En la década del ’80 un señor llamado Herrmann construyó un Modelo de Dominancias Cerebrales que intentaba mostrar cómo diferentes personas preferían utilizar distintas partes de su cerebro, y no otras. Sin entrar en detalles técnicos ni en complicadas terminologías, podemos decir que según Herrmann nuestro cerebro puede funcionar de cuatro maneras, y que somos nosotros quienes elegimos qué parte utilizar:
1) El cerebro creativo: desopilante, ingenioso, impredecible, artístico.
2) El cerebro objetivo: lógico, pragmático, le gusta basarse en los hechos.
3) El cerebro organizado: detallista, escrupuloso, estructurado.
4) El cerebro social: comunicativo, empático, le gusta entablar relaciones con los demás.
Según las estadísticas de Herrmann, alrededor de un 60% de la gente prefiere utilizar dos cerebros, un 30% utiliza preferentemente tres cerebros, un 7% utiliza un solo cerebro, y apenas un 3% prefiere utilizar los cuatro cerebros, lo cual no significa que sea más inteligente. La variable en estudio no es la inteligencia sino la preferencia, es decir, qué partes del cerebro se utilizan.
Según mis propias observaciones sobre los demás y sobre mí mismo, noté que solemos utilizar distintos cerebros según la actividad que realicemos. Por ejemplo, una persona puede ser Creativa en su trabajo, Organizada en su casa, y Social en el bar con sus amigos.
Todo el secreto reside en utilizar el cerebro adecuado para cada actividad. Si usted debe revisar la cuenta del supermercado, es mejor que sea Organizado y Detallista porque aquí ni la creatividad ni la sociabilidad le servirán de nada. Si usted es un científico que está haciendo un experimento, son ideales los cerebros Objetivo y Organizado. Si acaso usted está teniendo una relación sexual olvídese de ser Organizado porque interrumpirá a cada rato el acto arreglando la sábana, limpiando el velador o leyendo la letra chica del envase del profiláctico. Le convendrá usar su cerebro Social para transmitir y recibir emociones con su pareja, y si se anima, el cerebro Creativo para inventar y realizar nuevas fantasías.
Otra cuestión importante son las compatibilidades e incompatibilidades entre las personas. Por ejemplo entre cónyuges, padres e hijos, maestros y alumnos. Respecto de esto último, una investigadora del modelo Herrmann, Marie Chalvin, sostuvo que muchas veces pasa que profesores y alumnos no terminan de entenderse porque utilizan diferentes cerebros. Por ejemplo, un alumno estructurado, meticuloso y organizado se quejará de un profesor creativo diciendo que se va por las ramas y delira mucho, y este profesor a su vez se quejará del alumno diciendo que lo quiere todo dictado, organizado, hecho y hasta le exige un programa de estudios que deberá cumplir escrupulosamente. Muchas veces las relaciones difíciles se resuelven cuando alguno decide utilizar el mismo cerebro que el otro.
Y en los casos de trabajo grupal, siempre será bueno tener un representante de cada Cerebro, porque un grupo funciona mejor cuando están divididas las tareas. Siempre será conveniente contar con alguien que organice el trabajo, con otro que aporte nuevas ideas, con otro que fortalezca los vínculos y la unidad grupal, y con otro que ponga la cuota de objetividad en la tarea.
Pablo Cazau. Abril 2010.


