lunes 26 de abril de 2010

Nuestras preferencias cerebrales



En la década del ’80 un señor llamado Herrmann construyó un Modelo de Dominancias Cerebrales que intentaba mostrar cómo diferentes personas preferían utilizar distintas partes de su cerebro, y no otras. Sin entrar en detalles técnicos ni en complicadas terminologías, podemos decir que según Herrmann nuestro cerebro puede funcionar de cuatro maneras, y que somos nosotros quienes elegimos qué parte utilizar:

1) El cerebro creativo: desopilante, ingenioso, impredecible, artístico.

2) El cerebro objetivo: lógico, pragmático, le gusta basarse en los hechos.

3) El cerebro organizado: detallista, escrupuloso, estructurado.

4) El cerebro social: comunicativo, empático, le gusta entablar relaciones con los demás.

Según las estadísticas de Herrmann, alrededor de un 60% de la gente prefiere utilizar dos cerebros, un 30% utiliza preferentemente tres cerebros, un 7% utiliza un solo cerebro, y apenas un 3% prefiere utilizar los cuatro cerebros, lo cual no significa que sea más inteligente. La variable en estudio no es la inteligencia sino la preferencia, es decir, qué partes del cerebro se utilizan.

Según mis propias observaciones sobre los demás y sobre mí mismo, noté que solemos utilizar distintos cerebros según la actividad que realicemos. Por ejemplo, una persona puede ser Creativa en su trabajo, Organizada en su casa, y Social en el bar con sus amigos.

Todo el secreto reside en utilizar el cerebro adecuado para cada actividad. Si usted debe revisar la cuenta del supermercado, es mejor que sea Organizado y Detallista porque aquí ni la creatividad ni la sociabilidad le servirán de nada. Si usted es un científico que está haciendo un experimento, son ideales los cerebros Objetivo y Organizado. Si acaso usted está teniendo una relación sexual olvídese de ser Organizado porque interrumpirá a cada rato el acto arreglando la sábana, limpiando el velador o leyendo la letra chica del envase del profiláctico. Le convendrá usar su cerebro Social para transmitir y recibir emociones con su pareja, y si se anima, el cerebro Creativo para inventar y realizar nuevas fantasías.

Otra cuestión importante son las compatibilidades e incompatibilidades entre las personas. Por ejemplo entre cónyuges, padres e hijos, maestros y alumnos. Respecto de esto último, una investigadora del modelo Herrmann, Marie Chalvin, sostuvo que muchas veces pasa que profesores y alumnos no terminan de entenderse porque utilizan diferentes cerebros. Por ejemplo, un alumno estructurado, meticuloso y organizado se quejará de un profesor creativo diciendo que se va por las ramas y delira mucho, y este profesor a su vez se quejará del alumno diciendo que lo quiere todo dictado, organizado, hecho y hasta le exige un programa de estudios que deberá cumplir escrupulosamente. Muchas veces las relaciones difíciles se resuelven cuando alguno decide utilizar el mismo cerebro que el otro.

Y en los casos de trabajo grupal, siempre será bueno tener un representante de cada Cerebro, porque un grupo funciona mejor cuando están divididas las tareas. Siempre será conveniente contar con alguien que organice el trabajo, con otro que aporte nuevas ideas, con otro que fortalezca los vínculos y la unidad grupal, y con otro que ponga la cuota de objetividad en la tarea.

Pablo Cazau. Abril 2010.

Frases sobre el dinero

Avaricia es vivir en la pobreza por miedo a la pobreza. San Bernardo

Cuatro cosas no pueden ser escondidas durante largo tiempo: la ciencia, la estupidez, la riqueza y la pobreza. Averroes

Donde hay justicia no hay pobreza. Confucio

El problema de ser pobre es que te ocupa todo el tiempo. Willem de Kooning

El que compra lo superfluo, pronto tendrá que vender lo necesario. Benjamín Franklin

El que gasta todo lo que tiene, muchas veces gasta lo que no tiene. Anónimo

El que retiene algo que no necesita es igual a un ladrón. Mahatma Gandhi

El rico no gozaría nada si le faltase la envidia de los demás. Alfredo Manzini

En la prosperidad, nuestros amigos nos conocen; en la adversidad, nosotros conocemos a nuestros amigos. Churton Collins

En la vida hay que escoger entre ganar dinero y gastarlo. No hay suficiente tiempo para ambas cosas Edouard Bourdet

Hay gente tan sumamente pobre, que sólo tiene dinero. Anónimo

No es pobre el que tiene poco, sino el que mucho desea. Séneca

No pierdas la salud para tener dinero porque luego gastarás tu dinero en recuperar la salud. Anónimo

Para que el sueño, la riqueza y la salud se disfruten de verdad, es necesario interrumpirlos. Richter

Quien opina que el dinero puede hacerlo todo, será capaz de hacer cualquier cosa por dinero. Benjamín Franklin

Rico no es el que más tiene, sino el que necesita menos. Anónimo

Si quieres conocer el valor del dinero, trata de pedirlo prestado. Benjamín Franklin

Somos gente extraña. Nos pasamos la vida haciendo cosas que detestamos con objeto de ganar dinero para comprarnos cosas que no necesitamos e impresionar a personas que no nos caen bien. Anónimo

Trabaja como si no necesitaras dinero, ama como si nunca te hubieran herido, y baila como si nadie te estuviera viendo. Anónimo

La manía de hablar

Vos preguntás a alguien si tiene anotado el teléfono del tío abuelo en la agenda, y naturalmente esperás un “sí” o un “no” como respuesta, pero en lugar de eso te dice cosas como:

- ¿El tío abuelo? Ya casi me había olvidado de él. Qué tipo excéntrico que era: me acuerdo que una vez fue al casamiento de Emilia y se olvidó de ponerse las medias. A propósito, ¿dejaste las medias en el lavarropa para lavarlas? Mirá que mañana tenemos que ir a lo de Gumersindo porque festejan las bodas de plata de los padres de Felipe, ese que una vez casi se le incendia la casa porque sin darse cuenta tiró un fósforo prendido en el tacho de basura. Me acuerdo que habían llamado a los bomberos y ni aparecieron. Total, vos podés morirte sin que a ellos les interese en lo más mínimo, y…

En este punto interrumpís amablemente la conferencia para volver a preguntarle:

-¿Sí o no?

-¿Sí o no qué?- te dice confundido tu interlocutor, que ya había olvidado lo de la agenda, mientras volvés a hacerle la misma pregunta y empezás a imaginarte como la respondería con un mensaje de texto donde no puede escribir demasiado.

Cuando te pasan estas cosas veinte veces por día, comenzás a desear haber nacido en épocas más lejanas donde por lo menos había algún castigo para los sujetos demasiado habladores. En El Libro de lo Increíble (Editorial García Ferré) se cuenta que en la Inglaterra medieval, las mujeres protestonas o muy habladoras se les ponía un bozal que les lesionaba el paladar y eran paseadas por las calles atadas con una cuerda. Una buena idea para aplicar a los políticos en época de elecciones.

Pablo Cazau. Mayo 2009.

jueves 22 de abril de 2010

La fascinación por la espuma



Ese vulgar y efímero aglomerado de miles de burbujas que la gente llama espuma suele ejercer un extraño efecto hipnótico sobre las personas. Nos encanta mirarlas pero sobre todo también tocarlas, sentirlas en el cuerpo.

En la playa, una ola sin espuma es como una ensalada sin condimento, y no vacilamos en recogerla con las manos y ver como desaparece en segundos. Y ni hablar de la cerveza: llévele al cliente un vaso de cerveza sin espuma y le dirá enojado que eso no es cerveza. Y lo mismo con las otras bebidas espumantes cuando se sirven en un vaso, como el champagne. E igual con el café express, generalmente preferido al café de filtro por la espuma.

En el carnaval, al menos en el de Buenos Aires, los pibes no estarán felices hasta que no empuñen un inofensivo tira espuma, para deleite o enojo de los adultos. Y ni hablar de los artículos de tocador: un jabón sin espuma no es jabón, y tampoco lo es un champú ni una crema de afeitar. En otro orden de cosas, si por algo “La fiesta inolvidable” fue una película inolvidable seguramente habrá sido, entre otras cuestiones, por la memorable invasión de espuma que coronó la reunión.

La gente no lo suele decir, pero lo piensa: ¡Qué linda es la espuma! ¡Cómo me gustaría estar sumergido en un baño espumante! Y si uno queda como hipnotizado cuando ver aparecer la etérea sustancia, ha de ser quizás porque allá muy en el fondo de su cerebro, le hace recordar algo igualmente blancuzco, inofensivo, blando, terso y suave que alguna vez disfrutó siendo bebé: el pecho de su madre.

Pablo Cazau. Abril 2010.

lunes 19 de abril de 2010

El arte de encontrar cosas

Mi mujer pierde todos los días algo: los anteojos, el celular, los fósforos, el libro que estaba leyendo, e incluso una vez llegó a perder un sillón. Generalmente lo encuentra todo a las pocas horas, pero a veces tarda semanas, y es entonces que yo le recomiendo el truco que me enseñó mi abuelo el soltero. Le digo que ponga en algún lugar de la casa un vaso dado vuelta (vacío, por supuesto), y todo volverá a aparecer mágicamente.

La otra vez hacía tres semanas que andaba sin la bombacha porque la había perdido, puso un vaso dado vuelta y… apareció la bombacha: el viento la había dejado colgada de la antena de televisión.

El problema sobrevino cuando me dijo consternada que no encontraba el vaso dado vuelta.

Armado de una gran paciencia, le dije que colocara un vaso dado vuelta número 2 para encontrar el vaso dado vuelta número 1, y al poco tiempo reapareció mágicamente este último, pero se había perdido irremediablemente el número 2.

Pasaron semanas, meses y años y el vaso no aparecía. Cuando vendimos la casa le advertimos al nuevo dueño que en algún lugar podría haber un vaso dado vuelta.

Al cabo de una semana nos habló por teléfono de lo más agradecido. Habían encontrado finalmente el vaso perdido en una densa telaraña, pero no habían perdido nada en la mudanza.

Pablo Cazau. Abril 2010.

Caos y deseo humano

Algunos años atrás publiqué en Internet mi propia versión de la Teoría del Caos (ver), denominación popular de la teoría de las estructuras disipativas del químico belga Prigogine. Como consecuencia de ello, en 2004 fui invitado para exponer sobre el tema en un Congreso de Psiconeuroinmunoendocrinología porque la teoría era también aplicable al funcionamiento del organismo humano.

Aunque la teoría en cuestión se aplica originalmente a sistemas químicos inestables, puede generalizarse a muchos otros ámbitos de la realidad, como la meteorología, la matemática, la sociología y la psicología, y, para ser más prosaicos, a las volutas de humo de un cigarrillo y al mismo tránsito de una ciudad, caóticos ambos.

No hace mucho Cristina Maldonado, una coreógrafa mexicana me pidió un intercambio de opiniones para crear ella misma una obra de teatro experimental basada en parte en la teoría del caos, y me envió el resultado desde Praga, donde está realizando una residencia artística por parte del gobierno de México.

La intención de la obra es expresar las vicisitudes, muchas veces caóticas, del deseo humano (desde querer un vaso de agua hasta querer ser feliz) y mostrar que tales fenómenos están relacionados con otros de la naturaleza y con las leyes del universo.

El acto de querer es:

a) Permanente: siempre estamos queriendo algo.

b) Diverso: se pueden querer muchas cosas, desde satisfacer necesidades materiales y mundanas, hasta necesidades más profundas y espirituales.

Los actos de querer algo están asociados con ciertos sentimientos o emociones tales como la frustración (no poder conseguir lo querido), la confusión (no saber lo que se quiere), la incertidumbre (dudar acerca de cómo alcanzar lo que se quiere), la esperanza (confiar en que se alcanzará lo que se quiere), y el esfuerzo (movilizar la acción para alcanzar lo que se quiere).

Todas estas situaciones insumen un gasto de energía. Por ejemplo, hay que utilizar energía mental para pensar sobre lo que uno o no quiere, o cómo obtenerlo, y energía física para realizar aquello que quiere o evitar lo que no quiere.

Con el fin de profundizar en la investigación del acto de querer puede apelarse, según Cristina, a tres áreas de conocimiento: la electrónica, la teoría del caos y la sociología. Se supone que ahondar en ellas ayudará a resolver el problema que tienen las personas con sus deseos y quereres.

1) Electrónica: La electricidad debe circular a través de un circuito electrónico en forma adecuadamente modulada. Si la energía es demasiado baja no ocurrirá nada, y si es demasiado intensa el circuito puede quemarse. Esta situación es comparable con la energía que las personas ponen en el acto de querer. Puede ser baja y no servir para querer o alcanzar lo que se quiere, y se demasiado intensa y perturbar de alguna forma el acto de querer.

2) Teoría del caos: Existen ciertos fenómenos en la naturaleza que son caóticos e imprevisibles, pero que tienen una capacidad intrínseca de autoorganizarse y progresar hacia estructuras más complejas y organizadas. En psicología, el comportamiento humano puede volverse caótico (por ejemplo no saber lo que se quiere), absurdo (querer cosas opuestas) o sin sentido, pero el individuo es capaz de estructurarse más funcional u organizadamente frente a nuevas situaciones. El hecho de querer en una dirección correcta puede desencadenar este cambio.

3) Sociología: Cristina llevó a cabo un experimento, realmente interesante, donde se somete al público espectador a una serie de estímulos (danza, teatro, trailers, etc) y se le pide que exprese algo que él quiera o que desee. La forma en que se comuniquen el artista con el público entre sí podría estimular la creación de una nueva estructura deseante donde queden minimizados el caos, la incertidumbre y las diversas emociones de ese tipo asociadas al acto de querer. O por lo menos, reflexionar sobre la cuestión.

Pablo Cazau. Agosto 2009.

lunes 12 de abril de 2010

Parando en todas las estaciones



El otoño me recuerda

Que es hora de comenzar

Y aunque yo no tenga ganas

Tengo que ir a laburar.

Llega el horrible invierno

Y laburo con mucho brío,

Aunque el único gran problema

Es que me cago de frío.

La primavera me anuncia

Con su alegre despertar,

Que ya falta poco

Para empezar a descansar.

Y por fin llega el verano

Donde todo lo que gané

Laburando como un negro

En la playa me lo gasté.

Pablo Cazau. Marzo 2010.

Cambiando nuestra cosmovisión

Aunque el arte no es estrictamente conocimiento, puede proporcionarnos una cierta imagen del mundo. En este sentido la ciencia ficción ayuda al hombre a ubicarse mentalmente en su ecosistema como criatura del universo que es, y como ente mortal frente al drama de su existencia y del sentido de la vida. Una novela cuyo autor y título no recuerdo (simplemente un día desapareció de mi biblioteca), relataba la vida a bordo de una nave espacial a lo largo de varias generaciones, tanto que las últimas ya habían olvidado la misión original y consideraban la espacionave como su hábitat natural, tal como nosotros consideramos a nuestro errante planeta tierra. Hacia el final de la historia uno de sus 'habitantes', especialmente perspicaz, descubre que sólo se trataba de un experimento sobre psicología de los viajes prolongados, y que en realidad la nave, por siglos, nunca había salido de la tierra.
Además de entretener, la historia abre nuestro espíritu a la pregunta por el sentido de nuestra existencia, aquella misma que suele quedar sepultada en el fárrago de la cotidianeidad. ¿Es la vida un producto de la casualidad? ¿Qué sentido puede tener la vida humana si, comparada con los tiempos cósmicos, dura apenas un microsegundo? Cuando la ficción literaria no nos adormece procurándonos evasión, allí aparece sacudiéndonos y conmocionándonos mentalmente.
Pablo Cazau. Noviembre 1991.

lunes 5 de abril de 2010

Quién perderá las elecciones del 2011



Nadie sabe quién ganará las elecciones nacionales del 2011 en Argentina porque no hay ningún político que tenga garras de estadista, liderazgo, sentido común y honradez. Lo que sí se sabe es que al parecer el gobierno K será el gran perdedor. Efectivamente, en los sótanos de la Pizzería Las Cuartetas se ha encontrado un verso desconocido del profeta Nostradamus que parece pronosticar la derrota del gobierno, tal como puede apreciarse en la imagen que acompaña este notición.

Enterados del descubrimiento arqueológico, el gobierno compró la susodicha pizzería y se rumorea que tras derribarla, instalará un complejo cultural donde pasarán todos los días películas de Bonnie and Clyde. Mientras tiraban abajo la legendaria pizzería, encontraron otra cuarteta desconocida que al parecer los declaraba vencedores, y que inmediatamente difundieron por el Canal 7. Tales versos rezaban:

Un año antes del fin de los tiempos

Portando el estandarte de la Santa Cruz,

Néstor de Aragón y Cristina La Católica

Traerán al pueblo bonanza y prosperidad.

Pablo Cazau. Marzo 2010.

Nuestro lugar

Aristóteles afirmaba que cada cosa en el universo tenía su 'lugar natural'. Las piedras y demás objetos pesados tenían su lugar natural en el centro de la tierra (que además era el centro del universo), y por ello siempre tendían a caer. La caída resulta ser así un movimiento natural que hace tender a los objetos pesados hacia su sitio natural, pero en cuanto los apartamos de esa dirección y arrojamos la piedra hacia arriba, este movimiento 'violento' termina cesando para retomar su tendencia hacia la tierra. O sea, llegaba el momento de la caída. El aire y el fuego, en cambio, tienen su lugar natural en el confín del universo, de aquí que sus movimientos naturales los llevaban a alejarse del centro terrestre, o sea, a subir.

Carlos Castañeda, en "Las enseñanzas de Don Juan", relata las desventuras de cierto discípulo que, antes de iniciar su aprendizaje debía encontrar por sí mismo su 'lugar' físico en la habitación. Pasó varios días probando y equivocándose hasta que finalmente encontró el sitio que más le convenía a su preparación: un lugar aparentemente tan igual a cualquier otro. El carácter grotesco que pueda tener esta escena no le quita verosimilitud: todos nosotros, al entrar en un recinto (reunión, iglesia, cine, gimnasio, colectivo) buscamos el lugar que más nos conviene y donde estaremos más cómodos, elección que depende de innumerables factores como los ruidos, la luminosidad, la ventilación, y la lejanía o proximidad de ciertas personas. La psicología social ha mostrado, por ejemplo, que el espacio que consideramos nuestra intimidad territorial está dado aproximadamente por un límite de 25 cm de la piel hacia afuera, y sólo permitimos atravesar esa barrera a las personas con quienes queremos intimar.

Existe un test que consiste en tomar una hoja en blanco y dibujar un punto en el centro (que representa al sujeto en cuestión). Seguidamente, se trata de marcar otros puntos representativos de otras personas de nuestro ambiente habitual (parientes, amigos, pareja, colegas), tan cerca o tan lejos del punto central como en ese momento lo sintamos. Un trozo de papel por el que muchos novios o novias pagarían mucho por conocer. Sólo por curiosidad.

En ciertas circunstancias, el lugar físico ocupado por una persona puede volverse dramáticamente muy importante, como cuando en algunas culturas y otras épocas nadie ocupaba la silla del difunto en la mesa familiar, o cuando en los supuestos casos de ubicuidad que menciona la parapsicología, un individuo puede estar en dos sitios físicos diferentes al mismo tiempo.

En otro orden de cosas, nuestro cerebro reptiliano según la teoría de Mac Lean define “nuestro” lugar cuando marcamos nuestro territorio. Cuando dejamos nuestra cartera o portafolio sobre una silla estamos diciendo: esa silla es “mi” territorio”, mi “lugar”, y nos sentiremos incómodos y hasta enojados si alguien coloca otra cosa encima invadiendo nuestro espacio.

Pero, ¿cuál es la importancia habitual del lugar físico de una persona? Por empezar, es un modo de regular y definir simbólicamente las relaciones sociales. El presidente del directorio ocupa la cabecera de la mesa de trabajo, el jefe de la familia la punta de la mesa, el anfitrión el mismo sitio y cada invitado un lugar predeterminado según su importancia. La planificación del protocolo suele a veces ser una tarea ardua, donde no resulta difícil herir susceptibilidades.

Existe sin embargo, una importancia muy especial de los lugares físicos que está más allá de las cuestiones protocolares. A la hora de organizar nuestra vida debemos resolver varias cuestiones como por ejemplo el 'qué' (qué haremos, qué seremos), el 'con quién' (quienes habrán de acompañarnos en nuestro paso por el mundo), el 'cuando' (en qué momento casarse, trabajar, viajar), pero también el 'dónde' (el lugar donde estaremos para vivir, descansar, estudiar, dormir, divertirnos). ¿Quien no se imaginó alguna vez la casa de sus sueños? ¿Quién no sintió mejor por el sólo hecho de cambiar de lugar físico, e incluso de cambiar de lugar los muebles que lo rodean? Sin embargo, frecuentemente ocurre que siempre volvemos a los lugares de los que nunca nos fuimos.

Los chinos dominan el arte del Feng-Shui, o arte de saber elegir el lugar donde vivir, trabajar o descansar según las características de cada persona o pueblo en particular, pues de ello dependerá su felicidad o su desgracia. El experto en Feng-Shui puede combinar armónicamente cinco factores: el terreno (preferiblemente ondulado), su estabilidad y tipo, la arena y el paisaje, el agua, y por último la orientación. Se dice que la ciudad de Hong Kong debe su actual emplazamiento a los consejos de un experto en Feng-Shui, que debió ser consultado ante los reiterados ataques de invasores que sufría la ciudad, porque estaba en el lugar equivocado.

En Occidente, quizá la profesión que más se asemeja a la del experto chino sea la del arquitecto que diseña nuestra casa, o la del psiquiatra que curó la depresión de su paciente porque lo hacía ir a su consultorio en el medio el campo. A veces también nosotros mismos nos constituimos en 'expertos' cuando al elegir nuestra futura casa consideramos una serie de factores tales como los ruidos, los vecinos, la orientación respecto del sol, la vegetación, etc.

El hombre es él más su entorno, y así como el lugar donde vivimos termina adquiriendo nuestra fisonomía (cada dormitorio, cada barrio refleja la personalidad de sus ocupantes), así también cada habitante de un 'lugar' termina adquiriendo las características del mismo fusionándose con él para bien o para mal, según esté o no en el lugar adecuado y en el momento correcto.

Pablo Cazau. 2005.

Creatividad en la ciencia ficción

El científico es, no cabe duda, un creador de hipótesis: los físicos relativistas imaginaron un espacio curvo, el químico Kekulé fantaseó con una forma cíclica para su molécula de benceno, y los señores Watson y Crick hicieron lo propio con la forma doble helicoidal del ADN, conjeturas todas ellas posteriormente corroboradas.
La ciencia ficción también genera hipótesis, con la diferencia de que no se ocupa de probarlas (salvo en el género detectivesco). Y porque es capaz de crear hipótesis, no pocas veces ha servido de fuente de inspiración para los mismos científicos.
En comparación con la creación científica, el acto de crear en la literatura de ficción es más libre, al menos en un sentido: el escritor de ciencia ficción no está tan obligado a respetar el conocimiento consensuado como el científico, con lo cual pueden nacer de su mente las hipótesis más inverosímiles y los artefactos más extraños e imposibles sin que nadie vaya a tildarlo de desubicado.
Como ejemplo valgan los curiosos aparatos descriptos por los Strugatzky en "Picnic extraterrestre". Los autores proponen aquí que seres de otro mundo hicieron una breve visita a la tierra, y dejaron ciertos desechos o desperdicios como los que usted o yo podemos dejar cuando salimos en un paseo de campo. Tales desperdicios resultaron ser curiosos aparatos de utilidad desconocida que desafiaban el sentido común y la lógica terrestre: bolitas negras en cuya proximidad la luz se hace más lenta, dos platillos de metal enfrentados entre sí... por nada, e imposibles de acercar o separar el uno del otro, etc.
Pero la imaginación creadora del escritor no busca solamente impresionar o deleitar. Como la del científico, tiene a veces la pretensión de hacer una exploración mental de la realidad Después de todo, es la imaginación la que permite avanzar y conocer nuevos mundos, aún cuando siga siendo lo que el seudópodo a la ameba: apenas si se extiende en un microespacio limitadísimo que tiene por delante vastas realidades insospechadas. Ricoeur (Presas, 1987) dice que el literato es capaz de crear e inventar gracias a las metáforas, en la medida en que estas son la manera como la imaginación productiva indaga, investiga y descubre la realidad, y en tal sentido se parece al trabajo del científico.
Con la metáfora del inconciente Freud quiso descubrir la realidad psíquica humana, así como Arthur Clarke usó la metáfora del monolito negro en "2001 odisea espacial", para avizorar la posible evolución futura de aquella misma realidad. En cualquier caso, el resto correrá por cuenta del lector cuando confronte el mundo ficticio propuesto metafóricamente con el mundo real donde vive y morirá. Después de todo, "la creación artística y la percepción estética serían como poleas locas que giran sin transferir energía, si la reflexión no aparece" (Isaacson, 1981). Ray Bradbury aporta también su defensa de la creación cuando deja entrever que los sueños del escritor de ficción suelen transformarse luego en hechos científicos: "en la evolución del hombre la mayoría de los cambios empiezan con un sueño. Del sueño pasan a la curva, el dibujo, el diagrama. Cuando se ponen a dejar testimonio empieza la ciencia y cuando ésta se realiza, se da el hecho científico. Los hombres de las cavernas, aterrorizados por los mamuts, empezaron a soñar el fuego como medio de alejarlos. Después fueron más allá y trataron de inventarlo. Les fue bien y el fuego se convirtió en un hecho científico. Más tarde soñaron que los mamuts podían ser su alimento y los pintaron en sus cavernas imaginándose que los mataban. Así nació a historia de la caza" (Diario Clarín, 1989).
Es claro que algunas veces a la imaginación hay que estimularla para que no fallezca definitivamente en el intento por averiguar cuántas antenas más puede soportar el encéfalo de un marciano. El editor John Campbell acostumbraba azuzar a sus escritores de ficción con estos desafíos: "Escríbame un relato sobre un hombre que morirá en 24 horas, a menos que pueda contestar a la pregunta ¿cómo sabe que está cuerdo?", o este otro: "escríbame un cuento sobre una criatura que piensa tan bien como el hombre, pero no como el hombre" (obviamente, debía descartarse la alternativa 'mujer').
Pero Campbell no exigía demasiado al lado de lo que Lewis Carroll obligaba a pensar a su Alicia en el país de las maravillas, como tratar de imaginar a qué se parece la llama de una vela extinguida. Jorge Luis Borges, por su lado, reconoce que si por algo desarrolló su imaginación fue por las exóticas preguntas que su padre le hacía cuando niño, como por ejemplo qué color tenían las naranjas en la oscuridad.
Pablo Cazau. Noviembre 1991.
Referencias bibliográficas
Isaacson José, "Hegel, una estética de la reflexión", Diario La Nación, Buenos Aires, 8 de noviembre de 1981.
Presas Mario, "Metáfora, relato y acción", Diario La Nación, Buenos Aires, 27 de septiembre de 1987.