Si de estados de ánimo se trata, podemos describir sumariamente tres etapas en la evolución de nuestra música ciudadana.
1) Los historiadores en general coinciden en afirmar que el tango nació como acorde alegre. Indica Palacio (1994) que allá por las últimas décadas del siglo XIX y comienzos del XX, los primeros tangos alegres y retozones que se conocen nacieron en aquellos lupanares (quilombos, prostíbulos, quecos) de un Buenos Aires que podía reír al compás de un tango.
2) El mismo autor refiere que el tango continuó cantándose con letras alegres, burlonas y zafadas durante muchos años, hasta que aparece “Mi noche triste”, hacia 1916/1917, donde se estrena el tan mentado esplín o tedio de la vida: “Percanta que me amuraste / en lo mejor de mi vida / dejándome el alma herida / y esplín en el corazón…”.
Paralelamente, otros investigadores destacan que el tango comienza a destilar tristeza de manera concluyente hacia los años 20 cuando hace su ingreso el bandoneón, proveniente de Europa, instrumento que dejó en un segundo plano violines, flautas y guitarras y que poco a poco se convirtió en sinónimo de tango. Fue la época donde la tristeza se hizo omnipresente: tristeza por la pérdida de la madre, por la traición de la amada y por el tiempo qué pasó dejando atrás “el farolito de la calle en que nací”.
3) En una tercera etapa, el tango recuperará parte de aquella alegría perdida. Siguiendo el rumbo de Gardel (Palacio, 1994) otros intérpretes estrenaron tangos humorísticos en las radios y teatros de revistas (“Garufa”, “Chorra”, “Cachadora”, “Atenti pebeta”, etc) durante las décadas del 20 y del 30, pero en las del 40 y parte del 50 no surgió ninguno de tono auténticamente humorístico. Silva Valdés cuenta que el tango cómico es generalmente el producto de un letrista que busca originalidad y éxito, a diferencia del modo doloroso y sentimental, que es borbollón rojo del corazón del pueblo (Silva Valdés, 1976).
Sobre la alegría.- Lo alegre en las letras de tango suele manifestarse como optimismo o esperanza, y bajo la forma del humor cómico.
En el primer caso puede darse el ejemplo de “Si no me engaña el corazón”, donde se juega con la ilusión de encontrar la mujer soñada: “Ya sé como eres, y como es tu voz, porque en mis sueños ya te imaginé…”. También pueden mencionarse, en una línea similar, “El día que me quieras” y “A media luz”.
Respecto de la comicidad, se puede respirar el humor, por tomar un ejemplo entre muchos, en algunos temas interpretados por Julio sosa. El tango "Martingala" narra la mala suerte que tuvo el protagonista en la 'rula' de Mar del Plata. Julio Sosa intercala aquí unos recitados de este tenor: "Y mire que mi vieja me dijo: Andá a veranear a La Salada que Mar del Plata no es pa'vos, cartón”. Hacia el final, el mismo cantor agrega recitando con la música suspendida y con una letra inventada sobre el pucho: "Mándeme veinte mil pesos...mandemelós, mire, si no se los devuelvo yo se los devuelve Pontier [en ese momento el director de la orquesta donde Sosa cantaba], que tiene más guita que Canaro...".
Pero si en alguna letra se han zafado realmente los letristas, ha sido en "En el corsito del barrio", donde se relata el memorable encuentro del pícaro que quiere levantarse una mina con antifaz...y se lleva la sorpresa de su vida a punto tal que Julio Sosa recita en el medio de la melodía cosas como "Y no, muy fulera no era la mina: ¡a las cuatro hermanas mayores tuvieron que tirarlas, mama mía...!", y más adelante termina comparándola con Drácula, Frankestein y el Hombre lobo.
Aunque Edmundo Rivero, el fundador del legendario “El Viejo Almacén”, recorrió toda la gama de estados de ánimo en sus canciones ciudadanas, el humor se aprecia en su trabajo como intérprete de tangos cómicos, de algunos de los cuales incluso fue el autor de la letra.
Una recorrida por su discografía nos revela muy pocas pinceladas irónicas pero sí mucho de una sátira que ridiculiza a los personajes, por momentos de un modo grotesco y extravagante. Y sin intentar definiciones académicas, diremos simplemente que un tango tiene humor cuando es capaz de generar al menos sonrisas.
Descartes cuenta que “los que tienen defectos visibles o los que han recibido en público alguna afrenta, son los más inclinados a la burla” (Descartes, 1646). En “Línea 9” Rivero retrata precisamente al paisano ingenuo que llegó del campo a la gran ciudad, y es desplumado por un vivillo en un tranvía.
Tampoco falta, en la literatura lunfarda, el famoso cuento del tío, donde se intercambian misteriosos paquetes: uno con plata auténtica y otro con recortes del diario como se retrata en "Madame Julie", una auténtica embaucadora que se hace pasar como 'recién llegada' de París.
Retomemos palabras cartesianas: “La mofa o burla es una especie de alegría mezclada con odio procedente de la percepción de algún mal pequeño en una persona considerada como digna de él” (Descartes, 1646). En “Aguja brava”, Rivero sintetiza la biografía de aquel explotador de mujeres que terminó en un calabozo cosiendo colchones para la cana.
Tampoco la figura femenina se ha salvado de la burla tanguera. Los “Tortazos” aluden a los merecidos golpes a una mina por agrandada, que cometió el delito de enganchar a un gil que la chamuya en francés y la pasea en voiturette, olvidada de sus humildes orígenes: "Te conquistaron con plata / y al trote viniste al centro / algo tenías adentro / que te hizo meter la pata”.
Y como siempre, la mujer en el lugar de la eterna víctima de la furia machista del tango. La “Biaba” no es otra cosa que la paliza que recibió la mina por llegar tarde al bulín, y donde se cuenta que los bifes parecían aplausos de una noche de gala en el Colón.
Pero el humor grotesco alcanzará su máxima expresión en las 34 puñaladas –ni una más, ni una menos- inferidas “Amablemente” a la infiel. Otro tema, “Amasijo habitual”, no hace más que reiterar esta temática donde la mujer ocupa el lugar de la traición, el desengaño y la dominación masculina cuando la “duerme de un cazote”.
Pero nuestro tanguero no vacila a la hora de la autocrítica burlona. En “Las diez de últimas” describe el contraste entre su glorioso pasado de pícaro delincuente y su trágico final donde solamente espera a la huesuda que le “sacuda el guadañazo”. Y tampoco hubo de faltar el relato del hombre que se mofa y ridiculiza a sí mismo cuando fue desalojado de su vivienda, en “El desalojo”.
Sobre la tristeza.- Dijo el Negro Celedonio Flores en un reportaje: “No soy de los que creen que el tango cómico sea la expresión de lo que siente el pueblo; sabemos todos que el tango es triste, como toda la música de nuestra tierra”, mientras que Tita Merello, ávida de desafíos, proclamaba que había elegido el tango cómico porque era más difícil hacer reír que hacer llorar.
Las letras del tango, nos revela Silva Valdés (1976), son trágicas y pesimistas, a base de "bacanes amurados", "minas" calculadoras y ambiciosas, y de otros temas conocidos que pintan el dolor masculino. En particular, adjudicará la tan mentada tristeza tanguera también a las condiciones en que se desarrollaba: aquellas en salas públicas de baile donde nunca se estaba seguro, puesto que por una mirada, un rozamiento o un pisotón, se oía un "piñazo", contestado por otro con una puñalada o un tiro de "bufoso". Y en efecto, abundan los temas tristes en el tango mezclados con situaciones de violencia, como en “El ciruja” o “La gayola”, toda vez que la frustración es generadora tanto de depresión como de ira.
También abundan los tangos simplemente tristes, y aquí la lista resulta interminable, desde “Amurado” y “Garúa” hasta otros temas cuyo título lo dice todo: “Nunca tuvo novio” y “En esta tarde gris”.
Finalmente, la alegría y la tristeza también aparecen fundidos en una sola canción. En "Otario...que andás penando" se avizora una especie de lamento optimista que se ríe nerviosamente de su propia desgracia: "Qué te importa si la mina / del bulín se te piantó, / y te traicionó el amigo / y la timba te secó...”. Asimismo “Qué risa” pone al descubierto que un desengaño amoroso puede llegar a ser un motivo para reír, aun cuando no llegue a la categoría de tango cómico.
Y por último, un tango inolvidable, "Padrino pelao", contrasta toda la gama de emociones humanas a propósito de una fiesta de casamiento en el barrio: desde el enojo del padrino por los colados hasta la mustia tristeza de alguna pebeta que “ya para siempre perdió su ilusión”.
Pablo Cazau. Enero 2006.
Referencias bibliográficas
Descartes René, “Pasiones en general y de la naturaleza del hombre” (1646).
Palacio Jorge, “Fue alegre hasta Mi noche triste", Buenos Aires, Revista La Maga, 1° de Agosto de 1994.
Silva Valdés Fernán (1976) “El tango, hijo de la milonga”.
Este artículo es una reedición de otro del mismo autor publicado en “Lasalida”, revista especializada en tango argentino, París, Francia, 2002, y en la revista Tango Reporter, editada en Los Ángeles, California (EEUU), Año X, N° 107, Abril 2005.