lunes 30 de marzo de 2009

Los estereotipos de la felicidad

La comunicación masiva tiene el inmenso y peligroso poder de redefinir lo que es normal. Por ejemplo, algunos avisos publicitarios imponen modelos de felicidad que a veces hay que pagar muy caros. Es así que la felicidad está en poseer un automóvil nuevo, ropa de una determinada marca, viajar en un crucero por todo el mundo, o tener un bungalow con tiempo compartido. Todo eso es lo que “normalmente” debe ser considerado felicidad, simplemente porque “casualmente” es lo que deja más dinero a las empresas y es lo que ellas suponen que muchos desean.
Sin embargo, para la gente la felicidad puede estar en pasear con los hijos, en bailar en una murga, en escribir historias, etc. Para otros la felicidad es estar sentado en la puerta de la casa, o bajo el alero en el medio de una tormenta campera, o en escuchar su música preferida, o en estar rodeado de perros o gatos, en ser budista, en coleccionar estampillas, en el casamiento de un hijo, en el nacimiento de un nieto, o en la contemplación, como decían algunos filósofos griegos. Claro que hay gente que es feliz viajando en un crucero, luciendo ropa fina o con un nuevo lifting, pero no todos tienen esa idea de felicidad.
Cuando tenía veinte años mis padres me ofrecieron viajar a Europa, pero yo rehusé. En ese entonces la felicidad para mí era estar en el boliche con mis amigos, irme a la biblioteca a leer las aventuras de Sherlock Holmes, escuchar a Julio Sosa, construir una guitarra eléctrica, pero no tener que andar movilizándome de un continente a otro. Claro que todos me dijeron que estaba loco, porque estaba en sus mentes el estereotipo que viajar por el mundo otorgaba felicidad. Pero es el día de hoy que no me arrepiento de la decisión tomada. Son aquellos momentos en el bar o en la biblioteca los que recuerdo con satisfacción, una prueba contundente que por entonces fui feliz.
Pero no: para las empresas nada de eso es felicidad porque muchas veces no es vendible. La felicidad suele estar en las cosas pequeñas: pero no en un pequeño yate, una pequeña mansión, un pequeño viaje alrededor del mundo o una pequeña fortuna, sino en otras cosas como una pequeña sonrisa, una caricia, o en un insignificante gesto de amor que no se olvida nunca en la vida. Pero las sonrisas y las caricias no se venden, y por lo tanto carecen de significado para el sistema capitalista, que las usa sólo como medio para vender.
No puedo dejar de mencionar otros dos estereotipos de felicidad cubiertos por los medios masivos. Primero, la idea que la felicidad está en un cuerpo delgado y armónico. ¿O alguien vio un aviso publicitario donde haya un gordo con un granito en la frente? Segundo, la idea que la verdadera felicidad ha de ser una sensación indescriptible, sublime, intensísima o mágica, sobre todo cuando se trata de la felicidad sexual. En realidad la mayoría de los momentos felices son simples y cotidianos, y el hecho de no ser necesariamente intensos o sublimes no los hace intrascendentes porque todos ellos juntos construyen una vida feliz. Como decía Pearl Buck, muchas personas pierden estas pequeñas alegrías esperando la gran felicidad.
Pensar en las cosas que pueden hacernos feliz puede insumir cierto esfuerzo y hasta despertarnos alguna culpa escondida, y entonces buscamos que otros nos provean de modelos de felicidad que muchas veces nos defraudan porque no es la felicidad que hubiéramos elegido.
Pablo Cazau. Agosto 2008.

Los nicks colectivos

Quizás alguna vez habremos utilizado diferentes nicks o apodos, del mismo modo que utilizamos diferentes correos electrónicos para expresar las distintas facetas de nuestra personalidad.
Una alternativa indudablemente original consiste en hacer lo contrario: en lugar que la misma persona tenga varios nicks, se puede crear un único apodo que puedan utilizar muchas personas dando a conocer públicamente su contraseña. Si muchos entran en el juego, nadie sabe quién estará escribiendo, ni tampoco si fue o no su creador original, salvo que los delaten su estilo de escritura o algún acto fallido, como diría el psicoanalista Freud. También podrá ocurrir que cualquiera de los participantes se autoelimine del sistema, si acaso éste lo permite, dando por finalizado el juego. Tampoco nadie podrá convencer a nadie que él es el verdadero creador del nick.
La pregunta acerca de quién es el verdadero creador del nick no es en algún sentido importante, porque en realidad ese nick son todos los que escribieron con él, lo que da como resultado una personalidad multifacética y contradictoria generada artificialmente. Según las reglas del juego, con el nick colectivo no estamos robando una identidad, sino utilizando una que nos fue ofrecida por su creador. Una situación algo parecida es el hipotético diario que publica notas de diversas personas sin que estas den sus nombres.
Con este juego todo se transforma en un país imaginario donde todos tienen el mismo nombre, y entonces para referirnos a un Juan había que decir “el pelirrojo que vive en la otra cuadra al lado del almacén”, para referirnos a otro Juan había que decir “el esposo de María que vive en Banfield”, y así sucesivamente. Del mismo modo, aparecieron en este jueguito el nick que escribió el comentario número 5 a la nota “X”, y otro nick igual que escribió la nota “Z”, con el agravante que ambos podían ser el mismo, o no. Imagínense vivir en una sociedad así. ¿No es mejor que cada uno tenga su propio nombre para que todos podamos conocernos mejor, aun cuando sean nombres falsos?
El fenómeno del nick colectivo apareció cierto día en un blog colectivo se expresión ciudadana llamado Igooh, donde un participante propuso el apodo “Haceme”, al parecer como una invitación a “hacer” o construir una personalidad colectiva. Concretamente, los hechos se sucedieron aproximadamente de la siguiente manera:
1) Cierto día un participante publicó una nota, cuyo texto no pude recuperar, donde ofrecía a todos los demás participantes utilizar el nick “Haceme”, revelando para ello públicamente la correspondiente contraseña y sugiriendo o imponiendo, si mal no entendí, la única regla de no borrar nada de los publicado con ese nick.
2) A partir de ese momento aparecieron varias notas y comentarios con el nick “Haceme”, aunque no podía saberse si eran escritas por el mismo creador del nick o por otros participantes que decidieron entrar en el juego.
3) Aprovechando este anonimato, en algunos escritos se volcaron ideas y sentimientos que tal vez no se hubieran animado a decir con su propio nick. Algunas tuvieron un tono hiriente hacia otros participantes, mientras que otras expresaban amores ocultos.
4) El presunto creador de Haceme publicó una nota final expresando haber quedado defraudado con los resultados del juego, cuestionando a todos aquellos que no se animaron a decir lo que pensaban con su propio nick verdadero.
Puedo expresar mi opinión respecto de este juego o experimento de la siguiente manera:
1) Para expresar todo lo que uno no se anima a decir con su propio nick podría haber creado un segundo nick y ocultarse detrás de él, sin necesidad de usufructuar un nick colectivo. Lo único que hizo el creador de “Haceme” es estimular esto, con la diferencia que con el nick Haceme no escribía una sola persona sino muchas, con lo cual el anonimato resultó aún más acentuado.
2) El juego se prestaba a ser jugado de diferentes maneras: para unos el desafío podría haber sido descubrir quién era el verdadero Haceme, para otros el desafío era escribir aquello que no se animaban a decir (bueno o malo) con su propio nick, y para otros una mera travesura escribiendo algo utilizando el nick Haceme.
3) El juego es original, y en sí mismo no es ni bueno ni malo: todo depende como lo jueguen los participantes. Algunos habrán encontrado la oportunidad de declararle su amor a otro participante desde el anonimato como hacía Cyrano de Bergerac, mientras que otros, de criticarlo o insultarlo sin temor a ser identificados. En tales sentidos, el juego puede ser considerado como una invitación al amor o una incitación a la violencia.
4) En lo personal nunca escribí con el nick Haceme: prefiero utilizar mi propio nick haciéndome cargo de lo que digo, de manera que frente a la invitación GAME OVER nunca respondí con el INSERT COIN.
Pablo Cazau. Septiembre 2008.

Sobre apariciones y desapariciones

Las historias fantásticas se complacen con las apariciones de objetos extra-terrenales como fantasmas y naves alienígenas, mientras que las de misterio y policiales disfrutan con las desapariciones de objetos terrenales como joyas y cadáveres, aunque tampoco la literatura y el cine han descuidado reapariciones y transformaciones.
Respecto de las desapariciones, Agatha Christie esfumó en un cuento los planos de un submarino, Arthur Conan Doyle un objeto en “La aventura del tres cuartos desaparecido”, Maurice Leblanc hizo desaparecer a su principal protagonista Arsenio Lupin desde… el principio mismo del relato, mientras que el detective Dupin de Poe enfrentó otra desaparición en “La carta robada”, una historia del París del siglo XIX.
La policía buscó y rebuscó el documento cuarto por cuarto y cajón por cajón, investigó todos los secretos, atravesó todas las sillas con finas agujas, desmontó las tablas de las mesas y las camas, examinó las junturas de todos los muebles revisando cortinas, alfombras y espejos. Incluso toda la casa fue dividida en sectores numerados, sin encontrarse la carta. Sólo pudo con el problema el detective Dupin empleando una “feliz combinación de poesía y matemáticas” y sobre la base del axioma según el cual hay objetos que escapan a la vista humana sólo por ser muy evidentes.
Pero, en materia de desapariciones, Leroux decía que “había que ir más lejos que Conan Doyle y que Poe”, y entonces escribió “El Misterio del Cuarto Amarillo”, una de las mejores novelas sobre el problema del cuarto cerrado, ya anticipada por los relatos ingleses de terror y por “Los crímenes de la Rue Morgue”, donde Poe todavía no cierra totalmente el cuarto porque muy pronto queda en claro que el asesino escapó por la chimenea.
Leroux hace decir a su detective protagonista, Rouletabille, que desentrañó el misterio del cuarto amarillo por haber confiado en los indicios del lado bueno de su razón, ya que todos los indicios exteriores no ofrecían por sí solos ninguna solución. La novela de marras incluye otro gran enigma que también asume la forma de una desaparición: tres hombres están corriendo y acorralando al criminal, y cuando ellos se juntan en la confluencia de las tres galerías del castillo…. el perseguido se esfuma de la manera más increíble sin puertas secretas ni otros recursos convencionales.
Leroux intentará aún más enigmas en “El perfume de la dama de negro”, continuación del Cuarto Amarillo pero esta vez, a nuestro entender, sin el brillo ni la originalidad de los misterios del Cuarto Amarillo y la Galería Inexplicable.
Hasta Agatha Christie, por boca de su detective Poirot, expresa su admiración por el misterio de la Galería. Incluso la Reina del Crimen también desapareció pero en la vida real durante una semana, cuando fue abandonada por su marido. Finalmente se casó con un arqueólogo: “Después de todo –decía- cuanto más vieja me pongo, más me quiere".
Vayamos, ahora, a las apariciones. Arthur Clarke, un grande de la ciencia-ficción, tuvo una obsesión bien definida: la posibilidad de la existencia de inteligencias infinitamente superiores a la humana, y su representación metafórica a través de inquietantes y asombrosos objetos fálicos: el monolito negro de la serie "Odisea Espacial", y la no menos extraña nave cilíndrica que irrumpe en el sistema solar, de la serie "Rama", dos apariciones que despiertan la curiosidad y la paranoia de la especie humana en un futuro no muy lejano. A diferencia de las desapariciones de las novelas de misterio, estas apariciones nunca son totalmente resueltas porque para Arthur Clarke no hay misterios que puedan develarse en su totalidad. El escritor británico finalmente desapareció de este mundo a los 90 años en el 2008, no sin antes ordenar algunas palabras para su lápida: “Aquí yace Arthur Clarke. Él nunca maduró, pero nunca dejó de crecer”.
Otra memorable aparición nos la ofreció Oscar Wilde con su fantasma de Canterville, tal vez el único espectro que resulta más asustado que las personas a quienes debería aterrorizar. Cuenta Wilde: “Poco después de acostarse, todos se alarmaron de pronto ante un temible estruendo en el vestíbulo. Se precipitaron abajo y vieron que una vieja armadura se había separado de su soporte y caído al suelo de piedra, en tanto que, sentado en una silla de respaldo alto, se hallaba el fantasma de Canterville, frotándose las rodillas con expresión de agudo sufrimiento en el rostro”.
Claro que también hay, finalmente, reapariciones y transformaciones. Si de reapariciones se trata, ninguna crónica de la literatura policial podría obviar el famoso retorno de Sherlock Holmes a pedido de sus lectores. Es el riesgo que corre todo escritor cuando su personaje adquiere vida propia en el corazón de sus admiradores. Y si hablamos de transformaciones, nada mejor que disfrutar de una obra maestra del terror como “El fantasma de la Ópera” donde puede uno imaginarse el cambio de un rostro por efectos de un ácido, o de una buena película como “La mosca” donde asistimos a la lenta y terrible transformación de un hombre en un insecto, por no mencionar la clásica “Metamorfosis” de Kafka donde el destino final de un hombre resulta algo parecido a una cucaracha gigante.
Pablo Cazau. Marzo 2008.

lunes 23 de marzo de 2009

El llamador de ángeles

Un día mi mujer trajo un adorno para colgar del techo que no era otra cosa que varios caracolitos sostenidos por piolines, de manera que si uno los movía un poco, entrechocaban entre sí produciendo un sonido especial. Sin hacer preguntas, lo colgó del techo del balcón.
Acostumbrado a los gustos de mi mujer, mentí:
-¡Qué lindo adorno!
Me miró con cara fiera y me dijo que no era un adorno, sino un llamador de ángeles, y que cuando el exótico objeto sonaba, era porque estaba llamando a los ángeles.
Formado en la tradición positivista y en los laboratorios de física, mi estrecha mente estuvo a punto de decirle que el objeto sonaba porque había un viento de cierta intensidad, y no porque alguien estaba llamando a los ángeles. Pero no se lo dije para no tener que iniciar una discusión en el medio del living sobre la mecánica de los fluidos. Simplemente le pregunté:
-¿Y para qué querés llamar a los ángeles?
-Yo no los llamo. Ellos vienen, atraídos por el ruido, cuando algo malo está por suceder. Son como nuestros ángeles guardianes que vienen para avisarnos que están con nosotros, que no tengamos temor, y que nos protegerán.
De alguna forma tenía razón: si el adminículo sonaba algo fuerte podría aproximarse un huracán, que viene precedido por vientos de cierta intensidad y hace sonar los caracolitos y luego todo el balcón y hasta el edificio entero. Me pareció un excelente huracanómetro, y como el ruidito no era tan molesto, no dije más nada.
A la semana siguiente escuché sonar insistentemente a los caracolitos… ¡a pesar de no haber viento ni por asomo!, y enseguida después me llegó la boleta de impuestos del ABL con una cifra exorbitante.
Inmediatamente pensé que habían llegado los ángeles para protegernos, y que no debíamos temer nada. Mi mujer me dijo que pagara nomás el ABL sin protestar, que los ángeles nos iban a proteger.
Como resultado me quedé sin plata y no pudimos comer durante quince días, consumiendo solamente agua de la canilla. ¡Gracias por protegernos, llamador de ángeles! Si no te hubiéramos hecho caso Rentas ya nos habrían rematado la casa, pero en cambio ahora logramos adelgazar los diez kilos que siempre quisimos bajar, y además abandoné definitivamente la teoría de la mecánica de los fluidos.
Pablo Cazau. Agosto 2008.

Ocho respuestas sobre el estrés

1) ¿Qué es el estrés? En esta nota entenderemos por estrés cualquier estado desagradable que padecemos ocasionado, al menos en parte, por un factor ambiental con algún grado de carga traumática.
2) ¿Con qué cosas nos estresamos? Podemos estresarnos con una inundación, con el aumento de los impuestos, con el acoso laboral, con un asalto o un accidente, con familiares que se la pasan discutiendo en nuestro propio hogar, con una enfermedad propia o de alguien cercano, con el ruido de la calle, con un embotellamiento de tránsito, con una traición, con el reclamo de un mal servicio, una mudanza, un casamiento, la muerte de un ser querido, las vacaciones y hasta incluso con una fecha, como la navidad, el fin de año, los domingos o el día del cumpleaños.
3) ¿Quiénes padecen estrés? Cualquier persona sometida a presiones ambientales. Algunas personas son más vulnerables que otras, lo cual dependerá de su historia de vida y/o simplemente de cuestiones genéticas. Algunas personas tienden a ser generadoras de estrés, a veces sin darse cuenta, mientras que otras tienden a ser receptoras. Las primeras se liberan momentáneamente del estrés descargándolo en las segundas.
4) ¿Cuál es el peligro del estrés? Más allá de su carácter displacentero, un estrés sostenido puede desencadenar enfermedades de diversa gravedad, desde un simple resfrío hasta una enfermedad cardiovascular, oncológica u otra de idéntica seriedad.
5) ¿Se puede cobrar por padecer estrés? Claro que sí. Hay personas que, con tal de tener trabajo o un mayor sueldo, están dispuestas a padecerlo: los mineros, los policías, los ejecutivos, los empleados de los call center, los acompañantes terapéuticos, los médicos, y en general todo oficio que suponga hacerse cargo de desastres naturales o lidiar con gente peligrosa, muy demandante o que padece mucho.
Algunos pueden sostener que su trabajo les gusta, lo que puede entrar en conflicto con el estrés que pueden padecer. Otras personas buscan profesiones estresantes porque creen que así pagarán culpas imaginarias o recibirán el reconocimiento de la sociedad.
Muchas otras veces no se cobra y se padece el estrés gratis, como en un embotellamiento de tránsito o con las peleas cotidianas entre nuestros seres queridos.
6) ¿La gente se da cuenta que tiene estrés? En general sí, cuando advierten un malestar físico y/o mental persistente y una causa identificable en su entorno. Pero hay personas que no quieren reconocer su padecimiento, lo cual no hace más que agravar su situación.
7) ¿Se puede evitar el estrés? El estrés no se puede evitar, pero pueden reducirse las probabilidades de sufrir estrés intenso eligiendo para vivir un lugar tranquilo, un trabajo adecuado, la pareja justa, o en general evitando a las personas generadoras de estrés. El estrés forma parte del paquete de la vida y casi seguramente se padecerá en algún momento de la existencia.
8) ¿Tiene solución el estrés? Claro que sí. Algunas veces por la desaparición del factor ambiental traumático o por su recuerdo. También una actividad gratificante que sirva como ‘cable a tierra’ resulta muy útil: un hobby, estar más con los seres queridos. Otras veces, cuando nada de esto es posible, en situaciones agudas y extremas una medicación adecuada puede paliar los síntomas, pero lo más importante de todo pasa por reeducarnos mentalmente en un entorno de contención y autocontención. Por ejemplo, darle otro significado a la situación estresante, tomarse las cosas con filosofía y con humor, buscar el lado positivo al evento traumático, y hasta incluso otorgar un nuevo sentido a nuestra vida.
Pablo Cazau. Noviembre 2008.

Problemas de lógica detectivesca

1) El asesino de Francisco.- Francisco fue asesinado. Usted es un detective y reúne a los cuatro únicos sospechosos: Abel, Bernardo, Carlos y Daniel. Deduzca quién de ellos mató a Francisco, sabiendo que cada uno respondió al interrogatorio con dos respuestas verdaderas y una falsa. Sus declaraciones fueron las siguientes:

ABEL: 1) Me gusta el cine. 2) Carlos mató a Francisco. 3) Dos de las respuestas de Bernardo son verdaderas.
BERNARDO: 1) Yo no fumo. 2) Mi gato se llama Petrus. 3) Cuando Abel dice que le gusta el cine miente.
CARLOS: 1) Yo soy inocente. 2) Hoy llueve. 3) Bernardo y Daniel son inocentes.
DANIEL: 1) Abel mató a Francisco. 2) Abel es inocente. 3) Los cuatro fumamos Jockey Club.

2) El ladrón de cuadros.- Se produjo un robo de cuadros en la galería Montmartre de París, y fueron interrogados cuatro famosos sospechosos, uno de los cuales siempre mintió, mientras que los otros siempre fueron veraces en sus afirmaciones. Con estos datos más las respectivas declaraciones que a continuación se transcriben, deduzca quién fue el autor del robo.

PROFESOR MORIARTY: Fantomas no es el ladrón. A Lupin le gusta disfrazarse.
VIDOCQ: Fantomas busca confundir a la policía con sus declaraciones. Moriarty no es el ladrón.
FANTOMAS: Yo soy el ladrón de los cuadros. Lupin miente siempre.
ARSENIO LUPIN: Vidocq es el ladrón. Yo no estuve en París el día del robo. De nosotros cuatro, el mentiroso y el ladrón no son la misma persona.

Respuesta a el asesino de Francisco: Carlos mató a Francisco. Una forma de resolverlo es siguiendo el siguiente razonamiento:
a) Sabemos que dos declaraciones son verdaderas y una es falsa.
b) Las dos primeras respuestas de Daniel no pueden ser ambas verdaderas, porque son contradictorias entre sí. Por lo tanto, una de ellas debe ser falsa.
c) Si una de ellas es falsa, por a) forzosamente la tercera declaración de Daniel es verdadera.
d) Si la tercera de Daniel es verdadera, entonces la primera respuesta de Bernardo debe ser falsa. Y si la primera de Bernardo es falsa, por a) la segunda y la tercera son verdaderas.
e) Si la tercera de Bernardo es verdadera, entonces la primera respuesta de Abel es falsa. Por consiguiente, por a) la segunda respuesta de Abel es verdadera, con lo cual concluimos que Carlos mató a Francisco.
Puede también intentar resolver este problema de otra forma (por el absurdo), partiendo de la suposición que la primera respuesta de Carlos es verdadera.

Respuesta a el ladrón de cuadros: El ladrón es Vidocq. Un razonamiento que permite llegar a esta conclusión es el siguiente:
La declaración "Lupin miente siempre" puede ser verdadera o falsa.
Si es verdadera, entonces Lupin es mentiroso y Fantomas es veraz.
Si es falsa, entonces Lupin es veraz y Fantomas mentiroso.
Por lo tanto, uno de ambos debe ser necesariamente un mentiroso.
Por consiguiente los otros dos (Moriarty y Vidocq) deben ser veraces, pues hemos dicho que uno siempre mintió y los otros tres siempre fueron veraces.
Por lo tanto, el Profesor Moriarty dice la verdad cuando afirma que Fantomas no es el ladrón.
Por lo tanto la declaración de Fantomas "Yo soy el ladrón de los cuadros" es falsa.
Entonces, Fantomas siempre miente y los demás dicen la verdad.
Por lo tanto, la declaración de Lupin de que "Vidocq es el ladrón" es verdadera.
Pablo Cazau.

lunes 16 de marzo de 2009

Las mejores colas son argentinas

En la foto podemos ver una de las mejores colas argentinas: la del trámite en la Dirección de Migraciones para tomar el Buquebus en el puerto de Buenos Aires. También son memorables las colas de San Cayetano y las colas que se hacen para ver la cola de Madonna; sin embargo, no hay nada mejor que hacerse alguna cola en el Teatro Maipo.
Cuando tenía 20 años, mi amigo José Iturriberrigoycoerrotaberrichoechea se hizo una cola en el Maipo durante… ¡una hora!
Hace muchos años, mi amigo tuvo una novia que le pedía que le hiciera la cola en los lugares más insólitos, como en el Banco Municipal, el Rapipago, el Pagofácil, la cancha de River, o en la ventanilla de Los Ratones Paranoicos. Por entonces no tenía nada que hacer y mi amigo aceptaba gustoso, y de hecho siempre las hizo de parado. Sin embargo, la cola más romántica fue cuando se casó y ella arrastró hasta el altar la cola más blanca y sedosa que vio en su vida, aunque estaba un poco caída. Es lo que siempre pasa: te casás y la cola de tu señora ya no es la de antes.
Y ni hablar de las colas que le hacía Armando Bó debajo del río a la Coca Sarli. Sin embargo, hoy en día mejor que hacerle la cola a la Coca es tomarse una Coca-Cola. ¡Cómo cambian los tiempos!
Pablo Cazau. Diciembre 2008.

Déme un kilo de no naranjas

Nadie entra a una verdulería y pide un kilo de NO naranjas, ni mucho menos pregunta qué hora NO es. En el primer caso el verdulero podría seguirnos la corriente y decirnos “Son cinco NO pesos falsos”, con lo cual nosotros podríamos pagarles con cinco bolitas, puesto que las bolitas NO son pesos falsos.
Sin embargo, aunque no utilicemos la expresión ‘no naranjas’ ella existe en nuestro pensamiento, y significa cualquier cosa que no sea una naranja, como un melón, una estrella o un suspiro.
Un ‘no padre’ no es sólo una madre, sino cualquier cosa que no sea un padre, como por ejemplo un padrastro o una lenteja.
De igual modo, ‘no casado’ no significa solamente soltero, sino cualquier otra cosa que no sea casado, como divorciado, viudo, juntado, amontonado, feliz o amargado.
Como puede verse, toda palabra tiene su opuesta: ‘vida’ tiene ‘NO vida’ y ‘salud’ tiene ‘NO salud’, aun cuando tendamos a pensar, erróneamente, que lo opuesto de vida es muerte o que lo opuesto de salud es enfermedad. Los niños suelen no caer en estas trampas dicotómicas, y su imaginación les permite fantasear con otros seres que están dentro de NO vida como los zombies o los fantasmas, diferentes a vivo y diferentes a muerto o, si se quiere, una mezcla de ambos.
El asunto de las palabras opuestas genera dos tipos de perplejidades lingüísticas:

1) Se supone que una palabra más su opuesta lo cubre todo sin excepción. Si sumamos elefante más NO elefante habremos cubierto todos los objetos posibles del universo, incluyendo elefantes, galaxias, átomos y sonrisas.
Pero, ¿qué pasa con la palabra ‘todo’? Si esta palabra tuviese el opuesto ‘NO todo’, entonces todo no sería todo porque también estaría el NO todo, que el algo.
En la vida cotidiana es muy raro que usemos la palabra ‘todo’ para referirnos a la totalidad de lo existente, al universo. Decimos en cambio “nos llevamos todo el vestuario”, “deme todo el dinero” o “haré todo lo que prometí”. Acá sin embargo, la palabra significará para nosotros la totalidad de lo existente.
Cuando los astrónomos usan la palabra ‘universo’, por ejemplo, pretenden referirse a todo lo existente, pero en realidad están dejando afuera algo, a saber, lo que está más allá del universo, el no-universo. De alguna manera esto tiene una explicación psicológica: no podemos concebir ningún espacio que no esté contenido a su vez en un espacio mayor, y así sucesivamente, lo que llevó a algunos astrónomos delirantes a plantear la existencia de universos paralelos, multiversos, y otros versos. Ni siquiera la teoría de un universo infinito los liberaría del problema, porque debería responderse qué es el NO universo infinito.
Concluimos entonces que nombrar algo es ponerle límites. Ninguna palabra lo designa todo, ni siquiera la palabra todo, o universo, porque al nombrarlo ya lo estamos limitando, diferenciando del no-universo, de algo que no forma parte del todo.

2) Desde hace tiempo se sabe que nombramos algo para diferenciarlo de otra cosa. Decimos ‘vida’ para diferenciarla de la muerte, ‘amor’ para diferenciarlo del odio, y ‘blanco’ para diferenciarlo de los otros colores. Tomemos este último ejemplo.
Si el único color que pudiésemos percibir fuese el blanco, no usaríamos la palabra 'blanco', porque esta palabra la usamos para distinguir el blanco de otros colores. Ni siquiera utilizaríamos la palabra ‘color’.
En un mundo imaginario donde todo fuese blanco, sus habitantes no entenderían qué significa la palabra ‘blanco’. Además, esa palabra no existiría en su vocabulario.
Ahora bien: en nuestro vocabulario real hay palabras que no existen, como por ejemplo ‘apotonga’, pero ello no significa que haya algo que se llama apotonga y que, por estar omnipresente y ser único, no necesitamos diferenciarlo de nada.
Con esto entraríamos en el terreno de la lingüística-ficción: existe la posibilidad de estar percibiendo cosas para las que no tenemos palabras.
Quizá en nuestro mundo real estemos percibiendo algo que lo inunda todo y que no tiene algo distinto (como el blanco del mundo hipotético), y sobre lo cual no tenemos ni la idea ni la palabra... a pesar de existir objetivamente. Nuestra conclusión será entonces: existe la posibilidad de la existencia de realidades que carecen de su correspondiente idea o palabra. O para decirlo de otra manera: puede haber más cosas que ideas. El mal del lenguaje, decía Aristóteles, es que haya menos palabras que cosas.
Es más: hasta hay cosas que realmente existen y para las cuales no hay nombre conocido, como por ejemplo la parte de atrás de la rodilla, o el coso ese. ¿Qué coso? me preguntará el lector. Bueno, el coso ese, no sé cómo carajo se llama…
Pablo Cazau. Agosto 2008.

Un reportaje olvidado a Quinquela Martín

Cuando cursaba cuarto año de la secundaria, se me ocurrió fundar una revista en el colegio. Con mucho esfuerzo salieron apenas dos números en aquel movido año de 1965, pero con mis compañeros logramos entrevistar a personajes como Antonio Berni, Rita Pavone y Amadeo Carrizo. También cayó en la volteada el pintor Benito Quinquela Martín. He aquí la transcripción de aquel reportaje que le hice.
Días pasados, “Juvenil” tuvo el honor de entrevistar a uno de nuestros más eximios pintores: Benito Quinquela Martín. Confesamos sinceramente que fue una brillante experiencia y una visita inolvidable de intenso valor espiritual.
Encontramos en Pedro de Mendoza 1835 un corazón abierto, una mente lúcida y una personalidad famosa, en fin, un hombre que se prestó de inmediato a nuestras preguntas en nombre de la juventud argentina a la que representamos.
Cuando entramos en su departamento, nos causó una agradable y hermosa impresión el clásico ambiente de su famoso atelier. Como estábamos en un tercer piso, el panorama era deslumbrante. Oímos un comentario suyo al respecto: “Uno nunca se cansa de mirar esto”.
Era de noche y veíamos el aspecto del puerto que tantas veces diera motivo a sus cuadros: la Vuelta de Rocha. Seguidamente, luego de admirar algunas de sus pinturas, comenzamos el reportaje.
-¿Qué opina usted de su profesión?
-Que es la mejor del mundo.
-¿Si tuviera que empezar de nuevo, ¿qué elegiría?
-Lo mismo que he seguido hasta ahora.
-¿Está satisfecho de su trabajo?
-No, porque cuando una persona se enamora de sus cosas está satisfecho, está en decadencia. Cuando uno está en la creación no puede estar satisfecho nunca.
-¿Qué siente cuando elogian un cuadro suyo?
-Es una responsabilidad de superación.
-¿Ha logrado ya su mayor anhelo?
-No. Cuando se sueña nunca se llega.
-¿Cuáles son sus artistas predilectos?
-Bueno, no se puede hablar porque siempre se mete la pata. Entonces es mejor callarse la boca y chau…
-¿Tiene alguna otra actividad fuera de la actual?
-Me dedico a la acción social: hacer bien a los pobres, a la gente que necesita…
-¿Le gusta la música?
-Me gusta Beethoven y el tango. Beethoven como genio y el tango como música nuestra: son los dos fuertes.
-¿Por qué eligió motivos portuarios para sus cuadros?
-Eso viene solo. Cuando una persona estudia, estudia de todo. Yo he pintado gallinas, ratones, hormigas, hasta que llegué a la especialidad, porque hay especialidades como figuristas, marinistas y yo estoy en el tema este.
-¿Cuál fue la obra que más satisfacciones le trajo?
-Ninguna.
-¿Qué países recorrió?
-Francia, España, EEUU, etc.
-¿Hizo otros motivos para sus cuadros?
-A mí me gusta pintar la Boca. Es un deber como argentino pintar nuestro puerto. Yo en los EEUU hubiera ganado millones; hay grandes maestros, sí, pero no de esta línea. Y yo pinto nada más que la Boca.
-¿Encontró en Europa pintores así?
-Sí, muy buenos.
-¿En cuál de los países que recorrió le demostraron mayor admiración?
-En todos. Porque siempre a los artistas los festejan… dicen que es un genio y todas esas macanas.
-¿Qué opina de los argentinos?
-Constituyen un país formidable… una nueva raza que da mucho que hablar.
-¿Cuándo se perfiló su inclinación por la pintura?
-Desde muchacho. Es una cosa que viene sola.
-¿Aún sigue pintando?
-Hago murales para el teatro (se refiere a un teatro de la Boca que él hizo construir, y que se relaciona con su labor social).
-¿A qué se debe el tornillo que lleva en la solapa?
-Es una condecoración que he creado y que simboliza que todo hombre que sueña, le falta un tornillo.
-¿Cuándo la creó?
-Hace unos años. Hay más de 300 condecorados.
-¿Son artistas en su mayoría?
-No. Hay hombres de ciencia, de Estado, etc.
Una vez finalizado el reportaje, mantuvimos una interesante conversación con el señor Minondo, a quien agradecemos el haber conseguido esta amable entrevista.
Como había anochecido, decidimos partir no sin antes despedirnos del gran pintor argentino y del señor Minondo, que nos acompañó hasta la puerta. Fue una visita maravillosa, que muy difícilmente olvidaremos.
Pablo Cazau. Marzo 2009.

lunes 9 de marzo de 2009

Un intruso en la familia

Vos te enganchaste con una dama separada, y llega el momento en que tenés que conocer a toda su familia en alguna reunión navideña. Vos siempre vas a ir con alguna aprehensión, por más que ella te diga que te recibirán muy bien.
Llegás así a una enorme casa desconocida donde te esperan más de treinta parientes que te taladrarán con sus treinta miradas. Apelando a todos los recursos del marketing familiar, vas muy presentable y te mostrás muy educado para que todos se lleven la mejor impresión de tu persona y no piensen que sos un golpeador o un cazafortunas.
Por supuesto no pretenderás que te acepten como uno más del clan familiar, porque eso ya es mucho pedir. Algunas tribus familiares llegan a ser tan cerradas que no entran ni los novios de las hijas (sobre todo si se conocieron por Internet), salvo que sea un nuevo bebé o un sujeto que porte una flamante libreta de casamiento como es debido.
Aunque ingreses al recinto escondido detrás de tu novia, inevitablemente serás el centro de atención de todo el mundo, siempre ávido de novedades, y te sentirás como el chimpancé que todos van a ver al zoológico. Cuando descubren que no sos el chofer ni el mozo sino la presunta pareja de una respetable dama de la familia comenzarán a investigarte minuciosamente. Ellos vieron mil veces los mismos episodios de la serie Kojak, pero he aquí que se topan con uno que jamás habían visto.
Aburridos de las mañas y los defectos del abuelo, el padre, el hijo, el tío, el sobrino, la madre, la suegra o el cuñado, se han propuesto descubrir nuevas y originales mañas que vos te empecinarás en ocultar de la mejor manera posible. No estornudarás sobre la comida, agradecerás la invitación aunque no te hayan invitado, y no serás el primero en probar un bocado porque tal vez ellos recen antes de comer. No se separarás ni por un instante de tu novia para que se crean que sabés cuidarla y la amás, y serás el último en comer aunque estés muerto de hambre.
Tampoco hablarás de vos, salvo que te hagan una pregunta directa. Tendrás que limitarte a escuchar las historias y anécdotas familiares tales como el marido que abandonó a una tal Susy por otro hombre, el pésimo negocio que hizo un cuñado, el apodo “Problema” que le pusieron a la menor de los González, o la evolución del Alzheimer de la abuela. Incluso aunque la abuela no esté demente, todos la tratarán como tal y sus más lúcidas declaraciones serán tomadas como delirios.
En ningún caso deberás mostrarte demasiado interesado para congraciarte con ellos porque te tomarán por un chismoso o un chupamedias, ni demasiado indiferente porque te tomarán por un maleducado. Tampoco nunca preguntarás nada, ni siquiera interrogando a los demás si quieren comer masitas o preguntándoles sobre sus abuelos, porque probablemente estos ya estén muertos. Te limitarás a escuchar las hazañas de todos sin que vos puedas hablar de tus propios méritos. No saldrás en ninguna foto familiar, y si no queda otro remedio discretamente te ubicarás en el fondo para que apenas te vean el pelo. Si algunos empiezan a pelearse, te apartarás discretamente hacia el baño hasta que termine la gresca, o hasta que tu novia vaya a buscarte.
Sin embargo, también tenés que mostrarte algo sociable diciendo pavadas como “¡Qué linda reunión!” o “¡Qué familia unida!”, aunque vos sepas por boca de tu novia que muchos no se pueden ni ver. Frente a estas exclamaciones, la familia comenzará a verte como alguien normal, y tal vez empiecen a considerar la posibilidad de incorporarte como otro más del clan familiar en algún año venidero.
Lo más probable será que alguno de los familiares te someta a algún tipo de interrogatorio policial preguntándote cosas como a qué te dedicás, dónde vivís, y especialmente si tenés plata, porque ellos no están dispuestos a alimentar indigentes y recibirán con gran beneplácito a quien posee una buena fortuna. Tampoco les faltarán ganas de hacerte una radiografía del cerebro y reclamar una libreta sanitaria para asegurarse que no tenés ninguna enfermedad contagiosa.
Al terminar la fiesta y si te comportaste correctamente, te habrán ascendido a la categoría de “intruso aceptable”, lo cual tampoco será ninguna garantía para que te consideren definitivamente una buena persona.
Pablo Cazau. Enero 2009.

El Fantasma de la Ópera

En 1911 Gastón Leroux comienza a publicar su novela por entregas "El fantasma de la Ópera", alucinante historia de un amor imposible cuyo protagonista esconde sus monstruosas facciones tras una máscara y habita en los subsuelos de la Ópera de París.

Su rostro carecía de nariz y no podía mover los labios, y Leroux basó su relato en hechos auténticos, aunque en la realidad no fuera un fantasma deforme ni estuviese enamorado de Cristina.

La historia transcurre en el auténtico Teatro de la Ópera de París, mandado a construir por Napoleón III como un edificio confiable que garantizara su seguridad luego de haber sufrido un intento de asesinato.

Durante su construcción, comenzada en 1861, debieron reforzarse los cimientos con toneladas de hormigón por haberse descubierto un inmenso lago subterráneo, que aún hoy existe cinco pisos por debajo del escenario principal.
Este lago y los intrincados laberintos de los sótanos -utilizados como prisión- inspiraron "El fantasma de la Ópera", la novela que mantuvo en vilo a media Francia y que relata, entre otras cosas, el fatal derrumbe de la araña principal sobre los espectadores, episodio basado en un hecho real donde una mujer murió aplastada por un contrapeso de seis toneladas.

En el Prólogo a su novela, Leroux aclara que el Fantasma de la Ópera ha existido: no fue una invención de artistas, una superstición de empresarios, la creación medrosa del cerebro excitado de las señoritas del cuerpo de baile, de sus madres, de los acomodadores, de los empleados de la guardarropía y de la portería. Hace poco tiempo, al cavar el subsuelo de la Ópera para enterrar las voces fonografiadas de los artistas, el pico de los obreros puso a descubierto un cadáver, y Leroux obtuvo enseguida la prueba que ese cadáver era del Fantasma de la Ópera, importándole poco que los diarios hayan dicho que esos restos eran los de una víctima de la Comuna. De hecho, Leroux creía realmente en los fantasmas y en la vida en el más allá.

La más famosa novela del autor fue en mi juventud un verdadero plato fuerte para la imaginación, que disfruté escondido detrás de un sillón porque mis padres no me dejaban verlo por televisión en las "Obras Maestras del Terror", que Canal 9 pasaba los sábados a la noche en la década del '60.

Por aquel entonces, todos esperaban expectantes el último capítulo, donde el Fantasma debía quitarse la máscara y mostrar su espeluznante rostro. Esa escena finalmente se pasó pero no fue grabada ni guardada en cintas, con lo que se perdió irremediablemente. Hace algunos años, sin embargo, cuando Ibáñez Menta retornó a la Argentina, recibió un regalo inesperado: un admirador le obsequió la grabación que había realizado en su casa.

El Fantasma de la Ópera fue recreado muchas veces a través de films y espectáculos teatrales, con mayor o menor éxito.

Pablo Cazau. Marzo 2009.

Cuarenta años no es nada




No fue nada extraordinario pero fue una reunión muy grata. Hacía casi cuarenta años que no nos veíamos juntos, pero el destino nos reunió en el boliche a una pequeña parte de aquella barra enorme de amigos de Villa Devoto, en Capital Federal, donde nos criamos.
Y todo ocurrió como si hubiera sido ayer, como si fuera otra reunión más en los sórdidos y pintorescos cafés de antaño. Todos con las misma personalidad y las mismas mañas de siempre, las mismas bromas y la misma espontaneidad, con la diferencia que hoy, detrás de cada uno de ellos, se encondían un abogado, un rentista, un veterinario, un capitán de la marina mercante y un profesor universitario. ¿Quién lo hubiera dicho? Pero ahí estábamos volviendo a cumplir nuestros veinte años, festejando la vida.
Pablo Cazau. Septiembre 2008.

lunes 2 de marzo de 2009

Desventuras en Colón

El primer incidente ocurrió al llegar a la Terminal de Ómnibus de Colón, la ciudad de Entre Ríos que elegimos para vacacionar.
Fuimos a retirar nuestro bolso negro pero según mi mujer no aparecía por ningún lado, y enseguida pensamos que alguien se lo había llevado por error dejando otro que ella no reconocía como propio.
Ante la duda, abrí un bolsillo lateral y alcancé a divisar un consolador y varios cigarrillos de marihuana, lo que me llevó a concluir que definitivamente ese bolso no era nuestro, mientras mi mujer me recriminaba estar espiando pertenencias ajenas y el chofer le daba la razón.
Fuimos a la boletería a hacer el reclamo y, cuando ya estaba llenando el correspondiente formulario, salta mi mujer diciendo que se había equivocado y que el bolso era realmente el nuestro.
Inmediatamente llené un nuevo formulario denunciando que alguien se había llevado a mi esposa. Quizás otro pasajero me la devolviese pronto mientras yo le devolvería la suya en un auténtico acto de intercambio de esposas.
Alegué que la rubia no era mi esposa porque ella no era tan zafada como para guardar consoladores y marihuanas, hasta que finalmente me confesó que esas eran algunas de las sorpresas que guardaba para nuestras vacaciones, con lo cual desistí del reclamo del cónyuge perdido. Uno nunca termina de conocer a las mujeres.
El segundo incidente ocurrió cuando llegamos a la casita que alquilamos con jardín y parrilla en Bolívar y Santa Cruz.
Tenía un amplio comedor y un dormitorio con vista al jardín, pero también nos topamos con una impenetrable puerta cerrada con llave (ver foto).
Inmediatamente me acordé de aquellas películas retro de la década del ’50 donde las mansiones siempre tenían alguna misteriosa puerta cerrada con candado, y donde se ocultaban los secretos más terroríficos.
A través de la cerradura no pudimos ver nada ni tampoco sentimos ningún olor nauseabundo, quizás porque el cadáver allí escondido de algún turista desaparecido todavía estaba fresco.
Finalmente nos aclararon que en esa habitación guardaba sus pertenencias la dueña de casa, que se había mudado temporalmente al hogar de su hijo para alquilar la casita durante las vacaciones.

Pablo Cazau. Enero 2009.

Ratas en el laberinto



Las ratas A, B, C y D ocupan casilleros distintos en el laberinto amarillo. Averiguar en qué casillero está cada rata, sabiendo que:
1) La distancia de la rata A a la B, es la misma distancia que hay entre la A y la D, o también que la distancia entre las ratas D y C.
2) La rata C está tan alejada de A, que más no puede estarlo.
3) La rata B puede ir, desde donde está, hacia arriba o hacia la izquierda, pero no hacia abajo.
4) Desde donde está, la rata A puede dirigirse hacia cualquier dirección (arriba, abajo, izquierda o derecha).

Respuestas:
La rata A está en el casillero e6.
La rata B está en el casillero i4.
La rata C está en el casillero h15.
La rata D está en el casillero h9.
Para hallar estas respuestas deben considerarse los datos en el siguiente orden: 4-2-3-1 o 4-3-2-1.

Pablo Cazau.

Las imágenes del Hubble

Por la década del ’70 comenzó mi pasión por la astronomía. Por entonces con un amigo construimos un telescopio reflector, cuyo lente nos llevó algunos meses pulirlo, y periódicamente íbamos a medir la exacta distancia focal que debía tener a la Asociación Amigos de la Astronomía, de la cual éramos socios. Claro que fue un telescopio absolutamente primitivo, al menos al lado del impresionante telescopio espacial Hubble.
Durante muchos siglos, para buena parte de la humanidad una gota de agua y el firmamento nocturno fueron espectáculos bastante aburridos. La gota de agua era monótona e incolora, mientras que el cielo de noche era una superficie oscura poblada de aburridos puntitos brillantes (salvo para unos pocos astrónomos o alguno que otro romántico enamorado).
En el siglo XVII se inventa el microscopio, lo que permitió saber que dentro de una simple gota se ocultaban infinidad de formas animales microscópicas.
Hacia fines del siglo XX ocurrió una revolución similar: el telescopio espacial Hubble abrió las puertas de un nuevo universo, pero esta vez de lo infinitamente grande y lejano, poblado de las más diversas, extrañas y hermosas estructuras como nunca antes se habían visto.
Pablo Cazau. Agosto 2008.