lunes 27 de julio de 2009

De cómo averiguar el sexo de los niños

Si en una reunión familiar alguna pareja anuncia en forma solemne que tendrá un hijo, inmediatamente surgirán conjeturas acerca de si será varón o mujer, y mil teorías diferentes para vaticinar el sexo.

Seguramente no faltará el experimento de la cadenita, que se deja oscilar libremente sobre la mano o el vientre de la embarazada: si gira en forma circular será nena, y si lo hace en forma recta será varón.

- Son las ondas energéticas del bebé –sostiene alguien de quien no se sabe si es tarotista o físico nuclear.

- Mueve inconcientemente la cadena con la mano de acuerdo a sus deseos más recónditos –refuta el psicólogo.

- Yo lo hice siempre y nunca me falló –afirma la abuela, que ya ha empezado a perder la memoria.

Seguramente algún otro conocedor propondrá la teoría del rulo a la izquierda o el rulo a la derecha, mientras que otro más experto someterá a escrutinio la nuca del hermano inmediatamente anterior: si su cabello termina en forma de pico, será mujer, y si termina en forma recta, varón.

Un jugador empedernido sostendrá que si ya salieron tres varones la siguiente tiene que ser una mujer, como si el feto fuese un billete de lotería.

Sea como fuere, en estas reuniones siempre todos son especialistas en el tema, y quien permanece silencioso simplemente no tiene ni idea de cómo determinar el sexo del futuro vástago.

Esta es su gran oportunidad de pasar a la historia inventando un mito. Por ejemplo, decir que un hindú pelirrojo habló de un método milenario que consiste en sumergir los testículos del presunto padre en vino blanco: si flotan, será varón. Y si lo dice sin reírse, todos le creerán.

Tampoco será el primero en inventar exóticas teorías: ya los antiguos egipcios adivinaban la condición masculina del futuro hijo si la orina de la mujer hacía crecer el trigo más rápido.

Ni una ecografía es garantía de nada, habida cuenta de un caso donde dijeron que era varón pero en realidad era una niña que tenía la vulva hinchada.

Cuando finalmente el nacimiento resuelve la situación, los que se equivocaron inmediatamente se olvidarán de su pronóstico fallido, mientras que los que acertaron pasarán a ser las estrellas del vaticinio y proclamarán a voz en cuello:

-¡Tenía razón! ¿Te acordás que te dije que sería varón?- dicen, olvidándose que es mucho más fácil acertar aquí que en el bingo.

Es así que todos se apresurarán a consultarlo para el próximo embarazo, mientras en la siguiente reunión el tema central será, por supuesto, el nombre que deberá recibir la criatura.

Algunos dirán que no puede faltar el nombre del abuelo, la abuela o la madrina aunque sean horribles o fuera de moda, y hasta alguno arriesgará el nombre del emperador Julio César o del mismísimo Napoleón. Tampoco falta el desubicado que sugiere el nombre de un antepasado del año 1500 de nombre Aldaricus, pero finalmente los padres tendrán la última palabra. En la milonga ciudadana “Sin pensarlo”, cansado el padre de tanto cotilleo, finalmente impuso su autoridad, se fue al Civil y sin pensarlo le puso Carlos Romualdo, igualito que Gardel.

Pablo Cazau. Mayo 2009.

Visitando Colón, en Entre Ríos

Rompiendo la tradición de la costa atlántica bonaerense, esta vez decidimos cambiar el mar por el río y las olas por aguas más tranquilas, y nos fuimos veinte días de enero a la ciudad de Colón (Entre Ríos, Argentina), promocionada como “un paraíso para disfrutar todo el año” o “la ciudad de todos”.
Colón está a unos 330 kilómetros de la Capital Federal, a orillas del río Uruguay y casi enfrente de Paysandú, su homóloga uruguaya.
Con 25.000 habitantes estables, en épocas de alta temporada se ve invadida por gran cantidad de turistas que encuentran en las playas del río Uruguay una ocasión para refrescarse, y en sus aguas para navegar en lanchas o kayaks, o hasta montarse en las llamadas “bananas”, donde los más audaces tendrán ocasión de padecer algunos naufragios en el medio del río cuando el artefacto de goma se da vuelta y arroja a todos al agua munidos de sus respectivos chalecos salvavidas.
La zona céntrica comprende unas diez cuadras sobre la calle 12 de Abril, desde la avenida Costanera hasta la plaza Washington, centro geográfico de la ciudad donde está el Municipio y otras importantes dependencias y donde los fines de semana de enero a partir de las 22.30 horas podrán presenciar los Tradicionales Corsos Colonenses a $4.
Quien visite Colón encontrará muchas pizzerías y pocas heladerías, confiterías con Wi-Fi, alquiler de cuatriciclos y kayaks, y precios accesibles en casi todos los rubros. Información abundante sobre estas y otras cuestiones podrá obtenerse en la eficiente oficina de turismo del municipio, a orillas del río.
Viajamos desde Retiro en micro a razón de $54 por persona, y alquilamos una casita de dos ambientes con jardín y parrilla a $90 por día situada a treinta cuadras de la playa. Un remise o un taxi nos cobró entre 5 y 7 pesos por alcanzarnos hasta ella. La mayoría de los días fueron soleados y muy calurosos, y descubrimos que yendo temprano a la playa podíamos prescindir de las sombrillas refugiándonos bajo los árboles linderos.
Conforme se busca alojamiento más cerca del río los precios suben considerablemente, en especial en esta temporada 2009 que viene siendo, según fuentes confiables, nada menos que la mejor de la historia de Colón en materia de turismo.
Una opción muy recomendada para todo el año, incluso para los días nublados y hasta ligeramente lluviosos es pasarse la jornada en el Complejo Termal de Colón, a pocas cuadras de la Playa Norte. El emprendimiento municipal permite acceder de 9 a 21 horas y por apenas $10 a un parque con varios tipos de piletas: de agua fría o caliente (36 grados), cubiertas o descubiertas, con diferentes niveles de profundidad y con o sin chorros de agua de agua caliente que se disparan desde arriba. Ideal para relajarse.
Quienes no hayan llevado sillas o sombrillas pueden alquilarlas allí mismo y ocupar el césped que rodea las piletas, e ir a comer o tomar algo en los dos locales cubiertos del complejo.
Pablo Cazau. Enero 2009.

Sitios curiosos y webs amigas

Estasmuerto Averigua cuando y como morirás.

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Framboise781 Visita París en una foto de 360 grados.

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Webs amigas

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Elblogdemariabelen El blog de María Belén.

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Pablo Cazau. Marzo 2009.

lunes 20 de julio de 2009

Quién se robó mi vaso


En un restaurante cada uno sabe cuál es su vaso porque lo tiene siempre adelante, pero en una casa de familia las cosas cambian radicalmente: la gente se levanta y deja el vaso sobre el piano, en el aparador, en el balcón terraza, y después viene otro confundido y toma el vaso del piano llevándoselo a la mesita del velador.

Llega así un momento que tu vaso desapareció, y empezar a tejer varias hipótesis mientras simulás seguir escuchando las idioteces que te dice otro invitado. ¿Se lo habrán llevado a la cocina? ¿Lo habré dejado encima del televisor? ¿Me lo habrá afanado algún pequeñuelo? ¿Será el que sostiene aquél que está bailando solo?

Ya muerto de sed buscás un vaso virgen, pero a esta altura todos están usados. Por lo tanto, agarrás cualquiera que tenga vino y, ¡oh sorpresa!, en lugar del vino tiene pepsi sin gas. Y debés tener mucha suerte si el vaso no está embadurnado con la torta de cumpleaños porque pertenecía a un niño travieso.

Llega un momento, sin embargo, en que ya no importa donde están los vasos de cada uno, sea porque todos saciaron su sed, sea porque todos están borrachos. Y ya se sabe que un borracho agarra el primer vaso que ve, y hasta ni se da cuenta si tiene vino o pepsi siendo la única condición que no esté vacío.

Algunas anfitrionas imaginativas han intentado resolver este problema repartiendo vasos numerados, pero los niños no reconocen los números ni saben para qué sirven. Otras han utilizado vasos de diferentes colores, formas y diseños, pero esto no resuelve nada porque la gente seguirá tomando y dejando vasos en cualquier lado, creyendo que tal diversidad obedece a una mera cuestión estética.

Pablo Cazau. Mayo 2009.

Respuestas literarias a preguntas inusuales

Parte del interés de la literatura reside en que ofrecen respuestas más o menos creíbles a preguntas más o menos exóticas.
¿Por qué no hay que confiar en el sentido común? La respuesta en La ausencia de Mr. Copa, de G. K. Chesterton.
¿Hasta qué punto un fantasma puede perturbar nuestra existencia? La respuesta en El fantasma de Avery, de James Gilmore.
¿Qué sucedería si ingresáramos en un mundo sin altura? La respuesta en Planilandia, de Edwin Abbott.
¿Cómo se pueden atravesar barreras infranqueables? La respuesta en El misterio del cuarto amarillo, de Gastón Leroux.
¿Qué sucedería si despiertas en tu ataúd? La respuesta en El entierro prematuro, de Edgar A. Poe.
¿Qué le sucede a un hombre si comienza a comprender lo incomprensible? La respuesta en 2001 Odisea del espacio, de Arthur Clarke.
¿Qué ocurriría si alguien probara el elixir de la eterna juventud? La respuesta en Qué le ocurrió al Cabo Cukoo, de Gerald Kersh.
¿Qué pasaría si un tren ingresara en un espacio topológico? La respuesta en Un metropolitano llamado Moebius, de A. Deutsch.
¿Qué ocurriría si por culpa de una mosca quedáramos prisioneros en la prehistoria? La respuesta en Paradoja perdida, de Frederic Brown.
¿Qué pasaría si un microbio extraterrestre llegara a la Tierra? La respuesta en La amenaza de Andrómeda, de Michael Crichton.
¿Cómo reaccionaríamos si encontráramos a alguien a quien no vemos hace millones de años? La respuesta en Encuentro final, Harry Harrison.
¿Qué pasaría si soltáramos cangrejos mecánicos en una isla desierta? La respuesta en Los cangrejos andan por la isla, de A. Dneprov.
¿Podemos estar seguros de diferenciar claramente realidad de alucinación? La respuesta en La píldora amarilla, de Rog Phillips.
¿Qué pasaría si una computadora sigue funcionando aunque haya desaparecido la especie humana? La respuesta en La última pregunta, de Isaac Asimov.
¿Cómo contestaría una computadora perfecta una pregunta incontestable? La respuesta en Respuesta, de Frederic Brown.
Pablo Cazau. Noviembre 1991.

La noche de cristal

El padre de Daniel falleció en 1981, hace 27 años, debido a un problema cardíaco, y por muchos años no lo lloró. Aunque sintió una conmoción de apenas unos segundos cuando le comunicaron la noticia, consideró al evento como uno más de la vida, no más importante que un cambio de temperatura durante el día.

Esta reacción hizo sentir a Daniel un poco de culpa y extrañeza, porque se supone que cuando muere un padre uno debe llorar.

Sin embargo, esto no sucedió por mucho tiempo, pero en su lugar Daniel tuvo, a partir de entonces, sueños recurrentes donde su padre volvía a la vida, o en realidad no había muerto, o se levantaba del sepulcro cubierto de cenizas deambulando por la escena del sueño como si nada.

Luego de varios años, Daniel tuvo un sueño muy distinto. Mientras su padre transitaba como siempre en sus pesadillas, de repente se da vuelta, mira fijamente a Daniel con una expresión de infinita ternura, le extiende la mano y le dice:

- Hijo, ya es hora de irme definitivamente, pero siempre estaré aquí. No te preocupes por mí, porque estaré muy bien.

Daniel se despertó sobresaltado, pero enseguida sintió una paz infinita. Esa noche de cristal había destruido en mil pedazos la ilusión de que su padre todavía vivía, lloró amargamente su ausencia definitiva, comprendió por vez primera cuánto lo amaba, y supuso que esa era la forma en que su padre lo estaba ayudando a hacer su duelo. Nunca más volvió a soñar con su padre.

¿Estuvo él realmente en sus sueños, o era un episodio inventado por su cerebro? Daniel nunca se preocupó por averiguarlo, pero el sueño final le permitió verlo como el ser humano que realmente había sido: un niño travieso traído de su Francia natal a los dos años y convertido luego en un padre que simulando ser severo, pero bien intencionado, nunca supo muy bien cómo educar a su hijo.

Pablo Cazau. 2008.

martes 14 de julio de 2009

Estudios sobre el comportamiento humano

Estudios realizados en los EEUU han arribado a las siguientes conclusiones.
Cuando somos presentados a otra persona, es más probable que dicha persona recuerde nuestro nombre si fue pronunciado cinco minutos después de iniciada la conversación (casi en el 100 % de los casos es recordado), que si es pronunciado apenas somos presentados.
Cuando una persona debe resolver una duda o un problema o se encuentra absorto en sus pensamientos, y en tales casos tiende a mirar hacia la izquierda, es probable que tenga mayores aptitudes para escribir, que posea una imaginación más vívida, que muestre mayor tendencia a ser alcohólico (en el caso de los hombres) y a padecer ataques de asma.
Cuando una persona debe resolver un problema o una duda o se encuentra absorto en sus pensamientos, y en tales casos tiende a mirar hacia la derecha, es probable que sea buena para las matemáticas, prefiera los colores fríos, y que esté más propensa a padecer migraña.
Es más fácil convencer a otro de nuestro punto de vista si nos sentamos en una postura ‘abierta’, es decir, con los codos separados del cuerpo y las rodillas también separadas.
Es más probable que un primogénito o un hijo único, más que otras personas que no lo son, llegue más lejos en sus estudios, incluso en los universitarios. Algunos van más allá: de los siete primeros astronautas estadounidenses que cumplieron misiones espaciales, seis eran primogénitos o hijos únicos.
Las mujeres, mucho más que los hombres, hablan de la familia, la salud, la sexualidad, el peso corporal, la alimentación y la ropa.
Las personas extravertidas muestran en general una mayor disposición a contestar cuestionarios psicológicos que las personas introvertidas.
Los hombres, más que las mujeres, conversan de música, de las noticias y de los deportes.
Seremos aun más convincentes si miramos directamente a los ojos del otro e imitamos su postura.
Tanto las mujeres como los hombres consideran que los temas de conversación predilectos del otro sexo son a menudo ‘triviales’.
Un hombre excedido en peso en un 20 % o más, gana menos dinero que otro más delgado y que trabaje en un puesto similar, independientemente de la estatura.
Un político tiene más oportunidades de ser electo si su oponente tiene menor estatura. También, un hombre tiene más posibilidades de ganar más dinero si es más alto.
Un primogénito o un hijo único tenderán, más que otras personas que no lo son, a pedir que alguien los acompañe al dentista o a la sala de urgencias de un hospital.
Fuente: Asbell B y Ryan R, “What they know about you”, publicado por Random House Inc, de Nueva York, 1991.

lunes 13 de julio de 2009

El "autoatentado" de las torres gemelas



En Youtube se han colgado varios videos que intentan probar que los atentados terroristas del 11 de septiembre fueron en realidad una operación montada por el mismo gobierno de EEUU para justificar la intromisión militar en Oriente. Según ellos, el colapso de las torres y de parte del Pentágono se produjo mediante explosivos colocados previamente, y los “aviones” no fueron otra cosa que misiles arrojados por aviones militares, misiles que también provocaron el mismo día el cráter en un campo donde “oficialmente” se había estrellado otro avión de American Airlines.
Normalmente uno cree la información publicada en los medios y se convence que fueron los terroristas de Al Queda los autores, pero cuando se encuentra con esta clase de videos, puede empezar a dudar y hasta convencerse de lo contrario.
Personalmente no tengo manera de probar ninguna de las versiones, porque los videos pueden haber sido tan arteramente preparados como lo fue la supuesta operación de los terroristas. Como bien los saben algunos investigadores del fenómeno OVNI, los videos no son pruebas materiales hasta tanto no se demuestre lo contrario. De hecho, cualquiera con algo de ingenio puede preparar otro video explicando con la misma fuerza persuasiva por qué la explicación del autoatentado es falsa.
En derecho se aprecia mucho más la prueba material que la prueba testimonial. Mil testigos no pueden contra una sola muestra de ADN del criminal, y un amigo mío decía que puede traer a miles de personas que NO lo vieron entrar a la casa la noche del crimen. Y en la ciencia igual: si bien utiliza pruebas testimoniales (las declaraciones de científicos prestigiosos o de observadores imparciales, por ejemplo) en última instancia busca la prueba material, siendo su ejemplo típico el experimento.
Lo que me interesa destacar, en todo caso, es cómo la información puede ser utilizada para desacreditar a otros que no son del mismo bando, y al respecto vienen a mi memoria otros dos ejemplos: la teoría según la cual los hombres nunca llegaron a la Luna y que se trató de una operación propagandística yanqui, y cierta interpretación de las “profecías” de Nostradamus, hecha casualmente por un israelí y según la cual los malos de la película que destruirán el mundo son los musulmanes.
Si alguna moraleja podemos sacar para la vida cotidiana es lo siguiente: si alguien te habla mal de otro, verificá la información y no te conviertas en el instrumento de odios ajenos. O por lo menos tomala con pinzas.
Y sobre todo, no te creas que hay solamente dos teorías. La teoría oficial y la teoría conspirativa son dos extremos que admiten teorías intermedias. En tren de especulaciones, podría enunciarse alguna como la siguiente: “El atentado fue el resultado de Al Qaeda; por otro lado, el gobierno de EEUU estableció pautas para que, en el caso de un atentado lo suficientemente agresivo como para amenazar seriamente el derrumbe de los edificios atacados, se activara un sistema de demolición controlada que produjese el mínimo daño en las construcciones vecinas. La difusión del gobierno sobre esta decisión sería muy mal vista por la población, que vería en ella una ineptitud de las autoridades para evitar esta clase de atentados”. No cabe la menor duda que dicha especulación sería inmediatamente refutada tanto por la historia oficial como por la historia conspirativa, pues para la mente humana no hay teoría que no pueda ser rechazada.
Pablo Cazau. Junio 2009.

La cristianización del Carnaval

Son bien conocidos los intentos de los colonizadores españoles por imponer la fe cristiana a indígenas americanos que ya traían su propia religión de una infinidad de años antes.
En pleno 2009 la cosa parece no haber cambiado mucho, como pudimos constatar en el Carnaval de Colón (Entre Ríos), que además de colonense tuvo también un cierto tufillo a colonizador.
Ocurrió que el espectáculo se inauguró con una ceremonia donde un cura católico ‘bendijo’ el Carnaval, y hasta aprovechó la ocasión para despacharse con uno de sus clásicos sermones de misa. Hasta mi mujer, católica ella, estuvo tentada de decirle que bendecir una fiesta pagana era todo un sacrilegio.
Naturalmente, el sacerdote desapareció apenas comenzaron a desfilar legionarios romanos que recordaban a los verdugos de los cristianos, así como travestis y mujeres que mostraban sus esculturales y ‘pecaminosas’ anatomías.
Y es que el carnaval fue siempre, desde sus orígenes y bajo la inspiración del dios Momo, una fiesta donde se liberaban los impulsos en vez de reprimírselos en aras de una mojigata moral religiosa.
¿Cómo hubiera reaccionado nuestro cura si al comienzo de la misa dominguera hubiese ingresado al templo una murga para ‘bendecir’ la ceremonia en nombre del dios Momo, un ser tan execrable que hasta los mismos otros dioses lo expulsaron del Olimpo por burlón, borrachín y maleducado?
Sabemos que el carnaval es un festejo donde también participan niños, pero una cosa es la moral pública y otra la moral que intenta imponerse desde una religión o, peor aún, la religión que intenta imponerse desde una moral.
En tal sentido la desacertada intervención del sacerdote no tiene mucha diferencia con la politización de un evento popular, donde por ejemplo la gente se moviliza espontáneamente para reclamar agua potable y enseguida se infiltra algún partido político con sus pancartas procurando dar a entender que ellos organizaron todo para ‘bien’ de la población.
Desde tiempos inmemoriales se sabe que una fuente importante de poder es la adhesión de voluntades, y es así que los políticos buscan votantes, los religiosos adeptos, y ambos mantener sus respectivas fidelidades en el tiempo. Pero una cosa muy distinta es pretender cristianizar o politizar una manifestación popular es fue, es y será siempre, si Momo lo permite, el triunfo de la espontaneidad, el cuestionamiento del statu quo, la exteriorización del rompimiento momentáneo de las reglas de una manera canalizada y organizada, y la crítica a esas normas que intentan imponer los sistemas religiosos o políticos.
Una murga, en fin, no es un mitin político ni una ceremonia religiosa sino la espontánea manifestación de un sentimiento popular, incluso si sus integrantes son católicos, musulmanes, peronistas o radicales. Y si son incapaces de dejar momentáneamente a un lado sus convicciones religiosas o políticas, será mejor que nunca se hagan murgueros.
Pablo Cazau. Enero 2009.

lunes 6 de julio de 2009

Un gusano bicéfalo

Por la década del '60 apareció una revista destinada, según su director, a humorizar un poco la ciencia para quitarle ese velo de seriedad y circunspección que tan mal le quedaba. Se trataba del "Worm Runner's Digest" (Revista del Amaestrador de Gusanos), fundada en los EEUU por el irreverente psicólogo James V. Mc Connell (1970:16).
En el curso de sus investigaciones, Mc Connell se había interesado por el comportamiento sexual del platelminto, un gusano plano común con la cabeza en un extremo y la cola en el otro. Su indagación lo llevó a concluir que es el animal más antifreudiano que existe: a) al ser hermafrodita no experimenta la envidia del pene, pues tiene ambos sexos; y b) al poseer una misma abertura para comer y defecar, tiene confundidos sus estadios oral y anal.
Sin embargo, el interés original de Mc Connell no fueron los hábitos sexuales de este bicho imposible de acusárselo de machista o feminista, sino la posibilidad de amaestrarlos, lo que implicaba poder transmitirles cierta información para memorizar. Fue así que cierto día amaestró a un gusano y luego, presa de un ataque de sadismo, como él mismo reconoce, lo cortó en dos pedazos. A partir de la cabeza se formó un nuevo gusano y a partir de la cola otro igual, ambos enteros con cabeza y cola, y comprobó no sólo que cada nuevo gusano recordaba lo aprendido, sino además que las colas recordaban aún mejor que las cabezas. Mc Connell concluyó que, al menos para los gusanos, perder la cabeza en realidad mejoraba la memoria.
Otro experimento consistió en agarrar un gusano -siempre desprevenidamente- y cortarle solamente la cabeza en dos mitades. Cada mitad regeneraba una cabeza entera, con lo cual se obtenía un gusano bicéfalo. Para sorpresa de Mc Connell, este gusano recordaba aún mucho mejor lo aprendido que cuando era normal, con lo cual obtuvo una segunda conclusión: para la buena memoria, es mejor tener dos cabezas en vez de una sola.
Otra experiencia, finalmente, se realizó cortando un gusano amaestrado en trocitos muy pequeños y dándoselos de comer a otros gusanos no amaestrados pero sí muy hambrientos, los cuales pronto empezaron a 'recordar' lo que habían aprendido. Basándonos en este experimento, podríamos llegar a una nueva conclusión: si usted quiere ser inteligente, cómase un muslito de Einstein.
Obviamente, las investigaciones de Mc Connell tenían su lado serio. Lo que en última instancia buscaba era el factor capaz de transferir la memoria, concluyendo finalmente que se trataba del ARN (ácido ribonucleico), pero la seriedad de esta preocupación no tenía porqué prescindir del lado cómico del asunto. Como en la vida, en la ciencia podemos ser responsables sin por ello perder el humor.
Urgido por su jefe de departamento, que lo conminaba a publicar o morir no importando si la investigación era mala ("total el decano no se iba a dar cuenta"), Mc Connell publicó finalmente sus conclusiones y, para su sorpresa, los únicos que se interesaron por su artículo no fueron sus ilustres colegas sino alumnos del colegio secundario, que lo atiborraron de cartas preguntándoles todo acerca del cuidado y amaestramiento de gusanos.
"Algunos de ellos -cuenta Mc Connell-, nos escribían exigiéndonos 'de inmediato' algunos centenares de animales ya amaestrados, pues ellos mismo no tenían tiempo para ponerse a hacerlo", lo cual venía a demostrar que seguramente habrían de ser brillantes científicos. Entre Mc Connell y sus ayudantes terminaron armando un manual para alumnos, que finalmente se convirtió en el primer número de la Revista del Amaestrador de Gusanos. Hasta el momento en que Mc Connell rememoraba toda esta historia habían pasado ya diez años y la revista seguía saliendo con una circulación internacional (36 países) de miles de números, habiendo ya incorporado toda clase de artículos serios entremezclados con burlas, sátiras y anécdotas de todo tipo. No pocas veces algún lector desprevenido se enfrascaba en la lectura de un trabajo y por la mitad descubría que en realidad era una sátira. Hubo que imprimir los textos fraudulentos en forma invertida para evitar la confusión entre la ficción y la realidad.
Pablo Cazau. Abril 2006.
Referencias bibliográficas
Mc Connell J (1970) Confesiones de un humorista científico. Buenos Aires: Revista Ciencia Nueva, Año I, N° 4, Agosto 1970.

Adler y la locura del poder

¿Quién no deseó ser alguna vez como Superman o como Dios? ¿Quién no se embriagó con esa cosa llamada Poder, y que alguna vez Henry Kissinger llamara el 'afrodisíaco definitivo del hombre' (cuanto más se tiene, más se quiere)? ¿Y quién, en fin, no repudió alguna vez tales íntimos e insensatos anhelos asumiendo la identidad del humilde? Porque ya lo dijeron una vez los junguianos: quien por fuera se muestra modesto, inconcientemente se siente poderoso, así como quien necesita ostentar poder, por dentro se siente insignificante.
El psicoanálisis se ha ocupado precisamente de analizar la locura del poder en especial a través de la teoría de Alfred Adler, cuando ya despuntaba nuestro siglo XX. Menos delirante que Nietzsche, el ex-discípulo de Freud había partido de la premisa que la criatura humana tiene la particularidad de nacer desvalida, desprotegida e inmadura, lo cual no la pone en la mejor posición para sobrevivir. Es así que al nacer en tal inferioridad de condiciones, el hombre desarrollará un fuerte sentimiento de inferioridad que será tanto más acentuado si padece además algún déficit orgánico tipo sordera o cojera, o algún defecto de tipo mental, como por ejemplo ser hincha de Racing.
Este sentirse inferior no es muy agradable, por lo que el hombre comienza a rebelarse contra él. Aparece por ejemplo la llamada "protesta masculina", una queja contra la condición débil e inferior que según Adler tanto varones como mujeres relacionaban con lo femenino. Por lo tanto serían las mujeres las que, en razón de su obvia condición femenina, sienten mayor desvalimiento e inferioridad apareciendo en ellas más acentuadas aquella protesta viril: son ellas quienes reclaman más atención y protección, son ellas quienes desean más ser amadas que amar, son ellas quienes más fuertemente experimentan la envidia derivada de su inferior posición, etc.
Sin embargo, la cuestión no queda en una simple protesta. El ser humano buscará compensar su sentimiento de inferioridad desarrollando un sentimiento de superioridad de naturaleza egoísta e individual, y que inevitablemente entrará en conflicto con otro sentimiento muy humano, el sentimiento de comunidad, altruista y solidario, y que también ya tendría el hombre por naturaleza. Según Adler, de cómo el ser humano resuelve el conflicto entre el egoísmo individual y la convivencia social dependerá su salud mental o su patología. Individuo sano es aquel que supo conciliar ambas tendencias mediante una compensación exitosa. Su actividad sexual, social, laboral o familiar satisface al mismo tiempo su sentimiento de superioridad, pero también le permiten integrarse adecuadamente a su entorno comunitario.
Las soluciones patológicas aparecen cuando la compensación es excesiva, o cuando es fallida. Una compensación excesiva transforma al hombre en un ser engreído, tirano y totalitario, ya que hizo prevalecer su sentimiento de superioridad a costa del sojuzgamiento de sus semejantes. A una persona así le resultaría por ejemplo difícil formar pareja, pues su objetivo de sentirse superior estará por encima de cualquier consideración.
Una compensación fallida origina las neurosis y las psicosis. Habiendo el sujeto fracasado en sus intentos por alcanzar la superioridad, aparecen los síntomas neuróticos y psicóticos como un intento por compensar dicho fracaso, intentos que no son otra cosa que excusas o "arreglitos", como los llamaba Adler, que pretenden justificar porqué uno no alcanzó la ansiada superioridad. Así por ejemplo el insomnio o el dolor de cabeza serían para el enfermo los culpables de sus fracasos, los responsables de no poder cumplir con sus obligaciones comunitarias tales como trabajar, etc. Otras excelentes excusas son la duda obsesiva ("creo que nunca podré hacerlo bien") y el desaliento ("es demasiado tarde para lograrlo"), que terminan por paralizar y estancar cada vez más al paciente.
La teoría adleriana viene a ilustrarnos, en suma, la notable persistencia e intensidad que tiene en el hombre el ansia de poder -derivada de su original sentimiento de inferioridad-, ansia que podrá canalizarse integrándola a los sentimientos comunitarios, que podrá pasar por encima de ellos al mejor estilo nietzscheano, o bien que será abandonada por fracasos desalentadores que se buscan justificar mediante los "arreglitos" indicados.
Así como tendemos a creer que el verdadero amor es el amor eterno, así también pensamos que el auténtico poder es el poder para siempre. De aquí que tras el anhelo de poder se esconde siempre el ansia de la inmortalidad. Ser poderoso es ante todo perpetuarse, lo cual convierte a la muerte en la herida más desgarradora de la humana omnipotencia, y al afán de perdurabilidad en la más profunda necesidad del hombre. El proyecto Genoma de la actual ingeniería genética apunta, en el fondo, a la satisfacción de ese deseo, y no parará hasta encontrar y controlar el famoso gen de la inmortalidad, la última versión del antiguo elixir de la juventud.
Pablo Cazau. 2007.
Referencias bibliográficas
Adler A (1967) Práctica y teoría de la psicología del individuo. Buenos Aires: Paidós, 4ª edición.

Sitios de psicología y educación

1) Sitios con artículos de Psicología y Educación

El sigma Psicoanálisis.

Psicoactiva Psicología.

Alcmeon Psicología.

Psicopatologia Psicopatología.

Funchiozza Psicosomática.

Ucm Diccionario de ciencias sociales.

Buscabiografias Biografías de todo tipo.

Contextos Psicología conductista.

Kubernetes Psicología sistémica.

Marietan Psiquiatría.

Psiquiatria Psiquiatría.

Umn Apuntes para estudiantes.

Resumiendo Resúmenes de todas las ciencias.

Psicologia-online Psicología.

Reme.uji Motivación y emoción.

Psicopag Psicología.

Iztacala.unam Psicología.

Contexto-educativo Revista de Educación.

Psicopedagogia Psicopedagogía.

Xpsicopedagogia Sección Escritos Psicopedagogía.

2) Directorios Psicología y Educación

Te ofrecen un listado de sitios de psicología y ciencias afines.

Cop Database Psicología.

Portalpsicologia Psicología.

Ub Psicoenlaces Psicología.

Psicocentro Psicología.

Um Psinternet Psicología.

Psicologia.nu Psicología y ciencias afines.

Scirus Psicología y ciencias en general.

Reduc Ciencias de la Educación.

Actualizado a Noviembre 2010.

Pablo Cazau. Marzo 2009.