
A ver… a ver… ¿donde tengo el papelito de los médicos? Ahhh ... aquí están. Hoy tengo cita con el reumatólogo, el oculista, el dentista, el traumatólogo y el obstetra. ¿El obstetra? Para qué lo preciso si ya tengo 91 años. Voy a tener que actualizar la agenda.
¿Cuál es el teléfono del oculista? Caramba, no lo veo, algún hijo me afanó la lupa y ahora no voy a poder visitarlo porque seguiré sin ver el teléfono. ¡Ahhh! ¡Aquí lo encontré! Pero, ¡no!, es el teléfono de las siliconas. ¿De las siliconas? ¿Qué es eso? Seguramente un nuevo antibiótico, y lo voy a probar a ver si funciona. ¿O será un afrodisíaco? ¡Noooo! , mejor me voy a confesar con el cura aunque sé que siempre me mangueará algo.
¿Y para después que hay? Bueno, a las cuatro de la mañana tengo hora con el dermatólogo para que me saque las arruguitas. Es el único horario que tiene porque todas las mujeres lo consultan por lo mismo. Me parece que no voy a ir porque ni con la Legrand pudo. Mejor le digo a la doméstica que se haga una changa con la planchita y me saque las arrugas por unas horas.
¡No! Mejor no. Esta chica no sabe hacer nada de nada. En las encuestas siempre marca “No sabe, no contesta”, salvo cuando le pregunto cuánto le debía del mes pasado. Es analfabeta y lo único que sabe es hacer la cruz en la encuesta y firmar el recibo del salario.
¿Y para mañana que tengo? Ahhh ... sí, me viene a buscar mi personal trainer. ¡Cómo me hace sudar!, aunque él suda más que yo porque tiene que caminar tres baldosas por minuto. Es que una ya está viejita ¿vio? Menos mal que todavía tengo al ángel custodio, a Escrivá de Balaguer y a Álvaro del Portillo que me salva el bolsillo. La otra vez perdí 10.000 dólares, le recé a Portillo y al segundo los había encontrado en la heladera. Me había creído que era un paquete de espinacas por lo verdes. Y bueno, sigo sin ver nada.
¿Y este libro de dónde salió? Se lo olvidó alguien. ¡Horror! ¡Virgen Santísima! Una de pasa años educando hijos y nietos para que después tengan como libro de cabecera las memorias del Marqués de Sade. Ya mismo lo quemo.
Me parece que sonó el timbre. Por la hora debe ser el cura del Opus Dei que me viene a dar por quinta vez la extremaunción. Se debe creer que porque una anda cerca de los 100 años se va a morir esta noche. ¿Hola? ¿Hola? ¿Hola? Bueno, nadie contesta. Debió haber sido Satanás que me vino a buscar para ir a un cabaret.
¡Jorge! ¡Jorge! Este portero es rapidísimo y viene a los dos segundos. A mí me parece que duerme en el felpudo. ¡También!, con las propinas que le doy.
¡Ahhh! ¿Se habrá muerto que no viene? Me tiene que pegar una estampita de San Cayetano en la cocina, aunque siempre viene con un taladro y una amoladora por las dudas. También lo necesito para que me apague el velador.
¡Ay! ¡Qué susto! Sonó el teléfono. Seguro que es mi amiga Titina. No sé ni para qué hablamos porque ella siempre me dice lo mismo: debe tener Alzheimer porque se olvida de todo. Bueno, yo también siempre le digo lo mismo: que tengo cataratas y que estoy mareada. Ella también pensará que tengo Alzheimer. Somos las mellizas preferidas del alemán.
Aunque también puede estar llamando mi amiga Beatriz, pero esta vez no sé qué sorpresa me dará, porque una vez me llama desde París, otra desde Ibiza, otra desde las Palmas de Mallorca, desde Jerusalén y desde Kenia. Esta chica se la pasa viajando, y hasta se compró un yate nada más que para un fin de semana. Me parece que le voy a pedir algunos euros a ver si salgo a flote porque entre mi doméstica, mi personal trainer, la moratoria del ABL, los médicos y mis hijos me estoy quedando en la ruina. ¡Para qué les habré regalado el cartelito ese que dice “vive de tus padres hasta que puedas vivir de tus hijos”!
Stand-up dedicado a la gran madre y abuela Teresa, a un año de su fallecimiento. Así quiero recordarla: alegre, ingeniosa, pícara y generosa.
Pablo Cazau. Junio 2010.