría a ser el propietario de su casa. Fueron pasando los meses, el abogado pagaba regularmente pero la mujer no se decidía a morir. Para las navidades, la anciana no olvidaba nunca enviarle una tarjeta de salutación, que invariablemente terminaba con la frase: "Perdón por no morirme".

El abogado terminó falleciendo primero, y su hijo continuó haciendo los pagos que por contrato correspondían. Esta es la historia de la mujer más vieja del mundo, que falleció en Nancy (Francia) a los 124 años de edad. Por supuesto, el hijo del abogado recibió la casa de la anciana, aunque para entonces ya había pagado más de tres veces su verdadero valor.

La información fue publicada en un diario confiable años atrás, pero no pude recuperar la fecha ni el nombre del medio.

Hay abogados no vacilan en instigar al delito con tal de conseguir clientes, como aquel famoso penalista platense que en su tarjeta de presentación decía “Mate y venga”.

En una palabra, si se trata de conseguir un buen abogado, lo mejor de todo será la recomendación de una persona de su total confianza, y no vacile en preguntarle siempre cómo va la causa: él es su empleado y deberá moverse tan rápido o más que la misma burocracia judicial. Sin embargo, no permita que su ánimo suba o baje con cada novedad: resérvese las emociones para el final del proceso.

Pablo Cazau. Mayo 2010.

La novela policial francesa



En materia de género policial, los argentinos hemos conocido mas bien la tradición anglosajona (Poe, Conan Doyle, Agatha Christie, Ellery Queen, etc), mientras que la tradición francesa apenas si estuvo representada por las novelas del comisario Maigret, de Simenon.

El policial francés permite descansar un poco de la violencia de los thrillers americanos o de la fría lógica londinense, y disfrutar de una trama policial donde la acción y el discurso deductivo aparecen con el color de la aventura, el romanticismo y hasta el terror. En sus indignos orígenes sus héroes fueron ladrones, o bien policías con un turbio pasado, y se difundió a través de los folletines, algo similares a los pocket-books (novelas de bolsillo) americanos, las novelas amarillas de Italia o la sensational novel de Inglaterra.

Si de orígenes indignos se trata, la cuestión comienza con un singular personaje de la vida real llamado Eugene Francois Vidocq (1775-1857), desertor, impostor, presidiario evadido y enemigo público número uno de Francia. Su cabal conocimiento de la operatoria delictiva, sumado al atraso de la policía de la época en materia de métodos de investigación criminalística debido al gran crecimiento urbano, hicieron que nuestro amigo Vidocq pasara a ser en 1809 el confidente de la policía y, apenas dos o tres años más tarde, nada menos que el fundador de la Sureté ("Seguridad" en francés), el actual cuerpo de policía con sede en París y que algunos han considerado como el precursor del FBI americano. Vidocq llegó a montar toda una red de confidentes e introdujo dentro de la brigada de seguridad a ex-presidiarios que sabían moverse bien en el ambiente de la delincuencia.
En pleno ejercicio de sus funciones como jefe de la Sureté, funda en 1825 la primera agencia de detectives privados y años más tarde publica varios libros, como sus muy ilustrativas "Memorias" (1828), "Los ladrones" (1836) y "Los verdaderos misterios de París" (1844). Como policía, Vidocq privilegiará la acción más que la deducción, y gustará disfrazarse y mezclarse con el hampa para descubrir los diversos ilícitos, cualidades todas ellas, además de su condición de delincuente redimido, que servirán de modelo para el personaje arquetípico del género policial francés.

Pero vayamos por partes. Vidocq no fue un autor de novelas policiales. Su importancia radica mas bien en que él mismo, como persona de carne y hueso, sirvió sin quererlo como referencia para la creación de ciertos personajes ficticios. Por ejemplo, Honorato de Balzac tiene un personaje, Vautrin, llamado también el "Engañamuertes", que fue creado a imagen y semejanza de Vidocq: Vautrin es jefe de una banda de delincuentes tan bien organizada que llega a constituir un poder paralelo y, como Vidocq, terminará ocupando en la misma policía un puesto de responsabilidad.

Pero lo de Balzac no es aún género policial. Es al norteamericano Edgar Allan Poe (1809-1849) a quien en realidad se considera el fundador de aquel género. Su personaje será el detective Anguste Dupin, protagonista de tres cuentos de Poe: "Los crímenes de la Rue Morgue" (1841), "El misterio de Marie Roget" (1842), y "La carta robada" (1845). Poe llegó a tener conocimientos de las travesuras de Vidocq, tanto que su personaje Dupin llega a citarlo en alguno de los cuentos donde interviene.

Pero en Francia, la cuestión comienza realmente con Emile Gaboriau (1832-1873), a quien se considera el padre de la novela policial del país galo. Gaboriau es un típico representante de la llamada novela folletinesca, es decir la novela que, en vez de editarse en un libro, se publicaba periódicamente por episodios en los diarios de París, modalidad muy de moda a partir de la segunda mitad del siglo XIX. En efecto, de un lado estaba la novela culta, editada en libros y destinada a una mayor perdurabilidad, y del otro lado la novela que aparecía por entregas, en papel de diario. El objetivo de estas últimas era sobre todo mantener la ansiedad del lector de un episodio hasta el otro, con lo cual se alargaba casi indefinidamente la trama de la novela porque ello implicaba también beneficios económicos para el autor. Surgía así una novela extensa, de estructura episódica y donde la acción y la aventura eran el clima dominante que impregnaba el argumento.

Gaboriau crea a su héroe Monsieur Lecoq, policía parisino, quien aparecerá en "El affaire Lerouge" (1863), "El expediente 113" (1867) y otros folletines, tomando como modelos al real Vidocq y al ficticio Dupin de Edgar Allan Poe. Como indica, Fermín Fevre, Monsieur Lecoq "tiene no sólo la misma terminología que el legendario Vidoq, sino sus mismos métodos. Como él, se disfraza, observa y reúne pruebas. Llega a la pista correcta luego de haber seguido distintos caminos erróneos. En sus relatos hay pasiones, situaciones equívocas y cierta moralidad: la virtud y la verdad se imponen, aunque tengan que seguir sendas tortuosas".

Pero hay aún más analogías: como Vidocq, también Lecoq no es más que "un antiguo delincuente reconciliado con las leyes", para utilizar la expresión de Gaboriau en "El affaire Lerouge".

Otros autores como Millás destacarán más la influencia del personaje Dupin. Parece ser que Gaboriau leyó la traducción francesa que hizo Baudelaire de Poe, y la figura del detective Dupin terminó siendo algo esencial en la conformación del policía Lecoq, por lo menos en cuanto a que tanto este como aquel resultaron afectos a la resolución científica de los enigmas policiales.

Una curiosidad: el emblema de nuestra Policía Federal Argentina es el gallo, símbolo de la vigilancia que quizá tenga su origen en el escudo que usaba personalmente Monsieur Lecoq frente a su puerta, con la figura de aquella ave de corral, tal como se describe por ejemplo en "El expediente 113". Por lo demás, Lecoq significa precisamente "el gallo", en francés.

En la tradición anglosajona encontramos sobre todo detectives, mientras que en la francesa policías, es decir, sabuesos pagados por el Estado (y además ex-delincuentes). Tanto el detective Dupin como el policía Lecoq constituyeron dos importantes fuentes de inspiración para que Arthur Conan Doyle (1859-1930), aunque más no fuera por la negativa, creara a su Sherlock Holmes en "Estudio en escarlata" (1887), novela que también había seguido los lineamientos del folletín.

Conan Doyle había leído a Poe y a Gaboriau, y precisamente en "Estudio en Escarlata" hace un juicio lapidario de estos personajes desde la implacable óptica de Sherlock Holmes: Dupin era "un hombre que valía muy poco", mientras que Lecoq resultaba ser "un chapucero indecoroso que solo tenía una cualidad recomendable: su energía".

Con Monsieur Lecoq quedaba, en fin, identificado el nuevo héroe de la novela folletinesca policial en Francia, y a partir de allí surgieron nuevos autores con sus nuevos héroes como Rocambole, Arsenio Lupin y Fantomas (todos delincuentes), y Rouletabille (periodista metido a detective).

El arquetipo del bandido-policía ha trascendido incluso la lengua francesa, como lo demuestra el personaje Flambeau, amigo y confidente del padre Brown de Chesterton. Como Vidocq y como Lecoq, Flambeau era también francés, igualmente hábil para disfrazarse y, por si ello fuera poco, también pasó de ser un bandido redomado a uno redimido, y retratado como tal por Chesterton en "La cruz azul". Demasiadas casualidades para pensar que el dúo Vidocq-Lecoq no ejerció alguna influencia sobre el creador del padre Brown.

John Dickson Carr, otra importante figura anglosajona del género policial, tampoco se sustrajo a la influencia gala, pero esta vez no tanto respecto de los personajes como de la ambientación. En "El crimen de las figuras de cera", por ejemplo, recrea el fascinante clima de las viejas novelas detectivescas francesas.
El Rocambole de Pierre Alexis Ponson du Terrail (1829-1871) fue un "bandido atrevido, elegante y caballeresco", cuyas travesuras aparecieron en "Aventuras de Rocambole".

Pero más conocido será Arsenio Lupin, pintoresco personaje creado por Maurice Leblanc (1864-1941), y tan atrevido, elegante y caballeresco como el Rocambole de Ponson du Terrail. Delincuente metido a jefe de policía y hábil para el disfraz como Vidocq, el personaje nació hacia 1907 en "Arsenio Lupin, caballero ladrón", novela a la que luego siguieron, en la misma modalidad folletinesca, "Los tres crímenes de Arsenio Lupin", "La aguja hueca", "El tapón de cristal", "813" y "Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes" (sic), entre otros, título éste último que encierra una elíptica alusión al enfrentamiento entre Lupin y el héroe inglés de Conan Doyle: ¿tal vez otra forma de expresar la antigua rivalidad anglo-francesa? El género policial suele testimoniarla. Del lado francés, un supuesto detective llamado Herlock Sholmes es ridiculizado por el genial ladrón francés Arsenio Lupin, mientras que del lado inglés, el actor Peter Sellers nos revela que en realidad los detectives franceses como el inspector Clouzeau son exitosos simplemente porque tienen suerte. La excepción es el genial detective belga Hércules Poirot (no exactamente francés, pero envasado como tal), creado por la muy británica Agatha Christie. Inspirado en el Sherlock Holmes de Conan Doyle y tan excéntrico, vanidoso y solterón como él, finalmente su autora termina matándolo en "Curtain" ("Telón"), escrito en 1940 pero recién publicado en 1976, el mismo año de su muerte.

En "El tapón de cristal", Lupin aparece disfrazado como el inspector Lemormand, jefe de la Policía de París, persiguiéndose implacablemente...a sí mismo y enorgulleciéndose de haber terminado con Lupin quien, por entonces, se había alejado del delito disfrutando de su nuevo papel.

"La novela policial que crea Leblanc teniendo a Lupin como protagonista es una síntesis de la novela de caballería, de la novela romántica y del folletín, donde se mezclan realidad y fantasía en un clima de aventura y riesgo constantes", cuenta Fevre. No obstante, también debemos incluir en esa síntesis una trama de misterio, claves secretas y paciente trabajo lógico (por ejemplo en "La aguja hueca" y "813") que poco tiene que envidiarle a los clásicos del tipo "El escarabajo de oro", de Edgar A. Poe.

Maurice Leblanc se inscribe claramente dentro del subgénero de la novela popular, aunque ciertos investigadores del tema no lo hayan siquiera mencionado (por ejemplo Rivera, 1981). El autor mencionado tipifica la novela popular o novela de folletín (pues apareció por entregas en periódicos desde del siglo XIX, especialmente en Francia), a partir de tres características: 1) sigue un esquema simple donde un inocente es injustamente condenado, pero que es reivindicado por un Héroe; 2) hay una marcada diferencia maniquea entre Héroes y Malvados, y ocasionalmente algún personaje neutro; y 3) el Héroe se caracteriza por su soledad, su omnipotencia y su capacidad para cambiar, especialmente a través de disfraces.

Leblanc, ávido lector de Poe y Balzac, creó a su Lupin un poco accidentalmente, urgido por su editor para que escribiera una novela corta de crimen aún sin saber absolutamente nada de criminología, con lo cual el escritor demostró ser tan descarado y aventurero como el personaje que finalmente lo hizo famoso.
Policía en vez de ladrón, y más analítico que pasional aparecerá también por el mismo año Rouletabille, una creación del escritor folletinesco Gastón Leroux (1868-1927). Tal ocurrirá en "El misterio del cuarto amarillo" (1907), y su continuación "El perfume de la dama vestida de negro".
Sin embargo, lo que catapultó a la fama a Leroux no fue tanto su detective como "El fantasma de la Opera", obra de terror con reminiscencias del flautista de Hamelín, y con una buena dosis de terror, intriga policial, aventura y romanticismo. En el terror incursionó también Leroux a través de obras como "El hacha de oro" y "La máquina de asesinar" (más conocida entre nosotros gracias a la serie televisiva de Ibáñez Menta como "El muñeco maldito"). Pujol refiere que del ciclo Obras maestras del terror se desprendió una joya del gran guiñol y la literatura bizarra de todos los tiempos: “El muñeco maldito”, de Gastón Leroux. Y fue así que Narciso Ibáñez Menta “hizo de un clásico de la literatura popular un auténtico clásico de la televisión argentina” (Pujol S, 2002:168).

Inscripto también en el ámbito del terror, Fantomas nació a su vez de la imaginación de Pierre Souvestre (1874-1914) y de Marcel Allan, ambos escritores y periodistas, cruel y despiadado personaje cuyo principal propósito era asustar al lector, y de quien alguna vez se dijo que era el Marqués de Sade de la novela policial.

El carácter episódico de las novelas se transportó al cine en forma típica precisamente con Fantomas, a partir de 1913. Este año se estrenaba en un cinematógrafo de París el primer capítulo de "Fantomas", del director Louis Feuillade (1873-1925), quien se transformó así en el más famosos productor de seriales del cine. La serie de Fantomas abarcó 32 episodios y se basó en las narraciones de Souvestre y Allain, es decir, narraba la historia del criminal francés y los vanos intentos del inspector Juve por apresarlo. El personaje, interpretado por René Navarre, vestía una malla negra ajustada, antifaz y era experto en disfraces. Las tramas eran muy elementales pero lograron atrapar al público, quien se deleitaba con la habilidad de Fantomas para burlar a la policía, en un entorno de pistas falsas, pasadizos secretos y misteriosas desapariciones. El director Feuillade aprovechó también la ocasión para pintar cinematográficamente los suburbios de París con una extraña combinación de naturalismo y fantasía.

La historia de Fantomas en el cine (ver imagen) termina cuando recrudecieron las críticas por mostrar a un personaje que se reía descaradamente de la Sureté. Feuillade optó por cambiar el personaje y en 1916 lo reemplazó por Judex, un individuo que, ahora sí, estaba del lado de la ley, no usaba armas ni derramó sangre.

Le televisión también se ha ocupado de difundir el policial francés. Quienes tienen más de cuarenta recordarán las series francesas que pasaron por la televisión argentina sin pena ni gloria sobre las aventuras de Arsenio Lupin y de Fantomas, sin hablar de las legendarias entregas de las aventuras de Lupin recreadas por Narciso Ibáñez Menta en la década del ’60.

La novela policial francesa alcanza, finalmente, su culminación, con la figura del Comisario Maigret, de Georges Simenon (n. 1903), donde la aventura y el horror ceden paso a un acercamiento costumbrista y al análisis psicológico del delincuente y de su entorno social.

Pablo Cazau. Febrero 2003.

Este artículo es una reedición del original, publicado en el Jezail Bulletin, Boletín Informativo de la Asociación "Círculo Holmes". Año IV, N° 9, Enero 2003, Barcelona.

Bibliografía consultada

Bordoy Luque S, Prólogo de "Arsenio Lupin, caballero ladrón" y otras novelas de Maurice Leblanc, Buenos Aires, Ediciones Orbis, 1984.

Diario Clarín, Buenos Aires, 9-5-95, página 62.

Diario La Nación, Buenos Aires, "Cien años de cine", fascículos 3 y 4. Año 1995.

Fevre F, Estudio Preliminar a "Cuentos policiales argentinos", Buenos Aires, Kapelusz, 1974.

Millás Juan José, Apéndice de "El expediente 113" y "Estudio en escarlata", Buenos Aires, Hyspamerica, 1982-1983.

Pujol S (2002) La década rebelde. Los años ’60 en la Argentina. Buenos Aires: Emecé.

Revista Muy Interesante, Número 60, página 81.

Rivera J (1981) Estudio preliminar. En La novela popular: antología. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina.


lunes 18 de octubre de 2010

El audiolibro

Habida cuenta de los muy altos costos que tiene un autor para publicar su obra impresa, el audiolibro se presenta como una alternativa interesante, aunque ya no es un libro para leer sino para escuchar. Entre las ventajas que presenta se cuentan las siguientes: a) los costos de edición son bajísimos, b) no se requieren conocimientos técnicos especiales para manufacturar el libro, c) pueden ser aprovechados por personas ciegas o por quienes, acostumbrados a escuchar radio, prefieren escuchar el libro antes que leerlo, y d) se pueden publicar producciones del tipo radioteatros o monólogos cómicos, donde la expresividad de las voces juega un papel importante en la calidad de la obra.

Un audiolibro ya no será un libro convencional, sino un archivo de sonido, preferentemente MP3. Por ejemplo, un texto que se lee durante una hora y 48 minutos pesará unos 100 MB, y otro que dura un minuto y 42 segundos pesará alrededor de 1,56 MB.

Estuve haciendo algunos experimentos al respecto, y si bien hay muchas formas de producir un audiolibro, he aquí una posible alternativa que me ha dado excelentes resultados, paso por paso:

1) En un ambiente silencioso, leer un texto con voz clara y pausada con el título incluido al comienzo. Esta lectura se hace frente a cualquier cámara digital que se enciende en modo video, no importando qué imágenes capta.

2) Descargar el archivo de video en la computadora, cambiando su nombre por el título del texto. Este archivo incluye una parte de imagen, que no nos interesa, y otra parte de sonido que sí importa.

A partir de aquí el procedimiento puede seguir dos caminos diferentes, según si deseamos que la lectura no tenga un fondo musical o sí lo tenga. Si no tenemos interés en el fondo musical el procedimiento es más sencillo: se cambia el formato de video a un formato MP3, y luego se elimina el archivo de video. Para esto se requiere un conversor de formatos y, de los muchos que hay, recomiendo el Format Factory, que puede descargarse gratuitamente en Internet.

Para armar un audiolibro con fondo musical, los pasos a seguir son los siguientes:

a) Abrimos un editor de videos, como por ejemplo el Movie Maker que trae incorporado el sistema operativo Windows XP, Vista o Windows 7. Esto significa que todo el mundo lo tiene en su computadora aunque no se haya percatado de ello.

b) Transportamos el archivo de video y el archivo de música, y guardamos el proyecto asignándole un nombre apropiado (por ejemplo el título del texto).

c) Con la herramienta mezcladora de sonido incluida en el Movie Maker podremos dar mayor audibilidad al texto leído o a la música. Se recomienda dar mayor énfasis al texto, de manera que la música quede como un fondo menos o más audible.

d) Se guarda la película, con lo cual se obtiene un archivo de video editado.

e) Finalmente, se utiliza el Format Factory para convertir el archivo de video editado en un archivo MP3, y se elimina el primero.

Una vez obtenido el audiolibro podrá ser difundido o vendido por Internet o por DVD, y escuchado en la PC o en un reproductor MP3. Y todo ello sin pagar sumas enormes a una editorial.

Pablo Cazau. Setiembre 2010.

¿Matrimonios igualitarios?

Cuando se aprobó la ley que permite el matrimonio entre homosexuales, el periodismo comenzó a hablar de matrimonios “igualitarios”, (o a avalar el término) pensando tal vez que quienes se casaban eran dos padres (o dos madres), pero no un padre y una madre que, al cumplir funciones distintas, no son “igualitarios”.

Con esta palabreja los periodistas demuestran no sólo desconocer la psicología de la pareja homosexual, sino además carecer de pruritos al transmitir una información inexacta a la población. En realidad, generalmente cualquier pareja estable que habilite un vínculo sexual, sea homo o heterosexual, supone una asimetría, una “desigualdad” en términos de roles y actitudes: uno será predominantemente activo, el otro pasivo, uno protegerá y el otro solicitará protección, uno buscará mas bien amar y el otro mas bien ser amado, etc. Es frecuente encontrar en las parejas de lesbianas una que “hace de hombre” y tiene toda la pinta de tal, mientras la otra es la femenina.

Esto hace suponer que, si deciden tener un hijo por el método que fuese, el hijo no tendrá dos padres ni dos madres, sino alguien que cumpla el rol paterno y otro el rol materno. Claro que se trata solamente de suposiciones, y es el tiempo quien dirá, estadísticas mediante, si los hijos criados en parejas homosexuales podrán o no desarrollar una personalidad normal. Por el momento sólo se pueden hacer conjeturas, como las de quienes piensan que los hijos saldrán terriblemente perjudicados, y las de quienes consideran que saldrán beneficiados mientras les brinden una sana disciplina, protección, contención y amor. “Primero los castigo y después les doy amor”, decía una señora que jamás había leído un libro sobre cómo criar a los hijos, pero que tampoco necesitaba hacerlo por contar ya con una fórmula muy sencilla y eficaz.

La denominación “matrimonio igualitario” debería aplicarse con más propiedad a los matrimonios actuales, incluyendo los heterosexuales, donde la división de tareas es menos tajante en cuanto a que ambos trabajan, ambos cocinan o ambos cuidan a los hijos. Es evidente que, en tal sentido, los matrimonios actuales son más “igualitarios” que los de fines del siglo XIX.

Pablo Cazau. Agosto 2010.

Nuevo Censo Nacional 2010

lunes 11 de octubre de 2010

Cómo ser un buen mufa

Mañana a la mañana toda la familia debe tomar el avión a Europa, y por supuesto también vas a ir vos, que sos el tío. Ellos ya decidieron que estarán un cuarto de hora antes en el aeropuerto, porque una vez la abuela estuvo un cuarto de hora antes y viajó sin problemas.

Claro, vos viajaste bastante en avión, y sabés que hay que estar por lo menos dos horas antes para cumplimentar mil trámites. En calidad de tío no tenés voto en las decisiones familiares, pero igual estás decidido a ser un verdadero mufa y les comunicás, con un ligero tono de alarma, que hay que estar dos horas antes para poder volar. Nadie te hace caso, pero ya te convertiste en un auténtico mufa: si no pueden tomar el avión, vos serás el ÚNICO culpable por haber anunciado la catástrofe horaria.

Y lo mismo sucede si anunciás solemnemente que si usás celular en el vuelo, el avión perderá el rumbo, si no escuchás cómo ponerse el chaleco salvavidas te morirás irremediablemente en el Océano Atlántico, y si no sabés donde buscar la bolsita para vomitar te ganarás varios enemigos entre los pasajeros.

Pero vos, en el fondo, no querés ser un mufa, y entonces le decís a tu familia algo así como “si no podemos salir porque no estamos dos horas antes del vuelo no me echen la culpa a mí, ¿eh?”. Pésima estrategia porque ya te estás anunciando como mufa: ellos te considerarán como tal con mayor razón todavía porque además estás anticipando una desgracia, y porque alguien tiene que cargar con la culpa, ¿no?

Con este antecedente, de ahora en más cualquier cosa que salga mal en la familia serás para siempre el gran mufa, incluso aunque no hagas sugerencias de sentido común ni adviertas sobre posibles desgracias. Serás el responsable del divorcio del nieto porque asististe al casamiento, y el culpable de cualquier despido porque fuiste a visitar a algún familiar a su lugar de trabajo una semana antes.

Finalmente podemos mencionar al “mufa inverso”, o sea, el tipo que dice que todo saldrá bien, que el próximo colectivo vendrá vacío y luego resulta que sucede todo lo contrario. Enseguida tus amigos te dirán con la mirada: “¡Ves! ¿Para qué dijiste que iba a venir vacío? Vos sos de lo más mufa”, arruinándote la última posibilidad de ser optimista.

Pablo Cazau. Octubre 2010.

Acerca de los conflictos humanos



Allí donde hay un contacto ocasional o permanente entre dos seres humanos está potencialmente instalada una situación conflictiva. Robinson Crusoe, a pesar de su lucha contra los elementos, había vivido en paz hasta la llegada de Viernes.

Por conflicto entendemos toda situación en la que: a) dos o más partes están en desacuerdo entre sí, y b) la situación es problemática para ambos. En una pareja a ambos pueden gustarles diferentes equipos de fútbol, pero ello no ocasiona problemas. Se cumple la condición a) pero no la b), y por tanto no hay conflicto.

Hay muchos tipos de conflictos. Por ejemplo, las partes pueden estar en desacuerdo en los medios para alcanzar un mismo fin (supuestamente todos los diputados buscan el crecimiento económico, aunque no coinciden en los medios para alcanzarlo), o bien en desacuerdo en los fines aunque acuerdan en los medios (dos autoridades carcelarias pueden diferir en los fines porque una se propone castigar y la otra aislar y vigilar, pero coincidir en los medios: mantener encerradas a las personas).

Los conflictos generan malestar y desvían energías productivas, pero también son estímulos para alcanzar mayor bienestar si existe la voluntad de resolverlos.

Existen algunas condiciones que predisponen el conflicto: 1) Recursos compartidos: la necesidad de repartir recursos escasos puede generar luchas de intereses. 2) Actividades interdependientes: cuanto más las personas dependan entre sí, más oportunidades habrá para que se genere un conflicto.

Cuando se instala un conflicto pueden suceder varias cosas:

a) Es negado (se intenta retrotraer ilusoriamente la situación a un momento donde aún no había conflicto).

b) No es negado pero su resolución se posterga indefinidamente a la espera que cambien las circunstancias (por ejemplo que se muera uno de los contendientes).

c) Es exacerbado (las partes se enfrentan cada vez más violentamente, con el riesgo de destruirse mutuamente).

d) Se busca resolverlo hablando y negociando (el lenguaje es el gran apaciguador de la agresividad).

e) Si hablando no resuelven nada, se recurre a un mediador (el otro gran apaciguador de la agresividad).

Pablo Cazau. Junio 2010.

Un mediador por favor



Cuando dos o más personas no pueden resolver por sí solas un conflicto, pueden recurrir a un mediador. Desde tiempo inmemorial, la intervención de un tercero ha evitado la mutua destrucción de las personas enfrentadas por un conflicto.

Hubieron y hay varios tipos de mediadores, como por ejemplo emperadores, jueces, árbitros de fútbol, terapeutas de pareja, y, en los últimos tiempos, profesionales entrenados para mediar en disputas antes de ingresar en la tediosa y costosa vía judicial, como los de Defensa del Consumidor.

Existen varios tipos de mediación y, a los efectos prácticos, podemos dividirlos en cuatro, desde el más primitivo hasta el más elaborado y sofisticado:

a) La mediación fundada en el azar: algunos pueblos antiguos repartían las herencias de acuerdo a quien sacaba el palito más largo y el más corto, o de acuerdo al capricho del rey.

b) La mediación salomónica: que supone un reparto equitativo fundado en la cantidad. Si dos personas se pelean por una montaña de manzanas, el juicio salomónico otorgará la mitad a cada una. Es una decisión sumarísima que no tiene en cuenta, por ejemplo, los derechos de cada uno sobre las manzanas, sea porque es muy difícil o imposible establecerlos, sea porque la situación requiere soluciones urgentes.

c) La mediación fundada en derechos: si se comprueba que A heredó las manzanas de su padre, sólo a él le corresponderán las manzanas porque así lo dice la ley escrita. Es una mediación más lenta porque implica reunir las pruebas de los supuestos derechos de cada uno. En nuestra cultura los hijos heredan todos por igual (aquí hay una inspiración salomónica), pero en algunos pueblos heredaba el primogénito todo o gran parte del patrimonio.

d) La mediación fundada en necesidades: más allá de los derechos de cada cual sobre las manzanas, hay una forma de mediación más sofisticada que la fundada en derechos o que la salomónica. El mediador preguntará a ambos qué necesitan de las manzanas, y si A dice que sólo utilizará la pulpa y B sólo la cáscara, cada uno recibirá su parte. El mediador no ha tenido en cuenta aquí los derechos, sino las necesidades de los litigantes.

Desde ya, puede ocurrir que A y B quieran ambos la pulpa de las manzanas, en cuyo caso, de no existir alguna otra solución creativa, se recurrirá a la mediación fundada en el derecho y en última instancia a la decisión salomónica. De aquí que la mediación basada en necesidades, y, en general, cualquier recurso extrajudicial, sea concebido como un paso previo a la solución judicial propiamente dicha.

Una experiencia personal servirá como ejemplo de mediación en base a necesidades. Cierto día pedí a mis hijos que fueran a hacer las compras, a lo cual accedieron con entusiasmo. Sin embargo, mientras mi hija exigía que la acompañe el hermano porque la mercadería pesaba mucho, mi hijo quería ir solo porque su hermana ‘la molestaba’. Finalmente, les propuse que primero fuese uno y luego el otro, comprando cada uno la mitad de la mercadería. Con ello mi hija no llevaba tanto peso y mi hijo podía ir solo, y ambos pudieron hacer las compras.

El caso del terapeuta de pareja es un ejemplo de aplicación de la mediación fundada en necesidades. Claro que no son necesidades de dinero o de manzanas sino psicológicas, cuya satisfacción hacen al crecimiento y la salud mental: la necesidad de descargar broncas, de ser querido, de querer, de trabajar, de consolidar una identidad, de conocer y autoconocerse, de librarse del síntoma molesto, de ser feliz, etc, etc.

Parte de la tarea del terapeuta es ayudar a las personas a que identifiquen sus necesidades cuando ellas mismas no las advierten: las necesidades no pueden inventarse ni adjudicarse, solamente pueden descubrirse y asumirse.

Si el terapeuta fracasa como mediador, la pareja en tratamiento recurrirá a una mediación prejudicial o judicial, y eventualmente se divorciarán. En la instancia prejudicial suele mediar un equipo interdisciplinario (por ejemplo un psicólogo y un abogado) por cuanto la solución legal del abogado puede perjudicar las necesidades psicológicas de los contendientes, o bien la solución psicológica puede entrar en conflicto con la ley.

Pablo Cazau. Junio 2010.

lunes 4 de octubre de 2010

Qué hacer con todos mis libros



Hay gente que le encanta tener una gigantesca biblioteca casera, y hasta cada vez más grande, pero a ellos no va dirigida esta nota.

Años atrás yo mismo tenía una enorme biblioteca que cubría toda una pared desde el techo hasta el piso, y fue entonces que en un rapto de pragmatismo pensé dos cosas: 1) aquí hay una gran cantidad de libros que nunca leeré ni volveré a leer; y 2) hay mucha información desactualizada que tranquilamente podría actualizar vía Internet. Y fue así que alrededor de 400 libros quedaron reducidos a unos 10, algunos de ellos imprescindibles para mi trabajo y otros que vuelvo a leer siempre porque me han subyugado.

No siempre los libros son artículos nobles, como quieren hacernos creer las editoriales: hay mucha basura suelta que sirve más como papel reciclado que como contenido, de manera que acometí la tarea de desprenderme de ellos y de otros libros valiosos que bien podrían servirles a otros más que a mí.

Mi primera reacción fue vender todo a los tipos que compran libros a precio vil, y con esa plata hacer un asado para invitar a todos mis familiares y amigos, pero después recapacité y me propuse poner los libros a disposición de la gente sin intermediarios, sabiendo que iba a recibir mucho menos dinero. Yo no sería ni más rico ni más pobre, y la gente podría beneficiarse con una lectura a bajísimo costo e incluso gratis.

Fue así que hice una primera selección para regalar a mis hijos y otros familiares. Luego vino una segunda selección donde regalé o vendí a precios ridículos y simbólicos gran cantidad de apuntes y libros que podrían servir a estudiantes y graduados. El aviso que puse en Internet dio resultado porque se llevaron casi todo. Finalmente, la tercera selección la doné a la biblioteca pública del barrio, haciendo que me firmaran un recibo para evitar que algún empleado pícaro se guardara los libros para él.

Finalmente quedaron dos clases de libros: aquellos que yo quería conservar para mí, (unos diez, como dije) y luego, una pila de novelas policiales que guardo para canjear periódicamente por otras.

Ahora ya no tengo más el problema de limpiar 400 libros ni lidiar con las polillas, la humedad u otros agentes especializados en destruir papel.

Por supuesto que también podría haber recurrido a una solución más expeditiva, como quemar todos los libros para hacer varios asados, pero no me gustó a idea. Me acordé del libro de Bradbury "Farenheit 451" donde en un futuro lejano un gobierno dictatorial decide quemar todos los libros y destruir la cultura, cosa que en la realidad ya ocurrió varias veces, como el caso de la vil destrucción de la enorme biblioteca de Alejandría, probablemente a cargo de los invasores árabes.

Pablo Cazau. Marzo 2010.

El debilitamiento de la autoridad

Desde las primeras décadas del siglo XX hasta la actualidad del tercer milenio, y al menos en Argentina, hemos venido asistiendo a un llamativo cambio en las actitudes de quienes detentan la autoridad tales como padres, educadores, jueces y otros.

Antes los padres eran más estrictos con sus hijos, había amonestaciones y amenazas de expulsión oprobiosa en los colegios, y hasta los jueces eran más inflexibles. Hoy los padres son más permisivos, y si algún pibe queda fuera de la escuela es más probable que sea por inasistencias que por conducta. Hace poco los jueces no condenaron a prisión a quienes no se presentaron como autoridades de mesa en las elecciones, sino que les impusieron penas mucho más leves como las tareas comunitarias.

Antes el trato respetuoso de “usted” era más frecuente y hasta los que se agarraban a las piñas se decían “usted”, mientras que hoy los hijos tratan de “vos” a los padres, los mensajes publicitarios te tutean, y si Roberto Galán resucitara su programa se llamaría “Yo me quiero casar, ¿y vos?”. Antes los senadores eran tipos respetables, pero hasta no hace mucho la gente quería que se “fueran todos”. Y lo mismo con la investidura presidencial.

Varias razones podrían explicar este fenómeno. Entre ellas y en primer lugar, tal vez muchos padres no quieren hoy hacer sufrir a sus hijos como ellos sufrieron con la rigidez de sus padres, y de paso aceptan ser tuteados por ellos para no sentirse tan viejos.

En segundo lugar, las condiciones de vida fueron cambiando, en algún sentido, para mal: hoy mucho más que antes es difícil obtener un empleo, y además que sea estable, pasando a ser un bicho raro quien es premiado con un reloj de oro por su trayectoria de décadas trabajando en la misma empresa. Ni el trabajo ni el estudio alcanzan hoy para sobrevivir, de manera que, ¿qué puede exigírsele a la gente? Y si hay poco y nada para exigir, la autoridad comienza a perder sentido. Si algún hijo le dice hoy al padre que la “próstata” dental es carísima o que llovía tanto que parecía el “Danubio” universal, se limitará a sonreírle condescendientemente porque cree que la educación no garantiza demasiado. Y lo mismo si optan por tirarse en la vereda todo el día fumando un “paco”.

Pablo Cazau. Mayo 2009.

Frases sobre el amor

Amor es lo que queda en una relación cuando se ha prescindido de todo el egoísmo. Cullen Hightower

Casarse por segunda vez es el triunfo de la esperanza sobre la experiencia. Samuel Johnson

Debe tenerse el valor necesario para alejarse cuando a uno no le aman. Anónimo

El amor es lo que está en el beso y no es el beso. Antonio Gala

El matrimonio es al amor lo que el vinagre al vino. El tiempo hace que pierda su primer sabor. (Lord Byron

En asuntos de amor los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca. Jacinto Benavente

En los desacuerdos con las personas amadas, plantea sólo la situación actual. No traigas el pasado al presente. Dalai Lama

Hay un secreto para vivir feliz con la persona amada: no pretender modificarla. Chardonne

La mejor relación es donde el amor entre dos personas es más grande que la necesidad del uno por el otro. Anónimo

No puedes hacer que alguien te ame, pero puedes dejarte amar. Anónimo

No se ama verdaderamente sino cuando se ama sin razón. Anatole France

Pueden amar los pobres, los locos, y hasta los falsos, pero no los hombres ocupados. John Donne

Si amas lo que haces, nunca será un trabajo. Confucio

Si das indiferencia, recibirás indiferencia, pero si das amor, recibirás invariablemente amor. Anónimo

Si los hombres equivocados siempre te encuentran es porque das las señales equivocadas. Anónimo

Siempre hay un poco de locura en el amor, aunque siempre hay un poco de razón en la locura. Nietzche

Solo porque alguien no te ame como tú quieres, no significa que no te ame con todo su ser. G. García Márquez

Una atmósfera de amor en tu hogar es el fundamento de tu vida. Dalai Lama