lunes 15 de junio de 2009

Círculos misteriosos

El último y más famoso de todos los fraudes fue obra de dos ingleses desocupados y ansiosos por matar el aburrimiento, decididos a jugarle una gran broma a la comunidad científica seria y a los investigadores de Ovnis (1). Utilizando sólo dos tablas, unos trozos de soga y alguna otra herramienta, los señores Bower y Chorley trazaron en diversos trigales del sur de Inglaterra unos extraños círculos donde la vegetación aparecía misteriosamente aplastada. Mr. Bower y Mr. Chorley jamás pensaron que su broma llegaría tan lejos. En poco tiempo había por lo menos 35 expertos en cosechas circulares, y se comenzó a publicar un periódico exclusivo para el misterioso acontecimiento, llamado "The Cereologist". Un libro sobre el asunto, "Evidencias circulares", vendió en poco tiempo 50.000 ejemplares, y todos los días apareció una nueva teoría que explicaba el curioso fenómeno, tanto en la ciencia oficial como en el fantástico contexto de la ovnilogía. El físico T. Meaden afirmaba que los círculos eran producidos por remolinos de aire cargados eléctricamente de materia que aplastaba las mieses, mientras algunos científicos japoneses se inclinaban por una especie de rayo circular generado por microondas. Uno de ellos, Otsuki, llegó a decir muy suelto de cuerpo que 'lo he comprobado porque logré efectos similares en mi laboratorio con ayuda de un computador’.
Ni qué hablar de las explicaciones paracientíficas, que iban desde las huellas de naves extraterrestres, hasta una 'energía curativa que se extenderá a escala planetaria’. Tampoco faltaron los atribulados dueños de esos campos, que optaron por aumentar sus ingresos organizando tours para mostrar los fenómenos de cerca y hasta para tocar la hierba aplastada, cobrando a razón de una libra por cabeza. No podemos dejar de mencionar la teoría más curiosa de todas, y que afirma que los señores Bower y Chorley son en realidad unos farsantes que inventaron una broma para hacerse famosos, aprovechando un extraño fenómeno que aún hoy persiste sin una explicación satisfactoria. El tiempo dirá, en definitiva, quién tuvo la razón.
Pablo Cazau. Abril 2006.
Referencias bibliográficas
(1) Revista Descubrir" N° 5, Buenos Aires, 1981, página 42.