Ya me estaba yendo de la playa y me lo encuentro a mi amigo José Iturriberrigoycoerrotaberricoechea, él llegando.
- ¿Qué hace José? ¿Cuándo todos nos vamos usted llega?
- Es que yo vengo a tomar sol cuando los rayos ultravioletas dejan de ser peligrosos.
- ¿O sea que hay que venir a la playa a eso de las seis de la tarde?
- ¿Las seis de la tarde? No sea ingenuo, mi amigo. Eso es una hora, y sabemos que en la Argentina las horas son decretos presidenciales. Hoy pueden ser las seis, mañana las cuatro y pasado las ocho. Yo prefiero usar un sistema de referencia más estable.
Intrigado, le pregunté a qué se refería, y me dijo que él levantaba el brazo con la mano extendida unos 30 grados por encima de los ojos, y a continuación hizo un gesto que parecía el saludo de los soldados alemanes al Führer.
- Si por la tarde la mano apunta al sol, ya es hora de ir a la playa sin temor a los ultravioletas.
Mientras tanto, en las cercanías un turista de pipa y camisa floreada, al observar el gesto de mi amigo José, le comentaba a su esposa que aquel tipo era un nazi, porque había hecho así (y extendió el brazo con la mano abierta hacia arriba).
Diez segundos después, otro playero que lo había visto le dijo a su novia que el de la camisa floreada era un deleznable nazi, extendiendo el brazo de la misma manera.
Un minuto después, todos los turistas estaban extendiendo el brazo con la mano abierta, y entonces le comenté a mi amigo:
- ¿Qué pasa José? ¿Aquí son todos nazis y acaba de bajarse Hitler de un submarino alemán rezagado?
- De ninguna manera, mi amigo. Cuando todos aplauden es porque se ha perdido un niño, pero cuando todos saludan con el brazo en alto han encontrado al hijito de Hitler y están festejando.
Pablo Cazau. Octubre 2008.
Revista virtual de interés general de Argentina para el mundo. Se actualiza todos los lunes.
lunes 26 de enero de 2009
Un día en la vida del hombre en 2080
No soy bueno para las predicciones exactas como creen serlo ciertos tarotistas y profetas, por lo que el año 2080 representa simplemente algún momento en un futuro no muy lejano.Siempre y cuando logre sobrevivir a meteoritos, tormentas solares, tormentas de rayos gamma, erupciones volcánicas, huracanes, inundaciones, guerras varias, epidemias, hambrunas y calentamientos globales, por la mañana nuestro hombre tomará su automóvil, se dirigirá al restaurante más cercano y su dueño le regalará diez litros de aceite ya utilizado para freír y con él cargará el otrora tanque de nafta.
Luego de un día de trabajo, volverá a su hogar ya entrada la noche y encenderá las luces, la televisión y la computadora sin deprimirse, ya que nunca le llegará la factura de la empresa de electricidad. Él tendrá una batería solar y un molino eólico en la terraza que le proveerán toda la energía que necesita.
Quizás en algunos otros países la electricidad llegue como siempre, pero no provendrá de plantas nucleares que generan desechos radiactivos sino simplemente de la energía de las olas del mar.
Comprará agua potable en botellas para beber y cocinar, y si le sobra algo de dinero almacenará agua en el sótano junto a los vinos más caros.
Para bañarse y lavar los platos llegará por las cañerías simplemente agua de mar, mientras que su inodoro no utilizará el líquido elemento: las deposiciones irán a parar a un compartimiento que vaciará cada año, cuando queden transformadas en algo completamente distinto que utilizará como fertilizante para su huerta casera, que le proveerá gran parte de los vegetales para comer.
¿Ciencia ficción? No tanto.
Quien se fue de vacaciones a la costa atlántica en Argentina, sabe que no puede beber el agua de la canilla y debe comprar bidones de agua potable o caminarse varias cuadras hasta la boca de expendio gratuita más cercana.
Sin todavía salir del territorio nacional, en un lugar de la Patagonia completamente aislado vive un mapuche en su rancho. Siempre se alumbró con velas, hasta que un día llegaron alumnos de una escuela técnica quienes, bajo la supervisión del profesor, le instalaron un panel de energía solar que le provee 12 voltios, conectado en paralelo con un moderno y sencillo molino de viento que se suministra otros 220 voltios. Ahora ya puede encender las lamparitas que quiera, y hasta ver televisión y usar computadora sin que le llegue la factura del servicio de electricidad.
En Gran Bretaña ya está concretizándose un proyecto en utilizar la energía de las olas marítimas para convertirla en electricidad. Aprovechando esta energía en una superficie de agua diez veces menor que el territorio de todo el país, se podrá proveer de electricidad a todos los habitantes de Gran Bretaña durante todos los días del año.
Y en los EEUU, finalmente, ya hay mucha gente que va a retirar gratuitamente aceite quemado en los restaurantes para cargar el tanque del auto, porque los dueños de las casas de comida prefieren regalarlo antes que pagar multas por contaminar el ambiente arrojando el líquido ‘inservible’ en cualquier lugar. De hecho volvieron a las fuentes, porque los primeros automóviles funcionaban con aceite o alcohol, y sólo fueron reemplazados por la nafta más tarde porque era más económica, sin importar que además era más contaminante.
Pablo Cazau. Octubre 2008.
Jugando con el tiempo y la velocidad
Algunos físicos admiten que el tiempo tiene relaciones definidas no sólo con el espacio y la gravedad, sino también con otras magnitudes como la velocidad. Einstein había planteado la posibilidad -hoy demostrada empíricamente mediante sofisticados relojes atómicos- que el tiempo puede por ejemplo retardarse, o sea hacer que pase más lentamente mediante el simple expediente de aumentar la velocidad del objeto. De esta manera, cuanto más rápido se mueve el móvil más lentamente transcurre el tiempo 'para ese móvil'.
Esto significa que, estrictamente hablando, si usted empieza a correr, o sea a aumentar su velocidad, para usted el tiempo pasará más lentamente, lo que a su vez significa que usted envejecerá más despacio. Esto es cierto, pero como su velocidad al correr es irrisoria al lado de las grandes velocidades como la de la luz (300.000 km por segundo), su mayor lentitud para envejecer será también irrisoria y realmente no compensa tanto esfuerzo para morirse unos segundos antes o después.
Si, en cambio, usted pudiese hipotéticamente ir a velocidades muy altas, próximas a la de la luz, entonces sí se notaría la lentitud de su envejecimiento: usted tardaría más en envejecer y, por tanto, en morirse. Es la famosa historia del viaje de Langevin, muchas veces narrada para ilustrar las teorías de Einstein sobre esta cuestión. Se trata de dos gemelos: uno de ellos se queda en la tierra y el otro emprende un vuelo en un cohete a velocidades altísimas, vuelo que dura pongámosle 10 años terrestres. Cuando el gemelo viajador retorna a la tierra, para el gemelo terráqueo habrán transcurrido efectivamente 10 años, pero para el primero apenas 3, por ejemplo. A la vista de los demás ya no parecerán gemelos: uno estará más rejuvenecido que el otro y tendrá 7 años menos.
¿Ciencia ficción? De ninguna manera. La hipótesis anterior según la cual la cuarta dimensión llamada tiempo depende de la velocidad fue efectivamente corroborada, aunque no mediante viajes de gemelos. A pesar de ello, aún estamos en los primeros balbuceos en comparación con todo el trayecto que falta transitar, pero no debemos temer: detrás nuestro marchan los compiladores que evitan que volvamos a los viejos caminos, mientras que adelante marcha la ciencia ficción iluminándonos el camino que nos falta recorrer.
Varios científicos han especulado con la idea que pueden existir objetos (por ejemplo los taquiones) que viajen a mayor velocidad de la luz. Examinemos que ocurriría si esto fuera cierto tomando como marco de referencia el punto de vista einsteniano según el cual cuanto mayor es la velocidad de un móvil, el tiempo transcurre más lentamente para ese móvil.
Pongamos ahora en funcionamiento nuestra máquina de imaginar. Si yo fuera a 150.000 kilómetros por segundo, según Einstein el tiempo pasaría más lentamente para mí. Por dar cualquier ejemplo: un año ya no sería un año sino seis meses. Si siguiera aumentando mi velocidad, por lógica llegaría un momento en que tiempo se retardaría cada vez más y, cuando la velocidad alcanzase cierto valor extremo, el tiempo quedaría detenido. Suponiendo que este valor extremo fuera la velocidad de la luz, ¿qué pasaría si superamos esta velocidad? En este caso podríamos imaginar que el tiempo comenzaría a transcurrir nuevamente pero en forma invertida o negativa o, si se quiere, a retroceder, algo que indudablemente va contra el sentido común. En esta situación, ya no envejeceríamos más lentamente sino que estaríamos haciéndonos cada vez más jóvenes, que no es lo mismo. Falta simplemente hacer la prueba, sólo que por el momento viajar a tales velocidades resulta técnicamente imposible, y nuestro sueño de la eterna juventud, otrora la obsesión de los alquimistas, se verá nuevamente postergado.
Pablo Cazau. Julio 2007.
Esto significa que, estrictamente hablando, si usted empieza a correr, o sea a aumentar su velocidad, para usted el tiempo pasará más lentamente, lo que a su vez significa que usted envejecerá más despacio. Esto es cierto, pero como su velocidad al correr es irrisoria al lado de las grandes velocidades como la de la luz (300.000 km por segundo), su mayor lentitud para envejecer será también irrisoria y realmente no compensa tanto esfuerzo para morirse unos segundos antes o después.
Si, en cambio, usted pudiese hipotéticamente ir a velocidades muy altas, próximas a la de la luz, entonces sí se notaría la lentitud de su envejecimiento: usted tardaría más en envejecer y, por tanto, en morirse. Es la famosa historia del viaje de Langevin, muchas veces narrada para ilustrar las teorías de Einstein sobre esta cuestión. Se trata de dos gemelos: uno de ellos se queda en la tierra y el otro emprende un vuelo en un cohete a velocidades altísimas, vuelo que dura pongámosle 10 años terrestres. Cuando el gemelo viajador retorna a la tierra, para el gemelo terráqueo habrán transcurrido efectivamente 10 años, pero para el primero apenas 3, por ejemplo. A la vista de los demás ya no parecerán gemelos: uno estará más rejuvenecido que el otro y tendrá 7 años menos.
¿Ciencia ficción? De ninguna manera. La hipótesis anterior según la cual la cuarta dimensión llamada tiempo depende de la velocidad fue efectivamente corroborada, aunque no mediante viajes de gemelos. A pesar de ello, aún estamos en los primeros balbuceos en comparación con todo el trayecto que falta transitar, pero no debemos temer: detrás nuestro marchan los compiladores que evitan que volvamos a los viejos caminos, mientras que adelante marcha la ciencia ficción iluminándonos el camino que nos falta recorrer.
Varios científicos han especulado con la idea que pueden existir objetos (por ejemplo los taquiones) que viajen a mayor velocidad de la luz. Examinemos que ocurriría si esto fuera cierto tomando como marco de referencia el punto de vista einsteniano según el cual cuanto mayor es la velocidad de un móvil, el tiempo transcurre más lentamente para ese móvil.
Pongamos ahora en funcionamiento nuestra máquina de imaginar. Si yo fuera a 150.000 kilómetros por segundo, según Einstein el tiempo pasaría más lentamente para mí. Por dar cualquier ejemplo: un año ya no sería un año sino seis meses. Si siguiera aumentando mi velocidad, por lógica llegaría un momento en que tiempo se retardaría cada vez más y, cuando la velocidad alcanzase cierto valor extremo, el tiempo quedaría detenido. Suponiendo que este valor extremo fuera la velocidad de la luz, ¿qué pasaría si superamos esta velocidad? En este caso podríamos imaginar que el tiempo comenzaría a transcurrir nuevamente pero en forma invertida o negativa o, si se quiere, a retroceder, algo que indudablemente va contra el sentido común. En esta situación, ya no envejeceríamos más lentamente sino que estaríamos haciéndonos cada vez más jóvenes, que no es lo mismo. Falta simplemente hacer la prueba, sólo que por el momento viajar a tales velocidades resulta técnicamente imposible, y nuestro sueño de la eterna juventud, otrora la obsesión de los alquimistas, se verá nuevamente postergado.
Pablo Cazau. Julio 2007.
lunes 19 de enero de 2009
Hacete un levante con hipertexto

Para quienes conozcan los lenguajes de programación, y especialmente el Basic, aquí va un programa para hiperlevantarse a una dama. Eso sí, hay que estar acostumbrado al hipertexto, que va y viene en todas direcciones.
100 Si usted desea conquistar a una dama, vaya a la instrucción 110 o a la instrucción 115. Si no lo desea, vaya a la instrucción 120.
110 Si quiere una relación ocasional, vaya a la instrucción 130.
115 Si quiere una relación permanente, vaya a la instrucción 140.
120 Fin del programa.
130 Invite a tomar un café a la primera dama que se le cruce en la calle. Pase a la instrucción 150.
140 Llámela por teléfono y dígale qué bueno sería compartir hijos, nietos, biznietos y tatataranietos. Si le corta, inténtelo con otra dama volviendo a la instrucción 140. Si le dice que la idea le parece interesantísima, vaya a la instrucción 120.
150 Si le contesta que sí rápidamente, ya tiene todo resuelto y vaya a la instrucción 120. Si le contesta que no, vaya a la instrucción 160.
160 Digale: “Entonces, de hacer el amor ni hablar, ¿cierto?”, y salga corriendo. Intente lo mismo con otra dama volviendo la instrucción 130.
Pablo Cazau. Septiembre 2008.
100 Si usted desea conquistar a una dama, vaya a la instrucción 110 o a la instrucción 115. Si no lo desea, vaya a la instrucción 120.
110 Si quiere una relación ocasional, vaya a la instrucción 130.
115 Si quiere una relación permanente, vaya a la instrucción 140.
120 Fin del programa.
130 Invite a tomar un café a la primera dama que se le cruce en la calle. Pase a la instrucción 150.
140 Llámela por teléfono y dígale qué bueno sería compartir hijos, nietos, biznietos y tatataranietos. Si le corta, inténtelo con otra dama volviendo a la instrucción 140. Si le dice que la idea le parece interesantísima, vaya a la instrucción 120.
150 Si le contesta que sí rápidamente, ya tiene todo resuelto y vaya a la instrucción 120. Si le contesta que no, vaya a la instrucción 160.
160 Digale: “Entonces, de hacer el amor ni hablar, ¿cierto?”, y salga corriendo. Intente lo mismo con otra dama volviendo la instrucción 130.
Pablo Cazau. Septiembre 2008.
Acerca de los comentaristas
Llamamos comentarista al participante que comenta una nota. Sin abrir juicios de valor sobre cada tipo de comentarista, aquí van algunos típicos.El comentarista racional suele ser estructurado y pensante, sea que ratifique, rectifique o rechace la opinión del autor. A veces fundamenta sus propias opiniones, y no suele irse por las ramas.
El comentarista mudo es quien comenta mentalmente, sin dejar nada escrito. Algunos posteadores pueden alarmarse porque no han recibido comentarios, pero sepan para su tranquilidad que muchos, quizás la gran mayoría de los lectores, no deja comentario alguno.
El comentarista marketinero es el que promociona su propia nota respondiendo comentarios. Ello aumenta la cantidad de comentarios y puede figurar en la lista de las notas más comentadas.
El comentarista reptiliano considera que al hacer un comentario está entrando en el territorio del autor de la nota para apoderarse del mismo. Suele hacerlo pidiendo perdón por comentar otro comentario o yéndose del tema, creando de esta forma un territorio propio. El cerebro reptiliano es la parte del cerebro que, entre otras cosas, se ocupa de delimitar la territorialidad. Por ejemplo, la dama que lanza miradas amenazantes a la otra dama que quiere robarle el marido y echarla de la casa.
El comentarista acosador, una vez que ha elegido a su víctima, lo sigue en todas sus notas sea agrediéndolo, sea seduciéndolo, y no suelta presa. Incluso le manda mails privados, y hasta es capaz de averiguar su teléfono y dirección y esperarlo a la vuelta de la esquina. Son muy raros de encontrar, pero que los hay, los hay.
El comentarista recíproco es aquel que recibe el comentario de Fulano, y luego se siente obligado a comentar una nota de su comentador en base a un exótico deber de reciprocidad.
El comentarista emocional se limita expresar estados de ánimo y a establecer vínculos afectivos, convirtiendo muchas veces todo en una gran tertulia por lo que son muy buenos para animar fiestas. Generalmente es una mujer, y utiliza expresiones típicas como “¡Jaaa… Jaaa… Jaaa!...”, “Besotes!...”, “¡Ayyyy!...”, “¡Hola gente!...”, “¡Hasta más tarde chicos!”, “¡Epa, che!”, “¡Buahhh!”, etc. Si el comentarista racional dice “Estoy de acuerdo”, el comentarista emocional dirá “¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiii, ¿viste?”, y así sucesivamente.
Pablo Cazau. Agosto 2008.
El tiempo como cuarta dimensión
No haremos referencia al tiempo psicológico, impresión subjetiva que puede variar de acuerdo al estado de ánimo al tipo de tarea. En un estado depresivo o en actividades aburridas o ausencia de actividades puede aparecer la impresión que el tiempo transcurre más lentamente.Hablaremos, en cambio, del tiempo físico, o sea aquel que es igual para todos porque hay un instrumento objetivo como un reloj que lo mide, y que funciona independientemente de cualquier estado de ánimo o actividad humana.
Se puede entender perfectamente que, si varía alguna de las tres dimensiones espaciales largo, ancho y alto, también variamos nosotros y todos los objetos. Si cambia el alto usted será más alto o más bajo, si cambia el ancho usted será más gordo o más delgado, si cambia el largo usted será menos o más narigón. Imagínese entonces que el espacio donde usted está sea de goma, y puede estirarse en cualquier dimensión o dirección. Si se estira a lo alto, entonces usted será más alto, mientras que será más bajo si el espacio se encogiera en la misma dimensión.
Vamos entonces sacando nuestra primera conclusión: una dimensión es algo que, si varía, hace cambiar a los objetos. A partir de aquí podemos entonces preguntarnos: "puesto que nosotros vamos cambiando, envejecemos, etc ¿qué dimensión es la que está produciendo esa variación?" Respuesta: una cuarta dimensión que, a falta de otro nombre, la humanidad ha llamado 'tiempo'. A medida que envejecemos es obvio que vamos cambiando físicamente, pero muchos de estos cambios no pueden ser explicados por simples variaciones del largo, ancho o alto (que en todo caso explicaría sólo cambios de volumen y forma). La cuarta dimensión llamada tiempo es la que aparece para explicar todos estos cambios y es más: no podríamos concebir, ni captar, ni medir el tiempo si no hubiera cambios. Imaginemos un universo donde todo estuviese inmóvil, quieto, congelado: en un tal universo sería inconcebible la idea de tiempo.
Existen por lo menos dos caminos que la imaginación puede transitar respecto del tiempo: considerar al tiempo como una magnitud vectorial, y considerar el tiempo como algo a través de lo cual se puede viajar.
a) El tiempo como magnitud vectorial.- La física considera al tiempo una magnitud escalar, pero, ¿qué sucedería si fuese considerado como un vector, es decir, dotado de intensidad, dirección, sentido y eventualmente de un punto de aplicación? El punto de aplicación: podría corresponder al origen del tiempo, es decir, al momento en que este comenzó a transcurrir. Asimismo, si consideramos que el vector tiempo expresa su velocidad, la intensidad del vector correspondería con el aceleramiento o la lentificación del tiempo. Respecto del sentido, este puede cambiar si el tiempo comienza a fluir hacia atrás, es decir, a invertirse. Y finalmente la dirección, que si puede cambiar, ocurrirían acontecimientos o historias diferentes en un mundo paralelo.
Así como Abbott creó la fantasía de Planilandia, bien puede también crearse una Cronolandia con diversos países tales como Eternilandia, donde el tiempo está detenido; Bradilandia, donde el tiempo transcurre lentamente; Taquilandia, donde el tiempo transcurre velozmente; Retrolandia, donde el tiempo está invertido y marcha hacia atrás; Eulandia, donde vivimos nosotros porque el tiempo es aquí totalmente normal (para nosotros), y otros raras tierras que examinaremos a continuación.
Cabe antes aclarar que los fenómenos de lentificación, aceleración, inversión (cambio de sentido), redireccionamiento (cambio de dirección), recurrencia, corte, desfasaje o detención del tiempo pueden afectar a todas las personas, y entonces nadie se da cuenta (de igual forma que cuando crece todo el universo, según la fantasía de Leibniz, nadie se percatará de cambios de tamaño), o pueden afectar sólo a algunas personas. Es en este último caso donde aparecen las perplejidades (del mismo modo que alteraciones del espacio sólo para ciertas personas también las generan).
Cuando las alteraciones del tiempo afectan sólo a algunas personas pueden a su vez darse dos casos: si se trata de la lentificación del tiempo: 1) el tiempo se enlentece para mí pero es normal para Pérez; 2) es normal para mí pero se enlentece el tiempo de Pérez. En el primer caso veríamos a Pérez acelerado, y en el segundo lentificado.
a) Lentificación.- Para los bradicronos, habitantes de Bradilandia, el tiempo transcurre normalmente, pero desde nuestro punto de vista su tiempo es muy lento: un día de ellos podrían ser mil años nuestros. Si pudiésemos ingresar a estas tierras, no podríamos percibir a estos seres minúsculos porque nacerían y morirían muy rápido, mientras que ellos nos percibirían casi inmóviles. Cada relámpago nuestro dura muchísimo para ellos, y podrían hacer teorías sobre la luz y la oscuridad eternas que se alternan cuando se asoman a nuestro mundo normal.
No debe confundirse la lentificación del tiempo con la lentificación de otros procesos que habitualmente medimos en términos de tiempo, como el envejecimiento o la velocidad de la luz, que pueden deberse a la lentficación del tiempo pero también a otras razones.
En “El pasillo”, de Stephen King, uno de los personajes recibe una influencia que prolonga su vida hasta cerca de los 200 años. Aquí el tiempo sigue siendo normal, y lo que se enlentece es el proceso de envejecimiento, no el tiempo. Para hacer un huevo frito podemos tardar más tiempo, pero ello no significa haber enlentecido el tiempo. En el otro ejemplo, si vemos avanzar la luz a un metro por hora esto puede explicarse porque se lentificó el tiempo pero también porque la luz simplemente redujo su velocidad.
b) Aceleración.- Para los taquicronos, habitantes de Taquilandia, el tiempo es normal pero desde nuestra perspectiva transucrre muy rápidamente: un día nuestro equivale puede equivaler a un segundo de ellos, con lo cual los veremos como casi inmóviles, mientras que ellos no verán a nosotros cambiando muy rápidamente.
c) Inversión.- En Retrolandia el tiempo cambia de sentido y comienza a marchar hacia atrás, incluyendo los relojes. A medida que avanza la inversión temporal las personas van retrotrayéndose a etapas más tempranas perdiendo la memoria, la experiencia que adquirieron, los conocimientos, los aprendizajes, van haciéndose cada vez más jóvenes física y mentalmente, desaprenden lo aprendido y vuelven a vivir emociones olvidadas.
Veremos azorados como nuestra esposa se vuelve cada vez más joven (y nosotros cada vez más viejos porque persistimos en el tiempo normal), con lo cual llegará el momento en que nosotros, ya ancianos, nos dediquemos a cantarle en la cunita canciones infantiles. Veremos también como las ratas ya no reconocen el laberinto, y como las mariposas van mudándose en gusanos.
Al mismo tiempo la gente pagará fortunas para acceder a estas extrañas tierras porque querrán rejuvenecer, y los científicos buscarán allí el origen del universo, tarea vana porque mucho antes se habrán vuelto niños, bebés, fetos y finalmente espermatozoides y óvulos, hasta desaparecer en el fárrago de la materia viva.
La física tiende a sostener actualmente que para lo macroscópico, la flecha del tiempo es unidireccional o irreversible porque no puede invertirse el tiempo de los acontecimientos. Sin embargo, para en ámbitos microscópicos el tiempo parece poder retroceder, es decir, invertirse la flecha del tiempo.
d) Redireccionamiento.- Un cambio en la dirección del tiempo supondría pasar a otra historia, a otra secuencia de acontecimientos donde en lugar de trabajar como ingenieros trabajamos como abogados, y en lugar de casarnos permanecemos solteros. Inclusive podrían existir simultáneamente varias direcciones del tiempo, de manera tal que si saltáramos mágicamente de una otra entraríamos en otra de ‘nuestras’ vidas, nuestra esposa no nos reconocería porque somos solteros, y no podríamos satisfacer a nuestros clientes para construir sus casas. La fantasía de elegir nuestro destino se tornaría aquí realidad con aquellos mágicos saltos.
Caben dos posibilidades: las direcciones no son paralelas, con lo cual en algún momento se entrecruzarán en un punto. Algún escritor de ciencia ficción aprovecharía aquí la ocasión para contar varias historias diferentes pero con una escena común, como por ejemplo una persona que va a entrar en un ascensor pero se arrepiente: según una de las historias, se arrepiente porque reconoció a un acreedor, según otra de las historias porque decidió no realizar la entrevista en el décimo piso, y según otra porque recordó que antes debía comprar un regalo para el cumpleaños de su hijo.
Las direcciones también pueden ser paralelas, situación que nos enfrenta con varias historias posibles que no se intersectan. De comprobarse esta posibilidad, por ejemplo podría quedar explicado el llamado recuerdo delirante (creer que algo realmente pasó cuando no fue así) a partir de una conexión anómala de la mente con otra rama posible de la historia.
e) Recurrencia.- Un tiempo cíclico o recurrente supone que una y otra vez se repite el mismo tiempo, como por ejemplo el mismo día, con lo cual una persona quedaría condenada a vivir una y otra vez eternamente las mismas situaciones. Así, cuando cada mañana se levanta sabe qué le pasará todo el resto del día: sabe que el colectivo llegará tarde, que alguien le dará un beso, que comerá los mismos ravioles de siempre, etc. Podrá hacer alarde de predecir acontecimientos, aunque sólo por 24 horas y, si la ficción lo permite, podemos suponer que reaccionará de diferentes maneras ante los mismos estímulos para romper la rutina, pero ello no hará que los acontecimientos de su eterno día se modifiquen.
La humanidad ha fantaseado con el tiempo recurrente a través de los llamados mitos del eterno retorno, relatos donde una y otra vez se repite un ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento. De comprobarse, este tiempo cíclico podría además explicar el fenómeno del deja vu, entendido como un breve salto instantáneo al pasado.
f) Corte.- Esta fantasía supone que un tramo del tiempo desaparece instantáneamente, de manera que si ahora son las 8 de la mañana, enseguida después pasan a ser las 8 y cuarto, con lo cual habremos envejecido 15 minutos en un solo instante y habremos perdido 15 minutos de nuestro precioso tiempo. Esto mismo puede ocurrir cuando no consideramos el tiempo físico sino el psicológico, en el fenómeno de las amnesias traumáticas: la persona aparece en el hospital y lo último que recuerda fue cuando iba manejando tranquilamente por la ruta, quedando olvidadas las horas transcurridas entre el accidente y la recuperación de la conciencia.
Algo parecido a un corte en el tiempo ocurrió realmente en Inglaterra en el siglo XVIII, aunque no debido a asombrosos saltos temporales. Del 3 de septiembre de 1752 hasta el 12 de septiembre del mismo año no se contabilizaron los días por exigencias de la adopción del calendario gregoriano, con lo cual los habitantes se fueron a dormir un 3 y amanecieron un 13, e incluso algunos de ellos tal vez se quejaron a las autoridades porque les habían suprimido el día de su cumpleaños.
Las perplejidades aparecen cuando una persona solamente sufre el corte temporal, pero no su cónyuge. Es el caso del hombre que se saltea tres meses en el tiempo como si no los hubiera vivido, perdiendo la memoria de lo acontecido en ese lapso. Se extraña cuando una mujer se muestre familiar con él, porque en esos tres meses fue que la conoció y se casó. También puede ocurrir que este hombre, sabedor que otra mujer también sufrió un corte temporal, podrá mostrarse familiar con ella para inventar un romance.
g) Desfasaje.- Los desfasajes temporales se producen cuando una persona vive adelantada respecto de otra. Por ejemplo, si yo vivo 5 horas adelantado respecto del Sr. Pérez, podré predecir qué hará en las próximos 5 horas, pero la comunicación con él se vería grandemente dificultada: uno de los interlocutores haría una pregunta y siempre debería esperar 5 horas para recibir la respuesta.
h) Detención.- En nuestro viaje fantástico podemos suponer, finalmente, que el tiempo de detiene, no fluye más. Eternilandia estaría habitado por seres congelados, quietos e inmortales. No habría movimiento: de hecho, podemos percibir el tiempo porque se producen cambios: cambiamos nosotros, cambian los demás, cambian las cosas.
Que el tiempo se detenga equivale a decir que no existe más. La no existencia del tiempo es otra de las ficciones circulantes, según las cuales los cambios que percibimos son en realidad cambios de posición instantáneos en el espacio (o cambios de intensidad en el mismo lugar) de una realidad a otra.
b) Viajes en el tiempo.- La literatura de ciencia-ficción no ha escatimado tinta para los relatos de viajes a través del tiempo y tal vez “La máquina del tiempo” (1893) de H. G. Wells sea el texto paradigmático.
Consideremos primero las dos posibilidades clásicas: viajar al pasado o viajar al futuro. ambas llenas de perplejidades lógicas. En general, en estas fantasías se supone que el tiempo siempre transcurre hacia adelante. Por ejemplo, aunque viajemos al pasado, una vez allí el tiempo seguirá su curso normal hacia adelante. No es el tiempo el que retrocede sino el viajero, es decir, el reloj que mueve sus manecillas hacia atrás no funciona como instrumento para medir el tiempo sino como instrumento la velocidad del viajero a través de él.
Respecto de los viajes al pasado, la perplejidad reside en que en el pasado el viajero se encontrará a si mismo más joven, y que en el presente del cual se partió habrá por un lado un viajero que desapareció (porque fue al pasado) y el mismo viajero que existía en el pasado, sólo que más viejo.
La perplejidad se acentúa si suponemos que nos asesinamos a nosotros mismos cuando éramos más jóvenes en el pasado. Si ello es así, no podremos seguir existiendo de allí en más, y nunca en el futuro del cual venimos podríamos haber existido. Entonces, ¿cómo hicimos para viajar desde el futuro al pasado?
Respecto de los viajes al futuro, nos reencontraremos a nosotros mismos más viejos, y tal vez nuestros amigos, también más ancianos, nos dirán “vos desapareciste hace años” (que fue cuando viajé al futuro). La misma perplejidad lógica persiste: si desaparecí hace años tampoco existiré en el futuro.
Consideremos ahora otras dos posibilidades: ver el pasado (o el futuro) sólo en imágenes, sin trasladarnos, o ir realmente al pasado (o al futuro). Son las mismas posibilidades que existen en los viajes a través del espacio: no es lo mismo ver imágenes de otro espacio (por ejemplo por televisión), que trasladarse efectivamente al mismo (por ejemplo tomando un avión).
La posibilidad de ver imágenes del pasado no es ficción. Si ahora mismo estuviésemos en la estrella Alfa Centauro, veríamos llegar imágenes de la tierra con cuatro años de antigüedad. En cambio, la posibilidad de ver imágenes del futuro es aun una ficción que, de hacerse realidad, nos permitiría modificar el presente para alterar algún futuro sórdido.
Otra cosa es ir uno realmente al pasado o al futuro, en cuyo caso si el futuro es poco promisorio, podría modificárselo cambiando el pasado o el presente. Que se sepa, nadie ha viajado al pasado y mucho menos lo ha modificado, pero a nivel psicológico esto puede hacerse: la hipnosis profunda permite revivir tal cual experiencias infantiles, mientras que la llamada resignificación permite modificar estas otorgándoseles otro significado que, por ejemplo, cancela su carácter traumático y patógeno.
Pablo Cazau. Julio 2007.
Referencias bibliográficas
Abbott Edwin (1929) Flatland. Boston: Little Brown. Hay edición castellana titulada Planilandia, publicada en 1999 por Olañeta Editor (Barcelona).
Anónimo (1996) Acerca de las hipótesis científicas sobre la posibilidad de viajar a través del tiempo. Buenos Aires: Diario Clarín (Suplemento de Cultura), 14-3-96 (Reportaje a R. Ruffini).
lunes 12 de enero de 2009
Nuestras "múltiples" personalidades
La persona es unitaria, pero se presenta bajo diversas formas actuando diferentes personajes. Un hombre puede ser un tirano en el trabajo, romántico con su mujer y comportarse como un niño en un parque de diversiones. Puede ser interesante y creativo en ciertas ocasiones y muy aburrido y monótono en otras. Puede mostrarse simpático cuando vende algo, y reservado y frío cuando debe pagar impuestos.Normalmente todos actuamos diversos personajes, algunos espontáneos y otros creados deliberadamente, lo cual puede hacernos pensar que alguno ha de ser la persona real y los demás imposturas o falsificaciones, y hasta llegamos a decir que una persona habitualmente malhumorada es falsa cuando se muestra amable y alegre con alguien que puede proveerle un empleo.
No es cierto: todos son diversos aspectos igualmente reales y auténticos de un elemento unitario que es nuestra personalidad, que se manifiesta bajo diversos aspectos según las circunstancias tal como puede hacerlo el camaleón o el mismo pulpo, rey de los disfraces. El Dr. Jekill era de día el médico humanitario, aunque de noche se transformaba en el lascivo y deleznable Mr. Hyde y, ¿quién puede decir cuál de ambas personalidades era la ‘auténtica’ en la famosa novela de Stevenson, basada a su vez en un caso real?
Las personas inteligentes tienden a aceptar los aspectos diferentes y hasta contradictorios de su propia personalidad, incluso cuando alguno de ellos pueda ser el dominante y ocupar la mayor parte del tiempo de su vida, o cuando algún otro personaje no sea de su agrado.
Cuando nos agarra un ataque de ira, rompemos todo y nos aislamos del mundo, uno de nuestros personajes toma el mando en ese momento. Más tarde, tomará el control de nuestra mente un personaje con más sentido común o más tranquilo, que hasta llega a tomarse la vida con humor.
Cuando en una obra de teatro representamos a un brujo o a un asaltante, aparece el brujo o al asaltante que somos y que tenemos muy escondido, y cuando en una reunión social nos vemos obligados a ser corteses y educados no estamos simulando: simplemente estamos representando un personaje que no nos gusta, tan real como los otros aspectos más queribles de nuestra personalidad. De hecho, amamos más a algunos de nuestros personajes, y odiamos más a otros (“odio ser vanidoso o hipócrita, pero a veces me sale y no puedo evitarlo”).
Cuando en un chat, un blog o una red social adoptamos un nick y hasta un determinado avatar (una imagen que nos representa), estamos asumiendo un personaje que representaremos lo más fielmente posible en nuestros posts. El nombre que elegimos suele reflejar las características psicológicas del personaje: “vergatiesa”, “modosita”, etc.
Hasta aquí todo puede entrar dentro de la normalidad, pero hay casos donde la situación se transforma en un verdadero trastorno mental, requiriendo entonces atención psicológica. La psicopatología actual (léase, para los entendidos, la clasificación DSM-IV) los ha llamado Trastornos Disociativos, dentro de los cuales hay algunos subtipos como la Fuga Disociativa o el Trastorno de Identidad Disociativo.
Éste último suele tener una denominación popular: la “personalidad múltiple”, y fue el tema de varias películas y novelas, como por ejemplo “Cuéntame tus sueños”, de Sidney Sheldon.
Quien padece una personalidad múltiple tiene dos o más identidades (habiéndose registrado casos de pacientes con 100 personalidades) y por lo general dicen haber padecido abuso físico y sexual, sobre todo en la infancia. Sin entrar en detalles técnicos, bastará con retratar brevemente el caso real de una mujer de 40 años, casada y madre de dos niñas. Bueno, esa es una de sus personalidades.
Cuando va al supermercado con su esposo e hijas, puede ocurrir que adopte otra personalidad durante varios minutos, transformándose entonces en una niña de siete años que se llama Jennifer, que habla como niña y pide insistentemente que le compren los dulces que le gustan. Reconoce a su esposo pero no como tal sino como a un amigo o un tío, mientras que sus hijas son sus amiguitas.
Otras veces asume durante varias semanas el personaje de Marylin, una adolescente rebelde que fuma y toma marihuana. Se va de la casa, deambula por hoteles, compra ropa y pasea por los bares y plazas gastanto el dinero de su familia con una tarjeta de crédito. De repente, estando dormida en alguna pensión, puede asumir el mando su personalidad de ama de casa y entonces se preguntará asombrada y alarmada qué hace ahí con ropa que nunca se compró y con un cigarrillo en la mano cuando ella en realidad no fuma. Y es que las personas con este trastorno no pueden recordar sus otras personalidades, extrañándose sobremanera cuando les dicen que durante semanas fueron una deambuladora adolescente. Las personas normales, en cambio, saben que existen sus otros personajes, más allá de si les gustan o no.
Otra de sus personalidades es masculino y agresivo, y la mujer no pudo entender cómo una madrugada llegó a su casa golpeada y desecha luego de haber recorrido la noche urbana.
La mujer debió ser internada y sometida a un tratamiento de psicoterapia, y tuvo la suerte de tener un esposo que la amaba a toda ella, incluyendo sus otras personalidades, de la misma forma que amamos al ser que nos tocó amar con todas sus virtudes y defectos.
Pablo Cazau. Julio 2008.
Fabricarán en Argentina la máquina de Dios
Como todo el mundo sabe, el Acelerador de Partículas europeo, también llamado la máquina de Dios, hará chocar partículas entre sí a alta velocidad para reproducir las condiciones iniciales del universo y determinar, entre otras cosas, qué partículas desconocidas existían por aquel entonces, incluso con el riesgo que el planeta Tierra sea chupado por un agujero negro en una hora y media.
Como Dios es argentino, y entusiasmados con la idea, un grupo de físicos argentos han diseñado otro Acelerador de Partículas que consiste en un túnel que nace en las proximidades de la Casa Rosada y el Congreso y termina en Flores Sur. Por el primer extremo lanzarán a gran velocidad a todas las partículas llamadas “políticos” casi a la velocidad de la luz, y al mismo tiempo desde Flores Sur lanzarán en sentido contrario otro grupo de partículas llamadas “pobres” para que por fin puedan chocar violentamente y autodestruirse.
El objetivo del experimento es doble. En primer lugar, comprobar si es cierto que hace miles de años, antes del nacimiento del país, existían solamente partículas llamadas “indios”. En segundo lugar, los científicos esperan que un gran agujero negro chupe la nación, con lo cual desaparecerán por fin el INDEC, los accidentes de tránsito, la inflación, los billetes falsos y otras calamidades y, sobre todo, no quedarán rastros de los políticos y de los pobres, ahora transformados en indios, y todo el mundo podrá descansar en paz escondidos en el agujero negro.
Pablo Cazau. Septiembre 2008.
Como Dios es argentino, y entusiasmados con la idea, un grupo de físicos argentos han diseñado otro Acelerador de Partículas que consiste en un túnel que nace en las proximidades de la Casa Rosada y el Congreso y termina en Flores Sur. Por el primer extremo lanzarán a gran velocidad a todas las partículas llamadas “políticos” casi a la velocidad de la luz, y al mismo tiempo desde Flores Sur lanzarán en sentido contrario otro grupo de partículas llamadas “pobres” para que por fin puedan chocar violentamente y autodestruirse.
El objetivo del experimento es doble. En primer lugar, comprobar si es cierto que hace miles de años, antes del nacimiento del país, existían solamente partículas llamadas “indios”. En segundo lugar, los científicos esperan que un gran agujero negro chupe la nación, con lo cual desaparecerán por fin el INDEC, los accidentes de tránsito, la inflación, los billetes falsos y otras calamidades y, sobre todo, no quedarán rastros de los políticos y de los pobres, ahora transformados en indios, y todo el mundo podrá descansar en paz escondidos en el agujero negro.
Pablo Cazau. Septiembre 2008.
El hiperespacio
Los científicos no se ocupan solamente de inventar teorías para explicar hechos constatados, sino también para explicar fenómenos imaginarios, que nunca nadie pudo ver y ni siquiera reproducir experimentalmente. O sea, construyeron ficciones (las teorías) para explicar otras ficciones (los fenómenos imaginarios), y tal vez su única diferencia con los pacientes delirantes, es que la ciencia es un delirio no autorreferencial socialmente aceptado.
Un ejemplo típico es el principio de inercia, que permite explicar el movimiento rectilíneo uniforme... en el vacío y sin rozamientos, fenómeno que hasta ahora nadie vio, debido a las hasta hoy insalvables dificultades para reproducir un evento de ese tipo. Un ejemplo más actual es la invención de teorías que explican... los viajes hiperespaciales, otro fenómeno jamás registrado por nadie.
Un viaje hiperespacial es un viaje a través de un espacio tetradimensional tal que permita viajar a las estrellas en tiempos increíblemente breves. Un viaje normal a una estrella más o menos lejana podría insumir millones de años, pero viajando por el hiperespacio podrían tardarse un par de meses, por arriesgar alguna cifra.
¿Qué teoría podría explicar estos hipotéticos viajes? Supongamos que nuestro universo no sea tridimensional, sino bidimensional, o sea que tenga la forma de una simple hoja de papel. Dibujemos en esa hoja un punto T en un extremo, que representa la Tierra, y lejos de él un punto A, en el otro extremo, que representa la estrella Alfa-Centauro. Si no consideramos el Sol, esta estrella es la más cercana a nuestro planeta, y se encuentra a aproximadamente 4 años-luz de nosotros. Esto significa que, viajando a la velocidad de la luz, tardaríamos en llegar 4 años. Como se ve, un viaje larguísimo... salvo que uno conozca el truco del viaje hiperespacial. Un tal viaje sería posible si por ejemplo doblamos la hoja de papel y aproximamos los extremos sin que se toquen. La distancia de la Tierra a Alfa-Centauro se acortaría notablemente: bastaría con encontrar la forma de salir del plano de la hoja y volver a él, y tal vez tardaríamos apenas 4 días.
Nosotros habíamos partido de la suposición de que el universo es una hoja de papel, pero en realidad éste no tiene dos dimensiones sino tres, y es acá donde entra la fantástica teoría: así como podemos doblar una superficie de dos dimensiones, también se podría 'doblar' un espacio de tres dimensiones y entonces, si 'doblamos' el universo, nuestro planeta quedaría muy próximo a Alfa-Centauro. Un saltito mediante un viaje hiperespacial... y ya estamos en la estrella en cuestión de días. De la misma forma, así como en la hoja bidimensional tuvimos que 'salirnos' del plano y pasar a una tercera dimensión para dar el saltito, así también si queremos 'salirnos' del espacio tridimensional debemos hacerlo en una cuarta dimensión espacial. Tal la razón por la cual se dice que los viajes hiperespaciales son viajes a través de la cuarta dimensión, o viajes tetradimensionales.
Sin embargo, y siempre en tren de suposiciones, plantearemos aquí otra teoría que también permite explicar los viajes hiperespaciales, pero sin tener que recurrir a una cuarta dimensión. Ahora en vez de acercar sus extremos, directamente unimos los bordes opuestos hasta estar bien contactados, formando un cilindro. Conclusión: hemos acercado mucho la Tierra a Alfa-Centauro, pero ya no necesitamos 'salirnos' del plano para hacer el viaje: basta con viajar por la hoja de papel cruzando la parte pegada. En otras palabras, no necesitamos acceder a una cuarta dimensión para hacer el viaje. Con esta teoría alternativa estamos respetando el principio de simplicidad de la ciencia, según el cual siempre es preferible una teoría a otra si puede explicar los mismos fenómenos (el viaje hiperespacial) con menos elementos (sin tener que recurrir a la complicación de un salto a la cuarta dimensión).
Hemos cumplido una primera etapa: hemos pasado desde la ficción de una cuarta dimensión, hasta un viaje teóricamente realizable por la tercera dimensión. Vamos ahora cumplir una última etapa, donde estaremos aún más próximos al sentido común, o por lo menos más cerca de fenómenos efectivamente constatados. Así como un cilindro resulta de doblar y pegar una hoja de papel rectangular, así también una superficie esférica resulta de doblar una hoja de papel de la extraña forma dibujada en la figura adjunta.
Haciendo esta operación de doblado, también aproximamos nuestro planeta a Alfa-Centauro, y hasta ahora no hay diferencia con el caso anterior, salvo que es una concepción más acorde con nuestra visión del universo: tendemos a considerar al universo como si fuera una esfera, no un cilindro. Y además, no solamente como una superficie esférica (como pensaban algunos antiguos astrónomos griegos) sino como una esfera con volumen (valga la redundancia) donde, tanto en la superficie como 'adentro' están suspendidos todos los astros. En una palabra, tendemos a concebir el universo como una gran bola de billar llena de galaxias, estrellas y planetas.
Durante los primeros tiempos de nuestro siglo XX se daba por sentado que esta gran bola no cambiaba sus dimensiones, no 'crecía' ni se 'achicaba', tal como puede inflarse o desinflarse un globo esférico. Sin embargo, el descubrimiento del efecto Doppler llevó a los científicos a pensar que la gran bola fija en realidad crecía y se expandía permanentemente, y consecuentemente también se expandían las distancias entre los astros, alejándose cada vez más entre sí.
Por supuesto, si concluimos que el universo se expande permanentemente debemos concluir también que antes era más chico, y mucho antes en el tiempo mucho más chico, y así sucesivamente, hasta llegar a un momento, hace 15.000 millones de años, que el universo apenas si era un puntito que de repente explotó y empezó a crecer, a crecer y a crecer... y que sigue creciendo hasta nuestros días. En otras palabras, la teoría de la gran explosión inicial llamada teoría del Big-Bang.
Se puede llegar también rápidamente, por fin, a la estrella Alfa-Centauro sin doblar el espacio: viajando en una nave espacial a la velocidad de la luz, lo cual nos insumiría más de cuatro años. Además, su luz nos llega con cuatro años de retraso, es decir, estamos viendo la estrella cómo era hace cuatro años: pudo haber explotado hace un año y nadie se hubiera dado cuenta.
Pablo Cazau. Julio 2007.
Un ejemplo típico es el principio de inercia, que permite explicar el movimiento rectilíneo uniforme... en el vacío y sin rozamientos, fenómeno que hasta ahora nadie vio, debido a las hasta hoy insalvables dificultades para reproducir un evento de ese tipo. Un ejemplo más actual es la invención de teorías que explican... los viajes hiperespaciales, otro fenómeno jamás registrado por nadie.
Un viaje hiperespacial es un viaje a través de un espacio tetradimensional tal que permita viajar a las estrellas en tiempos increíblemente breves. Un viaje normal a una estrella más o menos lejana podría insumir millones de años, pero viajando por el hiperespacio podrían tardarse un par de meses, por arriesgar alguna cifra.
¿Qué teoría podría explicar estos hipotéticos viajes? Supongamos que nuestro universo no sea tridimensional, sino bidimensional, o sea que tenga la forma de una simple hoja de papel. Dibujemos en esa hoja un punto T en un extremo, que representa la Tierra, y lejos de él un punto A, en el otro extremo, que representa la estrella Alfa-Centauro. Si no consideramos el Sol, esta estrella es la más cercana a nuestro planeta, y se encuentra a aproximadamente 4 años-luz de nosotros. Esto significa que, viajando a la velocidad de la luz, tardaríamos en llegar 4 años. Como se ve, un viaje larguísimo... salvo que uno conozca el truco del viaje hiperespacial. Un tal viaje sería posible si por ejemplo doblamos la hoja de papel y aproximamos los extremos sin que se toquen. La distancia de la Tierra a Alfa-Centauro se acortaría notablemente: bastaría con encontrar la forma de salir del plano de la hoja y volver a él, y tal vez tardaríamos apenas 4 días.
Nosotros habíamos partido de la suposición de que el universo es una hoja de papel, pero en realidad éste no tiene dos dimensiones sino tres, y es acá donde entra la fantástica teoría: así como podemos doblar una superficie de dos dimensiones, también se podría 'doblar' un espacio de tres dimensiones y entonces, si 'doblamos' el universo, nuestro planeta quedaría muy próximo a Alfa-Centauro. Un saltito mediante un viaje hiperespacial... y ya estamos en la estrella en cuestión de días. De la misma forma, así como en la hoja bidimensional tuvimos que 'salirnos' del plano y pasar a una tercera dimensión para dar el saltito, así también si queremos 'salirnos' del espacio tridimensional debemos hacerlo en una cuarta dimensión espacial. Tal la razón por la cual se dice que los viajes hiperespaciales son viajes a través de la cuarta dimensión, o viajes tetradimensionales.
Sin embargo, y siempre en tren de suposiciones, plantearemos aquí otra teoría que también permite explicar los viajes hiperespaciales, pero sin tener que recurrir a una cuarta dimensión. Ahora en vez de acercar sus extremos, directamente unimos los bordes opuestos hasta estar bien contactados, formando un cilindro. Conclusión: hemos acercado mucho la Tierra a Alfa-Centauro, pero ya no necesitamos 'salirnos' del plano para hacer el viaje: basta con viajar por la hoja de papel cruzando la parte pegada. En otras palabras, no necesitamos acceder a una cuarta dimensión para hacer el viaje. Con esta teoría alternativa estamos respetando el principio de simplicidad de la ciencia, según el cual siempre es preferible una teoría a otra si puede explicar los mismos fenómenos (el viaje hiperespacial) con menos elementos (sin tener que recurrir a la complicación de un salto a la cuarta dimensión).
Hemos cumplido una primera etapa: hemos pasado desde la ficción de una cuarta dimensión, hasta un viaje teóricamente realizable por la tercera dimensión. Vamos ahora cumplir una última etapa, donde estaremos aún más próximos al sentido común, o por lo menos más cerca de fenómenos efectivamente constatados. Así como un cilindro resulta de doblar y pegar una hoja de papel rectangular, así también una superficie esférica resulta de doblar una hoja de papel de la extraña forma dibujada en la figura adjunta.
Haciendo esta operación de doblado, también aproximamos nuestro planeta a Alfa-Centauro, y hasta ahora no hay diferencia con el caso anterior, salvo que es una concepción más acorde con nuestra visión del universo: tendemos a considerar al universo como si fuera una esfera, no un cilindro. Y además, no solamente como una superficie esférica (como pensaban algunos antiguos astrónomos griegos) sino como una esfera con volumen (valga la redundancia) donde, tanto en la superficie como 'adentro' están suspendidos todos los astros. En una palabra, tendemos a concebir el universo como una gran bola de billar llena de galaxias, estrellas y planetas.
Durante los primeros tiempos de nuestro siglo XX se daba por sentado que esta gran bola no cambiaba sus dimensiones, no 'crecía' ni se 'achicaba', tal como puede inflarse o desinflarse un globo esférico. Sin embargo, el descubrimiento del efecto Doppler llevó a los científicos a pensar que la gran bola fija en realidad crecía y se expandía permanentemente, y consecuentemente también se expandían las distancias entre los astros, alejándose cada vez más entre sí.
Por supuesto, si concluimos que el universo se expande permanentemente debemos concluir también que antes era más chico, y mucho antes en el tiempo mucho más chico, y así sucesivamente, hasta llegar a un momento, hace 15.000 millones de años, que el universo apenas si era un puntito que de repente explotó y empezó a crecer, a crecer y a crecer... y que sigue creciendo hasta nuestros días. En otras palabras, la teoría de la gran explosión inicial llamada teoría del Big-Bang.
Se puede llegar también rápidamente, por fin, a la estrella Alfa-Centauro sin doblar el espacio: viajando en una nave espacial a la velocidad de la luz, lo cual nos insumiría más de cuatro años. Además, su luz nos llega con cuatro años de retraso, es decir, estamos viendo la estrella cómo era hace cuatro años: pudo haber explotado hace un año y nadie se hubiera dado cuenta.
Pablo Cazau. Julio 2007.
miércoles 7 de enero de 2009
Copyright, copyleft y dominio público
Para proteger al autor original de estos y otros peligros existen una serie de disposiciones, algunas legales y otras sin reconocimiento legal, que van desde la más protectora, el copyright, hasta la menos protectora, el llamado dominio público, pasando por una serie de protecciones intermedias que genéricamente han sido llamadas copyleft. Incluso hay quienes utilizan la expresión copyfight (de fight = luchar) para enfatizar una radicalización del copyleft, en el sentido de cuestionar y oponerse a los tradicionales derechos de autor protegidos por el copyright.
El símbolo del copyright "©" es usado para indicar que una obra está sujeta al derecho de autor con todos los derechos reservados. Una letra C invertida es el símbolo más común utilizado para el copyleft, como contrapartida del símbolo copyright. El símbolo "©"con una barra oblicua se utiliza para indicar que una obra es de dominio público.
1) Copyright.- El copyright es un conjunto de normas y principios que regulan los derechos morales y patrimoniales que la ley concede a los autores (los derechos de autor), por el solo hecho de la creación de una obra literaria, artística o científica, publicada o inédita.
El derecho moral reconoce que la obra es expresión de la persona del autor y como tal se la protege. Es un derecho irrenunciable e imprescriptible. Los derechos patrimoniales, por su parte, permiten de manera exclusiva la explotación de la obra hasta un plazo contado a partir de la muerte del último de los autores. Posteriormente pasan a formar parte del dominio público pudiendo cualquier persona explotar la obra.
El titular de los derechos de autor goza de derechos exclusivos para reproducir la obra en copias o fonogramas, preparar obras derivadas basadas en la original, distribuir copias o fonogramas de la obra al público vendiéndolas, alquilándolas o prestándolas, presentar y mostrar la obra públicamente,
El derecho de autor tiene una larga historia que comienza con la aparición de la imprenta que, al permitir la copia masiva de las obras, generó la necesidad de protegerlas como propiedad intelectual.
El derecho de autor no necesita de ninguna formalidad, es decir, no requiere de la inscripción en un registro o el depósito de copias; los derechos de autor nacen con la creación de la obra.
Ciertos productos no se consideran protegibles por derechos de autor, como por ejemplo obras no escritas ni grabadas (por ejemplo un discurso oral o un chiste), obras de conocimiento público (por ejemplo calendarios y tablas de medidas), y leyes o reglamentos de diversos tipos.
La legislación sobre derecho de autor cambia de un país a otro y difiere en varios aspectos, como por ejemplo en el tiempo que debe transcurrir para que los derechos de autor expiren. En Argentina, por ejemplo, el derecho de autor se rige por el artículo 17 de la Constitución que expresa que todo autor o inventor es propietario exclusivo de su obra, invento o descubrimiento, por el término que le acuerde la ley. La Ley 11723 regula el régimen Legal de la Propiedad Intelectual, y su artículo 5 establece que "La propiedad intelectual sobre sus obras corresponde a los autores durante su vida y a sus herederos o derechohabientes hasta 70 años contados a partir del 1º de Enero del año siguiente al de la muerte del autor". En el caso de obras realizadas en colaboración, el plazo se cuenta desde el 1 de enero del año siguiente a la muerte del último de los autores. Si el autor no dejara herederos, los derechos pasan directamente al Estado Argentino por el mismo plazo que estipula la ley. En su artículo 30, asimismo, se establece que los autores, para acogerse a los beneficios de la ley, deberán efectuar la inscripción en el Registro Nacional de Propiedad Intelectual.
Dentro del marco regulatorio de la Ley de Propiedad Intelectual, algunas instituciones especifican cómo debe procederse para respetarla. Por ejemplo, el diario La Nación, entre los requisitos que impone a los comentarios enviados por los lectores, menciona el siguiente: “Está prohibido citar material que constituya propiedad intelectual de terceros, sin mencionar su fuente o autor, y/o publicar material de propiedad intelectual de terceros que exceda las mil (1000) palabras, de conformidad con lo dispuesto por el artículo 10 de la ley 11.723”.
En Argentina rige también la ley 25140 (1999) que, por ejemplo, aprueba dos tratados internacionales, que son el Convenio o Convención de Berna (1886), y el OMPI o Tratado de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (1996), y respecto de éste último, tanto el que se refiere a Derechos de Autor como el referido a Interpretación o Ejecución y Fonogramas.
Téngase presente que cada estado tiene su propia legislación sobre el derecho de autor, pero existen además tratados internacionales a los cuales adhieren los estados que así lo desean. Por ejemplo a la Convención de Berna en 2008 adherían 163 estados.
El copyright es la más restrictiva de las prohibiciones. La clásica expresión que aparece en los libros impresos del tipo “Todos los derechos reservados” (All rights reserved) supone un conjunto de prohibiciones que suelen condensarse en párrafos como los siguientes:
a) “No puede reproducirse, almacenarse en un sistema de recuperación o transmitirse en forma alguna por medio de cualquier procedimiento, sea éste mecánico, electrónico, de fotocopia, grabación o cualquier otro, sin el previo permiso del editor”.
b) “El contenido de esta obra está protegido por la Ley, que establece penas de prisión y/o multas, además de las correspondientes indemnizaciones por daños y perjuicios, para quienes reprodujeren, plagiaren, distribuyeren o comunicaren públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la respectiva autorización”.
También suele aclararse “Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723” (para el caso de Argentina).
En la práctica, ciertas disposiciones no se cumplen pero no se penalizan. El ejemplo típico es la persona que escribe un artículo científico y cita, textualmente o no, a un autor en el curso de su exposición, aunque citando la fuente. Técnicamente esto equivale a reproducir parcialmente la obra sin la autorización del autor, un acto que según la ley estaría penalizado.
2) Copyleft.- El copyleft describe un grupo de derechos que se han propuesto como alternativa a las restricciones leoninas que impone el copyright, con el fin de garantizar una mayor libertad para que cada persona receptora de una copia, o una versión derivada de un trabajo, pueda, a su vez, usar, modificar y redistribuir tanto el propio trabajo como las versiones derivadas del mismo. Puede considerarse como opuesto al copyright o derecho de autor tradicional. Según la legislación, los autores son quienes deciden en última instancia si una obra es o no copyleft, pues son quienes generan la primera obra creativa.
El copyleft surgió originalmente como una estrategia legal diseñada por el movimiento del software libre, para permitir que un programa pueda ser ejecutado por todo aquel que quiera, que pueda ser modificado y mejorado para cualquier fin, y que puedan ser distribuidas las versiones originales y modificadas con o sin ánimo de lucro sin necesidad de pedir permiso a nadie.
Aunque originalmente el copyleft nació para proteger obras de software, luego se extendió a casi cualquier obra literaria, artística o científica. Por ejemplo, la Licencia Free Art es una licencia copyleft que puede ser aplicada a cualquier obra de arte.
El copyleft no es una solución mágica, y de hecho tanto los autores como los editores encuentran en ella ventajas y desventajas, con lo cual la polémica se mantiene vigente.
Entre las primeras modalidades del copyleft se contó la Licencia Pública General de GNU (abreviada como GNU FDL, GFDL, o FDL), que permite a todo usuario la libertad de redistribuir y cambiar software GNU. De esta manera, por primera vez se recogía el derecho a que el titular de los derechos de autor pudiera transferir de forma permanente y a obras derivadas surgidas, el máximo número de derechos posible a aquellos que reciban una copia del programa, del manual, del libro de texto u otro documento escrito.
En el ámbito del software libre, las licencias GNU son el instrumento legal que garantiza que el copyleft sea jurídicamente efectivo. El instrumento jurídico del que se ha dotado el movimiento del software libre han sido las licencias de la Free Software Foundation: la Licencia Pública General GNU para los programas de software (GNU-GPL), la Licencia Pública General Menor para las librerías informáticas (GNU-LGPL) y la Licencia de Documentación Libre GNU para los manuales técnicos (GNU-FDL).
Creative Commons es otro esfuerzo a favor del copyleft. Se trata de una organización no gubernamental y sin ánimo de lucro, cuya idea es posibilitar un modelo legal, con la ayuda de herramientas informáticas, para facilitar la distribución y el uso de contenidos para el dominio público.
Está inspirada en la licencia GPL (General Public License) de la Free Software Foundation, y ofrece una serie de licencias, cada una con diferentes configuraciones poniendo a disposición del público y de los creadores instrumentos legales sencillos que permiten licenciar una obra con distintos grados de protección y de libertad, según las características de la obra y la voluntad del autor.
La libertad mínima de la más restrictiva de las licencias de Creative Commons permite la copia, la distribución, la exhibición y la interpretación del texto siempre y cuando se respete la autoría del mismo, no se utilice con fines comerciales y no se altere. Estas licencias se construyen a partir de una serie de preguntas sencillas tales como: ¿Quieres permitir el uso comercial de tu obra? ¿Quieres permitir modificaciones de tu obra? Según las respuestas, Creative Commons pone a disposición un modelo de licencia adecuado a la legislación de cada país.
El procedimiento para obtener un copyleft debería estar precedido por la obtención del copyright, por lo que se sugieren cumplir con los dos siguientes pasos:
Paso 1: Obtener un copyright.- Es un trámite que se realiza en un organismo gubernamental del país que corresponda. Por ejemplo en la Argentina se realiza ante el Registro Nacional de Propiedad Intelectual (ubicado por mucho tiempo en Talcahuano y Tucumán, ciudad de Buenos Aires, pero ahora sito en Moreno 1228), donde el autor deberá llevar su obra (impresa o en CD) y llenar un formulario sencillo pagando un importe de $14 pesos argentinos (unos 3 dólares). Esta protección tiene vigencia por tres años, por lo que el autor deberá renovarla periódicamente. Si el autor no cumple estos trámites su obra queda desprotegida, es decir, cualquier otra persona puede registrarla legalmente como propia.
Este copyright otorga al autor todos los derechos reservados. Sin embargo, puede ocurrir que el autor tenga interés en ceder ciertos derechos a otras personas (por ejemplo reproducir su obra pero citando al autor original). En estos casos deberá cumplir el siguiente paso.
Paso 2: Obtener un copyleft.- Es un trámite que se realiza en un organismo no gubernamental, y puede efectuarse vía Internet. Uno de los organismos más difundidos es Creative Commons (CC), una organización sin fines de lucro que ofrece una alternativa a los derechos de autor completos.
A continuación, el autor deberá elegir una o más de las siguientes posibilidades:
1- Atribución (Attribution): El autor permite a otras personas copiar, distribuir, mostrar y reproducir su obra con derechos de autor (y las obras derivadas que estén basadas en ella), únicamente si reconocen su mérito.
2- No comercial (NonCommercial): El autor permite a otras personas copiar, distribuir, mostrar y reproducir su obra (y las obras derivadas que estén basadas en ella), únicamente con fines no comerciales.
3- Obras no derivadas (NoDerivs): El autor permite a otras personas copiar, distribuir, mostrar y reproducir únicamente copias exactas de su obra, y no obras derivadas que estén basadas en ella (por ejemplo un guión cinematográfico es una obra derivada de un libro original).
4- Compartir bajo la misma licencia (ShareAlike): El autor permite a otros distribuir obras derivadas, únicamente con una licencia idéntica a la licencia que rige su obra. Por ejemplo, si un autor ha decidido ceder los derechos 1, 2 y 4, obtendrá una Attribution-NonCommercial-ShareAlike License.
Para cumplir el trámite en Creative Commons hay varias alternativas: a) Ir directamente al sitio web de esta organización (creativecommons.org); una vez elegida la licencia, el autor debe incluir el botón Creative Commons "Algunos derechos reservados" en su sitio web, espacialmente cerca de la obra protegida.
Este botón lleva al Commons Deed, donde todos pueden informarse de las condiciones de la licencia. b) Algunos servicios, como por ejemplo el Flickr de Yahoo, donde cualquier persona puede publicar sus fotos, ofrece a los usuarios establecer una licencia Creative Commons en cualquiera de sus variantes, sin necesidad de ir al sitio web de dicha organización. La licencia debe establecerse sólo para las fotos que tienen copyright.
Según se refiere en Barrapunto.com (Marzo 2009) Creative Commons presentó un nuevo tipo de licencia que no impone restricciones de ningún tipo: Creative Commons 0 (cero). Esencialmente, permite poner un trabajo en el dominio público, donde la persona renuncia a todos sus derechos, incluso a su autoría, sobre el trabajo bajo la ley de copyright, con lo cual esta nueva categoría de copyleft pasa a ser idéntica al dominio público.
3) Dominio público.- Por dominio público se entiende la situación en que quedan las obras literarias, artísticas o científicas al expirar el plazo de protección de los derechos patrimoniales de autor y que implica que pueden ser utilizadas en forma libre, respetando los derechos morales (básicamente la paternidad o derecho a ser mencionado como el autor). Esto sucede habitualmente trascurrido un término contado desde la muerte del autor.
Las obras protegidas por el derecho de autor pasan al dominio público pasados 50 años desde la muerte de su autor, en concordancia con el Convenio de Berna, aunque dicho convenio reconoce el derecho a los países signatarios a ampliar el plazo de la protección. Sin embargo, si se pudiera demostrar mediante una prueba de ADN que una persona es descendiente directo de Homero, jamás podría cobrar los derechos de autor por “La Ilíada”.
En algunos países, el autor puede voluntariamente ceder al dominio público una obra, es decir, renunciar a los derechos patrimoniales sobre su obra, manteniendo la paternidad sobre la misma. Por ello, dominio público no significa falta de dueño. La única restricción que impone el dominio público es citar el autor de la obra.
El sentido que se le da a dominio público en la Licencia de Documentación Libre GNU es el de algo que cualquiera puede utilizar, sin que pueda convertirse en dueño del mismo, ya que la propiedad corresponde a la Humanidad en su conjunto. Es posible entonces considerar al dominio público como una de las versiones más libres del copyleft.
Pablo Cazau. 2009.
Fuentes consultadas
http://www.secyt.gov.ar/11723.htm Ley 11.723 de Propiedad intelectual.
http://es.wikipedia.org/wiki/Derecho_de_autor Derecho de autor.
http://es.wikipedia.org/wiki/Dominio_p%C3%BAblico Dominio público.
http://es.wikipedia.org/wiki/Copyleft Copyleft
http://biblioweb.sindominio.net/telematica/faq_edicion.html FAQ sobre edición y copyleft. Traficantes de Sueños. Versión 1.0 (marzo 2006).
http://es.wikipedia.org/wiki/Creative_Commons Creative Commons.
http://gugs.sindominio.net/licencias/gfdl-1.2-es.html Appendix A. Licencia de Documentación Libre de GNU Versión 1.2, Noviembre 2002.
lunes 5 de enero de 2009
La tortura de elegir un regalo
¡Cuántas veces te habrás arruinado el cerebro pensando qué le ibas a regalar a tu cuñada!Faltan apenas unos días para la fiesta de cumpleaños y una y otra vez, mientras trabajás, dormís, almorzás o te duchás, te asalta la misma maldita pregunta:
¿Qué le voy a regalar?
Porque tampoco es cuestión de quedar mal, y si vas con las manos vacías no te dejarán de sonreír pero ya empezarán a mirarte torcido.
Por supuesto que ya ni te acordás el regalo del año pasado, y entonces empezás a pensar qué le puede gustar. Pero, ¿qué le puede gustar a tu cuñada?, y te ponés a recordar las veces que hablaste con ella intentando hurgar en sus más recónditos anhelos, pero pronto te das cuenta que la conversación más profunda que jamás tuviste se limitó a un “Hola ¿cómo estás?”, y ella contestarte “Y, aquí tirando…”.
Nunca pudiste charlar con ella porque en las fiestas las mujeres se ponen a hablar entre ellas, y en cuanto vos te acercás, enseguida cambian de tema y se ponen a hablar del tiempo.
Lo primero que entonces se te ocurre es preguntarle al marido, que se supone conoce sus gustos, pero casi siempre el hombre resulta más ignorante que vos largándote frases del tipo “A las mujeres no terminás de conocerlas nunca”. Desesperado, empezás a odiar al marido que te deja en banda y, sabedor que a él le molestan los ruidos, ya comenzás a pensar en regalarle una trompeta.
Un recurso fácil que te evita pensar demasiado es regalarle plata, pero a las mujeres no se les regala plata. Ya bastante con que siempre se la apropian descaradamente. Además, regalarle plata es como decirle “Mirá, no tengo ganas de ponerme a pensar en lo que te gusta”, lo cual puede llegar a ser más ofensivo que no regalarle nada.
¿Flores? Eso está muy gastado, es muy victoriano y corrés el riesgo que el marido piense que te querés hacer un levante. Es como decirle que le regalás tu tiempo.
¿Vestidos? Ni hablar. Las mujeres no se conforman con ningún vestido porque siempre se parecerá al vestido de otra mujer. Y lo mismo pasa con los perfumes y la bijouterie, y ellas quieren siempre ser únicas e irrepetibles.
¿Una tarjeta de felicitaciones? Es un regalo de pobre, y se supone que vos tenés algo de guita.
¿Preguntarle qué regalo quiere? Eso es horrible y no se estila, porque tu cuñada enseguida traducirá la pregunta como “¿De qué manera puedo sacarme el problema de tu regalo de encima?”. Tampoco podés ir a hurgar en su cocina para ver si le falta una batidora, ni en su cartera para ver si le faltan tampones.
¿Pedir el asesoramiento del vendedor? ¿Preguntarle qué libro puede gustarle a una mujer aburrida que habla de cualquier pavada, que es lo único que sabés de ella? Muy riesgoso: es probable que no aciertes nunca con el libro justo, incluso si por azar descubriste que va a las conferencias del Sai Baba. Seguro que ya tiene todos los libros del gurú.
Desesperado, empezás entonces a recolectar todos los regalos inútiles que te hicieron, las bolsas de papel que parezcan nuevas para envolverlos y los moños que armó tu abuela en aquel curso de cintitas Ribonnet, pero aquí corrés el riesgo de regalarle lo mismo que ella te regaló el año pasado. Y por supuesto, nadie se acuerda qué le regaló la cuñada el año pasado y menos aún el papel usado como envoltorio. Y todo eso sin hablar del bochorno que supone regalar un par de medias en un envoltorio que dice Librería Fausto.
Poco a poco vas comprendiendo que embocarla con el regalo justo es tan fácil como agujerear una moneda con la pistola a 3000 metros de distancia.
En este punto ya no te importa quedar como un duque, y empezás a considerar regalarle cualquier cosa, incluso algo completamente inútil que seguramente se lo regalará a otro, como un loro, una palangana o el clásico jarrón. Entonces ella te mirará con lástima y terminará pensando que al menos cumpliste con tu obligación de cuñado, largándote mentirillas del tipo “¡Es maravilloso!” o "¡Era justo lo que necesitaba!”.
Y menos mal que además todavía no existe el Día de la Cuñada.
Sin embargo, no todo está perdido. Tal vez te enteraste de la enfermedad que sufre tu cuñada, y entonces le regalarás lo adecuado a su padecimiento, y te estará eternamente agradecida.
Si está deprimida, dinero o cosméticos para verse bien enseguida le cambiarán el ánimo, aunque si la depresión es grave, lo mejor será una pistola cargada.
Para el Alzheimer no hay nada mejor que una revistita de crucigramas, para la anorexia un juego de platos vacíos, para las hemorroides un andador, para las arrugas una plancha, para los calores menopáusicos un ventilador, para la ninfomanía un striper, para la retención de líquidos un video para orinarse de la risa, para las cataratas un tour por el Iguazú o el Niágara, para la fiebre amarilla un japonés, y para las cuñadas cleptómanas un regalo para otra persona.
Finalmente, la cantidad de glucosa y oxígeno que gastan tus neuronas en elegir un regalo llega a ser tan grande que también empezás a compadecer a tu misma cuñada cuando debe pensar en un regalo para vos, y es entonces cuando decidís no hacerla sufrir adelantándole con una pícara sonrisa el chiste idiota que 1000 dólares no estarían mal. Siempre cabe la posibilidad que se tome la broma en serio.
Pablo Cazau. Noviembre 2008.
Buscando un sucesor
No es lo mismo un heredero que un sucesor. Tu heredero recibe tu patrimonio, pero tu sucesor es quien continúa tu obra. A veces ambos roles se funden en la misma persona, como el hijo que recibe la empresa de su padre y continúa con ella. Toda una vida no parece ser suficiente, a veces, para completar una obra, y es aquí donde adquiere sentido el sucesor.
La selección del heredero es una cuestión legal, pero la del sucesor es una decisión íntima y personal: o bien lo designás explícitamente, o bien alguien decide asumir el rol independientemente de tu voluntad: un científico que continúa tu investigación interrumpida, un coleccionista que retoma tu colección, un hijo que ordena y publica la obra inédita de su padre, o un príncipe que continúa la obra del rey.
Al parecer existen algunas sociedades secretas que tienen un número fijo de miembros, de manera que si fallece uno su lugar pasa a ser ocupado por un aspirante elegido de una lista de espera. Los aspirantes son los sucesores porque su misión es seguir adelante con los objetivos de la sociedad, cuya obra puede llegar a durar siglos o milenios.
Habrá quienes no designen sucesores porque creen que todavía es temprano para morirse, o porque consideran que su obra está definitivamente terminada o que sólo ellos podrían completarla. Y habrá también quienes no acepten ninguna sucesión porque sus proyectos son otros, como el hijo que hereda la empresa de su padre pero la vende y se dedica a la pintura.
Y vos ¿ya te nombraron sucesor? o, ¿nombraste algún sucesor?
En mi caso particular, nunca me nombraron sucesor de nadie, pero sí tengo pensado nombrar un sucesor, que seguramente será algún familiar o amigo de extrema confianza. Y si éste fallece primero, entonces tener previsto otro como para seguir los consejos de Martín Fierro:
Su esperanza no la cifren
Nunca en corazón alguno;
En el mayor infortunio
Pongan su confianza en Dios;
Los hombres, sólo en uno,
Con gran precaución, en dos.
Que yo sepa la parca todavía no está rondando por las proximidades, pero uno nunca sabe…
Es esperable que cuando una persona fallece, inmediatamente sus allegados hurgarán primero en bolsillos y cajas fuertes, y segundo en sus documentos personales. Si morís en una catástrofe, tal vez un bombero afortunado se apodere de los pocos billetes que guardes en tus bolsillos, pero si no es ese es caso, convendrá entregar a esas personas de confianza llamadas sucesores, un sobre lacrado o una caja que contenga como mínimo las siguientes cosas:
1) Un título exterior que diga “A Juan Pérez, para abrir sólo en caso de mi fallecimiento”, y a continuación tu firma y aclaración.
2) Instrucciones para encargarse de la tramitación legal de la herencia. Si hay un testamento, incluirlo de puño y letra con fecha y firma, que puede referirse a los principales objetos que querés donar, y a quiénes donarlos: libros, ropa, televisores, botellas de vino, alfombras, etc, e indicar si se quiere ser enterrado o cremado. Es preferible que el testamento sea firmado por dos testigos que testifiquen que quien lo escribió es quien dice ser. Sugerir un abogado de confianza para que se ocupe del trámite sucesorio. Antes de morir, siempre será conveniente poner a nombre de los herederos todos los bienes manteniendo el usufructo de los mismos, para evitar los cuantiosos gastos de los juicios de sucesión.
3) Informar acerca de todas las cuentas bancarias y cajas de seguridad con llave incluida, si las hubiere, con un poder para disponer de su contenido estableciendo qué cantidades de dinero deberán ser entregadas a qué personas, para luego cerrarlas definitivamente. En vida, convendrá que las cuentas bancarias o cajas de seguridad se encuentren a nombre de uno y de la persona de confianza, a orden indistinta (lo que significa que a ellas puede tener acceso uno de los titulares). Si hay dólares en algún colchón, avisar cuál es el colchón.
4) Encargarse de los trámites de sepelios y obtención del certificado de defunción. Si existe una leve sospecha de asesinato, dar parte a la policía (me parece que últimamente estuve leyendo muchas novelas policiales).
5) Hacer un listado de todos los correos electrónicos con sus contraseñas para comunicar a todos mi fallecimiento, y luego de un tiempo razonable en espera de respuestas, de ser posible, cerrar estas cuentas. Listar también todos los sitios donde uno se haya registrado para anular la suscripción, y dar de baja todos los sitios que uno haya eventualmente creado manteniendo por tres meses solamente una página de inicio donde se comunique el fallecimiento del autor.
6) Dejar un mensaje póstumo a los seres queridos, familiares o amigos, y hacérselos conocer. Si corresponde, mencionar a quiénes se ha perdonado.
7) Todo escrito incluido en el sobre irá firmado con aclaración de la firma y la fecha.
Después de todo esto te podrás morir tranquilo sabiendo que alguien hizo un cierre más o menos completo de tu vida.
Pablo Cazau. Agosto 2008.
La selección del heredero es una cuestión legal, pero la del sucesor es una decisión íntima y personal: o bien lo designás explícitamente, o bien alguien decide asumir el rol independientemente de tu voluntad: un científico que continúa tu investigación interrumpida, un coleccionista que retoma tu colección, un hijo que ordena y publica la obra inédita de su padre, o un príncipe que continúa la obra del rey.
Al parecer existen algunas sociedades secretas que tienen un número fijo de miembros, de manera que si fallece uno su lugar pasa a ser ocupado por un aspirante elegido de una lista de espera. Los aspirantes son los sucesores porque su misión es seguir adelante con los objetivos de la sociedad, cuya obra puede llegar a durar siglos o milenios.
Habrá quienes no designen sucesores porque creen que todavía es temprano para morirse, o porque consideran que su obra está definitivamente terminada o que sólo ellos podrían completarla. Y habrá también quienes no acepten ninguna sucesión porque sus proyectos son otros, como el hijo que hereda la empresa de su padre pero la vende y se dedica a la pintura.
Y vos ¿ya te nombraron sucesor? o, ¿nombraste algún sucesor?
En mi caso particular, nunca me nombraron sucesor de nadie, pero sí tengo pensado nombrar un sucesor, que seguramente será algún familiar o amigo de extrema confianza. Y si éste fallece primero, entonces tener previsto otro como para seguir los consejos de Martín Fierro:
Su esperanza no la cifren
Nunca en corazón alguno;
En el mayor infortunio
Pongan su confianza en Dios;
Los hombres, sólo en uno,
Con gran precaución, en dos.
Que yo sepa la parca todavía no está rondando por las proximidades, pero uno nunca sabe…
Es esperable que cuando una persona fallece, inmediatamente sus allegados hurgarán primero en bolsillos y cajas fuertes, y segundo en sus documentos personales. Si morís en una catástrofe, tal vez un bombero afortunado se apodere de los pocos billetes que guardes en tus bolsillos, pero si no es ese es caso, convendrá entregar a esas personas de confianza llamadas sucesores, un sobre lacrado o una caja que contenga como mínimo las siguientes cosas:
1) Un título exterior que diga “A Juan Pérez, para abrir sólo en caso de mi fallecimiento”, y a continuación tu firma y aclaración.
2) Instrucciones para encargarse de la tramitación legal de la herencia. Si hay un testamento, incluirlo de puño y letra con fecha y firma, que puede referirse a los principales objetos que querés donar, y a quiénes donarlos: libros, ropa, televisores, botellas de vino, alfombras, etc, e indicar si se quiere ser enterrado o cremado. Es preferible que el testamento sea firmado por dos testigos que testifiquen que quien lo escribió es quien dice ser. Sugerir un abogado de confianza para que se ocupe del trámite sucesorio. Antes de morir, siempre será conveniente poner a nombre de los herederos todos los bienes manteniendo el usufructo de los mismos, para evitar los cuantiosos gastos de los juicios de sucesión.
3) Informar acerca de todas las cuentas bancarias y cajas de seguridad con llave incluida, si las hubiere, con un poder para disponer de su contenido estableciendo qué cantidades de dinero deberán ser entregadas a qué personas, para luego cerrarlas definitivamente. En vida, convendrá que las cuentas bancarias o cajas de seguridad se encuentren a nombre de uno y de la persona de confianza, a orden indistinta (lo que significa que a ellas puede tener acceso uno de los titulares). Si hay dólares en algún colchón, avisar cuál es el colchón.
4) Encargarse de los trámites de sepelios y obtención del certificado de defunción. Si existe una leve sospecha de asesinato, dar parte a la policía (me parece que últimamente estuve leyendo muchas novelas policiales).
5) Hacer un listado de todos los correos electrónicos con sus contraseñas para comunicar a todos mi fallecimiento, y luego de un tiempo razonable en espera de respuestas, de ser posible, cerrar estas cuentas. Listar también todos los sitios donde uno se haya registrado para anular la suscripción, y dar de baja todos los sitios que uno haya eventualmente creado manteniendo por tres meses solamente una página de inicio donde se comunique el fallecimiento del autor.
6) Dejar un mensaje póstumo a los seres queridos, familiares o amigos, y hacérselos conocer. Si corresponde, mencionar a quiénes se ha perdonado.
7) Todo escrito incluido en el sobre irá firmado con aclaración de la firma y la fecha.
Después de todo esto te podrás morir tranquilo sabiendo que alguien hizo un cierre más o menos completo de tu vida.
Pablo Cazau. Agosto 2008.
El espacio como cuarta dimensión
Una cuarta dimensión puede concebirse como dimensión espacial o como dimensión temporal. Abordemos aquí la primera.
Estamos bien familiarizados con las tres primeras dimensiones espaciales, mientras que a la cuarta dimensión tenemos acceso solamente a través de algunos libros científicos y muchas obras de ciencia ficción. Las tres primeras dimensiones tan conocidas por todos nosotros son indudablemente espaciales: el largo, el ancho y el alto. Si las relacionamos con nuestro propio cuerpo, podríamos decir que nos movemos a lo largo cuando caminamos hacia adelante o hacia atrás; nos movemos a lo ancho cuando nos desplazamos hacia la izquierda o hacia la derecha; y nos movemos a lo alto cuando vamos hacia arriba o hacia abajo. Estas tres dimensiones son entonces bastante cotidianas: usted entra en un edificio y va derecho al mostrador (largo), donde le indican que debe tomar por el pasillo de la izquierda (ancho), y cuando llega al final del pasillo debe tomar el ascensor (alto).
No todos tienen la misma facilidad para manejarse con estas tres dimensiones. Los escultores, los aviadores, los arquitectos deben manejarse con el espacio, y entonces dominan bien las tres dimensiones. Los diagramadores de revistas y los cartógrafos deben manejarse en el plano, y dominan muy bien las dos dimensiones. Y finalmente en otras profesiones como las de conductor de trenes o subtes interesa predominantemente la línea, la única dimensión, y no por nada se suele hablar de la 'línea' de subtes, o de la 'línea' del ferrocarril. Efectivamente, al chofer de estos vehículos le interesa fundamentalmente el adelante y atrás, siendo secundario lo que pasa a los costados, arriba o abajo.
Hasta aquí todo muy bien, pero... ¿y la cuarta dimensión? Momentito que aquí ya entramos en un terreno resbaladizo, más que nada porque no estamos habituados a ella. Por empezar, la cuarta dimensión puede entenderse de dos maneras distintas: como dimensión espacial o como dimensión temporal.
La cuarta dimensión espacial es extraña a nuestra experiencia cotidiana del espacio, tan habituada a las tres dimensiones corrientes. Además de desplazarnos hacia adelante-atrás, hacia los costados, o hacia arriba-abajo, no concebimos que pueda haber ninguna otra dirección de desplazamiento. Usted podrá decirme: "Mire, yo puedo ir simultáneamente hacia arriba y hacia la izquierda", pero esto no es un nuevo tipo de desplazamiento sino la combinación de dos dimensiones ya conocidas. Aunque matemáticamente es concebible una cuarta dimensión espacial (líneas representadas por ecuaciones de cuarto grado, irrepresentables gráficamente), en la realidad real no tenemos acceso a ella, en el supuesto que exista, y la única manera de poder empezar, nada más que empezar, a entenderla, es imaginándonos a un individuo que viviera en un plano (dos dimensiones) y de repente ingresara al mundo de las tres dimensiones, tan extraño para él como para nosotros puede serlo el mundo tetradimensional. Su perplejidad sería enorme, lo mismo que la nuestra si ingresáramos en la cuarta dimensión.
Si un ser plano (bidimensional) pudiese salir del plano e ingresar en nuestro mundo tridimensional, exclamaría ¡Ahora puedo ver este cuadrado en forma 'total'!... Y de la misma manera, si nosotros, seres tridimensionales, ingresáramos en la cuarta dimensión también exclamaríamos ¡Ahora puedo ver a esta persona 'completa'!, es decir, tal vez podríamos ver simultáneamente todo su 'interior'.
La misma perplejidad sentiría el individuo del plano si ingresara a su mundo un ser tridimensional -tan habitual para nosotros- como por ejemplo una esfera, o sea, algo que tiene volumen (largo, ancho y alto).
Como ejemplo, supongamos que Míster Cuadrado habita en un plano al cual va aproximándose desde afuera una esfera. Como él no concibe la tercera dimensión (arriba-abajo), no puede saber que se está aproximando una esfera a su mundo, por ejemplo desde arriba (Kasner y Newman, 1951).
En un segundo momento (Weinbaum, 1987), la esfera empieza a atravesar el plano, pero Míster Cuadrado ve solamente un círculo, porque no puede concebir, lo repetimos, algo que esté arriba o abajo. Aquí se lleva la primera sorpresa: ve aparecer un círculo de la nada, igual que si a nosotros de la nada se nos apareciese un ser humano en tres dimensiones. Pero aquí no terminan las perplejidades, porque Míster Cuadrado observa (Carnap, 1969) que el círculo se empieza a agrandar misteriosamente (léase: la esfera va penetrando cada vez más en el plano). Es como si a nosotros, seres tridimensionales, el sujeto que se nos apareció de la nada empieza a hincharse misteriosamente cada vez más, a aumentar su volumen en forma progresiva, incluso tanto que puede llegar a tocarnos, del mismo modo que si el círculo se ensancha mucho puede tocar al cada vez más confundido Míster Cuadrado.
Ajena a todas estas cuestiones, la esfera continúa impertérrita su viaje y sale del plano, con lo cual Míster Cuadrado ya ni se asombrará, luego de tanto susto, que el misterioso círculo haya desaparecido. Igual que nosotros, cuando vemos desaparecer mágicamente al ser humano que se estaba hinchando cada vez más.
Pablo Cazau. Julio 2007.
Referencias bibliográficas
Carnap R (1969) Fundamentación lógica de la física. Buenos Aires: Sudamericana.
Kasner E y Newman J (1951) Matemáticas e imaginación. Buenos Aires: Hachette, 3° edición.
Weinbaum S (1987) El círculo de cero. Incluido en Ashley M (compilador), La era de Campbell. Buenos Aires: Hyspamérica.
Estamos bien familiarizados con las tres primeras dimensiones espaciales, mientras que a la cuarta dimensión tenemos acceso solamente a través de algunos libros científicos y muchas obras de ciencia ficción. Las tres primeras dimensiones tan conocidas por todos nosotros son indudablemente espaciales: el largo, el ancho y el alto. Si las relacionamos con nuestro propio cuerpo, podríamos decir que nos movemos a lo largo cuando caminamos hacia adelante o hacia atrás; nos movemos a lo ancho cuando nos desplazamos hacia la izquierda o hacia la derecha; y nos movemos a lo alto cuando vamos hacia arriba o hacia abajo. Estas tres dimensiones son entonces bastante cotidianas: usted entra en un edificio y va derecho al mostrador (largo), donde le indican que debe tomar por el pasillo de la izquierda (ancho), y cuando llega al final del pasillo debe tomar el ascensor (alto).
No todos tienen la misma facilidad para manejarse con estas tres dimensiones. Los escultores, los aviadores, los arquitectos deben manejarse con el espacio, y entonces dominan bien las tres dimensiones. Los diagramadores de revistas y los cartógrafos deben manejarse en el plano, y dominan muy bien las dos dimensiones. Y finalmente en otras profesiones como las de conductor de trenes o subtes interesa predominantemente la línea, la única dimensión, y no por nada se suele hablar de la 'línea' de subtes, o de la 'línea' del ferrocarril. Efectivamente, al chofer de estos vehículos le interesa fundamentalmente el adelante y atrás, siendo secundario lo que pasa a los costados, arriba o abajo.
Hasta aquí todo muy bien, pero... ¿y la cuarta dimensión? Momentito que aquí ya entramos en un terreno resbaladizo, más que nada porque no estamos habituados a ella. Por empezar, la cuarta dimensión puede entenderse de dos maneras distintas: como dimensión espacial o como dimensión temporal.
La cuarta dimensión espacial es extraña a nuestra experiencia cotidiana del espacio, tan habituada a las tres dimensiones corrientes. Además de desplazarnos hacia adelante-atrás, hacia los costados, o hacia arriba-abajo, no concebimos que pueda haber ninguna otra dirección de desplazamiento. Usted podrá decirme: "Mire, yo puedo ir simultáneamente hacia arriba y hacia la izquierda", pero esto no es un nuevo tipo de desplazamiento sino la combinación de dos dimensiones ya conocidas. Aunque matemáticamente es concebible una cuarta dimensión espacial (líneas representadas por ecuaciones de cuarto grado, irrepresentables gráficamente), en la realidad real no tenemos acceso a ella, en el supuesto que exista, y la única manera de poder empezar, nada más que empezar, a entenderla, es imaginándonos a un individuo que viviera en un plano (dos dimensiones) y de repente ingresara al mundo de las tres dimensiones, tan extraño para él como para nosotros puede serlo el mundo tetradimensional. Su perplejidad sería enorme, lo mismo que la nuestra si ingresáramos en la cuarta dimensión.
Si un ser plano (bidimensional) pudiese salir del plano e ingresar en nuestro mundo tridimensional, exclamaría ¡Ahora puedo ver este cuadrado en forma 'total'!... Y de la misma manera, si nosotros, seres tridimensionales, ingresáramos en la cuarta dimensión también exclamaríamos ¡Ahora puedo ver a esta persona 'completa'!, es decir, tal vez podríamos ver simultáneamente todo su 'interior'.
La misma perplejidad sentiría el individuo del plano si ingresara a su mundo un ser tridimensional -tan habitual para nosotros- como por ejemplo una esfera, o sea, algo que tiene volumen (largo, ancho y alto).
Como ejemplo, supongamos que Míster Cuadrado habita en un plano al cual va aproximándose desde afuera una esfera. Como él no concibe la tercera dimensión (arriba-abajo), no puede saber que se está aproximando una esfera a su mundo, por ejemplo desde arriba (Kasner y Newman, 1951).
En un segundo momento (Weinbaum, 1987), la esfera empieza a atravesar el plano, pero Míster Cuadrado ve solamente un círculo, porque no puede concebir, lo repetimos, algo que esté arriba o abajo. Aquí se lleva la primera sorpresa: ve aparecer un círculo de la nada, igual que si a nosotros de la nada se nos apareciese un ser humano en tres dimensiones. Pero aquí no terminan las perplejidades, porque Míster Cuadrado observa (Carnap, 1969) que el círculo se empieza a agrandar misteriosamente (léase: la esfera va penetrando cada vez más en el plano). Es como si a nosotros, seres tridimensionales, el sujeto que se nos apareció de la nada empieza a hincharse misteriosamente cada vez más, a aumentar su volumen en forma progresiva, incluso tanto que puede llegar a tocarnos, del mismo modo que si el círculo se ensancha mucho puede tocar al cada vez más confundido Míster Cuadrado.
Ajena a todas estas cuestiones, la esfera continúa impertérrita su viaje y sale del plano, con lo cual Míster Cuadrado ya ni se asombrará, luego de tanto susto, que el misterioso círculo haya desaparecido. Igual que nosotros, cuando vemos desaparecer mágicamente al ser humano que se estaba hinchando cada vez más.
Pablo Cazau. Julio 2007.
Referencias bibliográficas
Carnap R (1969) Fundamentación lógica de la física. Buenos Aires: Sudamericana.
Kasner E y Newman J (1951) Matemáticas e imaginación. Buenos Aires: Hachette, 3° edición.
Weinbaum S (1987) El círculo de cero. Incluido en Ashley M (compilador), La era de Campbell. Buenos Aires: Hyspamérica.
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