lunes 29 de marzo de 2010

Zafarrancho casero

Todo el mundo conoce los famosos zafarranchos, o sea los simulacros de situaciones límite para ver si todo funciona bien. Existen en los portaaviones que simulan un ataque de los japoneses, en los aviones como práctica de la tripulación, y en otros muchos lugares. Pero nadie oyó hablar de los zafarranchos caseros.

Días pasados me puse a pensar cómo actuaría mi mujer si a mí me agarrara un ataque cardíaco o algo por el estilo. ¿Sería una viuda negra oculta que me dejaría abandonado a mi muerte, perdón, a mi suerte? ¿Sabría desempeñarse con serenidad o le agarraría otro ataque a ella?

Recordando viejas películas de guerra, me dispuse a hacer un zafarrancho doméstico, y cuando aquella noche entró en el dormitorio, me encontró en una posición extraña diciendo “Me estoy desvaneciendo…”, y a continuación me “quedé” dormido y no había manera de despertarme.

Alarmada, mi mujer me tomó el pulso y cuando vio que al menos había latidos, llamó a Emergencias de la obra social. La médica que la atendió le dijo que me apretara fuertemente con el dedo en la clavícula, y como ahí duele mucho me “desperté”. Luego le dijo que me preguntara qué día era, a lo que yo contesté “17” (aunque no agregué el número de la desgracia porque todo hubiera parecido un vil simulacro). La médica se tranquilizó, más que nada porque no debía ir a laburar a un domicilio.

El experimento sirvió para tres cosas: primero, para actualizar los números telefónicos de emergencia, que estaban obsoletos (lo cual podría haberlo hecho sin zafarrancho), segundo, para constatar que el servicio de emergencias funcionaba bien, y tercero para que mi mujer supiera que si no me despertaba apretándome la clavícula o no supiera el día en que estaba, llamase enseguida a Emergencias. Como para ganar tiempo ¿vio?

Por supuesto que hasta hoy nunca le dije que había sido un simulacro, porque cuando me agarrase el ataque en serio no me iba a creer ni aunque mis últimas palabras fueran “esto no es un simulacro”. Algún día le terminaré diciendo la verdad o se enterará sola leyendo esta nota. Si a un alto jefe mafioso lo pescaron por Facebook, ¿por qué no puede pescarme mi mujer por Internet?

Amigo lector: si usted quiere hacer un zafarrancho simulando que lo agarran con otra mujer en su propio dormitorio, no lo intente: su señora jamás creerá que fue un simulacro. Mejor que simule un incendio gritando que hay fuego en la cocina.

Y hablando de incendios, yo nunca hice un zafarrancho de incendio doméstico, porque el incendio verdadero me sorprendió antes. Hace mucho tiempo dormía plácidamente la siesta cuando mi hija –debía tener unos 10 años- me despertó diciendo que había fuego abajo en la cocina. Al despertarme vi que había humo en el mismo dormitorio, con lo cual salí disparado hacia abajo y vi cómo las llamas llegaban hasta el cielorraso. Empecé a tirar baldes de agua por todos lados (en la base del fuego, como le había escuchado una vez a un bombero) hasta que por suerte todo se apagó, aunque las paredes quedaron negras. Sucedió que mi hijo de 8 años intentó quemar un recipiente de plástico muy inflamable, y desde entonces nunca más volvió a ejercitar sus dotes piromaniacas. O quizás se le dio por hacer un zafarrancho de incendio.

Está claro que no podrás hacer ningún zafarrancho en la calle o en el colectivo. Si te agarra un ataque fuera de tu casa, lo mejor de todo es guardar un cartoncito entre tus documentos donde, con letra bien clara y bajo el título de “En caso de urgencia”, incluir tu grupo sanguíneo, teléfonos de parientes o amigos para que alguien les avise que te moriste, el teléfono de emergencias de tu obra social o prepaga, y eventualmente información a tener en cuenta para diagnosticar y tratar tu problema de la mejor manera posible, como por ejemplo “tengo epilepsia”, “soy insulino-dependiente”, “soy alérgico a la penicilina” o “en el hospital me gusta comer una buena milanesa con fritas”.

Pablo Cazau. Marzo 2010.

Proverbios

Aconseja al ignorante, y te tomará por su enemigo. Proverbio árabe

Ámame cuando menos lo merezca, ya que es cuando más lo necesito. Proverbio chino

Comete tres veces el mismo pecado y acabarás por creer que es lícito. Proverbio judío

Cuando apuntas con un dedo, recuerda que los otros tres dedos te señalan a ti. Proverbio Inglés.

Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que tu silencio. Proverbio indio

Cuando te inunde una enorme alegría, no prometas nada a nadie. Cuando te domine un gran enojo, no contestes ninguna carta. Proverbio Chino

El pobre puede morir; lo que no puede es estar enfermo. Proverbio finlandés

El sabio no dice lo que sabe; el necio no sabe lo que dice. Proverbio chino

Es una locura amar, a menos que se ame con locura. Proverbio chino

Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador. Proverbio africano

La persona que no comete nunca ninguna tontería, no hará nunca nada interesante. Proverbio inglés

La primera vez que me engañes la culpa será tuya; la segunda vez, la culpa será mía. Proverbio árabe

Las dos terceras partes de lo que vemos está detrás de nuestros ojos. Proverbio chino

Nuestros padres nos han enseñado a hablar, y el mundo a callar. Proverbio checo

Puede enamorarse el pájaro del pez, pero ¿dónde vivirán? Proverbio oriental

Quien no comprende una mirada, tampoco comprenderá una larga explicación. Proverbio árabe

Quien pregunta es un tonto por cinco minutos, pero el que no pregunta será tonto por siempre. Proverbio chino

Reza, Pero no dejes de remar hacia la orilla. Proverbio Ruso

Si el alumno no supera al maestro, ni es bueno el alumno ni bueno el maestro. Proverbio Chino

Si una cosa tiene solución, ¡para qué preocuparse! y si ya no la tiene, ¡para qué preocuparse! Proverbio chino

Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruído, un corazón que llora. Proverbio hindú

Un médico no es buen médico, si nunca ha estado enfermo. Proverbio

Una vez terminado el juego, el rey y el peón vuelven a la misma caja. Proverbio italiano

Personajes que alguna vez fueron personas

¿Son las leyendas y las historias literarias un producto de la febril imaginación de sus narradores, o tienen acaso algún fundamento en la realidad?

Robinson Crusoe, Sherlock Holmes y James Bond existieron realmente alguna vez. Drácula, el hombre-lobo y el Dr. Jekill y Mr. Hyde tampoco son personajes tan ficticios como creemos, pero no nos asustemos, sin embargo, porque ya forman parte de la historia. Sin embargo, no vivamos desprevenidos porque pueden -suelen- reaparecer con otros nombres.

Intentemos aclarar esta cuestión comenzando con un trágico acontecimiento ocurrido hacia fines de la Edad Media.

Por aquella época era costumbre entre los nobles de la Europa Oriental mantener vínculos sexuales incestuosos, lo que originó variadas alteraciones genéticas que hicieron surgir curiosas enfermedades como la Erythropoietic Protoporphyria, tan exótica como su mismo nombre. Normalmente, los glóbulos rojos tienen una sustancia llamada porfirina, pero en estos enfermos había más de lo habitual, lo que se manifestaba como un color rojizo en la piel, los ojos, los dientes y los labios. Y por si esto fuera poco también les aparecían grietas en la piel, que sangraban cuando eran expuestas al sol.

Para evitar que sus pacientes siguieran perdiendo sangre, los galenos de entonces les recomendaban encerrarse durante el día para protegerse de la luz solar, y beber sangre para compensar las pérdidas. Vívida imagen dracúlea la de estos enfermos de labios y dientes rojizos que bebían el vital líquido en las oscuridades de los castillos, y para colmo en plena Europa Oriental, cuna del célebre conde Drácula.

La leyenda de los hombres vampiros, por analogía con este animal que también bebe sangre de mamíferos y habita en las tinieblas, bien pudo haberse inspirado en estos hechos reales. El irlandés Bram Stoker publica, en 1897, su novela "Drácula", sobre la base de su conocimiento de estas leyendas pero también fundándose en cierto sujeto que existió realmente en la Rumania del siglo XV, vale decir por la misma época en que apareciera la rara enfermedad. Se trataba del tirano Vlad, alias "El Empalador" o también "Draculae", que en rumano quiere decir "hijo del demonio". Y en verdad que hacía honor a sus apodos: se deleitaba empalando a numerosos prisioneros de guerra, y hasta a nobles de su misma corte y otras distinguidas pero desprevenidas personas. Cierta vez al embajador de Turquía le clavó en la cabeza su propia zapatilla, devolviéndolo a Constantinopla como muestra de su desprecio por los turcos.

Semejante personaje no podía ser, en la imaginación de Stoker, nada menos que el rey de los vampiros, y su costumbre de empalar a la gente fue inmediatamente relacionada por el escritor irlandés con la leyenda medieval que sostenía que para matar un cuerpo vampirizado había que atravesarle el corazón con una estaca.

Rumania siempre recuerda a su antihéroe nacional, tanto que, en ocasión de la destitución de su dictador Nicolai Ceaucescu, no faltaron entre la indignada muchedumbre pancartas que lo identificaban con el mismísimo Drácula.

Y es así que muchas novelas de ficción se inspiran en leyendas y éstas a su vez en hechos reales, sólo que a estos últimos cada cual los va modificando desde su propia subjetividad atravesándolos con sus conflictos, deseos y fantasías.

Los personajes fantásticos de Robinson Crusoe, Guillermo Tell, Sherlock Holmes y el Dr. Jekill y Mr. Hyde tampoco fueron tan ficticios como suele creerse. Daniel Defoe oyó hablar cierta vez de la historia real de un tal Selkirk, primer piloto de una expedición marítima, que tras una discusión con el capitán quedó abandonado en una isla desierta durante cuatro años, volviendo luego a la civilización para relatar sus peripecias. Defoe encontró aquí la inspiración para crear a su Robinson Crusoe y a quien, en un ataque de sadismo, hizo permanecer en la isla la friolera de 24 años.

Del mismo modo Egidius Tschudi, escritor del siglo XVI, creó a su Guillermo Tell inspirado en varios arqueros auténticos y de quienes se contaban por entonces un sinúmero de hazañas como la de un tal Gilpatrick, que fue obligado a disparar su flecha contra un huevo colocado sobre la cabeza de su hijo. La imaginación de Tschudi no hizo más que reemplazar el huevo por la manzana y a Gilpatrick por Guillermo Tell, convirtiendo a éste en el personaje más popular del folklore suizo y a la manzana en la fruta más famosa junto con la de Adán y la de Newton.

El honorable Dr. Jekill y el sórdido Mr. Hyde, los dos que eran uno, existieron alguna vez en la persona de un tal William Brodie, modelo de ciudadano del siglo XVIII, rector de una comunidad y concejal del Ayuntamiento. De día era un ejemplo de conducta cívica pero de noche se convertía en jugador y ladrón, habiendo llegado a cometer hurtos sin que la más mínima sospecha recayera sobre su inmaculado nombre. Ni siquiera estaban enteradas sus dos amantes, con quienes tuvo cinco hijos. A la larga fue descubierto y condenado a muerte en 1788, aunque siguió viviendo en la imaginación de Robert L. Stevenson. El escritor inglés, ya famoso por "La isla del tesoro", recreó las andanzas de Brodie en su obra "El diácono Brodie o la doble vida" y que luego transformó, en 1886, en su famosa novela "El extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hyde", donde la inflamada fantasía de Stevenson agregó una droga inventada por su Dr. Jekill y que lo hacía transformarse, a su pesar, en su siniestro doble. Fue así como Jekill aprendió a "reconocer la íntima y primitiva dualidad del hombre", tal como lo relata en su novela llevada luego al cine.

Los argentinos tenemos también nuestra versión del Dr. Jekill y de Mr. Hyde en la figura de algunos políticos, quienes periódicamente -en vísperas de elecciones- dejan se ser ladrones y delincuentes para transformarse en un dechado de virtudes ciudadanas, como aquellas que durante el día ostentaba el concejal Brodie.

Robert L. Stevenson y Arthur Conan Doyle, creador éste último de Sherlock Holmes, fueron ambos estudiantes de la Universidad de Edimburgo, y ambos tuvieron como profesor al eminente cirujano Joseph Bell, famoso por sus malabarismos deductivos. Enseñaba a sus alumnos la gran importancia de los pequeños detalles a partir de los cuales podían inferirse muchos datos sobre los pacientes, sobre su biografía y aún sobre sus más secretos hábitos. En cierta ocasión dedujo que una persona había servido en el ejército escocés en la banda de música a partir de su estatura y su forma de andar. Uno de sus alumnos llegó a decirle que sus razonamientos bien podían compararse con los del famoso Sherlock Holmes, a lo cual Bell respondió seriamente: "Mi querido señor, yo soy Sherlock Holmes". Y no se equivocaba. Conan Doyle se había inspirado en su profesor para componer el personaje que lo consagraría literariamente, tal como él mismo reconoce en su autobiografía.

Una vez más debemos admitir aquello de que el arte copia a la realidad, pero también aquello otro que la realidad también termina copiando al arte. Ante los reiterados pedidos de los visitantes de Londres por conocer la habitación de Sherlock Holmes, en Baker Street, algún visionario de la industria turística terminó construyendo la 'auténtica' casa del 'ficticio' detective. Toda una paradoja. Sherlock Holmes no se resiste a morir y periódicamente es recreado, para deleite de sus seguidores, por variados pastiches entre los que se destaca "Adiós, Sherlock Holmes", del norteamericano Robert Lee Hall, donde se intenta una explicación de los fantásticos poderes de Holmes a partir de la revelación de su no menos increíble pasado, lo que sitúa a un personaje originalmente detectivesco en el contexto de una narración de ciencia ficción.

Tampoco han faltado quienes imaginaron que el verdadero genio no fue Holmes sino su ayudante, el siempre torpe doctor Watson, que usaba a Sherlock para atribuirle sus éxitos y preservar así su prestigio como médico. Tal el argumento de "Without a Clue", un film estrenado entre nosotros hacia fines de 1991 con el título de "Cuidado... llegaron los detectives".

Hoy en día no falta quien sigue creyendo en la existencia de Sherlock Holmes, del mismo modo que tampoco falta el creyente en la "luz mala", una luminosidad de origen demoníaco que pulula en las noches por los campos argentinos. Esta leyenda encuentra también, muy probablemente, su origen en hechos reales: los restos óseos de animales muertos emiten cierta luminiscencia debido a la presencia de fosfatos, y su movimiento entre hierbas y árboles es el resultado del transporte de dichas osamentas por otros animales hacia sus guaridas. Mary Shelley, la creadora del doctor Frankestein, pudo también haberse inspirado en un personaje real, el Dr. Andrew Crosse, para imaginar a su espeluznante médico. El doctor Crosse, que vivió en la época de la escritora, se había hecho famoso por los resultados que obtuvo en pruebas de electrocristalización: había creado nada menos que... vida. Electrificando una solución cáustica en una atmósfera de cierto gas, habían aparecido unos pequeños ácaros dotados de movimiento, y el mismo Faraday llegó a avalar estos resultados.

Otra versión indica que en realidad Mary Shelley se inspiró en Konrad Dippel (1673-1734), un alquimista y profanador de tumbas oriundo de Renania, que en sus experimentos ponía a hervir cabellos, huesos y sangre humana presumiblemente con la esperanza de crear vida, secreto que luego podría vender a los nobles. No consiguió su propósito y, por ello, tampoco pudo comprar el castillo de la familia Frankestein, que supuestamente fue visitado muchos años más tarde por la misma Mary Shelley.

"El misterio de Mary Rogers", famosa novela policial de Edgar Allan Poe, parece también haberse inspirado fielmente en la realidad, y más concretamente en un asesinato cometido presuntamente... por el mismo Poe.

En 1841, un año y medio antes de la publicación de la novela, la real Mary Rogers apareció violada y estrangulada en el río Hudson. No fueron solamente los sórdidos antecedentes del escritor, engalanados con amoríos fatuos y diversas perversiones sexuales, sino la casi certidumbre histórica de que Poe visitó la tabaquería donde la muchacha trabajaba lo que acrecentó las sospechas de algunos estudiosos del tema, especialmente cuando constataron que las fechas de las desapariciones de la Rogers coincidían sospechosamente con las épocas en que Poe la había visitado. El caso real de Mary Rogers fue finalmente cerrado sin que pudiera conocerse la verdad. Después de todo, una simple novela no era prueba de culpabilidad, especialmente -o a pesar de- si en ella el asesino resultaba ser otro.

James Bond fue también un señor real, por lo menos en cuanto al nombre. De hecho, Ian Fleming eligió para su héroe el nombre y el apellido de un ornitólogo autor del libro "Aves de las Indias Orientales", por parecerle anónimo y simple. Durante varios años este James Bond auténtico tuvo reales problemas allí donde viajara, a causa de su inesperada popularidad. Salvo, quizá, con las representantes del bello sexo.

Otras veces no es la realidad la que precede a la ficción sino ésta a aquélla, con lo cual entramos ya en el terreno de las premoniciones literarias. El desastre del Titanic fue narrado punto por punto en la novela "Futilidad", de Morgan Robertson, años antes del famoso naufragio, muriendo el autor en el mismo. El barco de la ficción se llamaba "Titán", tenía aproximadamente el mismo tamaño que el Titanic, su misma velocidad y su misma capacidad: aproximadamente 3000 pasajeros. Ambos eran "inhundibles", ambos chocaron con un témpano... y se hundieron exactamente en el mismo punto del Atlántico Norte.
La famosa "maldición de los faraones", a la que se atribuyen las misteriosas muertes de los profanadores de tumbas del antiguo Egipto, parece encontrar también su fundamento en la realidad. El profesor S. Thebat, de la Universidad de El Cairo, refiere en una nota del "Times" de Londres que ciertas sustancias usadas por los antiguos en la momificación liberan radiactividad, y que las muertes "misteriosas" pudieron haber sido producidas por la acumulación de esas radiaciones en las tumbas cerradas durante siglos.

Podemos cerrar nuestra galería de ejemplos con la leyenda europea del hombre-lobo (lobizón), o su versión argentina del hombre que se transforma en un ser mitad perro y mitad cerdo. Entre las múltiples variantes de esta fantástica leyenda popular encontramos la de ciertos seres humanos muy especiales que, como el séptimo hijo varón y a diferencia de la séptima hija mujer que es una bruja, se convierten en lobizones en las noches de luna llena y los viernes cuando dan las doce, y luego pululan por la zona alimentándose de niños no bautizados, aunque al día siguiente vuelven a ser normales y nada recuerdan de sus nocturnales tropelías. Otras versiones, como la del clérigo medieval Gervasio de Tilbury, refieren que la susodicha transformación sólo ocurre cuando, en las noches de plenilunio, el sujeto se desnuda y revuelca por la arena.

Algunas indagaciones científicas parecen sugerir que la leyenda se originó a partir de fenómenos auténticos y reales. Según el Prof. Pillari, del Instituto de Medicina Legal del Hospital de Caserta (sur de Italia), en 1985 se constató estadísticamente un aumento de la agresividad humana en las noches de plenilunio. De hecho el porcentaje de muertes subía, en tales ocasiones, al 35,7%, lo que contrastaba con el débil 22,3% de las fechas de luna nueva. La hipótesis con que los científicos buscaron explicar estos resultados no fue, obviamente, la existencia de lobizones (después de todo un científico es una persona seria), sino la circunstancia de que en las épocas de luna llena aumenta la fuerza de gravedad, lo que a su vez produciría una modificación en el nivel de ciertos líquidos corporales, causantes de la agresividad. A la misma conclusión llegaron otros estudiosos como el doctor Lieber, del Servicio de Psiquiatría del Hospital St. Francis de Miami, sobre la base de estadísticas de crímenes ocurridos en esa ciudad y en Cleveland. Después de todo, si la luna influye sobre las mareas oceánicas, ¿por qué no puede influir sobre los líquidos del cuerpo humano, constituidos en un alto porcentaje por agua? Tales constataciones no son recientes y se remontan a la antigüedad, y por algo a los enfermos mentales y a los desequilibrados se los llamó lunáticos.

La leyenda del hombre del vello público parece entonces reflejar algunos aspectos indudablemente reales, pero mezclados con las fantasías y deseos de quienes inventan y transmiten tales narraciones. En tren de suposiciones, si la leyenda eligió la luna llena es porque, como quedó dicho, se intuyó la alta correlación entre conductas agresivas y fases lunares; si se imaginó un lobo habrá sido por ser éste un animal autóctono y además, agresivo; si se pensó en un séptimo hijo varón podría haber sido por ser éste un desgraciado ser que se tornó agresivo a fuerza de soportar las chanzas o los privilegios de sus seis hermanos mayores; si se imaginó que se alimentaba de niños no bautizados esto podría haber funcionado como útil advertencia de no olvidarse de bautizar a los niños, so pena de ser devorados por el mal; y si se pensó en que el hombre-lobo nada recordaba al día siguiente, quizá de esa forma se eliminaba mágicamente la propia culpa sentida al dañar al prójimo. Encomendamos al paciente lector buscar el porqué del viernes a la noche, el de las balas de plata que matan al monstruo (especialmente si están bendecidas), y el de otras muchas minucias imposibles de enumerar y que crecen proporcionalmente con el número de guionistas de las sucesivas versiones cinematográficas.

El ejemplo del hombre-lobo admite una objeción. Quizá no fue la leyenda la que surgió de la realidad de la humana agresividad en el plenilunio, sino al revés: esta periódica violencia pudo surgir y quedar justificada por una leyenda previa. Algo así como que la misma historia otorgaba permiso para matar en ciertas y determinadas noches, convirtiéndose a un supuesto lobizón en el único sospechoso. El problema de si la ficción viene de la realidad o ésta de la ficción es, en el fondo, el mismo que el del huevo y la gallina. Pero así como es seguro que el huevo viene de la gallina independientemente de la verdad de la afirmación inversa, también esperamos haber mostrado que la ficción se funda, en parte al menos, en los datos de la cruda realidad.

Pablo Cazau. Julio 2007.

Una primera versión de esta nota fue publicado bajo el título “¿Ficción o realidad?” en Agony Column, Anuario del Círculo Holmes 2002-2003, editado por la Asociación Amigos de Sherlock Holmes, Barcelona, España.

lunes 22 de marzo de 2010

Los cartelitos de Prohibido Fumar

Al parecer, los cartelitos de la prohibición de fumar que eligen los dueños de los boliches definirían sus personalidades ocultas, tal como lo muestran los siguientes ejemplos:

1) “Terminantemente prohibido fumar”. Quien pone este tipo de cartel es un represor retrógrado, autoritario, tirano, déspota, prepotente y con un posible antepasado en la Santa Inquisición.

2) “Por la Ordenanza Nº 6.958.473 se prohíbe fumar en este local”. Sujeto estricto cumplidor de las leyes y obsesionado con las multas. Abogado frustrado, a veces incluye el texto completo de la Ordenanza.

3) “Por su salud y la de todos en este local no se fuma”. Sujeto que necesita dar una explicación de cualquier cosa que haga, y que se cree que la responsabilidad de la salud mundial es de él. En sus brotes más agudos detiene a cualquier transeúnte fumador amenazándolo con las más terribles enfermedades. Médico frustrado con posibles rasgos hipocondríacos.

4) “Se ruega no fumar”. Patrón permisivo y complaciente que siempre está guiñando un ojo como diciendo que alguna mañana con poca gente el cliente podrá fumarse un cigarrillo. Deja ceniceros en todas las mesas y suele esconder su cigarro prendido debajo del mostrador mientras prepara los pedidos. Suele también poner cartelitos del tipo “En este local está permitido no fumar”.

5) “No fumar”. Sujeto parco, inexpresivo que odia hablar permaneciendo en silencio durante horas. Monje frustrado, lamenta no haber encontrado un cartel que diga lo mismo pero con una sola palabra.

6) “Local libre de humo”. Dueño con trauma de cuando siendo niño casi se asfixia en un incendio. Bombero frustrado, impide el acceso de gente con sahumerios encendidos, choripanes recién cocinados, notebooks en corto circuito y cualquier otro objeto que eche humo. Vende solamente café frío, y no admite esos cigarrillos eléctricos para dejar de fumar que se venden por Internet porque echan humo, aunque el fumador no lo aspire ni deje olor a tabaco.

Pablo Cazau. Marzo 2010.

La gota de agua

Timur Lang, más conocido como Tamerlán, fue uno de los mayores conquistadores de la historia, pero también uno de los más crueles e inhumanos déspotas. Reinó en un inmenso territorio, pero jamás logró sentar las bases de un estado homogéneo donde pudiera desarrollarse una civilización. Y muchos coincidieron en que sus empresas fueron simplemente actos de pillaje y saqueo.

Habían transcurrido más de treinta años de conquistas. Estamos ahora en 1388 y Tamerlán, aunque anciano, no vacila en sus pretensiones de invadir China.

Gran jugador de ajedrez, Tamerlán intenta conocer de antemano las intenciones y los movimientos del poderoso ejército de Kua Cheng, y sus espías logran apresar a un oficial chino a quien llamaremos Yang.

-Dime cuál es el lugar más desguarnecido de China- le hubo preguntado Tamerlán muchas veces, y siempre encontraba en Yang un obstinado silencio. La solución era sencilla: debía sometérselo a la tortura que su mismo pueblo había inventado: la gota de agua. Tamerlán, que odiaba la violencia física, ordenó que las gotas no cayeran sobre su cuerpo sino sobre un madero cercano. Cuando su sonido monótono se tornara insoportable, Yang confesaría.

Pasaron las horas, pasó un día, pasaron dos días y Yang comenzó a dar muestras de desesperación. Advertido, Tamerlán marchó a su celda y pudo escuchar su confesión:

-La colina de Sum-Deng es el lugar desprotegido- confesó el joven oficial, dando muestras del gran agobio producido por el terrorífico sonido de la gota de agua.

Fue el comienzo del final de la carrera de Tamerlán. En la colina de Sum-Deng le estaba esperando un ejército chino tres veces superior. Las huestes de Tamerlán -10.000 hombres- fueron diezmadas y salvó su vida milagrosamente, huyendo desordenadamente con 85 hombres hacia su imperio.

-La gota de agua no arranca la verdad- cuentan que le dijo a Amu Daria, que lo había reemplazado como autoridad suprema en el imperio.

-La gota de agua siempre arranca la verdad- cuentan que respondió Amu Daria- Mi Señor, era tarde para avisarte y ya habías partido hacía varios días.

-Qué quieres decir?-

-Sucedió que hace dos lunas. Uno de nuestros oficiales carceleros fue a visitar a Yang. Estaba de espaldas, y le dijo que cuando regresara Tamerlán triunfante, sería libre. Pero Yang no le contestó, porque Yang era sordo.

Pablo Cazau. 1991.

Frases de mujeres

A los niños les gusta jugar con soldaditos, y a las niñas, con muñecas. Cuando son mayores es al revés. Nina Yomerowska

A veces creemos que lo que hemos logrado es sólo una gota en el océano, pero sin ella el océano estaría incompleto. Teresa de Calcuta

Acostumbrarse es otra forma de morir. Dulce Chacón

Con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos. Indira Gandhi

Cuando las mujeres están deprimidas, se ponen a comer o se van de compras. Los hombres, cuando se deprimen, invaden otro país. Elayne Boosler

Cuando las personas tienen libertad para hacer lo que quieren, por lo general comienzan a imitarse mutuamente. Françoise Sagan

Divorciarse sólo porque no amas a un hombre es casi tan necio como casarse porque lo amas. Zsa Zsa Gabor

El mejor cosmético para la belleza es la felicidad. Condesa de Blessington

El poder es la fuerza interior que todos tenemos y que nos permite el autodominio. Eso no le gusta ni a la iglesia ni a los gobiernos, quienes pretenden que sólo algunos elegidos posean el poder. Catalina Mena

El secreto de poner en ridículo a las personas es conceder talento a aquellos que no lo tienen. Cristina de Suecia

En cuanto se concede a la mujer la igualdad con el hombre, se vuelve superior a él. Margaret Thatcher

Es interesante especular cómo se ha desarrollado que, en dos de las instituciones más misóginas, la iglesia y las cortes de justicia, los hombres son los que usan los vestidos. Florynce Kennedy

Hay personas que nos hablan y ni las escuchamos, hay personas que nos hieren y no dejan ni cicatriz, pero hay personas que simplemente aparecen en nuestra vida y nos marcan para siempre. Cecília Meireles

La amistad, si se alimenta sólo de gratitud, equivale a una fotografía que con el tiempo se borra. Isabel de Rumanía

La responsabilidad acrecienta el respeto que uno siente por si mismo. Lea Thompson

La verdad es eterna; el conocimiento, cambiante. Confundirlos resulta desastroso. Madeleine L’Engle

Las enseñanzas éticas se debilitan si están atadas a dogmas que no soportan análisis. Margaret Knight

Las mujeres con pasado y los hombres con futuro son las personas más interesantes. Chabela Vargas

Mientras menos tenemos, más damos. Parece absurdo, pero ésta es la lógica del amor. Teresa de Calcuta

No vemos nunca lo que ya se ha hecho sino lo que queda por hacer. Marie Curie

Si tienes una idea, hazla. Es más fácil pedir perdón que pedir permiso. Santa Teresa de Jesús

Si un partido político se atribuye el mérito de la lluvia, no debe extrañarse que sus adversarios le hagan culpable de la sequía. Charlotte Morrow

Si vives bastante, verás que toda victoria se convierte en derrota. Simone de Beauvoir

Todo el mundo se imagina distinto a como es. Si no fuera así, nadie tendría bastante paciencia para soportarse a sí mismo. Joan Fuster

Un hombre que lee, o que piensa o que calcula, pertenece a la especie y no al sexo; en sus mejores momentos, escapa incluso a lo humano. Marguerite Yourcenar

Uno de los secretos de una vida feliz es darse constantemente pequeños gustos. Iris Murdoch

Yo no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas. Mary Wollstonecraft

lunes 15 de marzo de 2010

Una llave para mi señora

No hace mucho mi amigo José Iturriberrigoycoerrotaberricoechea se compró una casa nueva, y fue a la cerrajería para hacer un juego de llaves para su esposa.

- Buenas tardes, cerrajero. Quiero que haga una copia especial de este juego de llaves.

- ¿Especial? Aquí hacemos copias comunes, amigo.

- Es que son para mi mujer. Necesito que con las llaves pueda entrar pero no pueda salir.

El cerrajero miró a mi amigo con los ojos entrecerrados, y de paso se fijó que si no había venido con algún acompañante terapéutico.

- Bueno, le va a salir un poco caro…

- No importa, con tal de tener encerrada a mi mujer.

El cerrajero se quedó pensando, y exclamó:

- ¡Ya sé! Tengo un electroimán importado de Irán.

- Mmmm… ¿no sería mejor de Alemania?

- No sea racista amigo. ¿Acaso usted vio que las mujeres en Irán anduvieran por la calle cuando se les antojara?

- ¿Y cómo funciona?

- Muy fácil. A la tapita de adentro de la puerta la electrificamos con un imán inverso.

- ¿Un imán inverso?

- Claro. Cuando mete la llave para salir esta es violentamente rechazada hacia fuera, y la dama nunca puede escaparse.
Atardecía cuando mi amigo José Iturriberrigoycoerrotaberricoechea salió de la cerrajería pensando donde podría mandar hacer un cinturón de castidad donde se pudiese entrar pero no salir. Según le dijo su abogado, la única prueba de infidelidad era agarrarlos con las manos en la masa.

Pablo Cazau. Marzo 2010.

La máscara y la pasión

Jonathan había nacido con una pesada máscara de hierro que apenas dejaba ver su triste mirada. Los padres, desesperados, buscaron ayuda por doquier, pero nadie podía resolverles el problema.

Jonathan creció normalmente, mientras era alimentado a través de sondas. Estudió, trabajó y llegó a tener amigos, pero la pesada carga de su negra máscara seguía atormentándolo porque no podía besar.

Cierto día, un monje se acercó a Jonathan proponiéndole una solución. Le iba a presentar a Daniela, una mujer joven que arrastraba una rara enfermedad desde su nacimiento: tenía permanentemente una fiebre muy alta, y los médicos no podían explicarse cómo la seguía manteniendo cuando según todos los parámetros científicos semejante temperatura corporal debía haberla matado hace tiempo. Pero Daniela resistía.

Fue así como Jonathan y Daniela comenzaron a salir, congeniaron, simpatizaron y se enamoraron. Se casaron, tuvieron hijos y hasta incluso se divorciaron, pero habían sido felices porque se habían curado, y porque Jonathan había podido dar el primer beso de su vida. El intenso calor generado por el cuerpo de Daniela terminó derritiendo la máscara de hierro de Jonathan, haciéndola desaparecer. Y también desapareció la intensa fiebre de ella porque el calor se disipó en el metal destruido.

Pablo Cazau. 1997.

La siesta es sagrada




Se dice que quien hace la siesta amanece dos veces, y la ciencia parece haber comprobado sus bondades: previene o atenúa el estrés y permite al organismo descansar, cargar pilas y ser más productivo en la segunda parte de la jornada. Hasta los mismos empresarios japoneses otorgaron a sus trabajadores esclavos el beneficio de de la siesta.
Para algunos la siesta supone perder el tiempo, habida cuenta que lo breve que es la vida, mientras que para otros es una oportunidad de recuperarlo cuando se ha dormido mal durante la noche.
En la Argentina, entre otros, tiene fama de siesteros los santiagueños y los pampeanos, y no es porque sean vagos, sino porque a esas horas el sol torna insoportable cualquier tipo de trabajo.
Hace unos días estuvimos en Santa Rosa, la capital pampeana, y tuvimos que esperar una hora en la vereda para que el conserje del hotel terminara su siesta. Cuando finalmente nos abrió la puerta, hicimos indignados nuestro reclamo pero resultó que los que estábamos en falta éramos nosotros, porque “le habíamos interrumpido la siesta”.
Había en el hotel otros pasajeros que no eran pampeanos ni santiagueños, porque a la hora de la siesta estaban en la piscina, ubicado en un lugar tan estratégico que mientras dormíamos escuchábamos los gritos de los bañistas y, si salíamos a protestar, podíamos recibir una lluvia de agua porque la pileta terminaba a escasos cincuenta centímetros de nuestra puerta.
Tampoco debían ser pampeanos quienes en ese mismo día estaban viendo pasar los vehículos del Rally Dakar Argentina 2009. Aprovechando la ocasión, un oportunista vendió cerca de mil panchos a la hora de la siesta, mientras que un pampeano cerró el boliche y no vendió nada. Porque una siesta no vale ni un millón de panchos vendidos.
El humor vernáculo sabe de la pasión siestera, y es así como se dice que en las lápidas de los santiagueños siempre reza algo así como “Aquí sigue descansando Eulogio Luna”, o que cuando los niñitos se levantan por la mañana su mamá les dice “Chango, levantate que tener que hacer la siesta”. El humorista Acosta Villafañe, por su parte, ha llegado a decir que, así como Córdoba tiene su Festival de Cosquín, en Santiago del Estero tienen su Festival Nacional de la Cama.
Pablo Cazau. Enero 2009.

lunes 8 de marzo de 2010

Mi señora se quiere divorciar

Días pasados me lo encontré a mi amigo José Iturriberrigoycoerrotaberricoechea deambulando como un fantasma por la plaza Irlanda, y luego de preguntarle el porqué de su lamentable estado, me dijo:

- Mi mujer se quiere divorciar.

- ¿De usted? ¿Un esposo ejemplar?

- Así es. Fue a ver a su amiga la grafóloga del barrio y le mostró mi letra. Horrorizada, le dijo que yo tenía el perfil de asesino serial, y que además era un pedófilo, un psicópata de grado 24, falso, traidor, infiel, mujeriego, chantajista y torturador. En una palabra, era como el terror de los presos en una cárcel de máxima seguridad. Le dijo además que en cualquier momento podría aparecer mi personalidad oculta.

Según mi amigo, la grafóloga vio que escribía la jota parecida a un puñal, que la letra o se asemejaba a una granada de mano, y que dibujaba el punto de la letra i como un globo de gas, símbolo inequívoco de mi vida disipada y lujuriosa.

- ¿Y le pidió referencias de su amiga, que más que grafóloga parece una opinóloga aventurera e irresponsable?

- Sí, me dijo que tenía Diploma de Honor de la Sociedad de Grafólogos Serios.

- ¿Y de dónde salió esa sociedad?

- Al parecer la fundó ella misma el año pasado. Hasta ahora es la única socia.

Mi amigo José me dijo que su primer impulso fue matar a la grafóloga de un hachazo, pero luego desistió porque con ello confirmaría su diagnóstico además de ir preso gratuitamente.

Dos semanas más tarde me lo encontré a mi amigo paseando alegremente por la misma plaza abrazado con la grafóloga. No hay nada que hacerle: cuando una mujer quiere casarse con alguien, tarde o temprano lo consigue.

Pablo Cazau. Febrero 2010.

Novedades en Ofimática




Una Ofimática es un paquete de aplicaciones para computadora que funciona como una oficina clásica: tiene un procesador de textos para escribir cartas o cualquier otra cosa, una planilla de cálculo útil para contabilidad, un programa para hacer presentaciones tipo Power Point, y algunas otras cosillas.

Por esta época, dos paquetes ofimáticos se destacan especialmente: el Office 2010 de Microsoft, y el OpenOffice.

1) Office 2010.- Muchos de nosotros seguimos utilizando el Office 2003 o el 2007, por no mencionar algunos más antiguos, y seguramente seguiremos con ellos bastante tiempo más porque resuelven nuestras necesidades básicas. La versión 2010 no ofrece grandes novedades, siguen estando el Word, el Excel y el Power Point, y entre otras cosas la barra de herramientas queda organizada en una “cinta” de opciones, a lo cual deberán acostumbrarse los nuevos usuarios.

El Office 2010 estará disponible en la primera mitad de este año, aunque ya hay una versión “Beta” (provisoria o en desarrollo) que los curiosos podrán descargar en www.microsoft.com/office/2010/es/default.aspx (archivo de instalación). Incluso saldrá también, pero hacia fin de año, un Office 2010 para Mac 2011 (diferente al archiconocido sistema operativo Windows 7).

La pregunta del millón es: ¿para qué comprar el Office 2010 si con las versiones anteriores me las arreglo muy bien? La respuesta es simple: la codicia de Microsoft, que quiere seguir ganando millones vendiéndote un auto como nuevo cuando en realidad es tan nuevo como el que tenías, pero con una bocina que suena mejor.

Microsoft no sólo vende su ofimática sino que también la alquila desde comienzos del 2010 a los cibercafés, hoteles y kioscos de aeropuertos, mediante un único pago que cubre toda la vida útil de la PC.

2) OpenOffice.- Este paquete es considerablemente más barato, si no gratuito. Y al ser un software libre se lo puede modificar para que cada usuario lo adapte a sus necesidades introduciendo mejoras compartidas. No tiene nada que envidiarle al Office 2010: el 21% de los alemanes lo utiliza, y a noviembre del 2009 ya lo habían descargado de Internet unos 300 millones de usuarios en www.openoffice.org, en su última versión 3.2.

Ambos paquetes, Office 2010 y OpenOffice, se instalan en la PC del usuario pero, ¿qué pasa con quienes no tienen PC y andan dando vuelta por diferentes computadoras alquiladas o prestadas? Para ellos hay paquetes ofimáticos online, es decir, aquellos que se utilizan directamente conectándose a Internet, donde los archivos que se van creando van siendo guardados en servidores seguros. Por ejemplo el Docs de Google y el Docs de Zoho, adaptables a múltiples sistemas operativos. Estos paquetes también parecen ser competencia para Microsoft, quien ya está pensando en sacar un paquete online de programas Office, y que estará disponible luego de que empiece a venderse el Office 2010.

Pablo Cazau. Marzo 2010.

Fuentes consultadas: www.libertaddigital.com, www.baquia.com, www.lanacion.com.ar, http://softlibre.barrapunto.com, www.infobae.com

2009: un año diferente


Supongo que todos han vivido años donde les ha pasado de todo. En mi caso, el 2009 no fue ni solamente bueno ni solamente malo: simplemente fue diferente porque me pasaron demasiadas cosas juntas.

Todo empezó bien porque retorné a mi vieja pasión murguera ingresando en la murga “Los preferidos de Villa Urquiza”. En mayo comenzó la Revolución de Mayo: mi madre, ya con 91 años, se enferma y su departamento se convirtió en un hospital de campaña donde yo era el enfermero principal noche y día.

Falleció pacíficamente en junio, y con mis tres hermanos nos ocupamos hasta diciembre de todos los trámites, incluida la venta de los dos departamentos heredados.

Al venderse el departamento 1, con Marta, mi compañera de ruta, nos mudamos al departamento 2, que aún no había sido escriturado. Cuando esto ocurrió, aun no teníamos la posesión del departamento que compramos en Floresta, de manera que pasamos un día en un hotel del Once donde había de todo: drogadictos durmiendo en la entrada, hombres con travestis y mucho inmigrante de países vecinos: era como el Sheraton de los bolivianos. Mientras tanto teníamos todos los enseres en un guardamuebles, y vivimos como gitanos.

Logramos la posesión precaria de nuestro nuevo hogar antes de escriturar, donde todo era bastante chico menos el inmenso balcón con vista al cielo y a la ciudad de Buenos Aires: habíamos comprado un balcón que venía con un departamento.

A Marta no le fue muy diferente. Además de acompañarme en todo lo anterior, también perdió a su madre, y en pocos meses cuatro de sus hijos se fueron a vivir a Santa Rosa, a San Juan, a Río de Janeiro y a Barcelona.

Pablo Cazau. Enero 2010.

lunes 1 de marzo de 2010

La Argentina crece

No hace mucho la presidenta de los argentinos sostuvo convencida que nuestro país está creciendo, como lo prueba el crecimiento que ha tenido en los últimos años la Villa 31 de Retiro, donde se pasó de construcciones precarias a edificaciones con losa y todo.

No podemos dejar de darle la razón a tan increíble y acertada intuición. En la Argentina no sólo crecen las villas miserias, sino también muchas otras cosas: cree la inseguridad, los precios de la carne, la impunidad de los funcionarios, las cuentas bancarias de los políticos y los piquetes. Crece el paco y el alcohol, la venta de medicamentos contra la ansiedad y la depresión y, últimamente, también han crecido las inundaciones, los apagones y hasta la venta de botes inflables para poder viajar por la ciudad.

¡Viva la Argentina! ¡Somos el país que más crece en el mundo!

Pablo Cazau. Febrero 2010.

Un cuerpo en la penumbra

Aquella noche, Roberto fue a acompañar a su esposa a la terminal de ómnibus de Retiro porque iba a ver a su padre. Era la primera vez en tres años de matrimonio que se separaban, y sintió una extraña sensación al imaginarse que aquella noche dormiría solo, luego de mucho tiempo.

No era tampoco una situación que lo alarmara: simplemente tenía una cierta curiosidad por saber qué se sentiría estando solo en aquel departamento enorme de cuatro ambientes, al que todavía no habían llegado los hijos deseados.

Cuando volvió a su hogar sabía que le esperaban dos días en soledad. Calentó una pizza que había quedado del mediodía, comió abundantemente y se metió en la cama antes de medianoche. Como casi todas las noches, leyó algunas páginas de una novela y pronto se quedó dormido pensando que, en realidad, no se sentía tan solo como había temido.

No recuerda muy bien la pesadilla, pero lo hizo despertar aterrorizado y sudoroso. Miró el reloj.

Eran las cuatro de la madrugada.

Pensó que si continuaba acostado los fantasmas volverían, y decidió ir hasta la cocina a tomar un café y a leer el diario que no había terminado de mirar aquel día. Sin embargo, pronto sus ojos comenzaron a cerrarse, y decidió volver al dormitorio.

La habitación había quedado en la penumbra, alumbrada apenas por el débil resplandor de la luna que atravesaba los cristales de la ventana. Y fue entonces que lo vio.

En su cama había un cuerpo.

Sintió un escalofrío como nunca antes había sentido. Retrocedió violentamente y se quedó pensando en el umbral, sin atreverse a entrar. Volvió a mirar con intenso temor. El cuerpo estaba cubierto por la frazada, y lo único que podía divisar era algo que sobresalía, y que parecía ser un pie descalzo. Era apenas una sombra, pero la forma del pie era inconfundible.

Apenas si podía controlar el miedo que comenzaba a invadirlo. Afortunadamente, había ido hasta la cocina con las zapatillas puestas, con lo cual apenas si le bastó ponerse el sobretodo –hacía frío- y salir a la calle a pensar en sus próximos pasos.

Cuando atravesó el amplio hall de la planta baja y se dirigió hacia la puerta principal del edificio, el guardia de seguridad ni lo miró, lo cual en un principio le resultó muy raro porque siempre mediaba algún saludo de cortesía. Sin embargo, luego pensó que tal vez lo habría visto con mal semblante y no se animó a importunarlo con un “buen día, señor”.

El aire frío de la calle lo reanimó. No podía comunicarse de ninguna forma con su esposa, que aún debía estar viajando y ella no usaba celular. Indeciso, recordó que a una cuadra y media había un bar que se mantenía abierto las 24 horas, y decidió sentarse en una mesa para pensar su próximo curso de acción.

Ninguno de los mozos acudió a atenderlo y, de hecho, parecieron no advertir su presencia. Roberto atribuyó la situación nuevamente a su semblante malhumorado, y no se preocupó por llamarlos porque, además, no había traído dinero.

Luego de una media hora, comenzó a invadirlo en sueño. Apoyó su barbilla en una mano, dirigió la mirada hacia los primeros resplandores de la madrugada y, poco a poco, mientras pasaban por su mente todas las experiencias vividas recientemente y que habían comenzado a esa fatídica hora de las cuatro de la madrugada, fue quedándose dormido…

Fue a esperar a su esposa a la estación y por la noche ella finalmente regresó pero no advirtió su presencia. Cuando ingresó al dormitorio, vio el cuerpo de Roberto con un pie fuera de la frazada, y le hizo cosquillas para despertarlo. Pensó que se hacía el dormido porque no respondía a un estímulo que ella sabía surtía siempre un efecto.

Lo destapó, le tocó el cuerpo y supo que estaba muerto.

El médico estableció que había fallecido de un ataque cardíaco, y que la hora de su muerte podía establecerse con perfecta precisión: la una de la mañana de la noche anterior. Aunque no había evidencias de homicidio, la policía hizo una breve investigación que reveló que las causas de la muerte habían sido naturales. En el departamento no faltaba nada, y el guardia de seguridad no vio a nadie entrar o salir del edificio entre las doce de la noche y las cinco de la madrugada. Y si hubieran preguntado en el bar, les habrían dicho que, con seguridad, no hubo parroquianos aquella noche.

Pablo Cazau. 2006.

Nietzsche y su fantasía del Superhombre

La fantasía de un superhombre aparece, quizá en su forma más grotesca, en el pensamiento del filósofo Nietzsche, del siglo pasado. Aquí tuvieron mucho que ver ciertas concepciones de la época, que influyeron sobre este pensador exaltando aún más su ya inflamada imaginación. Nietzsche, en efecto, había quedado impresionado por la figura del héroe romántico pintado literariamente por un Byron y musicalmente por un Wagner, pero también quedó deslumbrado con la idea de eugenesia, esgrimida por Galton, quien buscaba mejorar la raza humana mediante una rigurosa selección de la cría. Y por si esto fuera poco, compartía Nietzsche también la idea griega de los dos estratos sociales: la minoría del ocio culto, y la mayoría, los esclavos, a quien nuestro filósofo llamaba sin escatimar adjetivos, una 'masa de chapuceros y miserables' (Hull, 1978).
Pensaba Nietzsche que la raza humana debía evolucionar hacia una especie de superhombre, tan superior al hombre actual como éste respecto de los monos. Pero también consideraba que no todos tenían esa maravillosa oportunidad: unos pocos eran los elegidos, mientras que el resto debía funcionar como una muchedumbre de esclavos de los primeros. La selección debía realizarse, según Nietzsche, de acuerdo a la teoría evolucionista de Lamarck, es decir, estimulando el desarrollo de los niños elegidos para que estas nuevas cualidades pudiesen transmitirse a la descendencia. De esta forma, generación tras generación irían acumulándose y agrandándose las buenas cualidades adquiridas hasta que en cierto momento surgiera el Superhombre, que Nietzsche llegó a imaginar como una mezcla de Alejandro Magno (debía ser un soberbio artista-guerrero) y de Leonardo Da Vinci, pero también aderezado con un poco de... Landrú, el famoso asesino francés que mataba a todas sus esposas y que, horno mediante, las transformaba en humo. Es así que esta suerte de Anticristo no debía tener temor de Dios y debía estar interesado solamente en su propia realización. La arrogancia era para Nietzsche una virtud, y de aquí su ataque despiadado a aquellas religiones que ponían a la humildad como una virtud suprema.
Sus opiniones sobre San Pablo o San Agustín hubiesen hecho palidecer de envidia al mismísimo Satanás, rey de los blasfemadores. El título de su autobiografía fue "Ecce homo" ("He aquí al hombre"), en alusión a las palabras que pronunció Pilatos a los judíos cuando les señaló a un Jesucristo que en ese momento lucía una denigrante corona de espinas. Algunos capítulos de esta autobiografía son muy elocuentes: "Porqué soy tan inteligente", "Porqué he escrito libros tan excelentes", etc, con lo cual el filósofo prusiano terminó demostrando una modestia sólo comparable a la de Hegel, quien años antes se había creído el último filósofo de la historia. La vida de algunos pensadores nos convencen cada vez más de la verdad de Ambrose Bierce: "Todos somos locos, pero el que analiza su locura es llamado filósofo".
Pero, reivindiquemos al filósofo. Leyendo otros materiales sobre Nietzsche, aparentemente más objetivos, encontramos un filósofo con aspectos más nobles, si cabe la expresión. En ellos se nos muestra a Nietzsche como un hombre profundamente preocupado -y desencantado, podríamos agregar- por el estado de la humanidad y puso de manifiesto, tal vez como nadie, la hipocresía de los valores morales de su época. Sin quedarse en esta simple crítica a los valores morales, que por momentos alcanzan una virulencia inusitada, pensó que la humanidad habría de darse cuenta de esta situación y que en el futuro terminaría reaccionando frente a ella como parte de un proceso de crecimiento interior.
Algunas veces se ha mencionado a Nietzsche como uno de los inspiradores del proyecto de Hitler, probablemente porque su hermana, pronazi ella, se encargó de dibujar algunos de sus escritos después de su muerte. Parte de la ideología del partido nacional socialista alemán surgido entre las dos guerras mundiales proponía la supremacía de la raza aria: ellos serían los superhombres del futuro, una vez eliminados todos los demás, especialmente aquellos que, como los judíos, podían hacerles sombra. Es probable que, muy en el fondo, los envidiaban y temían por considerarlos intelectualmente superiores.
Pablo Cazau. 2007.
Referencias bibliográficas
Hull L (1978) Historia y filosofía de la ciencia. Barcelona: Ariel, 4ta edición.