lunes 28 de diciembre de 2009

Las expensas y los porteros



Las expensas es lo que debe pagar cada propietario en concepto de gastos comunes del edificio. En Argentina el problema de su elevado costo existe desde hace rato, pero se ha agudizado mucho en los últimos tiempos, no sólo porque hay mucha gente que vive en edificios, sino porque también son numerosos los remates de departamentos por no pagar expensas, con lo cual familias enteras quedan en la calle si no tienen la suerte de tener parientes que los cobijen en sus casas.

De las diversas soluciones que se han propuesto para los edificios donde viven familias, hay una que parece bastante razonable y que viene implementándose en otros países, incluyendo varios del llamado Primer Mundo, y consiste en reemplazar al Encargado o Portero por una compañía de mantenimiento de edificios, es decir, tercerizar el servicio.

Tres razones importantes justifican esta solución:

1) El sueldo del encargado es tal vez el gasto mayor. En el caso de mi edificio, representa casi la mitad de las expensas totales.

2) Con el alquiler de la vivienda del encargado se incorporaría un ingreso importante que reduciría aún más las expensas.

3) El encargado no quedaría necesariamente desamparado, al menos en lo laboral, porque podría ser absorbido por las empresas de mantenimiento aprovechando la valiosa experiencia que han adquirido trabajando como tales.

Sin embargo, la cuestión no es tan sencilla. Sin hablar de alguna posible falta de voluntad política para reglamentar esta cuestión, existe en el país toda una cultura del portero. Para muchos Pepe es el que puede solucionar rápidamente cualquier problema de plomería, electricidad o incluso albañilería, y hasta cobrar más barato que los servicios externos. Otros se sienten tranquilos porque saben que Pepe está siempre controlando y vigilando todo, cuando en realidad no está obligado a funcionar como personal de seguridad las 24 horas. Otros simplemente se han encariñado con él y hasta les sirve como elemento de contención al contarle sus problemas. Otros consideran a Pepe un centro de información privilegiado: es una especie de Gran Hermano del edificio que lo sabe todo de sus habitantes, y que además no dice nada salvo que uno le pregunte, y hasta por ahí nomás. Y no es un chismoso, porque puede ser aleccionado para que no hable. Ya es proverbial la mirada cómplice del portero que nunca vio cómo aquel hombre metía a su amante en el bulo, o retiraba una bolsa de residuos llena de profilácticos.

Claro que están también quienes odian al portero o, por lo menos, consideran que su presencia es prescindible, pero nadie puede negar la función social que cumple en el edificio.

Las soluciones al problema de las expensas parecen no estar instaladas en el debate público, en parte porque algunos pueden pagar sin mucho esfuerzo, y en parte porque, dada la función social antes mencionada, necesitan al portero como un elemento equilibrante del microsistema del consorcio.

Pablo Cazau. Agosto 2009.

Acerca del relato policial

El relato policial, más allá de entretener o precisamente por eso, es un género que pone a prueba nuestra perspicacia, nuestra intuición y sobre todo nuestra inteligencia lógica. Autor y lector quedan trenzados en un juego del gato y el ratón, donde, objetivamente, el primero propone un enigma y el segundo debe resolverlo, pero donde subjetivamente se libra una batalla donde el autor desafía al lector a encontrar una solución que casi nunca acierta.

Suele aceptarse que el primer relato policial con todos los ingredientes del género fue "Los crímenes de la Rue Morgue", escrito por Edgar A. Poe en 1841, revelándonos así una visión del hecho policial como un enigma a resolver.

Efectivamente, explica Messac (1929) que la novela policial es un relato consagrado, ante todo, al descubrimiento metódico y gradual... de un acontecimiento misterioso.

Por su lado P. D. James, la novelista apodada la reina del crimen, sostiene que hay convenciones que es ineludible respetar: debe haber un asesinato, un círculo de sospechosos, un detective, una serie de investigaciones y una solución inesperada, pero lógica para el lector. Este, sin embargo, debe creer que él también habría llegado a la misma solución de considerar con cuidado todos los datos disponibles. Respetadas estas condiciones, se pueden decir cosas muy importantes dentro de ese esquema.
En algún sentido, hay una cierta semejanza con el otro género 'de bolsillo' que es la ciencia-ficción: mientras éste explora hasta donde puede llegar una idea científica, la historia policial muestra hasta donde puede llegar el discurso lógico.

Existe también una analogía del género con la investigación científica, en cuanto en ambos casos se trata de inventar una hipótesis (la vitamina E retarda el envejecimiento por su poder antioxidante, o Juan asesinó a Pedro para heredar), y buscar pruebas lo suficientemente concluyentes o persuasivas como para que la hipótesis sea aceptada por la comunidad científica... o por un jurado en un caso criminal. Copi (1974) muestra detalladamente estas semejanzas comparando la investigación científica con el procedimiento usado por Sherlock Holmes para desentrañar un crimen, en uno de los relatos que protagonizara. El mismo Conan Doyle remarca estas analogías cuando en "El signo de los cuatro" llega decir, por la boca de su personaje, que "el detectivismo es, o debería ser, una ciencia exacta, que es preciso tratar de la misma manera fría y antisentimental".

Un editor argentino identificaba tres etapas en la historia del género policial:

a) La novela de misterio, donde el acento recae sobre resolver un enigma policial (generalmente un crimen), tradición que arranca con Poe y se extiende luego a autores como A. Conan Doyle, quien a partir de 1891 comienza con sus relatos de Sherlock Holmes, y que totalizaron 4 novelas y 56 cuentos. Incluimos aquí, influenciados también por el espíritu racionalista de la época, a Agatha Christie "La duquesa de la muerte", a la neozelandesa Ngaio Marsh, laureada por Su Majestad británica como Dama del Imperio, y a muchos otros como Chesterton con su Padre Brown, etc.

b) La novela negra, donde coexisten la lógica policial con una fuerte dosis de acción y violencia. Los ejemplos típicos son los relatos de R. Chandler y D. Hammett.

c) Una tercera etapa es aquella donde la historia policial aparece mezclada con otros géneros como el terror o la ciencia-ficción, y donde el autor no se preocupa tanto por delimitar el tipo de literatura que hace.

Podemos entender esta introducción de elementos fantásticos en el género policial como una crítica al racionalismo positivista de la época victoriana, elementos fantásticos que aparecen incluso en autores de la primera etapa, y al respecto se nos ocurren ahora los ejemplos de A. Christie, Conan Doyle y John Dickson Carr. La duquesa de la Muerte es conocida mas que nada por sus personajes Hércules Poirot y Miss Marple, pero tiene otros no menos exóticos, entre los cuales está Mr. Harley Quinn, nombre basado en 'Arlequín' pues, como éste, suele aparecer y desaparecer misteriosamente, y aquí no hay lógica posible que pueda explicar estas cosas.

En otra de sus historias, Conan Doyle cita al pasar el caso de una persona que apareció muerta junto a una caja de fósforos donde había un insecto desconocido. Según el creador de Sherlock Holmes el misterio nunca pudo ser develado, lo que muestra que, después de todo, lo racional tiene también sus limitaciones. Por su parte Dickson Carr, en la novela "El que susurra" hace jugar una lucha entre lo racional y lo fantástico y donde, a pesar que todos los datos apuntan una solución sobrenatural, finalmente se impone el criterio racionalista. Expresa de alguna forma el triunfo de la ciencia sobre la charlatanería.

La estructura del típico relato policial incluye no menos de cinco elementos fundamentales: el quién (asesino, ladrón), el qué (crimen, hurto, estafa), el porqué (que apunta a los móviles o motivos: venganza, celos, codicia, locura), el cómo (que apunta a los medios: pistola, cuchillo, veneno), y el cuándo y dónde (es decir la oportunidad de tiempo y lugar: el asesino mata donde nadie lo vea, cuando la víctima está indefensa, etcétera). Lo primero que el detective conoce es el qué y el cómo, y luego de diversas investigaciones deberá encontrar el porqué, el dónde y el cuándo, para poder llegar al quién.

Este camino se puede recorrer a fuerza de corazonadas y/o de razonamientos lógicos, y puede adoptar distintas formas: está por ejemplo el esquema Petrocelli, donde se plantean dos hipótesis distintas y razonablemente verosímiles (la del fiscal y la del defensor) acerca de quién es el asesino y cómo llevó a cabo su delito, triunfando la que finalmente, a fuerza de persuasión, conquista el corazón del jurado. Está también el esquema Columbo, donde el lector corre en ventaja porque ya sabe quién es el asesino, y el interés se centra entonces en cómo el detective Columbo se las arregla para probar su corazonada acorralando poco a poco al autor del crimen mediante una agobiante e ininterrumpida acumulación de pruebas, muchas de ellas sólo circunstanciales.
Una buena manera de ver cómo está estructurado el relato policial es empezando por el final, es decir, sabiendo de antemano quién es el asesino y/o cómo el detective llegó a esa conclusión, y luego empezar la lectura desde el principio. Esto no le hace perder su interés al relato, como lo muestra el citado esquema de las historias de Columbo.

En ciertas narraciones de misterio aparecen algunos métodos consagrados por la física, la teoría de la probabilidad, el psicoanálisis y la filosofía, tanto si se trata del método para cometer el asesinato como del método para resolverlo y encontrar el asesino.

Por ejemplo, en "La bola de billar", Isaac Asimov nos muestra cómo sacar partido de la teoría de la relatividad para asesinar impunemente a alguien, y en otra novela publicada por el Séptimo Círculo, "Cálculo de probabilidades", otro autor de cuyo nombre no me acuerdo muestra cómo lograr el mismo propósito apelando a los recursos de la teoría matemática de las probabilidades.

Respecto de los métodos para encontrar al criminal, Agatha Christie recurre a su personaje Harley Quinn, cuya especialidad es resolver asesinatos cometidos... muchos años atrás, ya que "el tiempo no enajena los hechos, y lo único que hace es presentarlos bajo un nuevo aspecto". De alguna manera se busca esperar a que pase el torbellino de las emociones, que muchas veces hace que los testigos y otras personas involucradas tiendan a interpretar subjetivamente los hechos. El psicoanálisis opera del mismo modo: el analista investiga fenómenos ocurridos muchos años atrás, en la infancia del paciente, con el fin de esclarecer el misterio de su neurosis.

Pero Harley Quinn utiliza también una especie de método socrático, con el cual va guiando mediante preguntas oportunas a su atribulado compañero de andanzas Mr. Satterthwaite, hacia la solución final del enigma para que él obtenga 'por sí solo' la verdad. Incidentalmente, acotemos que no es una coincidencia la semejanza entre Harley Quinn y el "Arlequín" de la Comedia Dell Arte italiana. Como él, aparece y desaparece mágicamente ante la consternación de su amigo Mr. Satterwhite.

Pablo Cazau. Agosto 1996.

Bibliografía consultada

Messac R (1929) El detective novel y la influencia del pensamiento científico.

Nota: Esta nota es un fragmento de un artículo publicado en Agony Column, Anuario del Círculo Holmes 2002-2003, editado por la Asociación Amigos de Sherlock Holmes, Barcelona, España.

Pagar o morirse

En la década de los ’50 todavía existía la hoy especie extinguida “médico de familia”. Ante cualquier problema de mis padres, mis hermanos o mío acudía de inmediato el mismo médico que se sabía de memoria nuestras historias clínicas. Como mi padre tenía ciertos mangos, también podía darse el lujo de tener al peluquero de familia, que venía periódicamente y arrasaba con todo el pelo familiar.
Hoy en día tenemos muchos médicos diferentes provenientes de Obras Sociales, Negocios de Medicina Prepaga o, si no tenemos nada de eso, de los hospitales públicos. Ninguno se sabe nuestra historia clínica de memoria salvo que hayamos decidido elegir un médico particular de absoluta confianza.
Y en la Argentina todavía tenemos algo de suerte, si así se le puede llamar, porque de última podemos acudir a los hospitales públicos. En otros países ha desaparecido casi totalmente el espíritu del Estado benefactor, y si uno no tiene plata se muere.
En los EEUU no hay hospitales públicos donde el Estado de haga cargo gratuitamente de tratamientos para las dolencias de la población. Este mensaje no puede haber quedado más claramente expresado en la recordada serie “El hombre nuclear”, cuyo título original era “El hombre de los seis millones de dólares”. El Coronel Austin tuvo que ser sometido a una compleja operación para reconstituir su cuerpo y convertirlo en un organismo cibernético, pero ahora debe pagarle el favor al Estado realizando trabajos y hazañas por un valor equivalente a los seis millones de dólares.
Pablo Cazau. Marzo 2009.

lunes 21 de diciembre de 2009

Cómo cazar científicamente un león

Muchas veces el humor suele ser una puerta para hacer comprensibles muchos conceptos científicos complejos y abstractos. La Teoría Matemática de la Caza Mayor, de Henry Pétard (1970:28), es una humorada científica que, más allá de la no explicitada intención de su autor, se nos aparece como un desopilante recurso didáctico para explicar los más actuales métodos de investigación de la matemática, la física teórica y la física experimental, aplicados a la caza de un león que deambula somnoliento por el desierto de Sahara.
Es así que entre los métodos matemáticos encontramos los siguientes:
a) Método axiomático o de Hilbert: colocamos una jaula en el Sahara y dentro de ella encerramos dos axiomas: 1- la clase de los leones del Sahara es no-vacía, y 2- si hay un león en el Sahara, hay un león en la jaula. Mediante ciertas reglas de inferencia, de estos axiomas se puede concluir el siguiente teorema: 3- hay un león en la jaula, con lo cual lo habremos cazado.
b) Método de la geometría de inversión: suponemos que la jaula es esférica, nos introducimos en ella y cerramos la puerta. Procedemos a la inversión, con lo cual el león entra en la jaula y nosotros salimos de ella.
c) Método proyectivo: suponiendo que el desierto es un plano, proyectamos este plano en una recta, y luego esta recta en un punto. Necesariamente el león habrá de estar en ese punto, y lo mantenemos allí encerrado.
d) Método de Bolzano Weiestrass: dividimos el Sahara en dos y ponemos una barrera bien sólida. Suponemos que el león ha de estar en una de ambas mitades, la cual volvemos a dividir en otros dos sectores mediante una barrera, y así sucesivamente. El diámetro de estos nuevos recintos se achica cada vez más y el león queda finalmente aprisionado en un espacio cuyo diámetro es arbitrariamente pequeño.
Los métodos de la física teórica para la caza del león no son menos delirantes: a) Método de Schröedinger: en un momento dado existe una probabilidad positiva de que el león se halle en la jaula. Siéntese y espere. b) Método relativista: desparrámese por el desierto cebo formado por materia interestelar. Una vez distribuido proyectemos un rayo de luz, y este se curvará rodeando al león. Aprovechemos su desconcierto para cazarlo impunemente.
Y por último, los métodos de la física experimental: a) Método termodinámico: consiste en construir una membrana semipermeable, permeable a todo menos a los leones. No habrá más que barrer con ella todo el desierto. b) Método de desintegración: radiemos el desierto con neutrones. Cuando el león adquiera radiactividad y comience a desintegrarse, ya no será capaz de defenderse y podremos cazarlo. Y hay aún otro método similar, consistente en dar de comer espinaca a los herbívoros del Sahara (vegetal que, como sabemos, contiene mucho hierro), pero magnetizándola previamente. El león comerá los herbívoros y quedará magnetizado, con lo cual sólo bastará atraerlo hacia la jaula mediante un gigantesco imán.
Pablo Cazau. Abril 2006.
Referencias bibliográficas
Pétard H (1970) Teoría matemática de la caza mayor. Buenos Aires: Revista Ciencia Nueva, Año I, N° 4, Agosto 1970.

Las heridas narcisistas

El afán de poderío del hombre corre paralelo con la percepción de su propia finitud, en especial cuando el testimonio de la realidad se impone con inusual crudeza. Es así que en la historia aparecen, alternados con brotes de omnipotencia, accesos de humildad que producen no poco desconcierto. Freud decía que la humanidad había sufrido tres grandes heridas narcisistas. Primero, cuando Copérnico mostró que el hombre no es el centro del universo y que la tierra era otro planeta más dentro del montón. Segundo, cuando el darwinismo en sentido amplio sugirió que el hombre, lejos de ser una creación divina semejante a Dios, descendía en realidad de especies inferiores (léase el horrible mono). Y tercero, cuando el mismo psicoanálisis introdujo la descorazonadora idea de que el hombre es una especie de títere gobernado por primitivos impulsos inconcientes. Mientras Darwin nos mostraba al mono como nuestro abuelo, Freud nos alertaba sobre nuestro mono interior. Otros pensadores como David Suzel, por ejemplo, hablan incluso de una cuarta herida narcisista, cuando la microfísica mostró al hombre cuán limitado era su conocimiento de la realidad, fundado como estaba en vínculos causales inmutables...pero ilusorios. Tal lo postulado por el indeterminismo de Heisenberg, y en parte anticipado casi dos siglos antes por el empirista Hume.
Todas estas heridas no fueron las primeras ni serán las últimas. Tampoco son todas, ya que también podríamos citar la que inflingió el existencialismo sartreano de posguerra al mostrarnos con franqueza y descaro la finitud humana y su consecuente angustia frente a la muerte. "Estamos entre dos nadas", elucubraban los existencialistas, aludiendo al obvio hecho que antes de nacer no éramos nada y que después de la muerte no seremos, tampoco, nada.
Pero sin embargo, estos ataques al narcisismo humano son como heridas que dejan una huella pero no alcanzan a matar. Y como toda herida, termina cicatrizando con el tiempo porque el mismo hombre montará sus defensas contra el fantasma de la muerte. Del mismo modo que cuando no podemos eliminar a un rival buscamos ignorarlo o ridiculizarlo, también el hombre al comprender que no puede vencer la muerte optará, entre otras cosas, por aliarse con ella como el sepulturero, por negarla maníacamente, o bien burlarse de ella, lo cual no equivale precisamente a matar la muerte pero sí a dejarla bastante malherida.
Pablo Cazau. 2007.
Referencias bibliográficas
Suzel D, La cuarta herida narcisista. Buenos Aires, Hormé.

lunes 14 de diciembre de 2009

¡Volvé Cincinato!

Cincinato, para quien no lo conoce, era un campesino romano que vivió allá por el siglo V AC que se dedicaba a trabajar todo el día con el arado, hasta que un buen día lo llamaron del Senado para que laburara un tiempo de dictador con poderes absolutos, y salvar a Roma de una invasión extranjera.

El hombre se puso las pilas para servir a la patria y en poco más de dos semanas venció a los invasores. Uno podría pensar que se quedó en el poder movido por la clásica ambición personal de los gobernantes, pero no. Terminó su trabajo de dictador, rechazó todos los honores, y volvió con el arado salvo cuando mucho más tarde, a los ochenta años, fue nuevamente convocado para resolver otros problemas urgentes que afligían al imperio.

Por entonces, fue considerado un modelo de integridad, honradez, estrategia militar y capacidad legislativa. Siglos más tarde George Washington hizo otro tanto, y tras vencer a los ingleses se volvió a su casita por donde vino. Fue considerado por entonces como un nuevo Cincinato, y su ejemplo dio lugar al nombre de la ciudad norteamericana Cincinnati.

Salvando las distancias, algo parecido ocurrió en la Argentina de comienzos del siglo XIX con el General San Martín, y en 2001, cuando un señor Duhalde capeó un temporal gravísimo y, habiendo considerado concluida su misión, no se perpetuó en el poder y se retiró a la paz de su hogar.

Y es que cuando aparece un trabajo muy pesado que hay que resolver rápidamente, se requiere algún Cincinato que haga la tarea y luego se retire a cuarteles de invierno. Otra opción fue la de EEUU en las últimas elecciones cuando había que sacar al país de una grave emergencia, y ya se sabe que ellos acostumbran a darle los trabajos más pesados a los negros.

Nuestro país vive en emergencia desde hace décadas, pero ahora la situación resulta especialmente crítica. ¿No podrían los Kirchner nombrar a algún Cincinato que nos saque del problema? Difícil: ellos sólo quieren perpetuarse en el poder. Si antes era un solo K y luego fueron KK, como no hay dos sin tres pronto se convertirán en algo parecido al Ku Klux Klan (KKK).

Pablo Cazau. Julio 2009.

El vacío y la falta



Por la Edad Media no escaseaban los filósofos que le tenían terror al vacío (horror vacui), aunque nada que ver con la película “Vértigo” de Hitchcock.

Un pionero en esta suerte de fobia erudita fue el gran Aristóteles, quien consideraba que entre los objetos del mundo siempre había algo: no podía haber nada porque la nada no existía. Siglos más tarde descubrieron que había aire: el vacío seguía siendo horrible.

¿Y entre los planetas y las estrellas, que había? Descartes fue otro de los que sostuvo que todo estaba lleno (plenum), y que no había vacío, hasta que en el siglo XIX y a falta de un nombre mejor le pusieron “éter”, aunque hoy en día el nombre de moda es “materia oscura”.

El carnicero de mi barrio piensa igual que Aristóteles y Descartes, porque cada vez que voy me dice que no hay vacío. Incluso esos filósofos en los asados creían que un pedazo de vacío era una alucinación, así como una botella de vino vacía algo muy difícil de soportar.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver el vacío con la falta? Bastante. Con el asunto del vacío tuvimos que recorrer asuntos filosóficos y astronómicos, pero con la falta debemos adentrarnos en lo que pasa dentro de nuestras mentes, o sea, en cuestiones psicológicas.

Aquello que nos falta lo vivimos como un vacío: el vacío que deja un ser querido fallecido, o el cónyuge que se escapó con otro u otra. Lo que sentimos que nos falta es indudablemente algo valioso para nosotros, y a veces valiosísimo. En algunas culturas esta falta se representaba simbólicamente poniendo en la mesa del comedor una silla vacía, mientras que las mujeres de los indios Pies Negros mostraban su luto cuando fallecía el marido o el hijo varón cortándose una o más falanges de los dedos, según se cuenta en El Libro de lo increíble de la editorial GF.

En otras ocasiones cuando no faltaba nada era todo algarabía. Durante la guerra de secesión, al regresar las tropas sin tener ninguna baja, ponían en una gran pizarra "0 Killed" (cero muertos). De ahí proviene la expresión "OK" para decir que todo está bien: no falta nada.

Supongamos que un mazo de 40 cartas vale $40. Según la fría aritmética cada naipe valdría un peso, pero, ¿usted compraría en 39$ un mazo al que le falta un naipe? Nunca, porque el mazo que falta es valiosísimo.

Supongamos que un señor llega a un hotel y se queja al conserje porque a la habitación le falta un huevo frito. Indudablemente para este excéntrico caballero su idea de una habitación completa incluye un huevo frito, resultando tan valioso para él como el naipe número 40 para nosotros.

Supongamos, por último, que si nos preguntan si al árbol de la esquina le falta algo, probablemente digamos que no le falta nada. Seguramente le faltarán hojas que se cayeron, pero como tales hojas no tienen para nosotros ningún valor, decimos que el árbol está entero.

Sin embargo, lo más curioso de todo aún no ha llegado.

Cuando decimos que falta algo, lo que falta está simplemente en nuestra imaginación: el mazo de 39 cartas está entero en la realidad: es en nuestra imaginación donde está incompleto. Asimismo, la habitación está también íntegra en la realidad, pero en la imaginación del caballero está incompleta. Esta es la gran distinción entre lo real y lo imaginario en la que algunas veces insistieron psicoanalistas como Lacan, por tirar un nombre.

No faltará tampoco seguramente aquel que al ver un carrito de supermercado vacío diga que le falta la mercadería, cuando en realidad el carrito es lo que es: está entero, y tan entero como un pedazo de cristal roto o una taza suelta, sin el plato.

Y cuando el dentista nos dice “A usted le falta un diente”, puede significar que no tenemos un diente, cosa que ya sabíamos, o que deberíamos tenerlo, cosa que tendremos que pagar. Pero en la realidad… bueno en la realidad tenemos todos los dientes que tenemos, no falta nada.

Pablo Cazau. Octubre 2009.

El monólogo cómico

El monólogo cómico, entendido como base de la llamada “stand up comedy”, es un espectáculo unipersonal que en los últimos tiempos aumentó su popularidad en Buenos Aires, aunque ya existía desde hace décadas en diversos otros países americanos y europeos, y últimamente pudo apreciarse vía TV Cable por ejemplo en la Comedia Latina, en EEUU, donde algunos comediantes de color desplegaron sus monólogos humorísticos.

El esquema de la stand up comedy es básicamente un escenario desnudo donde un maestro de ceremonias cuenta algunos chistes y va presentando a los diferentes comediantes, generalmente tres. Ellos desarrollan un monólogo donde hablan sobre sí mismos y las cosas que, según un guión sólido, les suceden en la vida cotidiana, utilizando consignas como “Me molesta”, “No entiendo”, “Me pregunto” y “Odio”.

Por ejemplo, un comediante podría comenzar diciendo algo como “Odio que mi mujer me diga ‘tenemos que hablar’, porque eso significa problemas gravísimos…”.

Aunque no cabe adscribirlos al esquema stand up, algunos monologuistas cómicos talentosos que han pasado por la televisión argentina fueron Tato Bores y Juan Verdaguer, aun cuando a veces simulaban estar hablando por teléfono con alguien.

Hacer reír no es algo fácil: requiere ingenio narrativo, un público predispuesto y capacidad de síntesis para representar en dos palabras cualquier situación. El comediante recurre también a su cuerpo, a su mímica y a las diversas entonaciones de voz que realzan el guión original, generalmente provisto por un autor. Puede improvisar, pero dentro de ciertos límites.

Gustavo Di Sarro, que realiza espectáculos unipersonales en Europa, ha utilizado algunas de mis historias y guiones. Algunas de ellas eran cómicas y otras no tanto, ya que su trabajo principal es el de “cuentacuentos”, una modalidad parecida a la del comediante stand up.

Para mayor información sobre estos temas, puede consultarse: Daniel Riera, “El boom del stand up”, en Selecciones Reader’s Digest. Junio 2009.

Pablo Cazau. Agosto 2009.

lunes 7 de diciembre de 2009

Cómo leer un artículo científico

Los informes de investigaciones científicas encierran siempre verdades ocultas. He aquí una guía práctica para traducir expresiones frecuentes:
Es bien sabido... significa… No he buscado la referencia original.
De gran importancia teórica y práctica... significa… Interesante para mí.
Aunque no ha sido posible suministrar respuestas definitivas a estas preguntas... significa… Un experimento fallido, pero espero todavía que sea publicado.
Se escogieron tres de las muestras para un estudio detallado... significa… Los resultados de las otras no tenían sentido.
Estos resultados se mostrarán en un informe posterior... significa… Podría tratar de sortear esto si me fuerzan.
Los resultados más fiables los ha obtenido Jones... significa… El fue mi asistente graduado.
Se cree que... significa… Creo.
Es generalmente aceptado que... significa… Un par de personas lo creen también.
Está claro que hace falta mucho trabajo adicional antes de que se entienda completamente el fenómeno... significa… No lo entiendo.
Es correcto dentro de un orden de magnitud... significa… Es incorrecto.
Se espera que este estudio estimule una investigación posterior en este campo... significa… Este trabajo es desastroso, pero también lo son el resto de los trabajos sobre este lamentable tema.
Se agradece a Joe Blotz su ayuda con el experimento y a George Frink sus valiosos debates... significa… Bork hizo el trabajo y Frink me explicó lo que significaba.
Un análisis detallado de los únicos datos que fue posible conseguir... significa… Se borraron tres páginas de notas cuando tiré sobre ellas un vaso de cerveza (condensado de Graham, 1957).
Y en tren de mensajes ocultos, finalmente, he aquí algunas recomendaciones para redactar un trabajo científico:
1) Si no tiene ganas de hablar de algo, debe escribir “No nos es posible extendernos sobre este tópico…”.
2) Si no piensa molestarse en buscar más bibliografía, debe escribir “El planteo que sigue no pretende ser exhaustivo…”.
3) Si se ha comprado un harem en África, puede escribir en alguna cita bibliográfica “Las negritas son mías”.
Pablo Cazau. Abril 2007.
Referencias bibliográficas
Graham C, Metal Progress. Volume 71, Number 5 May, 1957.

Tu árbol genealógico online

En los siguientes sitios puedes armar tu árbol genealógico online con mucha facilidad, e incluso compartirlos con tus familiares.


Genoom Crea tu árbol genealógico.

Miparentela Crea tu árbol genealógico.

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Pablo Cazau. Marzo 2009.

La moral de los inmorales

Está claro que cada cultura tiene sus propias normas de comportamiento, y muchas de ellas pueden parecernos extravagantes o incomprensibles si las juzgamos desde nuestra óptica. Así por ejemplo (1), en Daytona Beach, Florida (EEUU) está prohibido quedarse dormido en público entre las 11 de la noche y las 6 de la mañana, y en la España de Felipe II estaba prohibido jugar a los naipes, aunque el mismo rey lo hacía a menudo. Asimismo, en las islas Molucas (Indonesia) se mata por detrás, porque si el agresor ve la cara de la víctima se considera asesinato.
Una cultura puede tener un código ético extravagante, pero cierta creencia popular sostiene directamente que “los delincuentes no tienen moral”, lo cual es un craso error. En una cárcel latinoamericana las presas le dieron una golpiza a otra porque se enteraron que había matado a sus hijos pequeños. De la misma manera, en general el violador de niños y mujeres será castigado por los demás presos, salvo cuando un preso viola a otro.
La mafia tiene también su código de ética. Está permitido y hasta es obligatorio asesinar, pero sin embargo está muy mal visto que un capo mafioso engañe a su mujer. Años atrás en EEUU, la policía no pudo procesar a cierto jefe por sus crímenes, pero sí por haber cometido adulterio con la sirvienta. El mafioso nunca se lamentó por sus asesinatos, pero sí por este episodio amoroso que lo convertía en un delincuente hasta para sus mismos compañeros.
Cuando se enteró que iría a la cárcel sostuvo que eso era muy bueno, porque la cárcel es la mejor escuela para un mafioso. Lo que llama la atención es por qué no decidió ir a la cárcel en los inicios de su carrera.
Pablo Cazau. Abril 2009.
(1) Revista Descubrir y El Libro de lo increíble. Editorial García Ferré.