lunes 31 de mayo de 2010

Erección perpetua

Hacía como cuarenta grados de calor y me lo encontré a mi amigo José Iturriberrigoycoerrotaberricoechea sentado en la plaza Sáenz Peña con un sobretodo. Lo miré extrañado y me dijo:

- Es que tengo que disimular. Resulta que fui al médico y me dijo que tenía una rara enfermedad que se llama priapismo.

- ¿Qué es eso? – le pregunté alarmado.

- Bueno, a lo mejor usted sabe que en la mitología griega hay un dios de la fertilidad que se llama Príapo, y que solían representarlo como un enorme falo en perpetua erección. Y eso es lo que me pasa: las 24 horas del día estoy así, y con el sobretodo algo se disimula ¿vio?

Le dije que debería estar orgulloso y que sería la envidia de todos los hombres, menos de los fabricantes del Viagra.

- No se crea, mi amigo. Cuando me subo el cierre tengo que andar con mucho cuidado desde la última vez que quedé enganchado. Encima ya no puedo ir más a la playa con el slip ni ducharme en el club. Mi mujer ya empezó a llamarme colectivo, porque se puede subir en cualquier parada en cualquier momento. Incluso pensó en alquilar el falo para pagar el impuesto inmobiliario, y no pude decirle nada. Usted sabe que las mujeres no son propietarias del falo, pero tienen el usufructo: pueden usarlo cuando quieran y alquilarlo, pero no venderlo. Al final decidí pagar el impuesto inmobiliario trabajando de modelo en Sprayette, en la parte donde te quieren vender un tratamiento trucho contra la disfunción eréctil. Hasta me ofrecieron trabajar de estrella porno destronando al famoso Tony Montana, pero mi mujer se opuso rígidamente, valga la redundancia.

- Y hablando de colectivos –siguió mi amigo- no se imagina los problemas que tuve cuando viajaba en estos vehículos todo apretujado en el pasillo. Hasta con el sobretodo se notaba. Algunas chicas me miraban con enojo como diciendo que no se venderían al mejor postor, pero había señoras grandes que no decían nada y hasta se agachaban para ver a qué altura de la calle estaban. Incluso un punguista creyó que allí tenía la billetera, pero se dio cuenta enseguida que no era un palo verde y que eso de ordeñar toros no era para él. Tampoco quiero gastarme la plata en taxis, que siempre se detienen cuando voy caminando porque creen que los estoy llamando.

Y acto seguido se levantó del banco y se fue a tomar un colectivo vacío mientras tarareaba aquella famosa canción de Los Beatles “La vi parada ahí”.

Pablo Cazau. Mayo 2010.

La picadura del escorpión

Era la primera vez que asesinaba, y cuando Ricky Brown llegó a su casa, todavía estaba temblando. Desde ya, la culpa no había sido de él. El dueño de la tienda había intentado defenderse extrayendo una pistola, y Ricky Brown no hizo más que dispararle en defensa propia.

Y el encargado de la tienda había quedado bien muerto, de dos certeros balazos de una Magnum 44 que Ricky había robado a su vez de una armería, meses atrás.

Ahora, la policía debía estar buscándolo afanosamente. Corrió por su espalda un sudor frío cuando pensó en la pena de muerte. Pero no: si lo pescaban, un buen abogado podría demostrar que disparó en defensa propia.

Ricky Brown, que a pesar de su juventud, tenía una impresionante trayectoria de ladronzuelo, y nunca hasta entonces había asesinado. En su casa, lo esperaba Caty, su amiga y amante. Luego de preguntarle varias veces por qué se sentía tan mal, obtuvo finalmente la confesión de Ricky.

-Lo mejor será que vayamos a ver a Melissa-, le sugirió ella.

-¿Para qué?

-Ella sabrá como aconsejarnos, ahora que pueden condenarte a muerte.

Caminaron unas cinco cuadras hasta el tugurio donde atendía Melissa. Luego de esperar una media hora interminable a que la pitonisa terminase de atender a otros muchos clientes, finalmente pasaron a una habitación sin ventanas y con las paredes tapadas con negros tapices. La semipenumbra agregaba al ambiente un toque de misterio que hacía resaltar la figura mágica de Melissa, que en ese momento los observaba con ojos entrecerrados.

-Sé que los trae por aquí.

-Necesitamos saber qué hacer ahora. Tal vez la policía nos encuentre en cuestión de días.

-No deben hacerse ningún problema.

Melissa contempló durante unos instantes su bola de cristal, mientras Ricky y Caty esperaban ansiosos la respuesta.

-Veo algunas imágenes. Tú, Ricky, serás capturado por la policía... pero... no veo más... todo se hace borroso.

Acto seguido, Melissa extrajo un extraño mazo de cartas con figuras extrafalarias, y extendió 7 naipes, tras pedirle a Ricky que cortara el mazo. Luego de un breve análisis, Melissa dijo con total seguridad:

-No tendrás problemas. No tienes por qué temer ninguna condena a muerte, porque esta carta- y señaló una figura parecida a un insecto gigante -dice que tú en realidad morirás por la picadura de un escorpión.

Ricky respiró aliviado, aunque no pudo obtener información acerca de qué le ocurriría después de haber sido capturado.

Los pronósticos de Melissa no tardaron mucho en cumplirse. Ricky fue detenido y puesto a disposición del juez de instrucción, que preparó un legajo con la carátula de robo seguido de homicidio.

Cuando escuchó la sentencia y se enteró que iba a ser condenado a muerte, interiormente sonrió complacido. En realidad, él moriría por la picadura de un escorpión, o como se llame el insecto venenoso del que había hablado Melissa.

Inclusive, y a pesar de las sugerencias de su abogado defensor, no apeló el fallo ni pidió al gobernador del Estado que conmutara su pena. Sabía que si fallaba la ejecución, no podría ser condenado nuevamente, y podría salir en libertad.

Luego de tres meses de permanecer encerrado en la prisión estatal, llegó el día de la ejecución. En la última visita que le hizo Caty se mostró animado, aunque un poco inseguro. Pero ella terminó de disipar sus dudas, cuando le aseguró que Melissa jamás se había equivocado. El habría de morir de otra manera, y además, podría estar tranquilo, porque en aquella región no existían insectos como los escorpiones.

Dos guardias vinieron a buscar a Ricky a la celda, y lo condujeron a una habitación sin más muebles que una camilla, donde a Ricky le iban a aplicar la inyección letal en presencia del director de la prisión y de otras autoridades.

La animación de Ricky iba decayendo, aunque todavía sentía un poco de esperanzas. Un empleado de la prisión, que oficiaba de verdugo, se acercó con una jeringa y le levantó la manga de la camisa gris que se habían dado al entrar en la prisión.

-No se preocupe, no sentirá dolor. Se irá adormeciendo poco a poco hasta quedar desvanecido.

"Hasta quedar muerto", querrás decir, pensó Ricky, pero inmediatamente apartó de sí esa idea.

Cuando el líquido incoloro comenzó a correr por las venas de Ricky, empezó, efectivamente, a desvanecerse. La última escena que vio fue la cara sonriente del verdugo y, al bajar la vista, pudo contemplar también la imagen más terrible de su vida. Sobre la camisa del verdugo, a la altura del pecho, estaba colgada su identificación: "John P. Scorpion. Empleado de la prisión estatal".

Pablo Cazau. 1990.

La ciencia irreproducible

En la opinión del biólogo israelí Alexander Kohn, una ciencia seria y sin humor sólo puede contribuir al fracaso final de la sociedad donde se desarrolló. Acuciado por esta idea, cierto día de la década del '50 se decidió a fundar el "Journal of Irreproducible results" (Diario de Resultados Irreproducibles), una "sátira sin asomos de malignidad acerca de la pedantería, la verbosidad, la oscuridad o la estupidez pura y simple que caracterizan a algunos proyectos y publicaciones científicas" (Kohn, 1972:26).
Si bien hubo antecedentes de este tipo de publicaciones que no prosperaron, entre ellos el "The Journal of Insignificant Research" editado por L. Van Valen e impreso totalmente en papel para toallitas faciales, el periódico de Kohn logró subsistir hasta nuestros días y hasta tuvo una amplia difusión en nuestro país, en la década del '60. Tenía la estructura de una verdadera revista científica como "Science" o "Nature" y, como ellas, estaba dividido en varias secciones. En la primera de ellas, las conclusiones lógicas o prácticas de las ideas científicas imperfectamente comprobadas son llevadas tan lejos como sea posible.
Como ejemplo se satirizaba un artículo de Asimov sobre las propiedades y usos de la tiotimolina, curiosa sustancia que se disuelve inmediatamente 'antes' de agregarle agua, debiéndose esta especial cualidad a la existencia en su estructura molecular, de un átomo de carbono que asoma en la cuarta dimensión. Se comprobó que la tiotimolina tenía importantes aplicaciones en el estudio de la fuerza de voluntad de las personas: si usted sostiene un vaso con agua y quiere verterla en un recipiente que contiene tiotimolina, pero vacila, ¿se disolverá esta sustancia?
Otro ejemplo de la misma sección toma como referencia el fracaso en el lanzamiento de cohetes balísticos como el Thor, el Titán o el Atlas, para lo cual se ha buscado una explicación psicoanalítica descubriéndose que algunos de sus fracasos tenían que ver con un 'complejo umbilical'. Antes del lanzamiento, cada cohete está unido a una especie de cordón umbilical para recibir el bombeo de combustible. El miedo al momento donde se cortará esta unión nutricia despierta en los cohetes tal ansiedad que provoca tendencias inconcientes al suicidio y los lleva hacia su autodestrucción.
Una segunda sección del Journal de Kohn trata del arte de publicar investigaciones sin haberlas hecho en realidad, y cuyos autores son científicos que viven bajo el lema 'publicar o perecer'. Un importante artículo de esta sección presentaba la sencilla igualdad 1+1=2 bajo la elegante pero complicadísima fórmula equivalente, y también demostraba que la fórmula S ex = f (u)n no guarda relación alguna con las integrales y las exponenciales, sino que significa "sex is fun" (el sexo es divertido). También fue aprovechada la fórmula de un tal Sommer, que demostraba que la productividad P de un laboratorio depende del número de secretarias N, de su velocidad de escritura a máquina Ts, y del número de científicos adscriptos a la institución S, de modo tal que la productividad tiende al infinito cuando el número de científicos tiende a cero.
Sin embargo y aún cuando el científico no tenga la premura de publicar, otras cosas habrán de frenar el desarrollo de la ciencia, y entre ellas los problemas burocráticos. Un jefe de departamento demostró -según el Journal- que él solo disponía de alrededor de un día por año para dedicarse a la investigación una vez que descontó los feriados, el tiempo de comer, el tiempo para recibir a visitantes locales y extranjeros, para conferencias y charlas, para la revisación y redacción de artículos y para la correspondencia y el teléfono.
En 1962, todas estas sátiras y ridiculizaciones sobre el difícil arte de investigar alcanzaron suficiente difusión como para hacer un libro que llegó a publicarse en Holanda bajo el título de "Onderzoeckerskunst".
Y hablando de palabras raras, la tercera sección del Journal está dedicada a todos aquellos científicos que viven bajo un lema que aquí podríamos enunciar como "para qué hacer las cosas fáciles cuando pueden ser difíciles", y que están empeñados en redactar sus pensamientos en la forma más oscura e intrincada posible.
El Journal cita un ejemplo real extraído de un artículo relativo a cierta enfermedad de los árboles: "Un cambio provocado por una afección o infección o por un afectante en el infectado, es una afección de respuesta activa o pasiva. Si se opone a la infección, o a la afección, o al infectante que la ha causado, es una contrainfección activa o una contra-afección activa. Si es una contrainfección activa o contrafección activa es una defensa contra una afección activa o una infección activa, es decir, una reacción en el sentido estricto del término, tal como lo utilizan los patólogos". Si después de esta lectura el paciente lector no queda afectado (o infectado), será porque tiene el cerebro vacío o es un genio.
Si estos balazos verbales existen es en parte porque muchos autores financian sus propias ediciones y por tanto publican lo que se les antoja. Hablar complicando las cosas en vez de aclararlas es lo mismo que, en el terreno de la psicoterapia, gastar tiempo y capacidad profesional en pacientes que no están enfermos en ningún sentido clínico. Esto es lo que Schofield en 1964 llamó el Síndrome de Yavis (Rycroft, 1976:108), acróstico formado por Y (young, joven), A (atractivo), V (verbalmente fluido), I (inteligente) y S (succesful, triunfador), y con el cual ironizaba la forma que tenían muchos psiquiatras norteamericanos jóvenes de elegir a sus pacientes: éstos debían tener las mismas cualidades que ellos (las antes indicadas), más allá de si estaban o no enfermos.
Pablo Cazau. Abril 2006.
Referencias bibliográficas
Kohn A (1972) Los científicos que se burlan de la ciencia. Buenos Aires: Revista Ciencia Nueva, Año II, N° 13, Marzo 1972.
Rycroft Ch (1976) Diccionario de psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.

lunes 24 de mayo de 2010

Azar e infinito



Días pasados llevé a cabo el siguiente experimento: coloqué en una bolsa papelitos iguales con las letras del alfabeto español, incluyendo también un papel vacío para representar el espacio en blanco entre palabras. Fui sacando papel por papel al azar, mezclándolos cada vez y volviendo a ponerlos en la bolsa, hasta obtener veinte letras. En términos de la teoría de la probabilidad, hice un “generación aleatoria de una secuencia de veinte elementos con reposición”.

El resultado fue el siguiente:

Combinación 1: iyzqsfjvxmyljqmooxyn

El experimento duró unos diez minutos, pero ahora supongamos que disponemos de un software capaz de generar un millón de estas secuencias de veinte letras por segundo, y que lo ponemos a funcionar indefinidamente a lo largo de años, siglos y milenios.

Si hipotéticamente el software funcionara eternamente, o sea hasta el infinito, resulta plausible afirmar que, con seguridad total, en algún momento aparecerán secuencias como las siguientes:

Combinación 2: radiotelecomunicados

Combinación 3: la vida es una broma

Menuda sorpresa me hubiese llevado si en el primer intento en vez de salir la combinación 1 hubiesen salido las combinaciones 2 o 3, lo cual no es en absoluto descabellado porque todas las combinaciones tienen la misma probabilidad de salir. En términos de la teoría de la probabilidad, son “equiprobables”.

A pesar de ello mi afiebrado cerebro hubiese pensado que descubrí un extraordinario método para lograr cosas increíbles. Si hubiese salido la combinación 2 tal vez estaría pensando que un ser extraterrestre quiere comunicarse conmigo, y si hubiese salido la combinación 3 estaría imaginando en una máquina que mágicamente reflejase mis más íntimos pensamientos.

Supongamos ahora que la combinación 1 llega a un experto en descifrar criptografías y le pedimos que encuentre su significado. Seguramente dirá, luego de romperse el coco varios meses, que no puede hacerlo, y hasta quizás diga que no le encuentra “la lógica”, cuando en realidad no tiene ninguna lógica más que la del azar.

Una situación similar ocurrió cuando se descubrió el llamado códice Voynich del siglo XV. Según consigna la agencia El Universal (México, Mayo 15), “considerado por la NASA como un texto indescifrable, ha significado un quebradero de cabezas para los mejores lingüistas y especialistas en criptografía de todos los tiempos, que no han podido comprender ni una sola de las palabras que forman las 240 hojas del misterioso códice”. El texto está escrito en un lenguaje desconocido, y contiene muchas ilustraciones de astronomía igualmente enigmáticas, o por lo menos ambiguas, y se encuentra actualmente en la Universidad de Yale. Yo me pregunto: ¿no habrá sido obra de algún bromista medieval que utilizó la bolsa con papelitos u otro procedimiento para generar elementos al azar?

Pero más allá de estas consideraciones, esta nota apunta a otra faceta de las series al azar en el infinito.

El universo, la realidad o como quiera llamarse, genera continuamente combinaciones de elementos, y una de ellas generó la vida, de lo cual se desprendió la vieja teoría según la cual la vida fue producto de la casualidad, o sea del azar. Si asumimos que el universo es eterno (infinito temporal), la vida se convertirá en un producto de la necesidad, porque tarde o temprano habrá de generarse la combinación vital. E inclusive más: si asumimos que el universo no tiene fronteras (infinito espacial), también tarde o temprano se habrán generado en otro lugar otros seres idénticos a nosotros.

La cuestión tiene implicancias para la biología, pero también para la física. La especie humana creció en el lapso de una millonésima de segundo, si lo comparamos con el infinito tiempo cósmico. Y tal vez justo en esa millonésima la ruleta presentó al azar una combinación regular de elementos, y el hombre, creyendo en la armonía del universo, creó las leyes físicas para dar cuenta de ella.

La cuestión está también relacionada con la especulación de los físicos acerca de la existencia de universos paralelos, según la cual la combinación de azar e infinito permitiría la existencia de otros planetas Tierra con seres humanos similares, aunque quizás con pequeñas variaciones: algunos estarían todavía en la Edad de Piedra, en otros Hitler hubiese ganado la guerra o el terremoto de Haití no hubiese existido, y la gente podría tener la oportunidad de vivir bajo el gobierno que quisiera mudándose simplemente a otro universo paralelo, o tener una vida paralela con otra pareja.

De hecho, el autor de esta nota vive en otra galaxia con una amante, y además no se trata de una nota sino de una combinación aleatoria de letras.

Pablo Cazau. Mayo 2010.

Qué pasa cuando eligen por vos

El otro día encontré a mi amigo José Iturriberrigoycoerrotaberricoechea sentado en el cordón de la vereda tomándose un whisky.

Lo que más me extrañó no fue el lugar donde se había sentado, sino lo que estaba tomando. ¡Él… que desde siempre tomó únicamente soda!

Tras interrogarlo acerca del whisky, mi amigo José comenzó un largo monólogo acerca de las cosas que no hay que hacer con las esposas. Me dijo:

La cosa comenzó hace muchos años cuando tuve mi primer encuentro con aquella dama que luego sería mi esposa. Nos habíamos citado en la Confitería Ideal y luego de elegir ella un tradicional té con masitas, me preguntó:

- ¿Y usted que quiere pedir?

Yo me moría por tomar un whisky pero, temeroso de elegir algo que perjudicase mi imagen de galán al acecho, le dije que eligiera ella, con lo cual tuve que tomarme un vaso de soda. He conocido noviazgos que se rompieron porque el tipo se llevaba la botella de tequila cuando iban a los lagos de Palermo, o usaba un perfume horrible cuando iban al cine.

Desde entonces no sólo siempre seguí con la soda sino que también dejé en sus manos ‘mis’ elecciones. Con ello había un motivo menos para el divorcio y además me ahorraba el trabajo de pensar.

Fue así que toda la vida usé trajes marrones como ella quería, gemelos fosforescentes, cinturones como los de Batman y ajustadas remeras como las del Llanero Solitario. Por supuesto también me eligió las amistades, los libros que debía leer y las comidas como la infaltable sopa de letras o los macarrones que hacía su abuela.

Una vez que fuimos a cenar con otro matrimonio, se extrañaron que tomara solamente soda, y lo único que me salió decirles fue que mi esposa dice que a mí me gusta la soda. Incluso más, una noche antes de dormir llegué a preguntarle a mi mujer:

- Querida, ¿Qué prefiero? ¿Dormir de costado o boca arriba?

Otro día mi mujer me sorprendió en la cocina chupando una botella de Fernet y me amonestó severamente. Sucedió que me había agarrado una otitis y no escuchaba muy bien cuando le pregunté que prefería yo: entretenerme con Internet o con un yo-yo. Ella me dijo Internet pero yo entendí Fernet.

Me fui a almorzar dejando a mi amigo José con su whisky, pensando contento que por fin había elegido por sí mismo.

Pablo Cazau. Marzo 2010.

Autobiografía de un texto

Nací hace unos instantes, y mi creador ha comenzado a construirme ensamblando varias piezas, siendo hasta ahora la última de todas estas últimas palabras.

Sigo creciendo, estoy ya en mi adolescencia y, cuando termine este párrafo, mi arquitectura estará compuesta de cuarenta y ocho piezas encajadas entre sí.

No sé qué rumbos tomará mi desarrollo, ni si lo dirigirá mi creador o yo tomaré las riendas. ¿Seré un relato aburrido, original, tedioso, largo, breve? No lo sé, aunque mi deseo es complacer al lector para que me pueda recomendar a otros lectores, aunque deba pagar el precio de una existencia efímera.

Cuando esté terminado, no tendré una cantidad invariable de renglones, porque alguien puede alterarla cambiando el tamaño de mis piezas.

Mi cantidad de párrafos es, en cambio, fija. De hecho, hasta ahora estoy compuesto de cinco párrafos.

Presiento que estoy cerca de morir, y comienzo a añorar aquella primera pieza que me dio origen: la palabra “Nací”.

Ya se acerca el final. Mi creador está por escribir la pieza que detendrá mi vida y que, como todos saben, es la palabra “fin”.

Pablo Cazau. 1978.

lunes 17 de mayo de 2010

La biografía escondida de Freud

Las malas lenguas afirman que Sigmund Freud, creador del psicoanálisis nació, como no podía ser de otra manera, de un embarazo psicológico.
Ya de niño era muy travieso, y además tenía ciertas dificultades de pronunciación, pues cuando faltaba seso en el almuerzo él gritaba: ¡Quiero sexo! ¡Quiero sexo!... Sus problemas escolares eran por entonces también muy notorios, ya que repitió diez veces segundo grado con el fin de avalar su teoría de la compulsión a la repetición.

Durante su infancia, decíamos, era muy inquieto: solía desarrollar actos fallidos como por ejemplo olvidarse de darle el boletín al padre, olvidarse la goma de un compañerito en su propio bolsillo, etc. Se la pasaba contando chistes verdes en la clase y tenía sueños eróticos con su compañerita de banco, llamada Irma, donde le hacía bajar la bombacha para ponerle una inyección. Su invento del psicoanálisis sobrevino cuando su madre, enojadísima, le pidió una explicación sobre sus conductas.

Decisivas experiencias infantiles llevaron a Freud a inventar las fases del desarrollo psicosexual. La fase anal se le ocurrió cierta vez que su maestra recogió un papelito del suelo sin doblar las rodillas. Conocedora de la mente sucia de su alumno, la señorita mientras tanto lo observaba con severa mirada entre las tetas, ocasión en la cual Freud hizo la promesa de la abstinencia más absoluta durante cualquier tratamiento.

En sus primeros tiempos Freud era muy pobre. Incluso una vez lo llamaron de urgencia para revisar a un paciente, y lo único que hizo fue revisarle los bolsillos. No tenía plata para irse a Viena, pues consideraba que no es lo mismo mudarse del pago que pagar la mudanza.

Con el objeto de atraer clientela, gustaba publicar avisos en los diarios prometiendo la curación de resfríos de origen edípico. Pero luego de varios años y harto de tanta transferencia negativa, empezó a publicar uno solo: "Cambio catorce neuróticos obsesivos por histérica seductora de 18 años".

En cierta ocasión, recibió la visita de una señora tan pero tan fea que, en una crisis de franqueza, el creador del psicoanálisis le dijo: "Señora, usted no necesita un analista sino un entomólogo". La señora en cuestión, desconcertada, pensó que aún no le había llegado el momento de asimilar semejante interpretación, y decidió continuar sus sesiones contándole a Freud un sueño del cual se despertaba ansiosa, y donde un negro musculoso entraba a su habitación. Compungido, Freud le manifestó que no podía ayudarla porque no había encontrado la forma de hacer realidad sus sueños.

Su teoría de la castración se remonta a la época en que lo circuncidaron, pero sus otras teorías le fueron sugeridas por sus mismos pacientes. Así, descubrió el narcisismo cuando en un ataque de contratransferencia erótica preguntó a su paciente "¿Me querés?", a lo que ella contestó "Sí, me quiero".

Muchos pacientes se quejaban de lo largo del tratamiento, a lo cual Freud les contestaba invariablemente: "espéreme un poquito que estoy llegando al Tomo III". En otra ocasión, tuvo otro fracaso al no poder ayudar a un paciente a elaborar su conflictiva edípica, ya que éste nunca pudo saber si él estaba viviendo en la casa de sus padres, o sus padres estaban viviendo en su casa.

Finalmente, y ante la certeza de que ya estaba rondando el instinto de muerte, Freud dio término a sus obras completas, no sin antes escribir la última frase: "Prohibida su reproducción total, parcial o sexual".

Pablo Cazau. 1978.

Qué es el hombre

Cuando definimos hombre como animal racional, estamos dando indudablemente una definición inequívoca: hay cosas que son solamente animales (una jirafa), y cosas que son solamente racionales (una computadora), pero algo que sea al mismo tiempo animal y racional... es solamente el hombre.

También podríamos definirlo como un bípedo capaz de reír: bípedos hay muchos (una gallina), y hay también cosas que se ríen (la maquinita que reproduce el sonido de una risa). Pero solamente el hombre reúne ambas características.

Con estos mismos criterios, también podemos definir al hombre como un bípedo implume, por ser el único ser que camina en dos extremidades y no tiene plumas, con lo cual nunca habremos de confundir al hombre con un avestruz. Sin embargo...

Se cuenta que los sucesores de Platón en la Academia de Atenas dedicaron mucho tiempo y meditación al problema de definir la palabra hombre, y finalmente decidieron que significaba 'bípedo implume'.

Cuenta Copi en “Introducción a la lógica” (1974:158) que estaban muy satisfechos con esta definición, hasta que Diógenes desplumó un pollo y lo arrojó dentro de la Academia por encima de la muralla. Era indudable que se trataba de un bípedo implume, pero era también indudable que no se trataba de un hombre.

Andando el tiempo, los biólogos decidieron que el hombre era el homo sapiens, no muy diferente del animal racional de inspiración aristotélica, mientras que antropólogos como Cassirer decidieron definirlo como un animal simbólico.

Claro que hubo muchos que no estaban de acuerdo con definiciones tan simples que reducían al hombre a dos palabras. Aparecieron así algunos filósofos y algunos otros representantes de las ciencias sociales que, o bien decían que el hombre no se puede encerrar en una definición porque es muy complejo y aún no acabamos de entenderlo, o bien que, precisamente por su complejidad, requería un discurso más elaborado y más extenso.

Como las definiciones cortitas no exploraban toda la subjetividad humana, comenzó a denominarse al discurso complejo como discurso de sujeto, mientras que el discurso más simple y esquemático pasó a ser designado, a veces despectivamente, un discurso de objeto.

Y no tardaron en enfrentarse ambos bandos: lo más suave que decía el discurso de sujeto era que el discurso de objeto era insuficiente, mientras que éste último acusaba al primero de guitarrero, retórico, pintoresco y hasta vacío.

El discurso de objeto se conforma con la definición esencial y la clasificación minuciosa, mientras que el discurso de sujeto es más ambicioso, para lo cual debe pagar el precio de la imprecisión y la complejidad, como puede verse en los discursos de Nietzsche o de Lacan. El discurso de objeto detiene el pensamiento en definiciones estáticas y precisas, mientras que el discurso de sujeto lo deja fluir, desconfiando de las definiciones siempre muy acotadas y de las clasificaciones que dividen la realidad en partes en que ella no está dividida.

El discurso de objeto es más propio de las ciencias exactas y naturales (o ciencias nomotéticas), y el discurso de sujeto de las ciencias sociales (o ciencias ideográficas). Si queremos entendernos con un físico o un biólogo, deberemos emplear un discurso de objeto, y si queremos entendernos con un representante de las ciencias sociales utilizaremos un discurso de sujeto: cada discurso sirve para entenderse con diferentes personajes. Como decía Carlos I de España y V de Alemania, hablar en italiano con los embajadores, en francés con las mujeres, en alemán con los soldados, en inglés con los caballos y en español con Dios.

Por dar otro ejemplo, ambas modalidades aparecen también en la literatura barroca española del siglo XVII: el discurso de objeto corresponde aproximadamente al conceptismo de Quevedo o Gracián, y el de sujeto al culteranismo de Góngora. Los conceptistas, amantes de la expresión lacónica y sentenciosa, no dejaban de criticar a sus oponentes tan floridos y metafóricos cuando decían que "más valen quintaesencias que fárragos".

En suma, si usted cree que el oro es un elemento químico con determinado número atómico, y que un ciprés es un árbol monoico de la familia de las cupresáceas, seguramente considerará que el hombre es simplemente un animal racional. En cambio si estima que el oro es algo así como fuego congelado y que un ciprés al anochecer es como el espectro de una llama, estará dispuesto a caracterizar al hombre mediante un largo discurso o simplemente recurrir al humor, como cuando Blas Pascal lo definió como una caña de pensar.

Pablo Cazau. Agosto 2009.

Frases sobre la sabiduría

El dolor hace al hombre pensar. El pensamiento hace al hombre sabio. La sabiduría hace tolerable la vida. John Patrick

El humor y la sabiduría son las grandes esperanzas de nuestra cultura. Konrad Lorenz

La multitud no envejece ni adquiere sabiduría: siempre permanece en la infancia. Goethe

La sabiduría es un adorno en la prosperidad y un refugio en la adversidad. Aristóteles

La sabiduría me persigue... ¡pero yo soy más rápido! Anónimo

La sabiduría nos llega cuando ya no nos sirve de nada. Gabriel García Márquez

El arte de ser sabio es el arte de saber qué es lo que debemos ignorar. William James

El hombre llega a ser sabio cuando aprende a reírse de si mismo. Anónimo

Muchos hombres pasan por sabios gracias a la ignorancia de los demás. Anónimo

Para obtener éxito en el mundo hay que parecer loco y ser sabio. Charles de Montesquieu

Pensamientos tontos los tenemos todos, pero el sabio se los calla. Wihelm Busch

lunes 10 de mayo de 2010

Qué corno es la economía



Juan y María fueron los únicos sobrevivientes de un naufragio, y terminaron recalando en una lejana isla del Pacífico. Cada uno llevaba consigo 10 dólares, de manera que en la isla había un total de 20 dólares (y ningún tesoro escondido).

Juan empezó a comer manzanas, pero como había tantas, empezó a fabricar dulce con el excedente.

Decidido a ganar dinero, un día contrató a un indígena para que le llevara un tarro de dulce a María, que vivía en el otro extremo de la isla donde no había manzanas. El nativo conocía el valor del dinero yanqui, y aceptó un dólar por llevar el dulce y traer los 2 dólares con que María lo compró.

Mientras María saboreaba el dulce de manzanas, los 20 dólares iniciales quedaron distribuidos de una nueva manera: 11 dólares Juan, 8 dólares María y un dólar el indígena.

Con el tiempo Juan y María decidieron encontrarse, se juntaron y tuvieron un hijo. El hijo creció hasta que heredó los dólares de los padres fallecidos. Los 20 dólares quedaron ahora repartidos de una nueva manera: 19 dólares el hijo, un dólar el indígena.

Esta breve historia explica qué es la economía al relatar simplificadamente todo el ciclo económico de las familias, las ciudades, los países y las multinacionales.

¿Por qué? Porque la economía no es otra cosa que una actividad humana que consiste en producir, circular, distribuir y utilizar bienes económicos. Pero vayamos por partes.

a) Producir significa transformar mediante el trabajo una materia prima que la naturaleza nos ofrece. Juan transformó una manzana en dulce de manzanas.

b) Circular es trasladar el bien producido para que llegue al consumidor. Hay una circulación espacial, cuando se traslada el producto de un lugar a otro (el indígena fue quien brindó este servicio, que en sí mismo es también un bien), y una circulación jurídica, cuando el bien pasa de una persona a otra. Esto ocurrió cuando el hijo heredó el dinero de Juan y María, que es un bien (circulación jurídica gratuita), o cuando el dinero de María fue a parar a Juan (circulación jurídica no gratuita, vulgarmente llamada comercio).

3) Distribuir significa que los bienes, principalmente el dinero, van quedando repartidos entre diferentes personas, donde algunos se quedarán con más y otros con menos. Al principio los 20 dólares eran de Juan y María, luego quedaron distribuidos entre Juan, María y el indígena, y finalmente quedó repartido entre el hijo y el indígena. En algunos países la distribución de la riqueza es más o menos equitativa, y en otros no.

4) Utilizar significa sacarle algún provecho al bien, y puede consistir en consumir, ahorrar o invertir. María consumió su dulce porque se lo comió, pero también podría haberlo guardado en su choza para otra ocasión (ahorro) o utilizar el dulce para hacer tortas de manzanas (inversión). Normalmente en cualquier caso el destino final del bien es el consumo, es decir, su destrucción.

Por último, en nuestra definición de economía dijimos que lo que se produce, se hace circular, se distribuye y se utiliza son los bienes económicos, que no son cualquier bien porque se diferencian de los llamados bienes libres. Los bienes libres abundan, están al alcance de cualquiera, como por ejemplo el aire. Los bienes económicos son escasos, no están al alcance de cualquiera: la isla no estaba repleta ni de manzanas ni de dulces, que entonces pasaronn a ser bienes económicos.

Si todos los bienes del mundo fueran libres no existiría la economía, y por ello se dice a veces que la economía es lo que la gente hace con los bienes económicos, o cómo la sociedad se organiza para que los bienes económicos lleguen finalmente a su consumidor y éste pueda satisfacer sus necesidades.

Pablo Cazau. Septiembre 2009.

El lado positivo

El otro día me lo encontré a mi amigo José Iturriberrigoycoerrotaberricoechea observando detenidamente con una lupa el extremo de una pila.

Interrogado al respecto, me dijo que a él le gustaba mirar siempre el lado positivo de las cosas, y me dijo:

- Fíjese que el mes pasado mi mujer se escapó con mi cuñado, y el lado positivo es que por fin pude vengarme de mi cuñado. Hace tres meses me robaron todo el dinero que tenía en mi casa, pero ahora vivo tranquilo porque ya no tengo que preocuparme porque me roben. Claro que tengo que dejar algo en concepto de impuesto al chorro para que no se pongan violentos si no encuentran nada.

- La otra vuelta –siguió diciendo- invité a una dama a cenar a mi casa, y justo se cortó la luz. Fue la noche más romántica que pasé en mi vida a la luz de las velas, tanto que ya estoy pensando en simular cortes de luz para los próximos levantes.

- Y menos mal que me agarré la gripe aviar –terminó triunfante mientras seguía embelesado con la pila- porque ahora ya no me visitan más los acreedores. También perdí el celular, pero ahora ya ninguna empresa telefónica me podrá estafar.

Se subió imprudentemente de un salto al colectivo que estaba esperando, y alcancé a escuchar que decía: “sigo esperando más desgracias para tener más lados positivos”.

Pablo Cazau. Abril 2010.

La televisación del fútbol

No soy un fanático del fútbol, y si eliminasen este deporte no se me movería ni un pelo, aun cuando inexplicablemente todavía sufro cuando pierde Ríver. Esto significa que si con la nueva medida demagógica del gobierno argentino la gente podrá ver fútbol gratis por televisión, ello me tiene sin cuidado.

En realidad el fútbol televisado esponsoreado por el Estado no es gratis: lo pagamos todos con nuestros impuestos aunque a muchos no nos interesen esos espectáculos. ¿A usted que no tiene auto le gustaría pagar el peaje de los demás? ¿No? Pues a mí tampoco me hace gracia pagar para que otros vean fútbol. Funciones indelegables de un Estado debieran ser la salud, la educación, la seguridad o la justicia, pero no el entretenimiento. Todos necesitamos que nos curen, nos enseñen a leer y escribir, y nos protejan de los delincuentes y las injusticias, pero no todos necesitamos fútbol.

Si el gobierno actual gastara más en pan y menos en circo, las cosas no andarían de maravillas, pero al menos andarían menos peor. Es mejor ver fútbol con el estómago lleno que ver fútbol para olvidarse uno que no tiene ni para comer.

Pablo Cazau. Septiembre 2009.

lunes 3 de mayo de 2010

Para qué la gente va presa



Cuando en los tiempos antiguos alguien cometía un delito, las penas comunes eran el destierro, el castigo físico o la muerte. La privación de la libertad era más rara, y desde ya no existían las cárceles tal como hoy las conocemos, un invento relativamente reciente.

Aquí nos referiremos a la privación de la libertad como pena para alguien condenado, no procesado, es decir para los casos donde se probó efectivamente la comisión de un delito.

El porqué de la pena está claro: se cometió un delito, pero lo que no resulta tan claro es el para qué, porque bien podría ocurrir que la pena para un asesino sea una simple multa en vez de privarlo de la libertad. Los diferentes sistemas jurídicos, los diferentes jueces y las personas comunes suelen tener ideas distintas sobre esta cuestión, como por ejemplo las siguientes.

1) El delincuente va preso por seguridad, o sea para que no siga haciendo de las suyas afuera y tenerlo bajo control.

2) El delincuente va preso para ser castigado, para que sufra por lo que hizo sufrir a sus víctimas.

3) El delincuente va preso para hacer un acto de justicia, entendiendo por tal una inclinación a dar a cada uno lo que le corresponde. Por ejemplo si el delito es más grave, deberá estar preso más tiempo. Algunos consideran la justicia como un eufemismo de la venganza: el espíritu no es castigarlo sino vengarse de él, aunque la diferencia puede llegar a ser tan sutil que deje de existir.

Una forma de hacer justicia data de casi 4000 años de antigüedad, y es la ley del Talión, consistente en hacer sufrir al delincuente un daño igual al que causó. Está claro que hoy no se cumple el “ojo por ojo diente por diente”: si alguien estafó, no será estafado sino que irá preso. Ni siquiera en la situación donde alguien va preso porque privó a alguien ilegítimamente de su libertad está el espíritu de esta antigua norma.

4) El delincuente va preso para ser rehabilitado y posibilitar su reinserción normal en la sociedad. Por ejemplo, aprendiendo un oficio en la cárcel.

5) El delincuente va preso para tener oportunidad de recapacitar sobre lo que hizo y arrepentirse. Seguramente tiene tiempo de sobra en la soledad de su celda, y en este sentido no hay mucha diferencia con el monje que se recluye para meditar sobre sus pecados.

Entre estos posibles motivos no está la intención que el delincuente haga un resarcimiento o reparación del daño que causó. Lo más parecido a esto es la llamada “probation”, donde el delincuente tiene que cumplir un servicio útil a la comunidad como forma de reparar el daño causado. Hoy en día, al delincuente que robó no se le impone la pena de trabajar hasta devolver lo robado.

Sin embargo, hace cientos y hasta miles de años existían civilizaciones que contemplaban esta situación. Había leyes, por ejemplo, que obligaban a la persona a reconstruir la casa que incendió, con lo cual saldaba su deuda con la víctima. ¿Sería porque construir y mantener una cárcel insumía mucho dinero? ¿O acaso porque tenían un sentido más sensato y evolucionado de la justicia?

No puedo dejar de mencionar, por último, los casos donde los inocentes están presos, como lo demuestran las rejas de las casas de familia, los comercios y las plazas. Y aquí el motivo de la privación de la libertad es otro muy distinto: la protección. ¡Oh, aquellas épocas de los años ’50 donde uno podía tomar mate tranquilamente en la vereda de su casa con las puertas abiertas y dejar que sus hijos corretearan libremente en un potrero inmundo, pero sin rejas!...

Pablo Cazau. Abril 2010.

Aquel viejo Pasquín



Durante mucho tiempo formé parte de una clásica barra de café que integrábamos unos treinta sujetos de las más diversas calañas. Cuando a la una cerraba el boliche principal, varios nos trasladábamos a otro abierto las 24 horas, o a jugar al pool para completar la noche, hasta que finalmente el casamiento puso fin a esta época frente la obligación y el placer de formar una familia.
Años más tarde pude volver a ver a muchos de ellos, y con algunos nos seguimos viendo. En una ocasión, luego de 15 años de haber abandonado la barra, entré a mi casa el día de mi cumpleaños y me encontré con una veintena de aquellos amigos en el living. Fue una picardía de mi hijo que los llamó a todos para darme la sorpresa del reencuentro.
Algunos años antes de abandonar las noches con amigos, no sé cómo se me ocurrió hacer la revista de la barra, a la que llamé El Pasquín, una publicación con subtítulos tales como “aparece cuando puede”, “sálvese quien pueda” o “prohibida su reproducción total, parcial o sexual”. Dado su carácter satírico no le dije nada a nadie, y un buen día apareció el primer número misteriosamente pegado en la pared, aunque los siguientes 22 ya no fueron murales: se los entregaba al encargado de boliche y él los repartía.
Al principio nadie sabía quien escribía esa porquería que sacaba trapitos al sol a troche y moche, pero cuando se enteraron, lejos de expulsarme de la barra me gané los apodos de “El traidor” y “Harry el sucio”, pero también comenzaron a alcanzarme con mirada cómplice alguna nota escrita por ellos para reírnos sanamente de nosotros mismos. De los apodos me enteré más tarde por aquello de que de la propia reputación, buena o mala, uno mismo es el último en enterarse.
Está claro que no era la revista “Gente” sino un mamotreto de 28 páginas de pequeño formato, escrito a máquina, dibujado con birome e impreso en fotoduplicación. Por entonces corría el año 1977 y todas las imprentas tenían la obligación de enviar las publicaciones de sus clientes al Ministerio del Interior. Menos mal que no se me ocurrió decir nada contra el Proceso. En realidad, el único altercado que tuve fue cuando casi ligo una paliza por hacer la caricatura de alguien de otra barra paralela. Desaparecí por un tiempo para aquietar las aguas, aunque luego volví con más números de El Pasquín. Por aquellas lamentables épocas fui tal vez el único desaparecido voluntariamente.
Casi todas las notas hablaban de los integrantes de la barra: historietas, reportajes y biografías imaginarias, ‘novelas’ de misterio o espionaje con entregas donde los personajes éramos nosotros mismos, pero nunca faltaba la sección “Página del Quemo” donde se narraba o se dibujaba alguna inocente felonía, siempre humorísticamente. Tampoco se escatimaban los apodos que la barra misma había creado: “Terapia intensiva” porque no lo puede ver ni la familia, “Aguarrás” porque de lejos parece solvente, “Once coma siete”, el peso específico del plomo para el amigo más pesado, y “Radiador” porque se le pegan todos los bichos, para el parroquiano con las amigas más feas. A propósito, también salía el “Suplemento Femenino” cada 28 días, dedicado a las damas en edad de usar tampones.
De las ‘novelas’ puedo mencionar “El cadáver violeta”, donde asesinaban al dueño del boliche por excederse en los precios, y “Contrabando infernal”, una trama de espionaje donde se pasaban ilegalmente sonajeros. También se publicó una obra de teatro donde intervenían sólo los parroquianos más amarretes, titulada “¿Quién dijo que el aire es gratis?”, y una historieta que contaba las desventuras de una pareja de chorlitos que aterrizó en el boliche bailable de la zona, donde te vendían Paddy en vez de Whisky.
De vez en cuando aparecía también alguna noticia del barrio, tal como por ejemplo una primicia obtenida en la plaza Arenales donde fotografiamos dos perros abotonados.
La revista siguió saliendo hasta 1981, en que finalmente encuaderné todos los ejemplares y lo doné a la biblioteca de la Sociedad de Fomento del barrio, como para dejar alguna huella de nuestra vida por los cafés.
Pablo Cazau. Marzo 2009.



Anticipar y predecir

Comencemos por distinguir profecía, predicción y anticipación: la religión profetiza, la ciencia predice y la ciencia ficción anticipa. Las tres apuntan a la ocurrencia de ciertos acontecimientos futuros, con la diferencia de que la profecía es un acto de fe, implicando entonces un convencimiento fatalista y dogmático de que las cosas ocurrirán así y no de otro modo, como por ejemplo la profecía de la llegada del Anticristo.
La predicción y la anticipación proponen, en cambio, un futuro posible, pero mientras la predicción se funda en leyes científicamente fundadas (y por ende proponen un futuro más creíble), la anticipación se basa en intuiciones con reminiscencias, o bien de una realización literaria de deseos, cuando el futuro anticipado es feliz, o bien como una advertencia a la humanidad cuando es sombrío y tétrico.
Un ejemplo de futuro feliz es el planteado por Skinner en "Walden II", donde imagina una sociedad ideal que funciona bajo el régimen de los refuerzos positivos, vale decir, de las recompensas, y no de los castigos como en los sistemas totalitarios. Y un ya clásico ejemplo de futuro negro es el planteado por George Orwell en "1984", donde dramatiza los estragos del abuso de poder. Desde esta última perspectiva, la ciencia ficción se nos presentaría como una especie de advertencia, o, si se quiere, de literatura preventiva.
Lo curioso es que a veces los escritores aciertan con sus anticipaciones pero, como dice Bradbury, hay tantas novelas y cuentos de ciencia ficción con tan diversos desenlaces acerca del futuro que aunque más no sea por una cuestión estadística, alguna puede efectivamente cumplirse.
Como explica Sagan, quizás el significado más importante que pueda tener para el hombre la ciencia ficción sea el ver en ella experimentos sobre el futuro y la exploración de posibles destinos, a los efectos de reducir al mínimo la conmoción futura. Estos 'experimentos literarios', como podríamos aquí calificarlos, funcionarían como un toque de alerta no ya frente al peligro de la tecnología, que al fin y al cabo puede destruir o beneficiar, sino al peligro representado por el hombre mismo.
Después de todo, reflexiona Bradbury, es la humanidad la que se amenaza a sí misma. Las novelas de Eric Russell tendían a ser experimentos de este tipo en la medida en que mostraban otros sistemas económicos posibles (En "El buscador del mañana" aparece una sociedad donde no existe el dinero), o las consecuencias que podía traer una resistencia pasiva organizada frente a un poder totalitario. Creo que de alguna manera las anticipaciones de la ciencia ficción pueden adquirir inusitada fuerza llegándose a convertir en profecías autocumplidoras, o, peor aún, en predicciones suicidas.
El psicoanálisis nos ha mostrado un hombre sometido a la influencia persistente de su pasado, mientras que el existencialismo, en especial la filosofía sartreana de posguerra, nos lo presentó como un ser fuertemente preocupado por su futuro. En este sentido, la literatura de anticipación está más próxima a la angustia existencial de un Sartre, que a la angustia neurótica de origen sexual infantil de un Freud.
No obstante ello, el psicoanálisis tampoco escapó a la pluma de los escritores de ciencia ficción. Un compilador de historias, Carlo Frabetti, nos cuenta que "cuando el autor británico J. C. Ballard propugnó la necesidad de que la ciencia ficción se ocupara menos del espacio exterior y más del espacio interior del hombre, e incorporó a su narrativa diversos conceptos freudianos, así como la teoría del inconciente colectivo y los arquetipos de Jung, se habló de que la ciencia ficción había descubierto la psicología".
La ciencia ficción, sin embargo, no suele anticiparse solamente a la posible evolución de la humanidad sino también a la misma ciencia, desarrollando hipótesis en ese momento inverosímiles pero que, andando el tiempo, los científicos terminan incorporando a su dominio bajo la forma de teorías colectivamente aceptadas. En última instancia, los científicos son legitimadores de ficciones, y lo hacen mediante pruebas empíricas de alcance siempre limitado que son provisoriamente aceptadas por la comunidad.
Asimov anunció la creación de la computadora y detalló su funcionamiento quince años antes que los científicos de la universidad de Pennsylvania presentaran a ENIAC, el primer cerebro electrónico de la historia. En 1950, el mismo autor lanzó otra anticipación a través de un cuento: las computadoras serían móviles, mucho más pequeñas y baratas, y tan populares como los relojes de muñeca y de uso cotidiano en oficinas y colegios. Cualquier semejanza con la actualidad, ¿es pura coincidencia?
En Julio Verne aparece una sorprendente anticipación del actual concepto de antimateria. A fines del siglo pasado publicó el cuento "Nego-pos", donde postulaba la existencia de una materia positiva y otra negativa que le permitía, a un supuesto científico excéntrico propulsar una nave aérea de su invención, con la que pudo finalmente surcar los cielos de Francia. Todo consistía en unir dos esferas, una de materia positiva y otra negativa. Poniendo la esfera negativa debajo la nave subía, y poniéndola arriba era despedida hacia abajo. Puestas ambas al mismo nivel, la nave avanzaba hacia los costados. Años más tarde, el Bevatrón estadounidense (Isaacs, 1966:287), una suerte de desmenuzador de átomos produjo la primera partícula de antimateria, el antiprotón, por otra parte predicha teóricamente años antes. Lo único que Verne no anticipó fue la mutua aniquilación de ambas materias al contactarse entre sí, con la consiguiente destrucción de la nave aérea. Tuvo, sin embargo, la intuición de pensar que su interacción mutua podía generar la suficiente energía como para propulsar su imaginario navío. De acuerdo con ciertas especulaciones científicas (después de todo no solamente los escritores tienen derecho a especular), únicamente podrían mantenerse estables materia y antimateria existiendo ambas en universos distintos y paralelos (aunque hoy se sabe que es suficiente con que no estén demasiado próximas entre sí). Tal especulación fue aprovechada por Asimov en su novela "Los propios dioses" donde postuló la posibilidad de sacar partido de tal situación como una fuente ilimitada y gratuita de energía.
Cyrano de Bergerac, literato de ficción, dramaturgo y gran espadachín de prominente nariz, tuvo también lo suyo. En sus ficciones, se anticipó al uso de la energía solar con sus "globos transparentes que podían recoger rayos solares' y, por si esto fuera poco, en algunas de sus fantasías parece haberse anticipado al concepto de gravedad, desarrollando posteriormente por Newton.
Pablo Cazau. Noviembre 1991.
Referencias bibliográficas
Isaacs Alan (1966) Introducción a la ciencia. Buenos Aires: Eudeba.