lunes 30 de noviembre de 2009

Diálogo con un óvulo fertilizado

- Hola.

- Hola. ¿Quién sos?

- Un amigo.

- No te reconozco. Hasta ahora sólo había escuchado una voz que me dice todos los días “¡Bebito mío!”

- Ella es tu madre. Yo soy otro.

- ¿Qué quieres de mí?

- Quiero hacerte una sola pregunta: ¿Quieres vivir o no?

- ¿Qué significa vivir?

- Vivir quiere decir que saldrás de tu encierro, que podrás hacer lo que quieras, comer dulce de leche, caminar descalzo por la arena, sufrir dolor de duelas, salir a bailar, fabricar otros óvulos como vos, escuchar el sonido de los grillos, disfrutar de historias hermosas, hablar más largamente con la voz que te dice “¡Bebito mío!”, la persona que te protegerá y en tus primeros años y te amará por siempre. También te robarán y herirán, pero podrás tener amigos, un perro, un gato, tocar la guitarra y vestirte de negro y rosa.

- ¿Eso es vivir?

- Eso y mucho más. La vida es un montón de oportunidades y peligros.

- ¿Y si elijo no vivir?

- No existirás. No sentirás placer ni tampoco dolor.

- Entonces… elijo vivir.

El jefe de cirujanos, que estaba examinando el vientre de la mujer violada, se levantó lentamente y comunicó a las autoridades del hospital que no era posible el aborto porque inevitablemente también moriría la madre, recomendando entonces dejar que ella tuviera a su bebé.

Pablo Cazau. Noviembre 2009.

Premios Nobel a la Ignominia

Una de las secciones del “Journal of Irreproducible results” (Kohn, 1972) otorga periódicamente el premio Innoble a la investigación más irreproducible de todas, con diploma incluido, premio que recibieron entre otras, las investigaciones sobre el flogisto y los rayos mitogenéticos. Otra sección se ocupó de transcribir textualmente ciertas frases de auténticos científicos, tales como "la felicidad del hombre de ciencia es tener un experimento que resulte bien y que se repita continuamente", de Herschey, o "una observación oportuna hubiera sumergido a Einstein en la confusión", de Duggan.
Los Premios Nobel a la Ignominia representan una versión más actual (Anónimo, 1992), y son entregados por auténticos ganadores de algún Premio Nobel, sólo que en la ceremonia aparecen con grandes narices postizas, sombreros ridículos y falsos anteojos. En 1991 se entregaron varios de estos premios, siendo el más desopilante el de Física, entregado a Thomas Kyle, un científico serio que publicó un artículo hablando de una nueva clase de átomo, el 'administratum', cuyo núcleo tiene muchos neutrones pero sólo uno de ellos trabaja en serio. Los demás son 8 asesores, 35 vice-neutrones y 256 asesores de vice-neutrones. Kyle, que también presuntamente descubrió unas partículas elementales llamadas 'ñoquis', fue el único que rechazó el premio a la Ignominia de ese año.
Asimismo, entre los Premios Antinobel entregados en Harvard (Boston, EEUU) para homenajear los más insólitos trabajos científicos, en 2004, se cuenta el Antinobel de la Paz por la invención del Karaoke, el Antinobel de Medicina por un estudio sobre el efecto de la música country sobre el suicidio, y el Antinobel de Física por un trabajo titulado “Modos de coordinación en dinámica multisegmental del hula hula”. También recibió el Antinobel en Salud Pública una mujer, por haber demostrado que si una galletita se cae pero alguien la levanta antes de cinco segundos, se puede comer sin problemas, y un Antinobel en Biología a un grupo de científicos que mostraron que los arenques se comunican entre ellos mediante flatulencias (Anónimo, 2005).
Sin embargo, a no desesperar. Hay muchas esforzadas personas que trabajan de sol a sol, pero ello tampoco garantiza nada. Como lo demuestra el Teorema del Salario, la remuneración que se recibe no es directamente proporcional a los conocimientos y la idoneidad del trabajador.
El "Teorema del Salario" de Dilbert establece que: "Los ingenieros y científicos nunca pueden ganar tanto como los ejecutivos y los comerciantes". Este teorema se puede demostrar matemáticamente a partir de dos postulados y un axioma:
Postulado 1: "conocimiento = poder" (el conocimiento es poder)
Postulado 2: "tiempo = dinero" (el tiempo es dinero)
Axioma: “Potencia (poder) = trabajo / tiempo”
Demostración del teorema:
como conocimiento = poder
entonces tenemos que:
conocimiento = trabajo / tiempo
y como tiempo = dinero
entonces tenemos que:
conocimiento = trabajo / dinero
Si en esta ecuación despejamos la variable "dinero" obtenemos
dinero = trabajo / conocimiento
Así, si "conocimiento" se aproxima a cero, el dinero tiende al infinito, independientemente de la cantidad de trabajo hecho.
DEMOSTRADO: "Cuanto menos sepas, mas ganarás".
Si usted, no ha entendido la demostración de este teorema, ¡no se preocupe!, seguramente esta gozando de un jugoso sueldo.
Así como hay científicos de bajo nivel que logran obtener premios Antinobel, también están los científicos de alto nivel que logran los premios Nobel, pero ello es debido principalmente al llamado efecto Mateo, el cual consiste en que los investigadores científicos eminentes cosechan más aplausos que otros investigadores menos conocidos, por contribuciones equivalentes: aunque Einstein no es ninguna autoridad en telepatía, su opinión tiene igual o más peso que un experto en el tema. Asimismo, quienes han publicado anteriormente sus investigaciones, consiguen con mayor facilidad que revistas científicas de primer orden publiquen sus trabajos. Para algunos, este efecto no es sino el reconocimiento a una labor previa, mientras que para otros dificulta enormemente el quehacer científico pervirtiendo sus bases.
El nombre alude al Evangelio según San Mateo donde se habla de la distribución de los talentos por el amo basado en el principio según el cual "al que más tiene, más se le dará; y al que menos tenga, aún lo poco que tiene se le quitará" (Landart Ercilla, 2004).
Pablo Cazau. Abril 2006.
Referencias bibliográficas
Kohn A (1972) Los científicos que se burlan de la ciencia. Buenos Aires: Revista Ciencia Nueva, Año II, N° 13, Marzo 1972.
Landart Ercilla J (2004) El efecto Mateo. En http://100cia.com/divulgacion/el_efecto_mateo_459.html

La ventana

Apenas me levanto, todas las mañanas voy presuroso hacia mi ventana favorita. Y es que, a esa hora, vuelvo a contemplar al hombre del cual me he enamorado.

Lo veo distante, pero siempre me parece que está ahí nomás, y que casi puedo tocarlo. A veces desaparece de mi vista momentáneamente, y vuelve a reaparecer cuando los vapores de la niebla se disipan. Él ni me conoce y yo no me animo a hablarle, a hacerle sentir que existo y que mi corazón vibra todas las mañanas cuando veo su hermosa estampa.

Hace muchos años que me ocurre esto. Todos los días, todas las mañanas lo veo vestirse para ir a trabajar, mientras detrás su esposa le alcanza una camisa.

Con el tiempo puedo advertir sus cambios, y desde hace poco, también, sus incipientes canas y su atractivo porte de hombre maduro. Y a pesar de no cansarme de verlo, hoy quise también tocarlo. Es más, quise besarlo. Cuando tomé fuerzas y lo hice, me miró con placer y, mientras sentía la frialdad del espejo del baño en contacto con mis labios, me sentí inmensamente feliz.

Pablo Cazau. 1994.

lunes 23 de noviembre de 2009

Aprender a leer por tercera vez


Varias veces en la vida aprendés a leer. Aprendés a hacerlo por primera vez en la escuela con un importante esfuerzo que ya olvidaste, y además porque te obligan a ello.

Más tarde, sólo algunos deciden aprender a leer por segunda vez cuando devoran libros de aventuras, clásicos de la literatura o simplemente el diario. Aquí ya nadie los obliga porque lo hacen por interés, y tal vez porque vieron que otros, por ejemplo los padres, también encontraban placer en esas lecturas.

Sin embargo, casi nadie aprende a leer por tercera vez, porque no hay nadie que te obligue a hacerlo como en la primaria, y porque no encontrás placer como ocurre más adelante en la vida. Vos te preguntarás qué clase de lectura es esta, pero en realidad la conocés muy bien aunque no la practiques.

¿Alguna vez leíste el manual de instrucciones del nuevo calefón? Para qué, si vos ya sabés como anda un calefón: los manuales de instrucciones son para los ignorantes. ¿Alguna vez leíste las instrucciones para casos de emergencia en los colectivos y subtes? Para qué, si no vas a tener ningún accidente. ¿Alguna vez leíste la letra chica de los contratos? Para qué, si no trajiste lupa y además, tratándose de letra pequeña, no ha de ser muy importante. ¿Alguna vez leíste el papelito que viene con los remedios? Para qué, si el médico o la abuela ya saben para qué sirven. ¿Alguna vez leíste los cartelitos que aparecen en las cajas registradoras de los supermercados? Para qué, si vos sos cliente y te tienen que atender igual aunque no estés embarazado, y aunque no pidas que te lleven las cosas a domicilio. ¿Alguna vez leíste la etiqueta del envase de un nuevo producto? Para qué, si ya en la publicidad te dijeron de qué se trata o te lo recomendó el vecino.

En muchos los casos evitar estas lecturas pesadas no trae consecuencias fatales, pero algunas veces sí, y en estos casos suele ser tarde: ya te explotó el calefón en la cara, ya volcó el micro donde viajabas, ya te sacaron mil dólares por la letra chica del contrato, ya te moriste con el remedio que tomaste, ya hiciste una cola de media hora para que te digan que esa caja registradora no era para vos, y ya te enteraste que el Activia que venías tomando de hace rato no es un inofensivo yogur delicioso sino había que ingerirlo con moderación porque te puede arruinar el organismo.

Otras veces, paradójicamente, leer las instrucciones trae consecuencias nefastas. En el viejo puente Pueyrredón vos leés un cartelito en un desvío que dice “Acceso portuario”, le das bola y te decidís a hacer una visita turística al Puerto, pero resulta que desembocaste en la Isla Maciel donde una banda de delincuentes te afanó hasta el apellido.

Pablo Cazau. Junio 2009.

Agendas personales


Una agenda es básicamente un sistema para administrar información sobre actividades a realizar. Hay agendas gubernamentales y agendas empresariales, pero nos referiremos aquí a algo más sencillo: las agendas que registran nuestras actividades cotidianas personales.

Cada actividad suele llamarse técnicamente evento, e incluye el QUÉ (ir al dentista), el CUÁNDO (el lunes a las 16), el DONDE (en la calle Malabia) y el CON QUIÉN (con el doctor Pendorcho), y de aquí que la agenda contiene también información adicional sobre nombres, direcciones y números telefónicos que, si bien no son eventos propiamente dichos, son útiles para definirlos.

Los eventos son siempre acciones: saludar, asistir, cobrar, pagar, pedir, etc. Muchos eventos no se registran: nadie escribe en una agenda cosas como “dormir”, “trabajar”, “respirar”, “llorar” o “hacer pis”. Se registran sólo los eventos que pueden ser olvidados (de los que deben ser olvidados no hay que preocuparse: se ocupa el inconciente).

Hay muchos sistemas de agendas personales, y cada cual elige, bien o mal, la que le resulta más cómoda, de manera que puede decirse que no hay dos agendas iguales.

1) La agenda mental no tiene soportes externos, y la utilizan ciertos privilegiados con una excepcional memoria para recordar lo que tienen que hacer, y cuando y donde hacerlo, además de saberse mentalmente cumpleaños, números telefónicos y mails. Según cuenta El Libro de lo Increíble, de la Editorial García Ferré, a los 97 años, David Roth se sabía de memoria los teléfonos de los 600 miembros de su Rotary Club.

2) La agenda escrita es más segura para la mayoría de las personas, sea que los eventos se registren en la clásica agenda de papel, o en un soporte electrónico como el “Calendario” que ofrecen Hotmail o Gmail, o la “Agenda” de Yahoo.

A partir de aquí se abre la gran diversidad de agendas personales que todos conocemos bien porque alguna vez espiamos distraídamente las agendas de los demás, y hemos exclamado cosas como “¡Qué mal que se organiza Fulano!” o “¡Qué buena forma de organizarse que tiene Mengano!”. Algunas son grandes como un tomo de enciclopedia, y otras del tamaño de un celular.

Algunas son tan prolijas que los eventos están subrayados con regla, y hasta conservan los eventos ya realizados aunque minuciosamente tachados, mientras que otras son todo lo contrario, y que podemos denominar “montaña de papelitos”. Tengo un amigo cuya agenda se reduce a un montón de pequeños papeles de diversos colores y tamaños, que en cierta ocasión alcanzaron los diez centímetros de altura. Claro que para encontrar algo tardaba una hora, pero para él resultaba demasiado trabajo “organizar” la información para encontrarla rápidamente, componente clave de toda agenda eficiente.

No hay una fórmula para la súper agenda, pero pueden aprovecharse algunas ideas para mejorar la propia.

a) Tener una agenda única que integre la agenda personal, la laboral o profesional, e incluso la agenda “negra”, esa que uno no quiere que la esposa espíe, pero en este caso deberá escribirla con algún código secreto. Y si sabe taquigrafía tanto mejor.

b) Incluir una hoja para anotaciones rápidas, que luego serán volcadas al resto de la agenda en el lugar respectivo.

c) Incluir una o dos hojas con la agenda anual, donde de un vistazo pueden verse todos los eventos programados para el año calendario. Muchos de ellos son repetitivos (como horarios de clases), y otros únicos (como salutaciones de cumpleaños).

d) Incluir una sección contable para registrar lo que se debe, lo que hay que cobrar, los ingresos mensuales, vencimientos de impuestos, etc.

e) Incluir al final una hoja con los eventos previstos para el próximo o los próximos años.

f) Desde luego también estará la clásica sección actividades diarias y la sección direcciones, teléfonos y mails. Estas y el resto de las secciones convendrá separarlas mediante cartulinas con solapas, para tener un rápido acceso a cada una.

g) Utilizar pequeños papeles autoadhesivos para eventos repetitivos, lo que evita volver a escribir siempre lo mismo.

h) Dedicar unos minutos diarios a organizar la agenda, preferiblemente al final del día, porque de otra manera le pasará lo mismo que a mi amigo el de la montaña de papelitos: perderá un tiempo precioso para encontrar lo que busca.

i) Periódicamente guardar en la computadora una copia de seguridad de nombres, direcciones y teléfonos, y agregarla impresa a la agenda. Ello hará menos traumático el evento “perdí la agenda”.

Pablo Cazau. Agosto 2009.

El homo eréctil



Imagínese el lector un pueblo primitivo donde a la mitad de los hombres se le paraba y a la otra mitad no se le paraba. Como los únicos que podían reproducirse eran los primeros, todos los hijos heredaron la característica “se le para”, y al cabo de una generación los impotentes quedaron extinguidos.

Sin embargo, aquí no nos referiremos al homo eréctil que se le para sino al homo eréctil que se para y camina en dos piernas, o sea al que tiene la propiedad de la bipedestación. Caminar sobre las dos piernas y tener las manos libres representa una ventaja evolutiva porque por ejemplo se puede acarrear comida más fácilmente. Los científicos sostienen que el ser humano es el único que hace esto.

¿A qué viene todo esto? A lo siguiente.

Desde la época de Darwin la gente empezó a creer que provenían de los chimpancés, y que poco a poco estos fueron mutando hasta convertirse en humanos. O sea, la evolución era considerada lineal: en algún punto de la línea debía haber un sujeto mitad chimpancé mitad hombre, es decir, el famoso eslabón perdido.

Descubrimientos recientes en Aramis parecen echar por tierra aquella presunción: la evolución no fue lineal sino ramificada. Como lo muestra el esquema, a partir de algún mono antiguo se abrieron dos ramas: una que evolucionó hasta el chimpancé, y otra que evolucionó hasta el hombre actual.

Esta teoría surgió cuando encontraron un extraño homínido en Aramis, que existió hace 4,4 millones de años, y que era muy parecido a un simple mono, pero… caminaba sobre dos extremidades. Esta nueva habilidad más algunas otras más hicieron que este ser evolucionara de otra manera hasta desembocar en el hombre actual. Por ejemplo y en tren de simples conjeturas, el hecho de tener ambas manos libres lo estimuló para crear herramientas, habilidad que fue transmitiéndose de generación en generación por los genes y por la enseñanza. Mientras tanto, el pobre chimpancé siguió hasta hoy caminando con sus cuatro extremidades.

Claro que el tema del eslabón perdido sigue vigente, porque ahora tratarán de encontrar al sujeto que es mitad hombre de Aramis y mitad hombre actual.

Pablo Cazau. Octubre 2009.

lunes 16 de noviembre de 2009

Te quiero pero como amigo

La peor frase que podés escuchar de tu pareja es:

-Tenemos que hablar.

Eso significa problemas, porque detrás de eso viene el “si no cambiás nos separamos”, o, peor aún, “te quiero, pero como amigo”, lo cual significa cualquier cosa menos sexo. Cuando tu mujer te dice eso te transformó automáticamente en una bombacha: podés estar pegada a ella todo el día pero no podés hacer el amor. Y menos mal que todavía te considera su amigo, porque... ¿qué les dirá a sus enemigos?

Ella cree que hablándote de quedar como amigos te hace la separación más fácil, pero en realidad mas que nada evita que te enfurezcas, porque después de todo los amigos no se agreden.

Sin embargo, el “quedamos como amigos” significa “ahora no nos vamos a ver nunca más”, y tienen razón, porque nadie puede ser amigo de su ex pareja. No podés ponerte como amigo a escuchar sus confidencias ni sus aventuras con otros porque no deberías sentir celos y haber superado muchos egoísmos y querer su felicidad, como todo buen amigo. Nadie puede ponerse a escuchar cosas como “¿qué me aconsejás: salir con Lucas que está fuertísimo o con Andrés que me vuelve loca con su mirada?”. Es ahí donde decidís comprarte un perro y olvidarte de ella.

Y así te vas convenciendo que una ex pareja no pueden empezar a ser amigos, porque donde hubo fuego cenizas quedan: es mucho más fácil pasar de ser amigos a ser amantes. Te vas convenciendo que para que un hombre y una mujer sean amigos no debe haber deseo sexual por ninguna de ambas partes, y es por eso que la mujer puede tener un amigo gay y un hombre una amiga lesbiana.

Cuando al hombre se le pregunta si es posible la amistad entre el hombre y la mujer, suele ser bastante escéptico, prefiriendo como amigo a otro hombre. En cambio, la mujer no vacila en responder que sí, porque, en primer lugar, hay mujeres que buscan ser ‘sólo amigas’ de los hombres pues reprimen su propia sexualidad, llegando así a una solución de compromiso: pueden estar con hombres pero no tener sexo con ellos y evitar la molesta situación de ser tentadas. En segundo lugar, pueden buscar ‘sólo una amistad’ para darse tiempo a conocer y estudiar a su futuro amante desde ‘afuera’, o para esperar a que el otro por fin se decida a declararle su amor. Desde ya esto no es amistad sino un simple periodo de prueba. Y en tercer lugar, hay mujeres que no pueden encontrar al hombre completo y entonces se buscan el semental capaz de excitarlas y al amigo tierno capaz de comprenderlas. Y cuando encuentran al hombre que tiene todas las cualidades juntas, lo adoptan abandonando a los demás.

Pero la amistad es algo muy distinto. Por ejemplo, no suele tener una ceremonia de comienzo. Una pareja siempre te va a decir que empezaron a salir el 24 de julio a las 18 horas, pero nadie puede decir cuando empezó a ser amigo de alguien. Una pareja necesita verse seguido, mientras que los amigos pueden distanciarse físicamente por años y décadas, y seguir manteniendo la amistad.

Tampoco la amistad es la solución mágica que algunos creen. Luego de una sangrienta lucha, los enemigos se terminan diciendo ¿amigos?, mientras extienden sus manos. Y de la misma manera, cuando la pareja se separa se asegurarán de quedar ‘como amigos’. Desde ya, el único significado que tiene en estos casos la amistad es la cesación de todo odio y todo amor erótico. Pero esto no es una definición de la amistad.

El “contrato” amistoso incluye, en efecto, una cláusula que prohíbe la sexualidad, del mismo modo que en el matrimonio una cláusula obliga al sexo y que en una relación laboral o entre compañeros de estudio otra cláusula simplemente lo permite, sin obligaciones ni prohibiciones. Cualquier relación humana incluye una condición acerca que como manejarán el sexo entre ellos.

A partir de aquí, la amistad tendrá diferentes matices según se trate de amistad entre hombres o amistad entre mujeres.

Freud había dicho que el vínculo entre los hombres es originariamente erótico, y que, al ser desexualizado, se convierte en amistad o camaradería, un sentimiento lo suficientemente intenso como para mantener cohesionados a los individuos que conforman una sociedad.

El hombre valora más la amistad que la mujer, tal vez porque, al ser por definición un vínculo no erótico, reprime más la homosexualidad que ella. Las mujeres, en cambio, son amigas sólo hasta que se interpone el mismo hombre en sus vidas. Quizá por ello es más fácil, cuando de sexo grupal se trata, que dos hombres compartan una mujer a que dos mujeres compartan un hombre.

Pablo Cazau. 2007.

El arte de escribir y publicar

Escribir es una forma de viajar, cuando construimos los escenarios del relato. Es una forma de fantasear, porque nos permite expresar nuestros grandes y pequeños deseos y temores. Es una forma de reír, cuando contamos con humor. Es una forma de llorar, cuando no hay nadie que pueda consolarnos.

También es una forma de hacer, porque podemos modificar las cosas de la realidad (Sarmiento decía que escribir es realizar el pensamiento). También es preservar, porque a la palabra no escrita se la lleva el viento. Es una forma de comunicarse, una forma de protestar, una forma de cobardía cuando escribimos lo que no nos atrevemos a decir oralmente, y especialmente una forma de pensar porque nos obliga a organizar de otra manera nuestras ideas.

Para escribir, hay que leer mucho por varios motivos: para enriquecer el vocabulario, para aprender ortografía, para no repetir de la misma manera lo que otros han dicho, para encontrar motivos de inspiración, para averiguar lo que nunca fue dicho.

Con suerte se aprende a escribir por primera vez a los seis años, pero a veces se tardan décadas en aprender a hacerlo por segunda vez, porque escribir es como armar un rompecabezas. Se comienza por poner sobre la mesa las diferentes piezas sin preocuparnos por el orden, lo cual equivale a escribir ideas sueltas en una hoja en blanco: esas que hasta entonces estaban escritas solamente en el cerebro. Luego, se continúa uniendo piezas y armando pequeños fragmentos del rompecabezas, y, finalmente, se unifican todos estos fragmentos en el rompecabezas total, ya publicable. Este proceso supone ir integrando cada vez más todo el material en artículos o en relatos, y luego eventualmente en libros. Finalmente, todos los libros formarán una unidad global que la tradición ha consagrado con el nombre de Obras Completas.

A veces puede ocurrir que haya piezas del rompecabezas mal ensambladas, con lo cual se deberán reagrupar de una manera diferente, lo que significa que los artículos e incluso los libros pueden sufrir cambios, sea en el contenido, sea en la forma. La obra verdaderamente queda completada cuando el autor fallece o queda incapacitado para seguir escribiendo.

Los escritores más conocidos están entre aquellos que se han presentado en concursos (los escritores trepadores), quienes han pagado la propia edición de sus libros (los escritores adinerados), o quienes finalmente saltaron a la fama porque un editor se arriesgó a publicar su obra luego de haber sido rechazada por otros, y su obra fue aceptada ampliamente por el público (los escritores afortunados). Es así que no hay ninguna seguridad que los mejores escritores sean los conocidos: ellos pueden estar entre los ilustres desconocidos que no quisieron o no pudieron publicar.

Afortunadamente hoy en día la tecnología ha permitido que mediante una máquina de impresión digital se pueda publicar… un solo libro o unos pocos. Gana en principio el autor porque paga menos, y gana la editorial porque puede fabricar o reimprimir libros a pedido sin necesidad de hacer grandes tiradas.

Para los escritores cuya motivación principal es ganar dinero y al mismo tiempo dar a conocer su obra una opción es participar en concursos literarios, pero no en cualquiera, sino en aquellos con premios en dinero, donde la competencia suele ser durísima, y no aquellos donde el premio es la publicación de los trabajos premiados en un libro cuyos costos corren por cuenta de los premiados. Esta última es otra estrategia más de las editoriales para ganar clientes. Otra opción para ganar dinero y al mismo tiempo dar a conocer su obra es juntarse varios autores, por ejemplo cinco, y publicar un libro con sus obras sin la mediación de una editorial, con lo cual los costos se reducen a una quinta parte. Para la difusión puede hacerse una presentación conjunta de varios autores (que hayan publicado en el mismo o en distintos libros).

Pablo Cazau. 2008.

Ya nadie se asusta con Drácula


¡Ohhhh! ¡Aquellas épocas en que te agarrabas desesperado a la butaca cuando aparecía Lon Chaney haciendo de Hombre Lobo, o Christopher Lee mostrando amenazante sus colmillos al pobre Jonathan Harker! ¡Dichosos los ingenuos que hoy en día no perdieron su capacidad de morirse de miedo con el regreso de los muertos vivos, el muñeco Chucky o Jason!...

Qué lindo que era sentir miedo. Qué feo haber perdido irremediablemente aquella ingenuidad, un pedazo grande de nuestra infancia. Qué feo haberse convencido que ya no hay más horrores imposibles, y que sólo van quedando en los films los horrores posibles, mucho peores, como los tsunamis, la guerra nuclear y las torturas.

Tal vez todo empezó cuando los creadores de Hollywood fueron perdiendo imaginación, o cuando las sátiras al estilo Mel Brooks comenzaron a mostrar a un joven Frankestein de lo más ridículo, o cuando nos horrorizábamos de la risa al ver a los Locos Adams queriendo comprar un terreno en New York para reacondicionarlo como pantano.

Los creadores tienen por delante un enorme desafío: volver a asustar con nuevas y más eficaces metáforas. Mientras tanto, podemos ir enterrando al Hombre Lobo, la criatura que tuvo la osadía de querer asustar para siempre al hombre.

Pablo Cazau. Junio 2009.

lunes 9 de noviembre de 2009

Mostrando ficciones como realidades

Los novelistas y los creadores de los video-juegos o la realidad virtual no pretenden convencer a los lectores y usuarios que eso es la realidad: sólo los invitan a imaginarse por un momento que es algo real, como un mero juego, y solamente sucumbirán aquellos pocos incapaces de distinguir la realidad de la fantasía. En la película “Matrix”, el protagonista llega a creer que cierta realidad inventada por alguien es la verdadera realidad.

Sin embargo, algunos más audaces se proponen desafiar al público mostrándoles una ficción como si fuera la verdadera realidad.

Por regla general, cuando encendemos el televisor sabemos cuando las personas están actuando y cuando no: podemos distinguir el diálogo entre un periodista y su entrevistado, del diálogo entre dos actores en un teleteatro. Pero, ¿qué pasaría si en una escena varios actores están representando una situación inventada mostrada como si fuera real?

Una película de ciencia-ficción dirigida por Robert Iscove, y cuyo título en inglés es "Without warning", que significa algo así como "Sin advertencia", reproduce precisamente el efecto indicado. Se trata de un largo noticiero absolutamente realista que anuncia y describe la caída de unos meteoritos gigantescos sobre la Tierra. Desde ya, los actores son absolutamente desconocidos, ya que haber puesto a un famoso como locutor hubiera destruido todo el efecto deseado. Podemos imaginarnos a alguien que recién se despierta, enciende el televisor y se encuentra con este ‘noticiero’.

Otro ejemplo está representado por la forma perversa en que se marketinean películas como “Blair Witch”, presentadas como un documental real cuando en rigor se trata de una mera ficción. Incluso llegó a correrse la bolilla que algunos de los actores tenían hoy un paradero desconocido.

Pablo Cazau. Julio 2007.

Una primera versión de esta nota fue publicado bajo el título “¿Ficción o realidad?” en Agony Column, Anuario del Círculo Holmes 2002-2003, editado por la Asociación Amigos de Sherlock Holmes, Barcelona, España.

Alegría y tristeza en los tangos

Si de estados de ánimo se trata, podemos describir sumariamente tres etapas en la evolución de nuestra música ciudadana.

1) Los historiadores en general coinciden en afirmar que el tango nació como acorde alegre. Indica Palacio (1994) que allá por las últimas décadas del siglo XIX y comienzos del XX, los primeros tangos alegres y retozones que se conocen nacieron en aquellos lupanares (quilombos, prostíbulos, quecos) de un Buenos Aires que podía reír al compás de un tango.

2) El mismo autor refiere que el tango continuó cantándose con letras alegres, burlonas y zafadas durante muchos años, hasta que aparece “Mi noche triste”, hacia 1916/1917, donde se estrena el tan mentado esplín o tedio de la vida: “Percanta que me amuraste / en lo mejor de mi vida / dejándome el alma herida / y esplín en el corazón…”.

Paralelamente, otros investigadores destacan que el tango comienza a destilar tristeza de manera concluyente hacia los años 20 cuando hace su ingreso el bandoneón, proveniente de Europa, instrumento que dejó en un segundo plano violines, flautas y guitarras y que poco a poco se convirtió en sinónimo de tango. Fue la época donde la tristeza se hizo omnipresente: tristeza por la pérdida de la madre, por la traición de la amada y por el tiempo qué pasó dejando atrás “el farolito de la calle en que nací”.

3) En una tercera etapa, el tango recuperará parte de aquella alegría perdida. Siguiendo el rumbo de Gardel (Palacio, 1994) otros intérpretes estrenaron tangos humorísticos en las radios y teatros de revistas (“Garufa”, “Chorra”, “Cachadora”, “Atenti pebeta”, etc) durante las décadas del 20 y del 30, pero en las del 40 y parte del 50 no surgió ninguno de tono auténticamente humorístico. Silva Valdés cuenta que el tango cómico es generalmente el producto de un letrista que busca originalidad y éxito, a diferencia del modo doloroso y sentimental, que es borbollón rojo del corazón del pueblo (Silva Valdés, 1976).

Sobre la alegría.- Lo alegre en las letras de tango suele manifestarse como optimismo o esperanza, y bajo la forma del humor cómico.

En el primer caso puede darse el ejemplo de “Si no me engaña el corazón”, donde se juega con la ilusión de encontrar la mujer soñada: “Ya sé como eres, y como es tu voz, porque en mis sueños ya te imaginé…”. También pueden mencionarse, en una línea similar, “El día que me quieras” y “A media luz”.

Respecto de la comicidad, se puede respirar el humor, por tomar un ejemplo entre muchos, en algunos temas interpretados por Julio sosa. El tango "Martingala" narra la mala suerte que tuvo el protagonista en la 'rula' de Mar del Plata. Julio Sosa intercala aquí unos recitados de este tenor: "Y mire que mi vieja me dijo: Andá a veranear a La Salada que Mar del Plata no es pa'vos, cartón”. Hacia el final, el mismo cantor agrega recitando con la música suspendida y con una letra inventada sobre el pucho: "Mándeme veinte mil pesos...mandemelós, mire, si no se los devuelvo yo se los devuelve Pontier [en ese momento el director de la orquesta donde Sosa cantaba], que tiene más guita que Canaro...".

Pero si en alguna letra se han zafado realmente los letristas, ha sido en "En el corsito del barrio", donde se relata el memorable encuentro del pícaro que quiere levantarse una mina con antifaz...y se lleva la sorpresa de su vida a punto tal que Julio Sosa recita en el medio de la melodía cosas como "Y no, muy fulera no era la mina: ¡a las cuatro hermanas mayores tuvieron que tirarlas, mama mía...!", y más adelante termina comparándola con Drácula, Frankestein y el Hombre lobo.

Aunque Edmundo Rivero, el fundador del legendario “El Viejo Almacén”, recorrió toda la gama de estados de ánimo en sus canciones ciudadanas, el humor se aprecia en su trabajo como intérprete de tangos cómicos, de algunos de los cuales incluso fue el autor de la letra.

Una recorrida por su discografía nos revela muy pocas pinceladas irónicas pero sí mucho de una sátira que ridiculiza a los personajes, por momentos de un modo grotesco y extravagante. Y sin intentar definiciones académicas, diremos simplemente que un tango tiene humor cuando es capaz de generar al menos sonrisas.

Descartes cuenta que “los que tienen defectos visibles o los que han recibido en público alguna afrenta, son los más inclinados a la burla” (Descartes, 1646). En “Línea 9” Rivero retrata precisamente al paisano ingenuo que llegó del campo a la gran ciudad, y es desplumado por un vivillo en un tranvía.

Tampoco falta, en la literatura lunfarda, el famoso cuento del tío, donde se intercambian misteriosos paquetes: uno con plata auténtica y otro con recortes del diario como se retrata en "Madame Julie", una auténtica embaucadora que se hace pasar como 'recién llegada' de París.

Retomemos palabras cartesianas: “La mofa o burla es una especie de alegría mezclada con odio procedente de la percepción de algún mal pequeño en una persona considerada como digna de él” (Descartes, 1646). En “Aguja brava”, Rivero sintetiza la biografía de aquel explotador de mujeres que terminó en un calabozo cosiendo colchones para la cana.

Tampoco la figura femenina se ha salvado de la burla tanguera. Los “Tortazos” aluden a los merecidos golpes a una mina por agrandada, que cometió el delito de enganchar a un gil que la chamuya en francés y la pasea en voiturette, olvidada de sus humildes orígenes: "Te conquistaron con plata / y al trote viniste al centro / algo tenías adentro / que te hizo meter la pata”.

Y como siempre, la mujer en el lugar de la eterna víctima de la furia machista del tango. La “Biaba” no es otra cosa que la paliza que recibió la mina por llegar tarde al bulín, y donde se cuenta que los bifes parecían aplausos de una noche de gala en el Colón.

Pero el humor grotesco alcanzará su máxima expresión en las 34 puñaladas –ni una más, ni una menos- inferidas “Amablemente” a la infiel. Otro tema, “Amasijo habitual”, no hace más que reiterar esta temática donde la mujer ocupa el lugar de la traición, el desengaño y la dominación masculina cuando la “duerme de un cazote”.

Pero nuestro tanguero no vacila a la hora de la autocrítica burlona. En “Las diez de últimas” describe el contraste entre su glorioso pasado de pícaro delincuente y su trágico final donde solamente espera a la huesuda que le “sacuda el guadañazo”. Y tampoco hubo de faltar el relato del hombre que se mofa y ridiculiza a sí mismo cuando fue desalojado de su vivienda, en “El desalojo”.

Sobre la tristeza.- Dijo el Negro Celedonio Flores en un reportaje: “No soy de los que creen que el tango cómico sea la expresión de lo que siente el pueblo; sabemos todos que el tango es triste, como toda la música de nuestra tierra”, mientras que Tita Merello, ávida de desafíos, proclamaba que había elegido el tango cómico porque era más difícil hacer reír que hacer llorar.

Las letras del tango, nos revela Silva Valdés (1976), son trágicas y pesimistas, a base de "bacanes amurados", "minas" calculadoras y ambiciosas, y de otros temas conocidos que pintan el dolor masculino. En particular, adjudicará la tan mentada tristeza tanguera también a las condiciones en que se desarrollaba: aquellas en salas públicas de baile donde nunca se estaba seguro, puesto que por una mirada, un rozamiento o un pisotón, se oía un "piñazo", contestado por otro con una puñalada o un tiro de "bufoso". Y en efecto, abundan los temas tristes en el tango mezclados con situaciones de violencia, como en “El ciruja” o “La gayola”, toda vez que la frustración es generadora tanto de depresión como de ira.

También abundan los tangos simplemente tristes, y aquí la lista resulta interminable, desde “Amurado” y “Garúa” hasta otros temas cuyo título lo dice todo: “Nunca tuvo novio” y “En esta tarde gris”.

Finalmente, la alegría y la tristeza también aparecen fundidos en una sola canción. En "Otario...que andás penando" se avizora una especie de lamento optimista que se ríe nerviosamente de su propia desgracia: "Qué te importa si la mina / del bulín se te piantó, / y te traicionó el amigo / y la timba te secó...”. Asimismo “Qué risa” pone al descubierto que un desengaño amoroso puede llegar a ser un motivo para reír, aun cuando no llegue a la categoría de tango cómico.

Y por último, un tango inolvidable, "Padrino pelao", contrasta toda la gama de emociones humanas a propósito de una fiesta de casamiento en el barrio: desde el enojo del padrino por los colados hasta la mustia tristeza de alguna pebeta que “ya para siempre perdió su ilusión”.

Pablo Cazau. Enero 2006.

Referencias bibliográficas

Descartes René, “Pasiones en general y de la naturaleza del hombre” (1646).

Palacio Jorge, “Fue alegre hasta Mi noche triste", Buenos Aires, Revista La Maga, 1° de Agosto de 1994.

Silva Valdés Fernán (1976) “El tango, hijo de la milonga”.

Este artículo es una reedición de otro del mismo autor publicado en “Lasalida”, revista especializada en tango argentino, París, Francia, 2002, y en la revista Tango Reporter, editada en Los Ángeles, California (EEUU), Año X, N° 107, Abril 2005.

Los llamados "niños genios"

La psicología cuenta con una definición bastante precisa acerca del niño genio o superdotado, en términos de si sobrepasa o no un determinado nivel de cociente intelectual. Sin embargo, el saber popular suele llamar ‘genios’ a muchos otros niños, aunque técnicamente no lo son. Veamos cuatro ejemplos.
1) Los niños precoces.- Así como hay niños que presentan cierto atraso en la aparición de algunas funciones, otros se adelantan. Son los llamados por la psicología niños precoces, como aquel que comenzó a tocar el violín a los tres años o aquel otro que ya habla fluidamente a los dos. En la enorme mayoría de los casos con el tiempo estos adelantos se detienen, los niños pasan a ser igual que sus pares y cuando adultos son simplemente personas normales.
2) Los hijos de uno.- Algunos padres tienen cierta tendencia a considerar ‘genios’ a sus hijos cuando éstos manifiestan ciertas habilidades fuera de lo común, pero un niño con una inteligencia superior NO es un genio. A veces no es necesario ni ser padre para sostener esta posición, porque muchos tenemos la tendencia a pensar que los niños son seres infradotados, y entonces nos asombramos cuando vemos que ellos piensan o hacen cosas que son, en realidad, típicas de los niños normales.
3) Los niños sobreadaptados.- Hay niños que son muy exigidos por los demás y por ellos mismos, de manera tal que año tras año aparecen siempre en el cuadro de honor, cuando en realidad se trata de niños intelectualmente normales. He conocido a varios de ellos que luego, con el tiempo, se transformaron en adultos normales e incluso en adultos sin demasiadas luces o que tuvieron varios fracasos importantes en diversas áreas de su vida. Lamentablemente otros continuaron siempre sobreadaptándose destinando todas sus energías en satisfacer las expectativas de los demás, complaciéndolos o volviéndose moralmente muy rígidos, y se olvidaron de ellos mismos. En la clínica psicológica ha sido identificado no hace mucho el llamado “síndrome del ejecutivo”: el hombre ‘exitoso’ que trabaja de sol a sol, va al country los fines de semana, tienen bastante dinero y toda su existencia está altamente programada. Claro que nada es gratis, y entonces como resultado surjen con frecuencia cuadros de hipertensión, infartos y cánceres en edades entre los 40 y los 50 años donde no es estadísticamente esperable que aparezcan estas patologías. Las coronarias se hacen cargo del problema porque ellos son incapaces de procesarlo psíquicamente, o sea, de pensar en lo que les está pasando.
4) Los sabios idiotas.- Hace poco se hablaba en un documental científico de los famosos "idiots savants" (idiotas sabios), aunque allí los llamaban eufemísticamente "savants", o sea individuos intelectualmente deficitarios en muchos aspectos pero que tienen una extraordinaria habilidad para hacer algo: algunos retenían un libro entero palabra por palabra luego de haberlo ojeado brevemente, otros pintaban con absoluta fidelidad una ciudad luego de haberla sobrevolado rápidamente, etc. Tales habilidades suelen aparecer muy tempranamente en la vida, y persisten el resto de la existencia.
Una de las varias teorías que explican este fenómeno sostiene que estas personas, debido a un daño cerebral, no interpretan la realidad: simplemente la ven como es, entonces tienen recursos de sobra para hacer lo que hacen: su cerebro puede concentrarse entera y únicamente en retener.
Ni lerdos ni perezosos, enseguida los científicos metieron a los savants dentro de los aparatos de Resonancia Magnética Funcional (que no examinan la estructura del cerebro sino que lo muestra funcionando en vivo y en directo) para ver qué partes del cerebro se activaban en ellos cuando ejercían sus habilidades ‘mágicas’, y luego estimularon esas mismas zonas a las personas normales para que sean, diría yo, "normals savants".
Todavía están investigando esta cuestión, que no deja de estar relacionada con las dos grandes corrientes que dominaron la historia de la filosofía occidental: los realistas, que sostenían que podía captarse la realidad tal cual es, y los idealistas, que la realidad era aquello que las personas interpretaban y hasta creaban como tal. Los realistas dominaron la filosofía antigua y la medieval, mientras que los idealistas comenzaron pisar fuerte desde el Renacimiento hasta nuestros días. Un realista extremo fue Platón, y un idealista extremo fue Berkeley, que llegó a afirmar que la realidad directamente no existía, siendo un mera creación del espíritu humano.
Pablo Cazau. Abril 2009.

lunes 2 de noviembre de 2009

Cómo acceder a un libro


He aquí las formas principales que tiene un lector para acceder a su libro:

1) Comprar el libro impreso (nuevo o usado) en una librería. Lo que paga por el libro nuevo es una torta que, según iReaderReview suele repartirse clásicamente así: librerías 40%, editores 30%, imprentas, 10%, distribuidores 10% y autor 10%.

2) Comprar el libro directamente al autor en su casa, que se encargó de manufacturarlo él mismo: lo diseñó en una PC, lo mandó imprimir y hasta pudo haberlo encuadernado con sus manos. Desde su propio sitio de Internet, el autor puede también venderlo digitalizado.

3) Comprar el libro impreso por Internet como hicieron por ejemplo sitios vendedores del tipo Amazon y muchas librerías que lo llevan a la casa del comprador.

4) Comprar un dispositivo llamado E-Book o libro electrónico, donde se pueden cargar miles de libros. Supuestamente el costo de cada libro debería ser considerablemente menor porque por ejemplo no hay imprentas. El libro electrónico no avanza tanto porque no toda la gente tiene un E-Book, porque mucha gente todavía prefiere leer libros impresos, o porque no todos los títulos están disponibles para E-Books por motivos técnicos diversos.

5) Comprar o recibir sin cargo un libro en Google Books, donde pueden encontrarse a) libros de dominio público (sin copyright) agotados en librerías, que supuestamente son gratuitos; b) libros con copyright vigentes pero que ya no se imprimen; y c) libros donde se han escaneado sólo algunas páginas: si al lector le interesa, puede comprarlos como libro impreso.

6) Comprar un libro digitalizado mediante el novedoso sistema Google Edition. El comprador podrá armarse su propia biblioteca virtual, marcar las hojas y hacer anotaciones, cortar y pegar hasta un máximo de un 20% del libro e imprimirse algunas páginas pero nunca la totalidad del libro. El sistema fue presentado en la última Feria de Frankfort, que ofrece una gran cantidad de posibilidades de acceso a un libro y que probablemente se convertirán en los nuevos modelos de la industria editorial.

7) Comprar en una editorial o una librería un libro impreso mediante el sistema POD (Print on Demand o impresión bajo demanda), que permite imprimir muy pocos libros en forma muy económica. Varias editoriales ya han dado este paso, evitando así acumular miles de libros en stock: se imprime lo que se demanda.

Teóricamente y sobre todo las cuatro últimas alternativas, que incorporan nuevas tecnologías, reducirían el costo de los libros y además el lector podría saber de la existencia de muchísimos otros libros en forma más rápida.

8) Claro que también se puede pedir prestado un libro en una biblioteca pública. La forma tradicional es caminarse hasta la biblioteca y leerlo allí o llevarlo en préstamo, pero ahora ya se está popularizando, sobre todo en EEUU, el préstamo digital. Basta con entrar al sitio de la biblioteca en Internet y tipear el número de carnet, para acceder a la lista de libros y descargarse los que uno quiera, y todo gratis.

Pablo Cazau. Octubre 2009.

Las edades de nuestra vida

Hay veces que no vivimos de acuerdo a nuestra edad cronológica. No podemos correr y saltar todo el día a los 80 años porque nos olvidamos de reposar, meditar y recordar, ni tampoco tocar todo el día el piano a los 4 años porque nos olvidamos de jugar. Hay quienes viven en las edades que no les corresponden, hay quienes mueren jóvenes y quienes nacen ancianos.

Las características de cada edad tienen una determinación tanto natural como cultural.

La niñez es la edad de los padres perfectos y omniscientes. Cierta vez un niño preguntó a su papá si era verdad que los padres sabían más que los hijos, a lo que el hombre contestó que sí. Le preguntó entonces quién había inventado la pila, a lo que su progenitor contestó: "Volta". El niño se quedó pensando y finalmente le volvió a preguntar: "¿Y por qué no la inventó el papá?".

Los niños suelen ser rehenes de sus padres, especialmente cuando estos se separan. También suelen funcionar como trofeos, y si no los ponen en una vidriera es solamente porque pueden romperla. Hay también quienes como Rousseau sostienen la teoría del angelito, según la cual los niños nacen buenos pero los hace malos el entorno social, y otros que defienden la teoría del monstruito, donde los niños nacen malos y entonces hay que domesticarlos. Sostener posiciones extremas como éstas equivale a no percatarse de que la verdad, como el aire, está repartida en muchos lugares distintos.

Perversos polimorfos según Freud o genuinos teorizantes de la realidad según Piaget, en última instancia los niños son seres para los que jugar es tan importante como ejercer su profesión para el adulto. Y son también, como los adultos y los adolescentes, los hacedores de los recuerdos de la vejez.

La adolescencia es la edad del descubrimiento de la eternidad: tan lejos está el adolescente de la muerte que hasta se siente inmortal. El lema que rige sus actividades es "no dejes para mañana lo que puedes hacer pasado". Es también la edad donde sacan a sus padres del pedestal en que los habían puesto hundiéndolos en el fango, tanto que llegan a fantasear que cuando niños les cambiaron la familia, porque no puede ser que "yo tenga padres tan tontos", por usar un eufemismo.

En la adolescencia se puede ingresar por convención, con la fiesta de los quince o los primeros pantalones largos (¡qué antigüedad!), o por convicción con el primer orgasmo o la primera tristeza por el niño que se dejó de ser. La película "Verano del 42" es la historia de la adolescencia de Hermie. La última escena es un atardecer en el mar, y se escucha la voz en off del Hermie adulto que, veinte años después, rememora su primer amor y sus últimos recuerdos: "Y nada, desde aquel primer día en que la vi, y nada de lo que me ha pasado a mí hasta ahora, ha sido tan alarmante y tan confuso. Pues ninguna persona conocida ha hecho más para hacerme sentir más seguro, más inseguro, más importante y más insignificante. La vida está hecha de pequeñas ideas y venidas, y para algo que nos llevamos con nosotros, hay algo que dejamos atrás. En el verano del 42 atacamos cuatro veces la estación costera de guardia. Vimos cuatro películas y tuvimos nueve días de lluvia; Benjie rompió su reloj; Oscie dejó de tocar la armónica. Y de algún modo muy especial yo perdí a Hermie, para siempre". Es la definición perfecta de la adolescencia.

Y de la edad donde disfrutamos de la primera novia vamos pasando insensiblemente a la edad donde discutimos con la última esposa. Nos referimos a la adultez, esa parte de la vida que se extiende entre el fin del comienzo y el principio del fin. Mientras el adolescente tenía todo el futuro para recorrer y el anciano todo el pasado para recordar, el adulto tiene todo el presente para disfrutar.

Pero es también la edad donde las leyes físicas nos revelan el paso del tiempo: la ley de la gravitación de los años (cuando más son, más pesan), y la ley de la conservación de la materia aplicada a la edad ("Los años que se quita una mujer van a parar a sus amigas", como dice el proverbio chino). Y si acaso en esta etapa media de la vida recibimos inopinadamente la idea que vamos a morir con tanto desconcierto e incredulidad, es porque seguimos creyendo, como en la juventud, que somos inmortales. No obstante a diferencia de ésta, la adultez es el momento de la tímida reivindicación de los padres, que dará luego espacio a la vejez, donde ellos serán venerados.

La vejez es la única etapa vital que se suele acelerar o retardar. En algunas especies la senectud dura tiempos increíblemente cortos: luego de su periodo reproductivo, el pulpo sufre de pronto una liberación masiva de hormonas, envejece y muere casi repentinamente.

Los brazos de la muerte pudieron más. El hombre acorta también su vejez con sus adicciones, su mala alimentación, su sedentarismo y sus tristezas, pero a diferencia del pulpo puede retardarla buscando la eliminación de esos factores. En el Cáucaso, el hombre más anciano del mundo había revelado, en un reportaje, el secreto de su longevidad: poca comida, mucho trabajo y mucho amor. Y mientras hablaba, estaba curando las heridas de su hijo de 145 años que se había caído de un árbol mientras recolectaba frutas. No estaba en la edad adecuada. Mientras leo en la Biblia que Matusalén vivió 969 años, recuerdo una frase de Wilson Mizner: "La vida es dura, lo peor son los 100 primeros años". Sin embargo, la felicidad no viene garantizada por una cifra de tres dígitos, sino que se construye diariamente haciendo en cada etapa lo que a esa etapa corresponde. Un anciano no puede volver a ser joven, ni un joven debe ser viejo. Al igual que el niño, el anciano usa pañales y como él, también tiene poco tiempo de vida. La diferencia está en que la vejez es el momento del descanso, de los recuerdos y los balances.

Cada etapa de la vida tiene su propio momento de plenitud, pero otros hablan de un solo momento pleno en la vida. En "Los Idus de marzo" aparece una curiosa teoría sobre las edades del hombre. Cada uno de nosotros nacería ya con una determinada edad: 10 años, 40 años, etc., y cuando llegamos cronológicamente a esa misma edad recién allí alcanzamos la plenitud, tal vez porque armonizan en ese punto nuestra edad psicológica y nuestra edad física. Misterios del biorritmo, que le dicen.

La anteúltima edad del hombre es la vejez, donde el hombre recuerda, mientras que la última etapa es la posteridad, donde el hombre es recordado. Recordado por las siguientes dos generaciones, y que quizá no por casualidad equivale al tiempo que tarda en ser destruida la casa que el hombre construyó. Esta etapa suele durar entre 50 y 100 años, que es el tiempo en que nuestros abuelos empiezan a desdibujarse hasta transformarse en algo irreal, salvo que ellos hayan dejado algún testimonio de su paso por la vida como una pintura, una poesía, un libro o tal vez una película.

Algunos, como Shirley Temple, son recordados sólo por su niñez, y otros solamente por su juventud como Los Beatles, Greta Garbo (su vejez es un misterio) o Jesucristo (su niñez es un enigma). De otros mantenemos vívidas imágenes de su juventud y de su vejez, como de Charles Chaplin y San Martín a fuerza de leer las revistas o el Manual de séptimo grado. De otros, finalmente, sólo recordamos una única obra (José Hernández, Saint Exúpery, Lewis Carroll, Arthur Conan Doyle), sin hablar de los simples desconocidos conocidos nuestros, de quienes a veces sólo nos queda en el recuerdo un gesto, una conversación, un hobby, un olor, una palabra de aliento o una cachetada.

Pablo Cazau. 2005.

Facebook: un depredador incansable

Uno de los secretos que hicieron de Facebook quizás la mayor red social del mundo, es la letra chica que aparece al registrarse, donde es fácil que el usuario desprevenido acepte que Facebook ingrese a su cuenta de correo y envíe invitaciones a todos los contactos, incluso a aquellos a quienes de ninguna manera el usuario quiere invitar.

Todo el mundo se divierte con Facebook, y no figurar allí significa estar tan desactualizado como no tener celular. Hasta algunos encontraron aquellos viejos amigos de la infancia, mientras que otros tantos se la pasan compartiendo clubes de fans y arrojando a Internet cientos de fotos, videos y opiniones personales para compartir con los amigos.

La revista “Veintitres” (Buenos Aires, 16-4-09) denuncia, sin embargo, que “detrás del fenómeno asoma la CIA, un gurú de derecha y las multinacionales que obtuvieron la mayor base de datos global”. Sin hablar de las posibles intromisiones de la CIA y otros servicios secretos que investigan los perfiles de los usuarios en busca de posibles terroristas, las multinacionales han encontrado una forma muy veloz e inédita para hacer listados de posibles personas que pueden gustarles cierta bebida gaseosa, o que estarían bien dispuestas a comprar determinada marca de zapatillas, etc, segmentando los usuarios por edad, sexo, gustos de consumo, y haciendo que la publicidad sea más afectiva. Para un fabricante de Viagra siempre será mejor, más que millones de datos de usuarios, tener la lista precisa de quienes pueden necesitarlo, como por ejemplo hombres de determinada edad, gustos sexuales y disponibilidad monetaria.

Hasta aquí la cosa no sería demasiado grave: vivimos en un capitalismo salvaje y esas son las reglas del juego. El problema es que Facebook se ha convertido en un verdadero depredador de datos personales que no los suelta contra la voluntad del usuario.

La primera solución que a uno se le ocurre es solicitar su eliminación de Facebook, pero sin embargo y como resultado de un experimento que hice, ello resulta imposible. Facebook no ofrece eliminar al usuario borrando todos sus datos, sino algo muy distinto: desactivar su cuenta. Es como el león que una vez cazada la presa, no la suelta por nada del mundo guardándose su información personal, que vale oro.

Para desactivar su cuenta el usuario está obligado casi tortuosamente a mencionar los motivos por los cuales quiere desaparecer de la vidriera, y para cada uno Facebook presenta un contraargumento para hacerlo cambiar de parecer. Si el usuario es insistente, finalmente es obligado a explicar los detalles de por qué quiere borrarse del sitio web, y fue entonces cuando escribí “No quiero que se desactiven la cuenta, sino que la eliminen”, es decir, que se borre todo rastro de mis datos.

Claro que esto es mucho pedir, porque cuando Facebook informa que ha desactivado una cuenta, agrega que en cualquier momento el usuario puede reingresar con el mismo nombre y contraseña y sus datos quedarán automáticamente recuperados. De hecho, cuando volví a reactivar mi cuenta retornaron los datos originales sobre mi nombre, mis gustos y mi vida. O sea, no se eliminaron ni borraron, quedando guardados en alguna recóndita base de datos aquello que toda persona más valora: sus propios datos personales, potencialmente utilizables de la manera más vil y artera por los servicios de inteligencia y las multinacionales, cuando no por extorsionadores y secuestradores varios. En última instancia, puede colocarse como único dato el nombre y apellido, y tal vez algún conocido de la infancia o el colegio nos encuentre y decida contactarse con nosotros.

Pablo Cazau. Mayo 2009.