lunes 22 de junio de 2009

Verdades sobre los medicamentos

Existe una gran cantidad de medicamentos de probada eficacia fabricados por laboratorios. Sin embargo, la cuestión de los remedios tiene también su lado oscuro, parte del cual tiene que ver con los problemas de su eficacia, de su homogeneidad, de su accesibilidad a la población y de su utilidad.
1) El problema de su eficacia.- La estimación de la capacidad para curar enfermedades o aliviar síntomas se apoya actualmente en experimentos científicos, no en meras intuiciones. Estos experimentos, que primero suelen realizarse con animales, se basan en general en la idea de comparar dos grupos: uno que recibió el medicamento y otro que recibió otro, que recibió un placebo o no recibió nada. Si hay una diferencia estadísticamente significativa entre ambos, la eficacia del medicamento queda demostrada. Existen organismos gubernamentales que controlan si los experimentos están bien hechos, y son quienes darán el aval para su comercialización.
El problema radica en que la plena seguridad se obtiene experimentando con humanos, siendo a veces los conejillos de Indias los habitantes incautos de los países subdesarrollados. Otras veces, como los experimentos suelen durar años, algún laboratorio impaciente por vender su producto lo saca a la venta prematuramente falseando los resultados experimentales.
2) El problema de su homogeneidad.- Tomando el ejemplo de las pastillas, normalmente el medicamento debe estar uniformemente distribuido en cada una de ellas. Incluso si el medicamento es eficaz, no dará el resultado esperado porque ha fallado la dosis.
Por ejemplo, si mezclamos azúcar con agua y agitamos el recipiente, el azúcar quedará suspendido más o menos uniformemente en todo el líquido, hasta que la gravedad llevará el azúcar al fondo: habrá perdido homogeneidad.
Los laboratorios disponen de máquinas que mezclan homogéneamente la droga activa con el excipiente. La droga activa es el medicamento en sí, y el excipiente, generalmente almidón, es una sustancia inocua que otorga cierto volumen a la pastilla como para que esta pueda ser ingerida: no es nada sencillo asir dos miligramos con las manos.
Si tomamos el ejemplo del ácido acetilsalicílico (conocido como aspirina) cada pastilla debe contener normalmente 500 mg, pero hay aventureros que fabrican este medicamento sin haberlo homogeneizado correctamente, con lo cual uno termina tomándose una pastilla que tiene demasiado o que tiene muy poco. El caso de la aspirina no es tan grave como otros, donde una variación de unos pocos miligramos puede resultar fatal.
3) El problema de su accesibilidad.- Incluso si el medicamento es eficaz y homogéneo, existen ciertos impedimentos para que lleguen a toda la población. Uno de ellos es el precio, y al respecto debe saberse que los medicamentos genéricos muchas veces tienen la misma eficacia y son más baratos, y ello sin hablar de muchos productos cotidianos muy baratos que reemplazan perfectamente a ciertos medicamentos. El azúcar aplicado sobre la herida la desinfecta y acelera su cicatrización, sin hablar de una buena siesta que puede quitar el dolor de cabeza.
Si el médico receta un remedio del laboratorio X, inmediatamente puede exigírsele que figure el nombre de la droga, para poder tener acceso a los genéricos, bastante más económicos. Como es sabido, laboratorios y médicos suelen estar entongados para desplumar al paciente.
Otro problema es que muchos remedios no son accesibles porque los laboratorios directamente no los fabrican: o bien porque curan enfermedades de gente pobre que no puede pagarlos, o bien porque las enfermedades son tan raras que no vale la pena montar una línea de producción para tan pocos clientes.
4) El problema de su utilidad.- Es un gran negocio vender remedios para sanos, porque hay mucha gente sana. En efecto, las estrategias de mercadeo de las empresas farmacéuticas más importantes se dirigen ahora de manera específica a las personas sanas. Los altibajos de la vida cotidiana se han vuelto desórdenes mentales, las quejas más comunes se han convertido en afecciones terribles y, cada vez más, las personas comunes se transforman en enfermos. Y es así que las empresas farmacéuticas no sólo comercian con las enfermedades conocidas, sino que también son genuinas creadoras de enfermedades nuevas, contribuyendo de esta manera a la psiquiatrización de la vida cotidiana. ¿Se ha sentido usted molesto porque lo han criticado? ¿Se ha sentido mal porque se tropezó con una baldosa floja? “Para todo hay un medicamento”, nos parece responder el dueño del laboratorio mientras toma sol en Las Bahamas con el dinero de los sanos.
Si seguimos así, pronto sacarán el "Ibu-no-muerte" inyectable, que nos garantiza con un altísimo grado de probabilidad que ese día no nos moriremos. Casi infalible, y seguramente no será otra cosa que puro excipiente de almidón.
El problema de la utilidad de los medicamentos aparece también cuando los laboratorios no sólo quieren curar sino además prevenir. La publicidad de la aspirina ya no menciona solamente el dolor de cabeza como en los viejos tiempos, sino la amenaza de un futuro ataque cardíaco o cerebrovascular, especulando con los lógicos temores de la gente a la muerte o al sufrimiento. ¿Buena alimentación, ejercicio diario, sanos hábitos de vida? De eso ni se habla, con lo cual la población comienza poco a poco a convencerse erróneamente que una simple píldora de cincuenta centavos podrá reemplazar a todo eso. ¡Qué fácil que es mantenerse sano!
Pablo Cazau. Octubre 2008.