lunes 28 de septiembre de 2009

El gen de la agresividad

Indudablemente cierta dosis de agresividad es importante para la supervivencia, pero también es cierto que la especie humana es más agresiva de lo necesario, y ambas están en parte determinadas genéticamente, aunque no se sepa muy bien cuál o cuáles genes definen esta característica.

El “exceso” de agresividad parece ser una cualidad exclusiva de la especie humana, y es aquella que es controlada o canalizada por la educación (no siempre con éxito) porque perjudica al mismo individuo o la misma especie. En algunos pueblos o etnias se educa para que la agresividad se limite a la autodefensa (por ejemplo en algunos pueblos de la Edad Antigua donde conquistar otro pueblo sería considerado “exceso”), y en otros se extiende hacia la conquista y dominación de otros pueblos (caso del Imperio Romano).

Teóricamente existen dos posibles soluciones para eliminar el “exceso” de agresividad, aunque se trata de soluciones de momento inviables tanto ética como prácticamente: la ingeniería genética y la cruza natural.

1) Los ingenieros genéticos podrían identificar el o los genes agresivos, modificarlos experimentalmente y luego injertar los genes modificados en todos los seres humanos. Una solución medio delirante.

2) El hombre se viene ocupando de cruzas naturales desde hace bastante tiempo, y lo ha hecho tanto con animales como consigo mismo. Por ejemplo, existe cierta evidencia científica que los perros vienen de haberse cruzado lobos menos agresivos entre sí, incluso a punto tal que si los seres humanos desaparecieran, los perros quedarían desamparados y carentes de la dosis de agresividad necesaria para la supervivencia.

Sin embargo, cuando el hombre intentó cruzar humanos, no lo hizo para obtener hijos menos agresivos sino hijos más inteligentes, más fuertes, más altos, más rubios y menos contaminados por “razas inferiores”.

Si hipotéticamente nos propusiéramos reducir nuestra agresividad mediante cruzas, deberíamos invitar a la gente menos agresiva a casarse entre sí para que a lo largo de las generaciones nacieran hijos cada vez menos agresivos. Sin embargo a nuestras espaldas y mientras tanto, estarían cruzándose personas agresivas y produciendo hijos más agresivos aún, lo cual conduciría a una situación donde una mitad de la especie humana sojuzgaría a la otra mitad menos agresiva. Otra solución igualmente delirante.

Así entonces, de momento los humanos estamos restringidos a resolver el problema del exceso de agresividad mediante fuerzas de seguridad que la controlen, y, para prevenirla, enseñando a nuestros hijos a defenderse, amar y respetar a los demás sin descargar sobre ellos más agresividad de la necesaria. Y esto es parte de la educación.

Pablo Cazau. Septiembre 2009.

Escapada a Zárate

Queríamos ir a Chascomús, pero diversos hechos fortuitos nos llevaron a conocer Zárate, en la Provincia de Buenos Aires cerca de Entre Ríos, un 11 de abril de 2009.
Viajamos desde Retiro en un tren directo, a $12 por cabeza, y llegamos luego de dos horas y media de viaje, por la noche, a una estación oscura, silenciosa y desolada. En lo que parecía un pueblo fantasma, encontramos a un policía que nos indicó la ruta al centro de Zárate, distante unas diez cuadras, y en lugar de tomar el colectivo nos fuimos a pie para disfrutar del aire con olor a perfume.
En el camino entramos a una casa de comidas caseras, y allí nos recomendaron el Residencial Belgrano, a tres cuadras del centro, donde pagamos 110$ por una habitación doble con TV y kichenette, y donde cada mañana recibimos un desayuno en bandeja. También había habitaciones a $80, pero sin TV.
Respecto de las atracciones turísticas, en el centro de la ciudad está el casco histórico con la plaza Mitre, alrededor de la cual se encuentra el Palacio Municipal (1934), la iglesia Nuestra Señora del Carmen (1880) y el Teatro Coliseo (1928), promocionado como uno de los mejores en acústica del país.
Desde la ciudad se puede bajar por el Paseo de la Costanera hasta el Paraná de las Palmas y divisar el colosal puente Complejo Zárate Brazo Largo, por un camino llamado el “chanchódromo” porque la gente se toma todo su tiempo para hacerse el paseíto. No es posible bañarse pero la pesca está a la orden del día, y también puede disfrutarse un paseo en lancha.
Hay centros recreativos donde uno puede pasarse todo el día con asado y pileta de natación, para luego romper la noche en la calle peatonal central, Justa Lima de Atucha. A pocas cuadras del centro, la calle Noya se interrumpe y comienza una escalera que baja cerca de ochenta metros hasta otra zona de la ciudad llamada El Bajo. También se topará si está atento, en las calles 25 de Mayo y Ameghino, con un naranjo y una placa recordatoria que inspiró el tango “Naranjo en flor”, de Expósito.
Como no había trenes, volvimos en un micro diferencial directo pagando $18 por persona, y pudimos bajarnos antes de llegar a Once y volver rápido a casa desde Plaza Italia.
Pablo Cazau. Abril 2009.

Quién es Dios

- Papá, ¿quién es Dios?

- Bueno, hijo, es un señor barbudo que anda en sandalias, y al cual nunca nadie vio pero todos creen en Él. Hace lo que quiere con el mundo y hasta es capaz de desencadenar un Holocausto. Todos le temen porque puede castigar a cualquiera, y los hombres más poderosos de la tierra no pueden doblegarlo. Mucha gente le reza fervorosamente y cree que salvará a la humanidad del Gran Satán.

- Ya sé, papá. ¡Dios es Osama Bin Laden!

Pablo Cazau. Mayo 2009.

lunes 21 de septiembre de 2009

Los trucos del vidente

La clarividencia se ofrece como una suerte de servicio diagnóstico y pronóstico de la personalidad que es ‘infalible’, además de hablar del pasado, del presente y el futuro del consultante en base a lo que ‘dicen las cartas’ o la bola de cristal.

Lavarse los dientes, cortarse las uñas o hacerse "tirar las cartas" son algunas de las pocas oportunidades donde las personas pueden ocuparse de sí mismas, y en tal sentido nada tienen de reprochables. A mucha gente no le interesa comprobar si la ciencia ha demostrado que la videncia es un gran engaño, porque esa mucha gente simplemente tiene una fe inquebrantable que los hace ciegos frente a las equivocaciones del brujo.

Ya son legendarias las investigaciones del Dr Rhine de la Universidad de Duke (EEUU) acerca de los poderes paranormales. Al no ser concluyentes, sigue persistiendo la duda acerca de si existen o no realmente esos poderes.

Algunos estudiosos del tema sostienen que ciertas personas parecen tener el don de adivinos pero que no pueden decidir cuándo se manifestará: no siempre tienen ‘visiones’ cuando lo desean. Algunas de ellas utilizan soportes materiales como cartas de tarot o la borra de café, probablemente con una forma de hacer tiempo hasta que la visión se decida a aparecer. Claro está que el poder no está en las cartas sino en la persona.

Independientemente de que existan o no tales poderes, los tarotistas y otros adivinos son gente que utiliza de manera muy hábil algunos trucos que nada tienen de paranormales. He aquí algunos.

Truco 1) El vidente pregunta al cliente como al pasar, mientras mira atentamente las cartas, si tiene alguna deuda pendiente. Si el cliente dice que no, sigue con otro tema aunque ya ha averiguado que muy probablemente se trata de un tipo prudente y cumplidor (y sobre todo que también pagará la consulta). Si dice que sí, el tarotista exclama triunfante: “¡Je! Las cartas no fallan. Mire, salió la carta del Diablo, indicadora que usted tiene alguna deuda”. Este mini triunfo afianzará la confianza del cliente y estará más predispuesto a creerle el resto de las cosas.

Truco 2) Luego de detectar sutiles niveles de ansiedad en la voz o la postura corporal, el tarotista mira su bola de cristal y le dice al cliente que tiene miedo (el cliente queda sorprendido), y hasta puede preguntarle a qué le teme, una información valiosa que dirá mucho sobre el consultante.

Truco 3) Tal vez algún vidente habrá recurrido, o no, al truco del apretón de manos. Si al saludarlo el cliente apoya el pulgar sobre la mano del tarotista significa que le tiene confianza o simpatía, y si no lo apoya todo lo contrario. En este último caso el tarotista puede preguntarle por qué es tan desconfiado, lo que tomará desprevenido al cliente y comenzará a creer que realmente es un brujo.

Truco 4) Si parte de la ceremonia consiste en que el cliente elija u ordene algunas cartas, esto podrá informar mucho al tarotista sobre su persona. El test de los Colores de Luscher se basa en el mismo principio. Indudablemente el cliente se mostrará sorprendido ante el poder adivinatorio de un vidente que ha podido 'ver' su intimidad con las cartas del tarot. Si el mismo test se lo hubiera administrado un psicólogo o un psiquiatra, el cliente no pensará en poderes adivinatorios sino en formación académica. Lo mismo que con los actos fallidos.

Truco 5) Aprovechar las cosas que el cliente dice y no sabe que dice. Una vez un amigo me contó un sueño donde estaba viajando solo, pero en determinado momento dijo inadvertidamente “y nos bajamos a tomar un café”, y luego siguió su relato como si siguiera solo. Al terminar, le pregunté con quién estaba viajando, y exclamó asombrado “¿Cómo sabías que iba con otra persona?”.

La consulta al vidente es un complejo y sutil juego de información retroalimentada, similar a la situación donde uno mira televisión, cuando en realidad la televisión también lo mira a uno ejerciendo su poder hipnótico.

En este juego el vidente deberá adivinar el pasado y el presente del cliente (algo que éste ya sabe), pero también su futuro (algo que no sabe). Si el brujo habla del pasado y el presente es simplemente para demostrar que acierta, aumentando así la confianza del cliente. Claro que decirle a éste algo que ya sabe se torna más difícil, pero para ello también hay trucos.

Truco 6) Simulando concentración sobre las cartas, el vidente dirá cosas como “Usted ha sufrido en la vida”, o “Usted tiene una relación muy especial con su padre”. Todas afirmaciones obvias, porque, ¿quién no ha sufrido alguna vez en su vida?, y ¿quién no tuvo o tiene una relación especial con su padre? Y si no la tuvo, el cliente la inventará porque tiene una fe ciega en el vidente, es decir, resignificará sus experiencias pasadas. Frente a estas afirmaciones se mostrará asombrado y podrá extenderse dando más detalles, información que será aprovechada luego hábilmente para nuevas intervenciones del vidente.

Como puede verse, el vidente utiliza a su favor la teoría de la probabilidad, porque hay altísimas probabilidades de que una persona tomada al azar haya sufrido alguna vez. Esta teoría también puede utilizarse para adivinar el futuro mediante un nuevo truco.

Truco 7) Construir una rueda astral. Años atrás llevé a cabo un experimento para ver hasta dónde llegaba la credibilidad de la gente. Utilizando tres círculos concéntricos, confeccioné una "rueda astral" que supuestamente permitiría obtener 'predicciones' sobre el futuro a partir de los datos de nacimiento de la persona en relación con los temas básicos de salud, dinero y amor.

La "rueda astral" estaba confeccionada de acuerdo a la teoría de la probabilidad. Así, por ejemplo, la probabilidad de una persona encuentre el amor de su vida en los próximos dos meses es bastante baja; por lo tanto, ese mismo resultado en la rueda astral era también bastante bajo, lo que hacía disminuir el riesgo de error del vidente. Asimismo, la probabilidad de sacarse la lotería es muy baja, y esa misma probabilidad aparecía en la rueda astral. A una de las personas, finalmente, le tocó la predicción “en los próximos dos años conocerán a alguien especial”, lo cual resultaba bastante probable sobre todo si el cliente está predispuesto a llamar ‘especial’ a alguna persona nueva que conozca.

Seguidamente les dije a las tres personas que había encontrado en un antiguo libro un sistema adivinatorio y les propuse revelarles su futuro respecto de la próxima semana, el próximo mes, el próximo año y los siguientes veinte años. Se mostraron interesadas, asimilaron la información y al cabo de un tiempo me preguntaron que todo se había cumplido como lo vaticinó la rueda astral. Y de lo que no se cumplió, que fue muy poco, no tuvieron registro alguno.

En ese momento pensé que podría dedicarme a la astrología y ganar buenos dividendos, pero la rueda astral tuvo para mí otros destinos.

Pablo Cazau. Julio 2009.

Científicos eran los de antes

La ciencia es una cosa seria, pero no tiene porqué ser solemne. Así parecen demostrarlo no pocos divulgadores que hicieron de la sátira una deliciosa profesión. ¿Motivos? A veces como recurso didáctico para captar la atención del alumno aburrido, pero casi siempre como una mordaz crítica a ciertas actitudes 'científicas' que toman la ciencia como un saber perfecto, como un semillero de hipótesis inverosímiles que nunca terminan verificándose, o bien como una inagotable anecdotario donde se pierde lo esencial de esta forma de conocimiento: llegar a la verdad de las cosas.
El humorista Giovanni Mosca, a través de una supuesta carta a su hijo, muestra el notable contraste entre cómo era presentada la ciencia en su época y cómo es estudiada hoy en día. "¿Y qué es, hijo mío, -dice- este libro de física sin Arquímedes saliendo desnudo a la calle gritando ¡Eureka! ¡Eureka!; sin la viñeta de Franklin que, seguido por graves caballeros corre bajo la tormenta llevando el hilo de un magnífico cometa! Así estudiábamos la física, con la manzana de Newton, el diablillo de Descartes, el péndulo de Galileo, el cometa de Franklin, la rana de Galvani y el tonel de Pascal" (Mosca, 1970:52). Mosca satiriza así ese mundo encantado que en su tiempo le mostraban como 'la Ciencia', un mundo pletórico de floridas anécdotas y desopilantes fábulas que, al fin y al cabo, terminaban haciendo del alumno un especialista en bañaderas que nada sabía del principio de la hidrostática.
En un futuro próximo quizás nosotros también contemos a nuestros hijos lo mismo que hacían nuestros abuelos, aunque en otros términos: "¿Y qué es, hijo mío, esta revista de divulgación científica sin la caricatura de Einstein volando azorado en un ascensor por el espacio sideral, o montando a caballo sobre la tierra disfrazado de Newton y jugando con los haces de luz de sendas linternas en sus manos, o sin el reloj doblado al estilo Dalí?"
La epístola de Mosca termina con una irónica y elocuente recriminación: "Hijo mío, eres mucho más adulto que yo. ¿Cuántas veces, en lugar de libros de piratas, te sorprendí leyendo revistas técnicas?". El mismo Mosca justifica la vieja forma de presentar la ciencia como una sucesión de imágenes generadoras de admiración y estupor, diciendo que por entonces los progresos tecnológicos eran tan frecuentes e increíbles que nadie tenía tiempo de detenerse a comprender los principios científicos que los ponían en funcionamiento: "Esta es mi ciencia, hijo mío, escrita en un siglo donde los hombres, pasando de asombro en asombro, vieron por vez primera la máquina de vapor, el telégrafo, el teléfono, la lamparita eléctrica, el motor a explosión; en que mi padre vio por vez primera el aeroplano, y yo mismo presencié el milagro de la radiotelefonía. Tú en cambio, hijo mío, te sonríes de mi viejo libro de ciencia y ya te resulta claro y familiar el principio de la bomba atómica, mientras yo aún hay días en que creo que dentro del aparato de radio hay un hombre escondido".
Pablo Cazau. Abril 2006.
Referencias bibliográficas
Mosca G (1970) Viva la presión atmosférica. Buenos Aires: Revista Ciencia Nueva, Año I, N° 2, Junio 1970.

lunes 14 de septiembre de 2009

Quién besa a quién



En el proverbial beso francés de la doble mejilla o en el erótico beso en los labios ambos se besan, sólo que sucesiva o simultáneamente. Nos queda el beso unilateral llamado beso único de mejilla, donde uno besa y el otro el besado.

La pregunta del millón es qué significa esto, o qué tipo de relación están definiendo ambos besantes. No hice ninguna investigación científica al respecto ni pienso hacerla, pero a juzgar por ciertos besos de mejilla que presencio diariamente, se me ocurren algunas hipótesis que algún psicólogo trasnochado alguna vez someterá a prueba.

Es así que he llegado a conjeturar que besar al otro puede ser un signo de sumisión, un signo de necesitar al otro, un signo de admiración, o también un signo de adulación e hipocresía como podría haberlo sido el beso de Judas.

Alternativamente, poner la mejilla para recibir el beso puede estar indicando querer someter o dominar al otro, necesitar ser necesitado por el otro o admirado por él, o aceptar condescendientemente ser adulado por algún recóndito motivo.

Tal vez el asunto no sea tan complicado, y simplemente se trate de otra cosa, puesto que el beso de mejilla es principalmente un saludo. Es sabido que saluda primero quien llega a un lugar o quien primero se va, y no quien ya estaba en el sitio. Con este mismo criterio, besaría quien llega o quien se va, mientras que es besado quien ya estaba. Si nos dedicamos a filmar en un boliche unos quinientos besos de salutación, las estadísticas dirán si estaba o no equivocado al respecto. Y puedo estarlo.

Un beso para todos (en la mejilla).

Pablo Cazau. Agosto 2009.

Iniciarse en la animación Stop Motion

Un film de animación es aquel donde aparecen seres inanimados dotados de vida: dibujos creados con lápiz y papel o computadora, muñecos rígidos o articulados, muñecos de porcelana, yeso, madera o plastilina moldeable.

Naturalmente estos objetos no se mueven por sí mismos, y nuestro trabajo será dotarlos de movimiento utilizando los recursos de la técnica Stop Motion. He realizado un mini-video muy breve y sencillo con esta técnica, y a continuación explico los pasos que di, con indicación de las precauciones que hay que ir tomando.

1) Elegimos los muñecos–actores y creamos un argumento y un guión. El guión es la secuencia de imágenes y las acciones realizadas en cada una por los personajes. En nuestro caso seleccionamos dos figuras rígidas de yeso del Gordo y el Flaco, dos personajes cómicos del cine americano de antaño. El Gordo le pide un café al Flaco, y sucede un desenlace. También podrían haberse utilizado figuras articuladas, que otorgan mayor expresividad.

2) Creamos un escenario como una playa, un bosque, dibujados en un lienzo de fondo o bien tridimensional. En nuestro caso hemos colocado un lienzo azul oscuro. Es importante que haya suficiente contraste entre el fondo y los personajes para que éstos puedan visualizarse nítidamente.

3) Ensayamos los movimientos que realizarán los muñecos desplazándolos con la mano.

4) Ubicamos la cámara digital en un lugar fijo donde no pueda moverse, siendo lo ideal un trípode, y que permita captar todo el lugar de las acciones. Debe haber abundante iluminación, natural o artificial.

5) Cada vez que movemos algún personaje y avanzamos en el argumento, hacemos una toma de video muy breve, como por ejemplo de un segundo. En el ejemplo que ofrecemos se han utilizado 18 tomas o fotogramas, resultando un video de 23 segundos y 3,5 MB.

6) Controlamos que todo haya salido bien reproduciendo las tomas en la cámara digital.

7) Iniciamos la edición del video importando las tomas al proyecto. En nuestro caso hemos utilizado el editor Movie Maker. Luego de insertar un título inicial, ubicamos correlativamente todas las tomas. Si en el ensayo las imágenes aparecen muy cortadas, convendrá reducir la duración de las tomas para darle mayor fluidez, continuidad y naturalidad a los movimientos. En estos casos conviene aumentar el zoom para reconocer más fácilmente los íconos de las tomas.

8) Puede agregarse luego el audio, que podrá consistir en algún MP3, o utilizarse el sonido propio del video (breves palabras, efectos de sonido, etc, para alguna o algunas tomas). También puede grabarse aparte el audio con la misma cámara digital mientras apuntamos a cualquier lado con el lente, y luego lo convertimos en formato MP3, insertándolo como archivo de audio. En nuestro caso hemos reemplazado el audio por subtítulos, que es otra opción, de manera que resulta una animación muda.

9) Reproducimos todo el proyecto para corregir errores y ajustar detalles, y finalmente lo convertimos en película. Si las imágenes son muy oscuras pueden aclararse con la función “Efectos de animación” del Movie Maker, y si se desea aún mayor fluidez entre toma y toma puede recurrirse a la opción Atenuar, en “Transiciones de video”.

Pablo Cazau. Mayo 2009.

Darwin y la violaciòn del principio de identidad



Luego de pensar larga y profundamente, el filósofo griego Parménides llegó a la obvia conclusión de que "lo que es, es", con lo cual pasó a la historia fundando el principio de identidad. Mientras tanto Heráclito, en una vecina ciudad del Asia Menor, intentaba justificar su teoría de que todo cambia sosteniendo que "lo que es, no es", pues para que algo cambie, debe dejar de ser lo que es, es decir, debe no-ser. "Nadie se baña dos veces en el mismo río", proclamaba el filósofo de Efeso, que aún no había visto las películas de Armando Bo. Así comenzaba la larga historia de la violación del principio de identidad.
En rigor, un tal principio vale solamente en la lógica y la matemática pero no en la cruda realidad. En las ciencias puramente formales A es igual a A y todo triángulo es igual a sí mismo, pero en el ámbito de lo real no existen dos cosas exactamente iguales: ni dos chinos, ni dos granos de arroz, ni dos gotas de agua, y ni aún dos automóviles de idéntico modelo salidos de la fábrica el mismo día e inclusive, como se ha comprobado recientemente, ni dos gemelos univitelinos, poseedores de dotaciones genéticas ligeramente distintas. Ni siquiera podemos decir que una cosa real sea idéntica a si misma porque, al estar inmersa en el tiempo, sus continuos cambios perceptibles o no, hacen que constantemente sea algo distinto.
Séneca había defendido también esta última idea, la cual alcanzó su máximo desarrollo con Leibniz, cuando el filósofo alemán estableciera el Principio de los Indiscernibles: "No existen en la naturaleza dos seres perfectamente iguales entre sí". Leibniz, sin embargo, habría quedado perplejo al comprobar con desazón que, el cálculo infinitesimal creado por él mismo y el cálculo infinitesimal pensado por Newton, resultaron ser dos cosas exactamente iguales.
Los mismos lógicos han demostrado, a su manera, la imposibilidad de la existencia de dos cosas exactamente iguales: si dos objetos son iguales entonces son el mismo objeto, con lo cual se trata de un solo objeto y no de dos. La demostración viene a reforzar la vigencia de Su Majestad el principio lógico de identidad, que proclama como única igualdad la del pensamiento consigo mismo.
No obstante, la literatura de ciencia-ficción ha pensado en la posibilidad del reinado del principio de identidad en los hechos reales. Un ejemplo son las grotescas historias de clones, o sea sujetos que por tener una misma dotación genética serían exactamente iguales entre sí. Pero pensar esto es tan erróneo como afirmar la igualdad exacta de los gemelos univitelinos, pues por el simple hecho de ocupar lugares distintos ya los hace diferentes, entre otras cosas porque recibirán distintas influencias ambientales que los irán diferenciando cada vez más según crecen.
Otro ejemplo lo encontramos en un cuento de R. Williams, "El duplicador de materia", donde alguien inventa un diabólico aparato que reproduce exactamente cualquier objeto, incluyendo dólares, no habiendo posibilidades de discernir entre el original y el duplicado: el vano sueño de todo fabricante de fotocopiadoras. Podemos imaginarnos el disloque económico que se produciría en una sociedad donde alguien fabricase indiscriminadamente dinero auténtico, y donde éste pasase a ser algo tan común como el agua o el aire. Una tal máquina no es tan irreal: alguna vez en algún país un Banco Central se dedicó a esto, lo que produjo primero inflación y finalmente una economía de trueque que termina retrotrayendo la humanidad a la época del hombre primitivo. Con el duplicador de materia se reedita el viejo sueño de la piedra filosofal de los alquimistas, esa pócima mágica que todo lo que tocaba se convertía en oro o plata. El otro gran sueño medieval fue el elixir de la eterna juventud. De ambos sueños, la ciencia moderna cumplió hasta hoy solamente el primero, con el pequeño detalle que fabricar oro a partir de otros metales es más costoso que el oro que se obtiene, y nadie puede hacerse rico si procede como Andrés, que compra a cuatro y vende a tres.
Un tercer ejemplo, también contemplado en la ciencia ficción y también presente en la afiebrada imaginación de algunos científicos actuales, se refiere a la posible existencia de mundos paralelos, y las esposas de estos pensadores no debieran enfadarse tanto cuando sus maridos insisten en que tienen dos mujeres, siendo que una de ellas se encuentra en otra dimensión. De acuerdo a esta teoría, en este momento pero en otro mundo paralelo, hay otro 'usted' leyendo un artículo igual a éste. Y también según esta concepción, deberíamos refutar aquello de que madre hay una sola.
Reconocida la imposibilidad de aplicar el principio de identidad a las cosas de este mundo, mutables y perecederas, científicos como Darwin y literatos de ciencia-ficción como Dneprov, entre otros, acometieron la tarea de reafirmar la imposibilidad de la existencia de dos cosas exactamente iguales en los ámbitos de la biología y la electrónica, respectivamente.
Antes del siglo XIX, eran muy pocos los audaces que pensaban que las especies animales evolucionaban a partir de otras más primitivas. Mas bien dominaba la idea creacionista, de inspiración bíblica, según la cual un buen día Dios se levantó y decidió crear al mismo tiempo a todos los animales, con lo cual ninguno derivaba de ningún otro por ser todos simultáneos. El enfoque alternativo, evolucionista, empezó a pisar fuerte recién en el siglo pasado, primero con Lamarck y luego con Darwin.
El evolucionismo supone la idea de que los hijos nunca son exactamente iguales a sus padres: o están menos dotados, y entonces no sobrevivirán mucho, o son mejores y entonces la especie irá evolucionando. Pero, ¿de dónde vienen estos nuevos caracteres en los hijos? A este interrogante Lamarck y Darwin darán respuestas diferentes. Por dar un ejemplo, un ambiente hostil y agresivo hace que cierto león desarrolle más musculatura, y entonces sus hijos heredarán esa característica, la cual se acentuará o se atenuará según el nuevo entorno donde les toque vivir.
Darwin no estará totalmente de acuerdo con este planteo, que es lamarckiano, y dirá que si el león en cuestión tiene gran musculatura es porque tuvo la suerte de tener una buena dotación genética (y aún una buena crianza). Se trata en este caso de una característica heredada, no adquirida, y como tal pasará a los hijos. Si, en cambio, otro león no recibió una buena musculatura en la martingala genética, la probabilidad de transmitir esa característica a sus hijos disminuirá, pues será devorado por otros animales más fuertes que él antes de poder procrear. En cualquier caso, se trata de la supervivencia del más fuerte.
El ejemplo clásico es el de las jirafas. En la teoría de Lamarck el cuello de la jirafa terminó alargándose para poder alcanzar el alimento: tuvo que adaptarse. En cambio según Darwin las jirafas nacían algunas con cuello corto y otras con cuello largo, con lo cual terminaron sobreviviendo éstas últimas, que sí podían alcanzar el alimento donde era más abundante. Adaptación o supervivencia del más apto, fue por entonces el dilema.
En última instancia, cabe suponer que la teoría darwiniana apunta a explicar el porqué de la biodiversidad. Y lo explica diciendo que los seres vivos son diversos pues van evolucionando de generación en generación. Estos cambios derivan de mutaciones genéticas, que son aleatorias. Algunas de estas mutaciones generan características más adaptativas a los efectos de la supervivencia. Los que no heredan estas características tienen menos posibilidades de sobrevivir, y mueren antes, con lo cual los más aptos, los que sí tienen esas características, tienen más probabilidades de hacerlo y con ello más probabilidades de reproducirse, con lo que por esta vía se difunden las mutaciones beneficiosas. Esto explica porqué hay cada vez seres vivos más complejos y evolucionados, aunque no necesariamente pruebe que la evolución tiene alguna finalidad, ya que en última instancia todo deriva de la martingala genética (mutaciones al azar).
Incidentalmente, téngase en cuenta que “la diferencia esencial respecto del darwinismo no se encuentra en la herencia de los caracteres adquiridos, aceptada por otra parte por Darwin, sino en el mecanismo evolutivo, que en el darwinismo es la selección natural y en el lamarkismo la necesidad o deseo interno de adaptación: el origen de un nuevo órgano o su transformación está motivado por una nueva necesidad, la cual provoca un ‘sentimiento interno’ en el animal que induce la formación del órgano” (Varios Salvat, 1995:2233).
Para Darwin entonces no hay animales idénticos, y esto permite que haya evolución. En la industria tampoco hay dos productos exactamente iguales, lo que hace que cada uno deba tener su propio y exclusivo control de calidad, a pesar de haber sido fabricados en serie. Y tampoco hay dos obras de arte exactamente iguales, a pesar de los esfuerzos por imitar al Principito de Saint-Exúpery, o a la Mona Lisa de Leonardo da Vinci.
Dneprov, desde la ciencia-ficción, pensó qué ocurriría si aplicamos la teoría de Darwin a ingenios electrónicos en vez de a animales, en su patética historia "Los cangrejos andan por la isla".
Ocurrió que cierto científico viajó a una isla con un cangrejo mecánico que se alimentaba con una batería solar. Había sido previamente programado con una sola consigna: debía buscar metal por la isla y fabricar un cangrejo igual a él (cualquier analogía con el primer ser viviente no es pura coincidencia). Durante la noche de la primera jornada se dedicó a engullir cuanto pedazo de metal encontraba, y enseguida empezó a fabricar piezas sueltas. Montó con ellas un nuevo cangrejo, una especie de hijo de él, que cuando llegó la mañana comenzó a funcionar con los primeros rayos del sol. Este nuevo engendro, al ser semejante al anterior, tenía también el mismo programa, y consiguientemente ya eran dos los cangrejos que buscaban metal por la isla para fabricar más y más cangrejos. Llegó un momento en el cual se acabó la materia prima y fue así que los ya numerosos cangrejos, construidos en metal como estaban, empezaron a devorarse entre ellos. Pero siendo todos ellos semejantes, ¿quién devoraba a quién? Obviamente el más astuto, el más fuerte, el más veloz, con lo cual empezó una verdadera selección natural de cangrejos. Los animalejos ya no eran exactamente iguales a pesar de haber sido fabricados en serie: unos estaban en inferioridad de condiciones y eran devorados, mientras que otros eran los devoradores (cualquier analogía con los seres vivos no es pura coincidencia). Cuantos más cangrejos devoraba cualquiera de las máquinas, más crecía porque más metal estaba incorporando y, al mismo tiempo, cada vez menos cangrejos quedaban en la lucha. Imagine el lector un final a su gusto.
La anécdota sirve en definitiva para mostrarnos la imposibilidad de encontrar dos cosas exactamente iguales. Sin embargo, a pesar de ello la humanidad no abandona nunca la idea de que todas las personas pueden ser iguales entre sí por lo menos ante Dios, ante la ley o ante la muerte, o aquel otro ideal plasmado en la frase "todos los hombres son iguales", acuñado alguna vez por algún comunista o por alguna mujer.
Pablo Cazau. 2007.
Referencias bibliográficas
Hull L (1978) Historia y filosofía de la ciencia. Barcelona: Ariel, 4ta edición.

lunes 7 de septiembre de 2009

Tengo 800 amigos



Poco a poco, Facebook y otras redes sociales están contribuyendo a degradar la palabra amigo, y hoy podés tener 800 amigos de un saque en solamente un mes, de los cuales el 99 por ciento serán seguramente conocidos, no amigos, y en ocasiones ilustres desconocidos. ¿O me vas a decir que los 800 amigos se van a jugar por vos, te van a acompañar en las buenas y en las malas, te van a dar lo que no tienen para ayudarte, o vos los vas a escuchar, putear y querer con todo el corazón? Las redes sociales hubieran sido el sueño imposible de Roberto Carlos, aquel que cantaba “Yo quiero tener un millón de amigos…”.

Todo mentira. Vos a lo mejor estás acumulando sujetos o sujetas llamados amigos con la esperanza de, si sos femenina, engancharte algún Macho Alfa o de última un macho meno. Y si sos masculino, de engancharte alguna percanta desorientada en busca de caricias eróticas o un pecho donde consolarse.

Las redes sociales te sugieren y te agregan amigos como si fueran una mercancía, y mientras vos ampliás tu red social quedás cada vez más encerrado en las redes de Facebook donde te ponés a hurgar encontrando ex novias, ex compañeros del colegio, ex compañeros del trabajo y ex compañeros de la colimba, sin hablar de parientes que vos no sabías que tenías o de individuos que ya considerás parientes porque tienen tu mismo apellido y la nariz parecida. Y a veces alguien quiere agregarte como amigo y vos lo hacés más por educación que por convicción, con lo cual terminás agrandando cada vez más una red social que es puro aire, como un globo gigante. En otras palabras, tenés amigos que no sabías que tenías, y un amigo de un amigo de un amigo tuyo pasa a ser automáticamente también tu amigo.

Claro que no hay nada malo en los reencuentros con los ex porque podés enterarte en qué andan, pero, ¿son amigos? En mis tiempos este vil anciano hacía amigos a fuerza de pulmón, de calle, de compartir muchas cosas, de enojarnos, pelearnos y reconciliarnos. Hoy, en cambio, podés tener un amigo en un segundo haciendo clic con el ratón, y gracias a ello en el mundo hay cada vez más amigos. ¿Servirá esto para que haya menos guerras? A lo mejor si Facebook hubiese aparecido por la década del ’30 un japonés podía tener 30 amigos yanquis y un yanqui 30 amigos japoneses y no hubiera habido ninguna segunda guerra mundial, o ésta se hubiera limitado a una riña de gallos entre Delano e Hirohito con apuestas de dólares y yenes y todo.

No podés elegir a tus parientes, pero elegís a tus amigos. Hoy no. Hoy Facebook te elige a tus amigos y a tus parientes, incluso aunque entre ellos haya estafadores y depredadores sexuales. ¡Gracias Facebook! Hoy ya no me siento más solo en este mundo, aunque no sé cómo voy a hacer para saludar a tantos el Día del Amigo.

Sin embargo, no todo está perdido. Tal vez algún día en la inmensa multitud de las redes sociales te hagas de un amigo auténtico. Hace mucho tiempo siempre lo encontrabas boludeando en los bares o en la esquina, pero hoy también lo vas a encontrar desde tu casa en una pantalla mágica, sea porque salir a la calle hoy es muy peligroso, sea porque tenés una esposa que no te deja ir al bar porque tus amigos te pueden llevar por el mal camino.

Pablo Cazau. Setiembre 2009.

La cultura visual



Días atrás mi hijo realizó su primera exposición de fotografías en una galería de arte, donde también estaban las fotografías de sus compañeros de curso. En un momento dado me dice: “¿Qué hay para hacer acá? Mirar las fotos e irse”, y me hizo acordar la gente que va a ver exposiciones de pintura o escultura y que muy bien no sabe “qué hay que hacer” allí porque fue acompañando a otros, o como parte del paquete turístico ofrecido en el tour. ¿Hay que intentar comprender la obra? ¿Hay que simplemente disfrutarla? ¿Se la puede criticar? ¿Por qué no ponen una explicación en palabras del cuadro, o al menos un título? ¿Qué sentido tiene toda esta basura?

Esas mismas personas que están desorientadas frente a un estímulo visual no reaccionan de la misma manera, sin embargo, frente a un estímulo musical. Saben muy bien qué música les gusta y no les gusta, y tengan o no letra, hay temas que escuchan una y otra vez porque simplemente les encanta, aunque no sepan a veces explicar por qué.

Lo mismo sucede con una escultura, una pintura o una fotografía. Están ahí primariamente para ser disfrutadas, y no son teorías científicas que requieran ser entendidas. Ellas tienen el mismo poder evocador que la música, y hasta podría llegar a decirse que son música silenciosa, de la misma forma que las canciones son pinturas sonoras.

Finalmente y luego de recorrer con aburrimiento toda la galería de arte, algún espectador poco acostumbrado a estas expresiones elegirá en silencio una pintura en especial, y dirá “Esta tiene algo… no se qué, que me estremece, me impacta o simplemente me la llevaría a mi casa”. Es entonces cuando habrá comenzado a desplegar su dormida cultura visual.

Pablo Cazau. Agosto 2009.

La biología y la evolución humana

A medida que transcurre el tiempo, en los seres vivientes ocurren tres fenómenos diferentes:
1) Antiguas estructuras y funciones que alguna vez fueron útiles y hoy ya no lo son por haber cambiado las condiciones ambientales, fueron desapareciendo muy gradualmente Tal desaparición, en efecto, fue muy lenta, a punto tal que por ejemplo aún hoy subsisten en la especie humana ciertas funciones que ya no tienen razón de ser. Cuando escuchamos un tenedor raspando el plato podemos sentir un escalofrío, y los estudiosos de la conducta lo atribuyen al hecho de que el hombre primitivo escuchaba ese mismo sonido cuando las garras de un oso u otra fiera raspaban la entrada de la cueva, lo que producía el correspondiente escalofrío conjuntamente con el miedo. Hoy, aunque la sensación de miedo desapareció, subsiste el escalofrío, y del miedo sólo quedó una sensación desagradable o displacentera.
Pero a su vez, ¿por qué se producía este escalofrío y no otra reacción? Debido a que en el hombre primitivo esto era a su vez el remanente filogenético de una función aún más ancestral, heredada de los monos. Cuando éstos enfrentaban una fiera peligrosa, se le erizaban los pelos de toda la piel, lo que le daba un aspecto terrorífico y podían así ahuyentar al enemigo. Cuando posteriormente desaparecieron los pelos, el escalofrío quedó como el equivalente del erizamiento de los pelos, como puede comprobarse examinando la piel en esas condiciones, donde se ven 'puntitos' o pequeños montículos que son los lugares donde el pelo se ponía erecto.
2) Aparición de nuevas funciones debido a nuevas exigencias adaptativas por modificación del entorno. Por ejemplo, cuando ciertos animales debieron retirarse del mar y adaptarse a la vida terrestre, fueron apareciendo nuevas funciones de locomoción (caminar en vez de nadar), etc.
3) Hasta aquí las cosas resultan entendibles: estructuras que pierden su razón de ser desaparecen, y estructuras que son imprescindibles para nuevas funciones comienzan a aparecer. Pero lo que sí puede llamar la atención es la conjetura según la cual podrían existir nuevas estructuras...que no cumplen ninguna función, como por ejemplo ciertas partes del cerebro que parecen no servir para nada, habida cuenta que nunca utilizamos el 100% de nuestra capacidad cerebral, pero que podrían empezar a funcionar dentro de mucho tiempo, como por ejemplo la telepatía. De ser cierto, la especie humana tendería a formar unidades cada vez mayores y adaptativas.
En efecto, los primeros seres vivos fueron unicelulares y luego, varias células se unieron entre sí para formar seres cada vez más complejos hasta llegar al hombre. En muchas especies se observa que, a su vez, los individuos tienden también a unirse (los ejemplos van desde las colonias de corales hasta las sociedades humanas), es decir el plan evolutivo de la naturaleza tiende a formar unidades cada vez más amplias, posiblemente porque así se preserva mejor la vida. Estas nuevas unidades, cuando se consolidan, hacen que las unidades más pequeñas pierdan autonomía y ya no puedan subsistir por sí mismas: una célula separada del cuerpo muere rápidamente antes de completar su ciclo vital, un hombre segregado de la sociedad y enviado a vivir a una isla desierta disminuye drásticamente sus probabilidades de sobrevivir, etc.
Es comprensible entonces que puedan aparecer ciertas estructuras y funciones que estarán listas para dentro de miles de años, cuando en la especie humana ya no haya más individualidades y todos los hombres estén fusionados entre sí formando un super-organismo mayor.
Pablo Cazau. 2007.