
El relato policial, más allá de entretener o precisamente por eso, es un género que pone a prueba nuestra perspicacia, nuestra intuición y sobre todo nuestra inteligencia lógica. Autor y lector quedan trenzados en un juego del gato y el ratón, donde, objetivamente, el primero propone un enigma y el segundo debe resolverlo, pero donde subjetivamente se libra una batalla donde el autor desafía al lector a encontrar una solución que casi nunca acierta.
Suele aceptarse que el primer relato policial con todos los ingredientes del género fue "Los crímenes de la Rue Morgue", escrito por Edgar A. Poe en 1841, revelándonos así una visión del hecho policial como un enigma a resolver.
Efectivamente, explica Messac (1929) que la novela policial es un relato consagrado, ante todo, al descubrimiento metódico y gradual... de un acontecimiento misterioso.
Por su lado P. D. James, la novelista apodada la reina del crimen, sostiene que hay convenciones que es ineludible respetar: debe haber un asesinato, un círculo de sospechosos, un detective, una serie de investigaciones y una solución inesperada, pero lógica para el lector. Este, sin embargo, debe creer que él también habría llegado a la misma solución de considerar con cuidado todos los datos disponibles. Respetadas estas condiciones, se pueden decir cosas muy importantes dentro de ese esquema.
En algún sentido, hay una cierta semejanza con el otro género 'de bolsillo' que es la ciencia-ficción: mientras éste explora hasta donde puede llegar una idea científica, la historia policial muestra hasta donde puede llegar el discurso lógico.
Existe también una analogía del género con la investigación científica, en cuanto en ambos casos se trata de inventar una hipótesis (la vitamina E retarda el envejecimiento por su poder antioxidante, o Juan asesinó a Pedro para heredar), y buscar pruebas lo suficientemente concluyentes o persuasivas como para que la hipótesis sea aceptada por la comunidad científica... o por un jurado en un caso criminal. Copi (1974) muestra detalladamente estas semejanzas comparando la investigación científica con el procedimiento usado por Sherlock Holmes para desentrañar un crimen, en uno de los relatos que protagonizara. El mismo Conan Doyle remarca estas analogías cuando en "El signo de los cuatro" llega decir, por la boca de su personaje, que "el detectivismo es, o debería ser, una ciencia exacta, que es preciso tratar de la misma manera fría y antisentimental".
Un editor argentino identificaba tres etapas en la historia del género policial:
a) La novela de misterio, donde el acento recae sobre resolver un enigma policial (generalmente un crimen), tradición que arranca con Poe y se extiende luego a autores como A. Conan Doyle, quien a partir de 1891 comienza con sus relatos de Sherlock Holmes, y que totalizaron 4 novelas y 56 cuentos. Incluimos aquí, influenciados también por el espíritu racionalista de la época, a Agatha Christie "La duquesa de la muerte", a la neozelandesa Ngaio Marsh, laureada por Su Majestad británica como Dama del Imperio, y a muchos otros como Chesterton con su Padre Brown, etc.
b) La novela negra, donde coexisten la lógica policial con una fuerte dosis de acción y violencia. Los ejemplos típicos son los relatos de R. Chandler y D. Hammett.
c) Una tercera etapa es aquella donde la historia policial aparece mezclada con otros géneros como el terror o la ciencia-ficción, y donde el autor no se preocupa tanto por delimitar el tipo de literatura que hace.
Podemos entender esta introducción de elementos fantásticos en el género policial como una crítica al racionalismo positivista de la época victoriana, elementos fantásticos que aparecen incluso en autores de la primera etapa, y al respecto se nos ocurren ahora los ejemplos de A. Christie, Conan Doyle y John Dickson Carr. La duquesa de la Muerte es conocida mas que nada por sus personajes Hércules Poirot y Miss Marple, pero tiene otros no menos exóticos, entre los cuales está Mr. Harley Quinn, nombre basado en 'Arlequín' pues, como éste, suele aparecer y desaparecer misteriosamente, y aquí no hay lógica posible que pueda explicar estas cosas.
En otra de sus historias, Conan Doyle cita al pasar el caso de una persona que apareció muerta junto a una caja de fósforos donde había un insecto desconocido. Según el creador de Sherlock Holmes el misterio nunca pudo ser develado, lo que muestra que, después de todo, lo racional tiene también sus limitaciones. Por su parte Dickson Carr, en la novela "El que susurra" hace jugar una lucha entre lo racional y lo fantástico y donde, a pesar que todos los datos apuntan una solución sobrenatural, finalmente se impone el criterio racionalista. Expresa de alguna forma el triunfo de la ciencia sobre la charlatanería.
La estructura del típico relato policial incluye no menos de cinco elementos fundamentales: el quién (asesino, ladrón), el qué (crimen, hurto, estafa), el porqué (que apunta a los móviles o motivos: venganza, celos, codicia, locura), el cómo (que apunta a los medios: pistola, cuchillo, veneno), y el cuándo y dónde (es decir la oportunidad de tiempo y lugar: el asesino mata donde nadie lo vea, cuando la víctima está indefensa, etcétera). Lo primero que el detective conoce es el qué y el cómo, y luego de diversas investigaciones deberá encontrar el porqué, el dónde y el cuándo, para poder llegar al quién.
Este camino se puede recorrer a fuerza de corazonadas y/o de razonamientos lógicos, y puede adoptar distintas formas: está por ejemplo el esquema Petrocelli, donde se plantean dos hipótesis distintas y razonablemente verosímiles (la del fiscal y la del defensor) acerca de quién es el asesino y cómo llevó a cabo su delito, triunfando la que finalmente, a fuerza de persuasión, conquista el corazón del jurado. Está también el esquema Columbo, donde el lector corre en ventaja porque ya sabe quién es el asesino, y el interés se centra entonces en cómo el detective Columbo se las arregla para probar su corazonada acorralando poco a poco al autor del crimen mediante una agobiante e ininterrumpida acumulación de pruebas, muchas de ellas sólo circunstanciales.
Una buena manera de ver cómo está estructurado el relato policial es empezando por el final, es decir, sabiendo de antemano quién es el asesino y/o cómo el detective llegó a esa conclusión, y luego empezar la lectura desde el principio. Esto no le hace perder su interés al relato, como lo muestra el citado esquema de las historias de Columbo.
En ciertas narraciones de misterio aparecen algunos métodos consagrados por la física, la teoría de la probabilidad, el psicoanálisis y la filosofía, tanto si se trata del método para cometer el asesinato como del método para resolverlo y encontrar el asesino.
Por ejemplo, en "La bola de billar", Isaac Asimov nos muestra cómo sacar partido de la teoría de la relatividad para asesinar impunemente a alguien, y en otra novela publicada por el Séptimo Círculo, "Cálculo de probabilidades", otro autor de cuyo nombre no me acuerdo muestra cómo lograr el mismo propósito apelando a los recursos de la teoría matemática de las probabilidades.
Respecto de los métodos para encontrar al criminal, Agatha Christie recurre a su personaje Harley Quinn, cuya especialidad es resolver asesinatos cometidos... muchos años atrás, ya que "el tiempo no enajena los hechos, y lo único que hace es presentarlos bajo un nuevo aspecto". De alguna manera se busca esperar a que pase el torbellino de las emociones, que muchas veces hace que los testigos y otras personas involucradas tiendan a interpretar subjetivamente los hechos. El psicoanálisis opera del mismo modo: el analista investiga fenómenos ocurridos muchos años atrás, en la infancia del paciente, con el fin de esclarecer el misterio de su neurosis.
Pero Harley Quinn utiliza también una especie de método socrático, con el cual va guiando mediante preguntas oportunas a su atribulado compañero de andanzas Mr. Satterthwaite, hacia la solución final del enigma para que él obtenga 'por sí solo' la verdad. Incidentalmente, acotemos que no es una coincidencia la semejanza entre Harley Quinn y el "Arlequín" de la Comedia Dell Arte italiana. Como él, aparece y desaparece mágicamente ante la consternación de su amigo Mr. Satterwhite.
Pablo Cazau. Agosto 1996.
Bibliografía consultada
Messac R (1929) El detective novel y la influencia del pensamiento científico.
Nota: Esta nota es un fragmento de un artículo publicado en Agony Column, Anuario del Círculo Holmes 2002-2003, editado por la Asociación Amigos de Sherlock Holmes, Barcelona, España.