lunes 25 de enero de 2010

La extensión de los posts

Aunque no hay estadísticas al respecto, se supone que la gran mayoría de los lectores se ponen contentos cuando el post es breve, lo cual contribuye al éxito de tu blog.

Aunque es una cuestión discutible, podría decirse que un post es breve cuando no supera las 1000 palabras, o cuando consiste simplemente en un video o una imagen que lo dice todo. El presente post tiene alrededor de 250 palabras. Para lograr un post breve hay que entrenarse en la capacidad de síntesis y no ponerse a divagar (como alguna vez me pasó con algunos posts). Claro está que un post breve no garantiza que sea bueno, pero no trataré aquí este asunto.

Puede haber ocasiones en que el post sea demasiado breve para cierto lector, que querría “leer más” sobre la cuestión. Para resolver esto se me ha ocurrido que pueden ofrecerse cuatro niveles de lectura:

1) El post breve.

2) Una versión ampliada (como archivo adjunto, como un enlace externo, o como un agregado al mismo post con la aclaración que es una versión más extensa).

3) Una versión ampliada para especialistas (adjuntada de la misma manera, pero destinada a especialistas en el tema y empleando un lenguaje más riguroso y científico).

4) Enlaces a otros artículos más extensos que tratan temas similares al del post.

El lector tiene así la oportunidad de ampliar información de la forma que más prefiera.

Pablo Cazau. Septiembre 2009.

Libertad y libertinaje de expresión

La libertad de expresión se ejerce bajo tres grandes modalidades que, a falta de una mejor denominación podemos llamar la expresión íntima, la expresión privada y la expresión pública.
La expresión íntima es aquella que mantiene cada persona consigo misma sin compartirla con nadie. Por ejemplo, alguien puede íntimamente pensar que Fulano es un verdadero idiota, que una cuñada está muy apetecible o qué bueno sería asesinar a su marido, pero jamás osaría decírselo a nadie ni en privado ni en público.
La expresión privada supone expresar opiniones a familiares, amigos o vecinos con los que generalmente se tiene cierta confianza o conocimiento de una manera informal, presencialmente o por correo. A veces se explicitan cláusulas del tipo “esto queda entre nosotros” o “no lo comenten con nadie”, que a veces no es más que una invitación para la difusión pública bajo la forma de chismes y rumores.
La expresión pública supone expresar opiniones dirigidas potencialmente a muchas personas, conocidas y desconocidas. Comprende modalidades tan diversas como escribir un graffiti en una pared callejera, escribir en un blog, publicar una nota en la sección lectores de un diario, responder a una encuesta en un noticiero de televisión, escribir en un sitio web de expresión ciudadana, enviar correo masivo, publicar y distribuir volantes, crear avisos o films publicitarios, hacer una película argumental o documental, publicar una revista colegial, participar en foros públicos, dictar una conferencia o una clase, hablar en un Congreso, escribir en una revista o un diario, publicar un libro, etc.
Sea que se trate de expresión íntima, privada o pública, abusar de la libertad de expresión supone no cumplir con tres clases de códigos: el derecho, la ética pública y la ética privada. Hay personas que desconocen algunas de las reglas de estos códigos (por ejemplo no saben que decir ciertas cosas es difamar, un delito penado por la ley). Esto se llama ignorancia. Otras personas conocen al dedillo todas las reglas pero las violan igual por indignación, cólera o lo que fuere (por ejemplo saben que están difamando pero deciden arriesgarse porque están muy enojados y no pueden controlar sus impulsos). Esto se llama impulsividad. En el terreno de la expresión íntima las normas del derecho, la ética privada y la ética pública están más relajadas, lo que no significa que puedan ejercer su influencia, como en el caso de la persona que no se permite ella misma, en su intimidad, pensar o sentir cuestiones contrarias a su moral.
Así, se puede abusar de la libertad de expresión al menos por estos dos motivos: la ignorancia y la impulsividad.

La libertad de expresión es un derecho de toda persona. La misma Constitución Nacional Argentina establece en su artículo 14, entre otras cosas, que todos los habitantes gozan del derecho de “publicar sus ideas por la prensa sin censura previa”, y “conforme a las leyes que reglamentan su ejercicio”.
Podemos suponer que si estas leyes de la libertad de expresión se violan, por ignorancia o impulsividad, caemos en el libertinaje de expresión, entendiendo por libertinaje, entre otras cosas y según la Real Academia Española, “desenfreno en las obras o en las palabras”.
Esto significa que la libertad de expresión no es decir lo que uno quiera, sino decirlo dentro de ciertos límites impuestos no solamente por el derecho positivo, sino también, para algunos, por la ética (como por ejemplo no expresar obscenidad o violencia en forma tan explícita que pueda herir susceptibilidades, o hacer bromas sobre temas muy serios porque no todos tienen el mismo sentido del humor).
El problema es que los límites entre la libertad y el libertinaje no siempre son claros, y es entonces cuando interviene un tercero (un juez, un editor y hasta un lector) para decidir si un texto o una imagen viola o no las normas escritas o no escritas que han de regir la libertad de expresión, y actuar en consecuencia.
Es frecuente encontrar sitios web donde la gente vuelca sus opiniones y donde existe una opción para los lectores de reportar abuso. Muchas veces los responsables del sitio analizan si la denuncia está o no justificada, y proceden en consecuencia.
Es bueno que haya dos instancias para eliminar una nota: un participante que reporte el abuso y una autoridad que decida o no la eliminación de la nota.
Sin embargo, aun cuando una nota no viole las reglas que reglamentan la libertad de expresión pública, puede ser objetada por el lector al afectar su ética privada, sus negocios o simplemente porque no coincide con la opinión del autor. En estos casos el lector responderá al autor o simplemente ignorará la nota, pero no se justificará reportar un abuso, que sólo tiene cabida si se violan las leyes del derecho positivo o bien, tal vez, la ética pública, que no es lo mismo que la ética privada (para mí puede estar bien decir malas palabras, pero para el público en general no). Algunos medios advierten que cierta información puede afectar la ética privada, utilizando un cartelito de esos que aparecen en algunas películas, del tipo “lo que verá a continuación contiene escenas explícitas que pueden afectarle”.
Puede ocurrir que una nota no viole ninguna ley ni ninguna ética, y sin embargo por algún motivo el editor no quiere publicarla. En medios como los diarios impresos ello está justificado porque hay un límite de espacio, pero en Internet no, especialmente si el sitio web establece explícitamente que todas las notas se publicarán automáticamente sin censura previa. Existen formas sutiles de publicar una nota pero esconderla en un lugar donde casi nadie pueda encontrarla (por ejemplo no incluirla en la portada). La situación puede quedar compensada si además, como hacen algunos sitios, publican los títulos de todas las notas entrantes. En ninguno de estos casos considero que se atentó contra la libertad de expresión.
Pablo Cazau. Abril 2008.

Descubrimientos fraudulentos

Un fraude científico no es un delito que pueda cometer cualquiera. Es una estafa perpetrada con pericia suficiente para engañar a quienes lo evalúan, al menos durante algún tiempo.
Desde que en 1859 Darwin dio a conocer su teoría y la gente comenzó a pensar que el hombre descendía del mono, todo el mundo se puso a buscar ese 'eslabón perdido' entre el simio y el hombre. Nadie lo encontró, pero Charles Dawson, geólogo aficionado, decidió inventarlo, y pulió cuidadosamente un cráneo humano hasta darle una apariencia simiesca, presentando su producto a la comunidad científica y alegando haberlo desenterrado de un pozo de guijarros en Piltdown Common, en Inglaterra (1). Finalmente el Dr. Weiner, de Oxford, descubrió el fraude, y el famoso Hombre de Piltdown, otrora el descubrimiento científico más increíble del siglo XIX, volvió definitivamente a su sepultura.
El filipino Manuel Elizalde sostuvo enfáticamente en 1971 haber encontrado el pueblo más primitivo de la tierra. Lo denominó los "tasaday" y vivían en medio de la selva como en la Edad de Piedra, cubriéndose con hojas y comiendo frutas. Elizalde cercó la zona donde presuntamente se encontraban los tasaday, con el fin de preservar la existencia de tamaña reliquia antropológica, y sólo quince años después pudo descubrirse la trampa. El hombre había contratado a una docena de personas para representar la primitiva tribu, dejarse 'descubrir' y, golpe de efecto mediante, lograr consenso para su carrera política.
Ni qué hablar tampoco de aquellos científicos que, a mediados del siglo XIX, anunciaron el descubrimiento del protoplasma básico de donde surgió... nada menos que la vida. Fue denominado el "Bathybius haeckelli", y era una sustancia viscosa que fue extraída del lecho marino frente a las costas de Irlanda. Se llegó a pensar que todos los mares estaban cubiertas por esta sustancia, la que finalmente resultó ser simplemente barro que, en combinación con alcohol, daba la apariencia -para quien quisiera ver- que la sustancia tenía vida propia.
El monstruo del lago Ness, en Escocia, es otra de las grandes creaciones del arte de mentir. De hecho, resulta altamente sospechoso que hayan sido los propietarios de dos hoteles de las inmediaciones quienes allá por las décadas del 20 y 30 echaron a correr el rumor de la existencia del monstruo, al que podemos calificar de turístico. ¿Habrá tal vez aumentado el número de clientes? A propósito, si quiere valorizar su propiedad, no dude en difundir que está habitada por fantasmas inventando la historia de un crimen horrendo cometido entre sus paredes allá en el siglo XIX.
Los monstruos turísticos entran en la categorías de los seres legendarios, definibles como aquellos en los que algunas personas creen y otras no, a diferencia de los monstruos reales, como John Merrick, el hombre elefante, y de los ficticios de las películas en los que nadie cree.
Pablo Cazau. Abril 2006.
Referencias bibliográficas
(1) El gran libro de lo asombroso e inaudito. México: Selecciones del Reader's Digest, 1977, página 443.

lunes 18 de enero de 2010

El átomo de la abuela


Doña Clotilde de Alzaga falleció en paz a los 90 años, y fue enterrada al día siguiente tres metros bajo tierra. Al poco tiempo una bacteria necrófaga comenzó su banquete, que incluía una de las neuronas del cerebro de Clotilde, y junto con ella se tragó un átomo de carbono.

Cuando murió la bacteria, el átomo de carbono quedó sepultado en la tierra y se unió con otros átomos, y la molécula resultante se liberó en el aire, que fue respirado como alimento por un árbol que le permitió seguir creciendo lentamente. A todo esto habían pasado diez años, y el árbol se convirtió en un hermoso rosal, y fue en el pétalo de una rosa donde quedó finalmente ubicado el átomo de Doña Clotilde.

Un niño de cuatro años que paseaba por el jardín de su casa vio la rosa, percibió su perfume, y el átomo de carbono fue a parar a sus mucosas nasales, desde donde migró a su cerebro instalándose en el área de los recuerdos.

Sin saber por qué, en ese momento Matías Alzaga preguntó por primera vez a su madre:

- Mamá, contame de la abuela Clotilde.

Pablo Cazau. Mayo 2009.

De poetas y rimadores

No soy un poeta ni aspiro a serlo. Lo que a mí me gusta es ser un rimador, y como tal escribí letras para milongas, relaciones para rancheras y versos para cantar en las murgas, entre otras producciones.

Desconozco si la teoría literaria hace la diferencia entre poema y rima. En mi particular opinión, la rima es la hermana menor de la poesía. La poesía ya tiene música propia, pero la rima necesita musicalizarse con el ritmo de la métrica o bien directamente con sones musicales. Rimadores son los payadores, los autores de relaciones o los letristas de ciertas canciones. Ellos deben respetar una métrica, a diferencia de los poetas que disponen de mayor libertad para expresarse.

Una poetisa me comentó que la rima ya fue ampliamente superada por la poesía, confundiendo así antigüedad con mala calidad. Otros más la descalificaron diciendo que puede llegar a ser simpática, emotiva o cadenciosa pero que… ¡no es poesía! Y quienes la tildaron de popular, por no decir populachera, tal vez hayan pensado que la poesía es patrimonio de una élite de autores o lectores privilegiados.

Soy incapaz de escribir poesías, y no suelo leerlas porque me aburren, aunque hubo poesías que realmente me gustaron y apenas si puedo contarlas con los dedos de una mano. No porque sean las mejores, pues no sé distinguir una buena de una mala, sino porque simplemente son las que me llegaron al alma. No diré que la rima es mejor o peor que la poesía porque no soy crítico literario y porque la calidad no está en el género sino en el autor: puede haber poesías malas y rimas buenas. Sólo puedo decir que me siento más cómodo con la rima, tanto si la leo como si la escribo.

Pablo Cazau. Agosto 2009.

La evolución humana en la ciencia ficción

La ciencia-ficción ha tocado muchas veces la cuestión. En el cuento "¿Qué le ocurrió al Cabo Cuckoo?", Gerald Kersh describe la vida de un mercenario que tuvo la fortuna -o la desgracia- de haber probado el elixir de la eterna juventud de los antiguos alquimistas, y que a pesar de sus varios 'siglos' de edad se mantenía siempre igual como una Mirta Legrand cualquiera, a no ser por las innumerables heridas recibidas a lo largo de sus muchas batallas, entre las que se encontraba una espantosa cicatriz en la cabeza que tenía varios centímetros de profundidad y producto de un hachazo que, obviamente, no lo mató. Pero, ¿qué sentido tiene la vida de un inmortal? La cuestión del sentido de la evolución fue profusamente investigada por la literatura de ficción. En "Retroceso", A. Correa se cuestiona si el único sentido de la evolución humana es la perdurabilidad de la especie mediante la reproducción, o bien si apunta al simple desarrollo de la inteligencia. La narración transcurre por otros carriles, pero a partir de su idea se puede concluir que, según la alternativa elegida tendremos un diferente modelo de superhombre: un supermacho o un supercerebro. Al autor le faltó solamente la tercera posibilidad, plantar el árbol.
Según la primera alternativa, cabe pensar que en su evolución el hombre quedaría reducido a la larga a un par de testículos (u ovarios), que irían saltando de generación en generación a los efectos de compensar la corta vida de cada gónada en particular, concepción que podríamos llamar la teoría del testículo saltarín. Como apéndice de estas gónadas (testículo u ovario) tendríamos todo un sistema circulatorio, digestivo y respiratorio para alimentarlos, y un sistema neuroendocrino que permitirían el acercamiento al otro sexo y la consecuente fecundación, los que también servirían para preservar la vida individual del ser que funciona como envase de los genes, o sea el ser humano.
La segunda alternativa equivale a considerar que el verdadero poder que busca preservarse y aumentarse es el mismo desarrollo intelectual del hombre. No son pocas las ficciones que han imaginado al hombre del futuro como un gigantesco cerebro gelatinoso, una suerte de flan neuronal alimentado por una máquina que el mismo hombre construyó cuando aún tenía manos.
Menos grosera es la metáfora del monolito negro creada por Arthur Clarke en su famosa serie "Odisea espacial". La narración trata acerca de la posible evolución de la especie humana mediante jalones que van desde la transformación del mono en hombre y, pasando por las conquistas espaciales, llega hasta la transformación del homo sapiens en una especie de entidad inmaterial, quizá energía pura e intelectualmente muy superior a lo conocido. Por citar una de las variadas interpretaciones que aquí pueden hacerse, la historia de Clarke apunta a mostrar que una inteligencia no humana e infinitamente exquisita (¿Dios?) construyó y utilizó al enigmático monolito para dirigir la evolución de la especie humana mediante oportunas intervenciones: primero en la misma tierra, luego en la luna, y finalmente en las inmediaciones de Júpiter. Fue por fin el astronauta David Bowman quien sufrió la metamorfosis susodicha al acercarse demasiado al monolito jupiteriano, convirtiéndose así en una especie de superhombre. ¿Busca el hombre reproducirse para mejorar cada vez más su capacidad intelectual? ¿O, al revés, busca ser cada vez más inteligente para garantizar mejor la preservación de la vida? Si lo primero, ¿para qué ser más inteligente? Si lo segundo, ¿para qué preservar la vida? Quizá la solución sea un círculo vicioso, o bien una tercera posibilidad inimaginable.
Los escritores de ciencia-ficción no han cesado de imaginarse a un Superhombre, sea bajo la forma de una inteligencia extraterrestre, sea bajo la forma de un descendiente de la raza humana ubicado en un lejano futuro, sea bajo la forma de seres humanos normales educados por otros muy superiores como ha imaginado Howard Fast. La distancia intelectual entre ese superhombre y los humanos actuales podría ser la misma que entre los humanos actuales y las hormigas o las rocas. Ninguna persona sensata intentaría comunicarse con insectos o con piedras, y por la misma razón ningún monstruo hiperinteligente tampoco intentaría comunicarse con los humanos: solamente jugaría o experimentaría con ellos, cuando no los destruiría por perjudiciales, como lo hacen muchos poderosos seres de la literatura de ciencia-ficción.
Quizás dentro de miles de años la raza humana evolucione hacia un Superhombre: algunos lo imaginan dotado de una inteligencia inimaginable, mientras que otros lo sueñan dotado de un sentido de la bondad y la justicia igualmente increíbles. Ese nuevo ser incluso ya no sería más humano: se habría creado una nueva especie, de la misma forma que, presuntamente, surgió la especie humana a partir de otra anterior.
En tren de especulaciones, podría llegar a pensarse que las guerras entre los humanos acelerarían este proceso evolutivo al posibilitar la supervivencia de más fuertes. Para explicar esto podemos tomar el ejemplo de los presos de las cárceles rusas, que viven en tales condiciones de estrés, hacinamiento y falta de higiene que muchos comienzan a contraer la tuberculosis. Cuando ello ocurre, las autoridades comienzan a tratarlos con antibióticos y, como son tratamientos largos, muchos presos no siguen con su tratamiento una vez que son liberados por haber cumplido la condena, es decir, quedan ‘mal curados’.
Un tratamiento incompleto a su vez hace que el antibiótico mate solamente los bacilos patógenos más débiles, con lo cual quedan solo los más fuertes, los que mejor resisten a los antibióticos, con lo cual estos a su vez comenzarán a reproducirse generando más bacilos resistentes. Por ejemplo, si antes del tratamiento había un 30% de bacilos resistentes, después queda un 100% de ellos, con lo cual los bacilos se hacen cada vez más fuertes.
De la misma manera, una guerra destruye primero a los más débiles, con lo cual los más fuertes que sobreviven son los únicos que se reproducirán y transmitirán el gen fuerte a sus descendientes. Si no hay guerras, entonces la evolución hacia formas de vida más ‘poderosas’ sufriría un retardo importante, ya que continuamente seguirían naciendo hijos de seres débiles, también débiles. Y como en las guerras no vencen los más justos o los más bondadosos, sino los más fuertes, la humanidad entonces evolucionaría hacia una especie que sería más fuerte, pero no más altruista.
Todas estas conjeturas tienen su fundamento en la teoría evolucionista de Darwin. Una forma de explicar esta teoría de una forma amena, especialmente a los niños de 11 años en adelante, es la siguiente:
1) Confeccionar 10 papelitos numerados del 1 al 10 (el 1 corresponde al gen menos apto para la supervivencia y el 10 al más).
2) Seleccionar 7 alumnos: A, B, C, D, E, F y G.
3) Los alumnos A, B, C y D eligen al azar cinco papelitos. Ese será su genoma. El docente los escribe en un papel.
4) A y B se casan. Juntan en una bolsa 10 papelitos (cada uno aporta sus 5 papelitos). De dicha bolsa eligen cuatro veces con reposición 5 papelitos. Serán los genomas de sus cuatro hijos. Eliminan tres y se quedan con el mejor, pues sobrevive. Los cuatro genomas son anotados por el docente.
5) Se repite el paso anterior con la pareja C y D.
6) Los hijos sobrevivientes de ambas parejas, E y F, a su vez se casan, y se repite la operación anterior. Quedará un nieto sobreviviente de nombre G.
7) Finalmente se comparan los genomas de uno cualquiera de los cuatro padres con el genoma del nieto, verificándose que hubo un mejoramiento del mismo. La evolución resulta ser producto del azar pero también de la selección natural.
Pablo Cazau. 2007.
Referencias bibliográficas
Clarke A, 2001, 2010 y 2061 Odisea espacial, Varias editoriales.
Correa A, Retroceso. En Narraciones de ciencia ficción, Madrid, Miguel Castellote Editor, 1973, 2ª edición.
Fast Howard (1963) El filo del futuro. Buenos Aires: Minotauro.
Kersh G, ¿Qué le ocurrió al cabo Cuckoo? En Antología de ciencia ficción, Buenos Aires, Hyspamerica, 1986.

lunes 11 de enero de 2010

De psicólogos y robots

Asimov (1), en sus obras de ficción, creó en 1941 las tres leyes que debían regir el comportamiento de todo robot:

1) Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por medio de la inacción, permitir que un ser humano sea lesionado.

2) Un robot debe obedecer las órdenes recibidas por los seres humanos, salvo si las órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.

3) Un robot debe proteger su propia existencia salvo que ello entre en conflicto con la Primera y la Segunda Ley.

Pero, ¿son comparables un psicólogo y un robot? De hecho, muchos pacientes actúan como si el psicólogo lo fuera desde que Asimov definió al robot como "un objeto artificial que se parece a un ser humano".

Si las leyes de los robots se aplicaran a los psicólogos, debieran ser las siguientes:

1) La obligación del psicólogo es evitar todo daño físico o mental al paciente, sea por acción o por omisión. Se violaría esta ley si el psicólogo no hace nada para evitar el suicidio del paciente.
2) El psicólogo está obligado a obedecer al paciente, salvo que obedeciéndole entre en conflicto con la primera ley. Se violaría esta ley si a pedido del paciente le administra un tratamiento que lo empeorará.
3) El psicólogo está obligado a preservar su propia existencia, salvo que por preservarla entre en conflicto con alguna de las dos primeras leyes. Se violaría esta ley si el psicólogo decide abandonar a su suerte al paciente para preservar su propio equilibrio mental, con lo cual el paciente sufrirá daño mental.

Pablo Cazau. 2007.

(1) Asimov Isaac, "Visiones de Robot", Barcelona, Plaza&Janes, 1993.

Un reportaje olvidado a Amadeo Carrizo

Cuando fundé la revista del colegio allá por 1965, en cuarto año nacional, decidimos empezar a hacer reportajes por todos lados. Nos enteramos que en cierto lugar vivía Amadeo Carrizo, el ya por entonces legendario arquero de River Plate. Se resistió un poco a que unos traviesos e insistentes pibes le hicieran un reportaje, pero al final tuvo que ceder. Uno de nosotros, Rubén Rodríguez Borda, se encargó de las preguntas, y he aquí el resultado de aquella entrevista.
Desde su negocio ubicado en Villa Devoto, el indiscutible arquero de River Plate respondió amablemente a nuestras preguntas. Lo hizo con mayor gusto cuando supo que representábamos a una revista especialmente leída por la juventud. Nos hizo pasar a la sala posterior del negocio, y allí comenzamos nuestro reportaje.
-¿En qué época se inició y en qué club?
-Me inicié en un equipo de mi pueblo: Rufino. Luego vine recomendado y tuve la suerte de integrar la cuarta división de River Plate; corría el año 1943 y tenía 16 años.
-¿Cuál fue su primer partido oficial jugado en River Plate en la primera división?
-Fue en el año 1945; por casualidad se lesionó Soriano y así a los dos años de venir a Buenos Aires, jugué en primera división. Fue un debut bastante agradable porque ganamos 2 a 1.
-¿Recuerda en qué año jugó usted por primera vez en la selección nacional?
-La primera fue en el año 1954, en partidos jugados en Italia y Portugal. Yo jugué muchas veces en la selección nacional, pero en ese sentido fui un poco terco, pues me negué a integrarla.
-¿Por qué no jugó en River Plate al comenzar el presente campeonato?
-Las veces que no jugué en el arco de River Plate se debió a lesiones. Ahora me tengo que cuidar más por los años, no es lo mismo que cuando tenía veinte.
-En los diarios se habló mucho de su rivalidad con el jugador Valentim, de Boca Juniors. ¿Esa rivalidad existe sólo en la cancha?
-Esa rivalidad fue inculcada por el periodismo y por el público: más por el primero, pues incitaba al hincha a presenciar esa especie de duelo criollo. Él tenía deseos de hacer goles; no a mí, sino al cuadro contrario, y en muchas oportunidades logró hacérmelos.
-¿Qué sensación tuvo al debutar en River Plate?
-Cuando debuté en 1945 no fue una sensación de miedo sino de emoción; jugaba contra un equipo por el cual yo simpatizaba desde chico: Independiente. Allí jugaban ídolos como Erico, De la Mata, a los cuales yo tenía admiración.
-¿Recuerda cuál fue el delantero que le causó más problemas en su carrera?
-En realidad hubo muchos; el que lleva siempre las de ganar es el delantero, pues tiene toda la cancha para correr: yo le puedo atajar infinidad de goles, pero por ahí mete uno y se dice, como en el caso de Valentim, que a Carrizo lo tienen de hijo.
-¿Cuál es el arquero que admiró más en épocas anteriores?
-En la época en que me inicié hubo muchos arqueros buenos, tales como Cossi, Vacca, etc. Ahora hay grandes arqueros como Cejas y Gatti. Este último es un arquero de primera línea; cuando yo me retire va a ser el arquero ideal del equipo de River Plate.
-¿Qué perspectivas ve para River en este campeonato?
-El primer partido fue desagradable pues perdimos con Ferrocarril Oeste; luego le ganamos a Racing. Creo que vamos a hacer un buen papel en este campeonato, aunque nos faltan un par de muchachos como Ortega y Artime. Se nos está negando desde un tiempo el campeonato.
-Sobre el caso Onega, ¿cuándo cree que volverá a la cancha vistiendo la casaca de River?
-Está practicando, pero todavía le falta un poco de serenidad. Todavía le falta un par de meses más.
-¿Qué opina del arquero Roma?
-Es un gran arquero, fuerte, impresiona como un arquero que no se le van a hacer nunca goles, por su gran físico y sus virtudes.
-¿Cree que Independiente merece el título de campeón de América?
-Es el equipo que más fútbol hizo en los últimos tiempos; además es un equipo que sabe hacer uso de todas las artimañas modernas: creo que el título está en buenas manos. Pone gran fuerza en sus partidos y tiene jugadores fuertes; hay partidos en que se necesita poner esa fuerza.
-¿Se considera satisfecho de su carrera?
-Materialmente no. Para mi club fui un jugador económico pues por años no tuvo que gastar en arqueros. No tuve la suerte de jugar en países como España e Italia donde, sin dudar, hubiera ganado mucho más dinero. Creo que no es conveniente estar muchos años en un mismo club.
Pablo Cazau. Marzo 2009.

lunes 4 de enero de 2010

Aquel viejo cine de barrio

Si algún cine ha quedado marcado especialmente en mi época de estudiantes fue el mítico cine Devoto, ubicado sobre la calle Nueva York casi avenida San Martín, en la ciudad de Buenos Aires. Recién en la década del ’70 cambió su look y comenzó a llamarse Eurocine. A diferencia de nuestro viejo y querido cinematógrafo, en este Eurocine el acomodador poseía uniforme completo, las persianas que dan al baldío contiguo se hallaban cerradas, las butacas no se movían (o si lo hacían, no transmitían el movimiento a toda la fila), los films no se cortaban, fueron despedidas las ratas y los gatos contratados para combatirlas y, lo que es más importante, las películas tenían un solo título. En efecto, el cine Devoto fue el único biógrafo cuyas películas tenían cuatro: el que aparecía en cartelera, el que figuraba en el programa impreso, el que aparecía en el diario y el que estaba en la misma película.
Los días inaugurales varios muchachos imberbes, conocedores de la leyenda tejida alrededor del ex–cine, concurrieron a las nuevas funciones para comprobar si podrían seguir disfrutando aquellos desnudos que, en nuestra lejana época de rateros, parecían durar una eternidad en la pantalla.
Menudo chasco se llevaron cuando comprobaron que ya nunca podría repetirse aquello, pero en compensación, desde entonces la familia devotense pudo concurrir en paz sin necesidad de vacunar a sus pequeñuelos contra gérmenes desconocidos.
Nuestro cine Devoto se fue para siempre. ¡Oh, maravillosa época en que nos escapábamos de los grises claustros para comenzar nuestro conocimiento de la femenina anatomía en el mismo río de siempre con Isabel Sarli, o para asustarnos con la patética figura de Christopher Lee haciendo de Drácula! ¡Oh épocas en las que un hermano del colegio Copello debía ineludiblemente pasar lista detrás de los árboles para ver quién entraba al procaz antro! ¡Oh jornadas febriles de vehemente parloteo juvenil transcurridas en el bar Pachilín al final de cada función!...”.
Pablo Cazau. 2007.

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Pablo Cazau. Febrero 2008.

Adler y la locura del poder

¿Quién no deseó ser alguna vez como Superman o como Dios? ¿Quién no se embriagó con esa cosa llamada Poder, y que alguna vez Henry Kissinger llamara el 'afrodisíaco definitivo del hombre' (cuanto más se tiene, más se quiere)? ¿Y quién, en fin, no repudió alguna vez tales íntimos e insensatos anhelos asumiendo la identidad del humilde? Porque ya lo dijeron una vez los junguianos: quien por fuera se muestra modesto, inconcientemente se siente poderoso, así como quien necesita ostentar poder, por dentro se siente insignificante.
El psicoanálisis se ha ocupado precisamente de analizar la locura del poder en especial a través de la teoría de Alfred Adler, cuando ya despuntaba nuestro siglo XX. Menos delirante que Nietzsche, el ex-discípulo de Freud había partido de la premisa que la criatura humana tiene la particularidad de nacer desvalida, desprotegida e inmadura, lo cual no la pone en la mejor posición para sobrevivir. Es así que al nacer en tal inferioridad de condiciones, el hombre desarrollará un fuerte sentimiento de inferioridad que será tanto más acentuado si padece además algún déficit orgánico tipo sordera o cojera, o algún defecto de tipo mental, como por ejemplo ser hincha de Racing.
Este sentirse inferior no es muy agradable, por lo que el hombre comienza a rebelarse contra él. Aparece por ejemplo la llamada "protesta masculina", una queja contra la condición débil e inferior que según Adler tanto varones como mujeres relacionaban con lo femenino. Por lo tanto serían las mujeres las que, en razón de su obvia condición femenina, sienten mayor desvalimiento e inferioridad apareciendo en ellas más acentuadas aquella protesta viril: son ellas quienes reclaman más atención y protección, son ellas quienes desean más ser amadas que amar, son ellas quienes más fuertemente experimentan la envidia derivada de su inferior posición, etc.
Sin embargo, la cuestión no queda en una simple protesta. El ser humano buscará compensar su sentimiento de inferioridad desarrollando un sentimiento de superioridad de naturaleza egoísta e individual, y que inevitablemente entrará en conflicto con otro sentimiento muy humano, el sentimiento de comunidad, altruista y solidario, y que también ya tendría el hombre por naturaleza. Según Adler, de cómo el ser humano resuelve el conflicto entre el egoísmo individual y la convivencia social dependerá su salud mental o su patología. Individuo sano es aquel que supo conciliar ambas tendencias mediante una compensación exitosa. Su actividad sexual, social, laboral o familiar satisface al mismo tiempo su sentimiento de superioridad, pero también le permiten integrarse adecuadamente a su entorno comunitario.
Las soluciones patológicas aparecen cuando la compensación es excesiva, o cuando es fallida. Una compensación excesiva transforma al hombre en un ser engreído, tirano y totalitario, ya que hizo prevalecer su sentimiento de superioridad a costa del sojuzgamiento de sus semejantes. A una persona así le resultaría por ejemplo difícil formar pareja, pues su objetivo de sentirse superior estará por encima de cualquier consideración.
Una compensación fallida origina las neurosis y las psicosis. Habiendo el sujeto fracasado en sus intentos por alcanzar la superioridad, aparecen los síntomas neuróticos y psicóticos como un intento por compensar dicho fracaso, intentos que no son otra cosa que excusas o "arreglitos", como los llamaba Adler, que pretenden justificar porqué uno no alcanzó la ansiada superioridad. Así por ejemplo el insomnio o el dolor de cabeza serían para el enfermo los culpables de sus fracasos, los responsables de no poder cumplir con sus obligaciones comunitarias tales como trabajar, etc. Otras excelentes excusas son la duda obsesiva ("creo que nunca podré hacerlo bien") y el desaliento ("es demasiado tarde para lograrlo"), que terminan por paralizar y estancar cada vez más al paciente.
La teoría adleriana viene a ilustrarnos, en suma, la notable persistencia e intensidad que tiene en el hombre el ansia de poder -derivada de su original sentimiento de inferioridad-, ansia que podrá canalizarse integrándola a los sentimientos comunitarios, que podrá pasar por encima de ellos al mejor estilo nietzscheano, o bien que será abandonada por fracasos desalentadores que se buscan justificar mediante los "arreglitos" indicados.
Así como tendemos a creer que el verdadero amor es el amor eterno, así también pensamos que el auténtico poder es el poder para siempre. De aquí que tras el anhelo de poder se esconde siempre el ansia de la inmortalidad. Ser poderoso es ante todo perpetuarse, lo cual convierte a la muerte en la herida más desgarradora de la humana omnipotencia, y al afán de perdurabilidad en la más profunda necesidad del hombre. El proyecto Genoma de la actual ingeniería genética apunta, en el fondo, a la satisfacción de ese deseo, y no parará hasta encontrar y controlar el famoso gen de la inmortalidad, la última versión del antiguo elixir de la juventud.
Pablo Cazau. 2007.
Referencias bibliográficas
Adler A (1967) Práctica y teoría de la psicología del individuo. Buenos Aires: Paidós, 4ª edición.