
La estructura del relato apela a una cierta lógica, que fuera sistematizada hace más de 2.000 años por el genial Aristóteles, pero que es la misma lógica que usamos todos nosotros en la vida cotidiana... Y que también empleamos para descifrar el misterio policial.
Ni siquiera la condición de sacerdote de ciertos héroes detectivescos hace que estos no se guíen más por la fe que por la razón. De hecho, el padre Brown de Chesterton pone el mismo empeño en descubrir al asesino que ponía Santo Tomás de Aquino en demostrar racionalmente la existencia de Dios, o que pone cierto monje benedictino metido a detective en resolver otros enigmas en la atrapante novela "El nombre de la rosa", de Umberto Eco.
Como vemos, los métodos son muy diversos, pero sin embargo todos encajan dentro del esquema aristotélico de hace 2.000 años: ningún detective puede prescindir de los dos grandes tipos de razonamiento explicitados en el "Organon" por el filósofo griego, y que son la inducción y la deducción.
Modernamente, se tiende a considerar que la inducción es un razonamiento con conclusión probable, y la deducción un razonamiento con conclusión necesaria. En el esquema siguiente tenemos los ejemplos respectivos, aplicados ambos a una trama policial.
RAZONAMIENTO INDUCTIVO
Muchos matan por celos
A era muy celoso
(Por lo tanto)
A es el asesino.
RAZONAMIENTO DEDUCTIVO
Los únicos sospechosos son A-B-C
B y C tienen coartadas probadas
(Por lo tanto)
A es el asesino
Ambos razonamientos llegan a la misma conclusión, aunque por caminos inferenciales distintos. En el caso inductivo, el lector podrá darse cuenta que la conclusión es tan sólo probable, mientras que en segundo caso es necesaria, forzosa, y por ello lo calificamos como deductivo. Incidentalmente, el primero gira en torno al móvil, y el segundo alrededor de la oportunidad.
Ambos tipos de razonamiento tienen la finalidad de ir guiando poco a poco al detective hacia la solución final.
El lector podrá replicar: pero si en la deducción hemos llegado a una conclusión necesaria (A es el asesino), para qué tenemos que usar también la inducción? ¿No es la deducción algo más fuerte y seguro que la inducción? Bueno, las cosas no son tan fáciles, y la pregunta parte de suponer que 'necesario' y 'verdadero' es lo mismo. La deducción no puede establecer que la conclusión es verdadera, sino sólo que SI las premisas son verdaderas, entonces necesariamente la conclusión también lo es. En otras palabras, la verdad de la conclusión depende de la verdad de las premisas En el ejemplo indicado hay, en la deducción, al menos una premisa tácita: la de que se cometió un asesinato, y no fue ni suicidio ni accidente. Es así que si se hubiese cometido un suicidio, la conclusión es falsa, y si se hubiese cometido asesinato, la conclusión es verdadera, con lo cual la verdad de la conclusión depende simplemente de cuáles son las premisas de las cuales estamos partiendo. Esto es lo que no hace tan ciento por ciento confiable un razonamiento deductivo a pesar de la necesariedad de la conclusión, una necesariedad siempre relativa a las premisas.
Si las premisas son todas verdaderas, entonces ¡bárbaro!, la conclusión también lo es y hemos descubierto que A es el asesino. Paradójicamente, también podemos concluir -siempre siguiendo un razonamiento válido- una verdad partiendo de premisas falsas. "Fácil es construir falsas filosofías sobre los datos del universo", meditaba el padre Brown en uno de los cuentos de Chesterton, con lo cual buscaba decirnos que los mismos hechos pueden ser explicados desde distintas premisas o teorías, incluso siendo muchas de ellas falsas y hasta con razonamientos equivocados. Concretamente, puedo concluir acertadamente que A es el asesino aunque parta de premisas falsas o utilice razonamientos inválidos. Cierta vez Agatha Christie se había enojado porque su esposo, el arqueólogo Max Mallowan, había acertado enseguida quién era el asesino de su novela...siguiendo un razonamiento errado.
Copi (1974) cita por ejemplo las llamadas paradojas de la implicación material que, traducidas al castellano, significan que paradójicamente podemos deducir correctamente un enunciado verdadero a partir de cualquier enunciado: podemos concluir que si A es en verdad el asesino, entonces 'A es el asesino' se concluye a partir de la premisa 'la luna está hecha de queso blanco'.
No es la intención de este artículo seguir profundizando en implicaciones lógicas. Lo dicho anteriormente sirve simplemente para entender que, en cualquier ámbito de la vida y también en la resolución de misterios policiales, uno puede ser muy lógico pero también estar muy equivocado con respecto a lo que efectivamente ocurrió en la realidad. Los científicos suelen edificar teorías lógicamente inobjetables, mediante razonamientos totalmente válidos, pero que sin embargo no explicaban cómo eran realmente los hechos. La lógica es una herramienta indispensable, pero requiere la comprobación en la realidad, de allí la importancia de las pruebas empíricas para demostrar un delito. Esto no quiere decir que muchas veces un jurado quede convencido con simples pruebas lógicas, con simples argumentaciones incluso incorrectas pero con apariencia de válidas, dejando en segundo plano las pruebas empíricas. Un abogado defensor -esto en la realidad, no en la ficción- había logrado convencer al jurado de la inocencia del asesino que mató a sus padres, recurriendo al argumento de la compasión: "No lo condenen. El pobrecito quedó huérfano".
Siempre es posible sostener nuestra creencia mediante razonamientos adecuados, y esto viene a mostrar que si a seguro se lo llevaron preso, probable anda con libertad condicional, y entonces ni el argumento seguro (la deducción) ni el probable (la inducción) prueban obligadamente la identidad del criminal, pero sí, como dijimos, son caminos que van guiando poco a poco al detective hacia la búsqueda de ciertas pruebas y la resolución final del misterio.
Existe en la literatura policial un ejemplo, creo que único, que muestra descarnadamente la estructura del relato de misterio y su trama lógica. Se trata de la novela "El almirante flotante", escrita por autores de renombre, entre ellos G K Chesterton, A Christie y D Sayers, y donde cada uno fue escribiendo un capítulo a la novela sobre la base de una solución por él imaginada, y al mismo tiempo agregando nuevos datos. Quien tenía que escribir el capítulo siguiente debía basarse en los hechos anteriores y proponer él mismo su solución, desconociendo la precedente (que, por lo demás, no figuraba escrita). Por supuesto que la novela completa tiene como solución la que le dio el escritor del último capítulo, ardua labor la de este hombre que tuvo que compatibilizar con su respuesta todos los datos provenientes de teorías anteriores.
Como curiosidad, al final del libro figuran las distintas soluciones parciales que fueron dando los autores. Perpleja ante estos resultados, Dorothy Sayers no pudo menos que decir en el prólogo de la novela: "Es entretenido y aleccionador observar el número asombroso de interpretaciones diferentes que pueden concebirse, para dar cuenta de los hechos más simples".
El gusto por el género policial tiene una gran parte del gusto por razonar. ¿Y porqué nos gusta razonar? Hay quienes han ensayado explicaciones psicoanalíticas bastante exóticas, como por ejemplo que el placer de pensar deriva que la necesidad infantil de averiguar porqué el pene cambia de tamaño en determinadas circunstancias. Este hecho asombroso para el niño sería uno de los motivos que lo impulsan, cuando grande, a resolver enigmas recurriendo al procedimiento hipotético-deductivo, central en la ciencia y la investigación policial.
Pablo Cazau. Agosto 1996.
Bibliografía consultada
Copi I (1974) Introducción a la lógica. Buenos Aires: Eudeba, 15° edición.
Nota: Esta nota es un fragmento de un artículo publicado en Agony Column, Anuario del Círculo Holmes 2002-2003, editado por la Asociación Amigos de Sherlock Holmes, Barcelona, España.