Imaginarse la cuarta dimensión

En 2004 un estudiante de ingeniería, Jonathan Goldney (2004), propuso una manera de representar visualmente objetos tetradimensionales, como por ejemplo un hipercubo (ver figura).


El cerebro humano, hasta donde sabemos y a pesar de ser el objeto más complejo del universo conocido, tiene una capacidad limitada: puede imaginarse el mundo tridimensional, pero encuentra obstáculos serios, cuando no insalvables, para imaginarse el mundo en cuatro dimensiones. Tales hiperespacios, decía Kant ya en 1747, no pertenecen a nuestro mundo, y “una ciencia con estas posibles clases de espacios (espacios de más de tres dimensiones) sería sin duda la mayor empresa que una mente limitada podría abordar en el campo de la geometría”.



Para que el lector tenga una idea de la tremenda dificultad psicológica que implica representarse la cuarta dimensión contando solamente con tres dimensiones, valga el siguiente ejemplo inspirado en la fantasía de Abbott (1929).


Representar la cuarta dimensión desde nuestro mundo de las tres dimensiones tiene el mismo desafío que intentar representar la tercera dimensión en el mundo de las dos dimensiones. Imaginemos un habitante de este mundo plano, por ejemplo un pentágono, intentando explicarle a un amigo suyo, un cuadrilátero, qué es una esfera (objeto tridimensional) y cómo es posible representarla. El pentágono jamás podrá mostrarle una esfera a su amigo, porque ninguno puede concebir la altura como dimensión. A lo sumo en su intento terminará mostrándole un círculo o una circunferencia, objetos planos de fácil comprensión para ellos.


Pero, ¿un círculo representa una esfera? No, o en todo caso es una representación parcial y por ende inadecuada, del mismo modo que los cubos representados por Jonathan son una representación parcial e inadecuada del hipercubo. Inadecuada en el sentido que no nos permite hacernos ninguna idea de cómo puede ser un hipercubo, del mismo modo que un círculo no nos ofrece ninguna idea de cómo puede ser una esfera. Notemos que Jonathan intentó representar un hipercubo mediante cubos, del mismo modo que el pentágono intentó representar una esfera mediante círculos.


Entiéndase que aludimos a una dificultad para la representación visual, no a una dificultad matemática. La dificultad se acentúa cuando se intenta, como lo hizo Jonathan, representar cuatro dimensiones en un espacio de dos dimensiones (una hoja de papel). Supuestamente, esta dificultad se atenuaría si se intentara la representación en las tres dimensiones (por ejemplo, en lugar de dibujar en un papel un sistema de coordenadas de cuatro ejes, se esculpiera en yeso un modelo tridimensional).

Tal vez en un futuro cercano se produzca una mutación aleatoria al mejor estilo darwiniano que permitiera a un cerebro humano adquirir la habilidad de representarse visualmente la tetradimensionalidad (tal vez ya exista esa persona, y tal vez sin saberlo ella misma), incluso independientemente de si realmente existe o no el mundo de la cuarta dimensión. Pero esa persona no es Jonathan, si hemos de juzgarlo por su presentación del hipercubo.

Por Pablo Cazau (De "Ficciones espacio-temporales", 2007).

El abominable Yeti

El extraño ser cubierto de pelos caminó lentamente por la vereda, y finalmente se detuvo frente a la gran placa que ostentaba la puerta. A pesar de la intensa niebla, el humanoide alcanzó a leer claramente:

"INSTITUTO DE INVESTIGACIONES ANTROPOLÓGICAS"

-Buenos días. Soy el eslabón perdido- dijo el curioso ser cuando apareció en la puerta el Profesor Pérez.
-¿El abominable hombre de las nieves? ¿El famoso Yeti?- atinó a preguntar el científico.
-El mismo que ni viste ni calza- respondió el sujeto con voz cavernosa- pero no vengo a entregarme. Tengo un grave problema y ustedes son los únicos que pueden ayudarme.
-¡Como no! ¡Adelante!- dijo el Profesor Pérez trémulo de emoción. Instantáneamente había tomado conciencia que acababa de hacer el descubrimiento más importante de la historia de la humanidad, desde que tiempo atrás Darwin planteara los peludos orígenes de la especie humana. Es que desde entonces todos los aventureros e investigadores trataron de encontrar el misterioso eslabón perdido entre el hombre y el mono, y ahora resulta que se presentaba solito.
-Bien. ¿Y qué tipo de ayuda desea... este... señor?-
-Tengo un grave problema de identidad: no sé si soy un mono o un hombre, y quiero de una vez por todas saber qué soy. Allá en el Himalaya por ejemplo por ejemplo las chicas no me consideran un mono.
-Lo consideran un hombre, entonces.
-Tampoco: siempre huía dejándolas abandonadas cuando venían los bisontes.
-¡Profesor González! ¡Profesor González! Venga a ayudarme. Vamos a hacer un experimento con este sujeto.
Pero el Profesor González no estaba. Era su día de franco. "Mejor -pensó el Profesor Pérez- Este colega mío es tan bruto que cree que el hombre de las nieves se llama así porque sus novias se llaman Nieves".
El Profesor pidió entonces la ayuda de un auxiliar, y entonces pudieron llevar a cabo el experimento que acabaría con las dudas del monstruo peludo.
La primera de las experiencias a que fue sometida la bestia consistió en ubicarla frente a dos jaulas con las puertas entreabiertas: en una había un gorila hembra, y en la otra una bellísima mujer humana, igualmente desprovista de ropas.
-Esto no prueba nada. Quizá hace mucho tiempo que no tiene vínculo carnales y en la desesperación pudo ir a cualquier jaula -aventuró al oído del Profesor Pérez uno de sus ayudantes, una vez que el Yeti pasó un momento agradable con la humana, mientras las gorila saltaba y chillaba expresando su cólera.
-Bien -dijo Pérez- haremos entonces la prueba decisiva.
Y procedió a colocar al ser frente a dos jaulas más pequeñas: en la primera había una banana, y en la otra un billete de 100 dólares. Por las dudas, la banana que pusieron no era verde, pero los dólares sí debían serlo.
Cuando el extraño ser hubo agarrado el dinero sin la menor vacilación y haberlo guardado entre los pelos de su tórax, se dirigió a los hombres de ciencia y les preguntó:
-¿Y bien? ¿Soy un hombre o un mono?-
-Sin dudas, usted es un hombre- le dijeron.
-Eso ya lo sabía- dijo la bestia quitándose la máscara de Yeti y dejando mostrar una perfecta cara de idiota humano.
-¡Nos ha engañado! -vociferó el Profesor Pérez abandonando su circunspección. -¿Se puede saber a qué viene esta estúpida broma, Profesor González?
-No es estúpida -dijo el impostor- ¿Usted cree que todos los días se le presenta a uno la oportunidad de un grato momento con una preciosura, y encima recibir 100 dólares de regalo?
Y saludando a los atónitos hombres de ciencia, se alejó silbando calle abajo el tango "Qué me van a hablar de amor", mientras se terminaba de sacar el traje que había traído.



Texto y dibujo: Pablo Cazau (del libro "Duermevela")

Los hijos preferidos

Lamentablemente no contamos con un amorómetro, o sea un aparato para medir el amor que nos permita identificar que el amor hacia el hijo A es de 7,3 puntos y hacia el otro B de 4,8 puntos. Sin embargo, los padres parecen contar con este extraño aparato, y entonces algunos dirán con total convicción que aman por igual a todos, otros que aman más a unos que a otros, y otros buscarán una respuesta intermedia que los saque del apuro, diciendo que los aman pero de manera diferente a cada uno, para atenuar algún ignoto sentimiento de culpa.
Todo parece indicar, sin embargo, que todo padre o madre tiene un hijo preferido, de manera que siempre habrá un Rodrigo el preferido, un Marcelo que siente celos, y hasta una Lidia que siente envidia.
Los hijos suelen darse cuenta rápidamente si son o no los preferidos porque detectan las más sutiles conductas de discriminación en sus padres. Si se saben no preferidos, pueden hacer lo imposible para convertirse en los más amados, o de última resignarse. Ellos quisieran ser los únicos destinatarios del amor de los padres, o a lo sumo que los amen “especialmente a ellos”, dejando que amen a los demás "un poco menos".
Es notable constatar, por ejemplo, cómo los niños creen a pie juntillas en el Principio de los Indiscernibles de Leibniz, según el cual no existen en el universo dos cosas exactamente iguales.
Por ejemplo, una madre, ansiosa por no demostrar preferencias, entrega a dos hermanitos dos chupetines exactamente iguales. ¡Qué madre ingenua! Los niños no habrán de caer en semejante trampa y uno de ellos, Marcelo el de los celos, querrá el chupetín de Rodrigo el preferido, a pesar de que ambos chupetines son exactamente iguales.
Para Marcelo el de los celos, el otro chupetín no es igual al suyo propio porque, por ejemplo, fue el primero en ser entregado por los padres, o fue el entregado a Rodrigo, etc, lo que hace a ese chupetín ser algo muy especial y distinto al otro. Los padres, para evitar que continúen las peleas, proceden a intercambiar los chupetines. ¡Nueva ingenuidad paterna! Con su conducta están avalando la tesis infantil de que los chupetines no son iguales, pues de otro modo no tendría sentido intercambiarlos. Es así entonces que las peleas entre Marcelo y Rodrigo recrudecen, hasta que finalmente un grito del padre pone término a la cuestión, porque ni siquiera cortar por la mitad el "mejor" chupetín soluciona el asunto, habiendo siempre una mitad mejor y otra peor.
La cosa se pone más caliente cuando por algún motivo un hijo pasa a ser objeto de especial atención: porque cumple años, porque se enferma, o porque nació otro hermanito. Se trata de ocasiones donde los celos de los demás hijos podrían intensificarse hasta límites insospechados, y entonces el hijo celoso se enfermará o se pondrá a llorar como un recién nacido para ser debidamente atendido por sus padres, siendo lo único que no puede hacer cumplir años el mismo día, aunque sí tal vez exigir algún regalo por adelantado.
Los celos fraternales son todo un problema para el hijo, porque intensifican el odio hacia un hermano al que también aman: un conflicto de ambivalencia, según los psicólogos. Y entonces para defenderse de sentimiento tan pernicioso, utilizarán trucos defensivos como la proyección ("es Rodrigo quien siente celos de mí, por lo tanto, no soy yo el celoso"), la negación ("no estoy celoso"), etc. Y desde ya, también podrán instrumentarse recursos adaptativos sobre la base del principio de realidad, que sería como decir "estoy celoso, pero tengo que superar esta situación porque, como dice el Martín Fierro: los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera; tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean los devoran los de afuera".
Pablo Cazau. Abril 2008.

¿En qué pensaba la estatua de "El Pensador"?



La fotografía termina de aclarar en qué pensaba “El pensador” de Rodin. Al parecer descubrió una cuarta ley en la mecánica newtoniana: “Un cuerpo en reposo con la extremidad rígida puede estar acelerado”.
La instantánea (si se puede llamar así sacarle una foto a algo inmóvil) la obtuvo mi amigo español Manuel Reyes mientras era expuesta en Granada, su ciudad natal.
Pablo Cazau. Abril 2008.

Instrucciones para visitar a un recién nacido

Una de las ineludibles obligaciones sociales a que estamos expuestos si uno quiere pasar como persona educada es la horrible situación de visitar a un flamante bebé. Dado que uno no tiene mayor experiencia con esta clase de objetos que ni siquiera se sabe si son o no personas, te convendrá leer las siguientes instrucciones:

1) No podés distinguir si es niño o niña porque siempre está pundonorosamente cubierto, de manera que no metas la pata diciendo ¡Qué hermosa niña! cuando los padres están orgullosos de haber tenido un varoncito y ellos tomarán tu declaración como una ofensa. A pesar que el riesgo de equivocarse es del 50%, en estos casos por alguna extraña jugarreta del destino la probabilidad de errar es del 90%. Sólo tendrás suerte si el bebé está vestido de celeste o de rosa, pero te las verás en serios problemas si su ropa es blanca o verde. Ante la duda, siempre deberás exclamar algo así como ¡Pero qué hermosa criatura!, aun cuando muchos duden de tus declaraciones porque los bebés son por lo general horribles con sus párpados hinchados, su piel rojiza y su cráneo totalmente desproporcionado.

2) Como los bebés no hablan ni entienden nada, ni se te ocurra hacerle alguna pregunta del tipo ¿Cómo te sentís ahora que estás con tu mamá? Lo más probable es que se ponga a llorar desconsoladamente o te vomite encima, con lo cual todos comenzarán a sospechar que le hiciste algún daño.

3) Deberás disimular con mucho disimulo el espantoso olor que pueda despedir la horrible criatura. Jamás preguntes en estos casos si le cambiaron los pañales. Más bien debés hacerte el otario comentando el rico perfume que tiene. Es mejor parecer irónico que desubicado.

4) Un recién nacido jamás se parece al padre ni a la madre. Todos los neonatos tienen la misma horrible cara. Sin embargo, para conformar a los progenitores, deberás decir cosas como ¡Pero si tiene los ojos del papá! aunque tenga los ojos cerrados, o ¡Tiene la boca de la mamá! Claro que son de las pocas mentiras que resultan eficaces, porque ellos siempre te creerán. De hecho, los ojos de un recién nacido pueden parecerse tanto a los del padre como a los de un caballo o un cocodrilo.

5) El momento más atroz se da cuando te piden que lo sostengas en tus brazos. Vos jamás agarraste algo así en tu vida, salvo cuando alzaste un gato o un perro que son más o menos del mismo tamaño. En estos casos deberás mostrarte evidentemente nervioso y confundido para que alguien te de instrucciones del tipo: ¡No, del pelo no se agarra! ¡Y de las orejas tampoco! Mientras lo sostenés en los brazos con infinito cuidado –para vos debe ser como una copa de cristal o un cuadro de Leonardo da Vinci- podés hacer algún comentario del tipo ¡parece bien alimentado!, evitando en estos casos mirar los pechos de su madre, y aunque el pequeño parezca un anoréxico en miniatura.

6) Evita comentarios del tipo ¡No tiene el cabello largo! cuando todo el mundo sabe que ningún bebé nace con melena abundante, y te tomarán como el mayor de los ignorantes. Menos todavía preguntarás si ya sabe gatear o si ya dijo alguna palabra. Con ello demostrarás tanto desconocimiento sobre los bebés que alguno de los presentes se apresurará a quitártelo de los brazos y depositarlo en manos más seguras, ante el riesgo de que lo arrojes al suelo para ver si ya gatea.

7) Los recién nacidos pueden ser medio ignorantes pero no son tontos. Cuando se dan cuenta que no sabés su sexo, que les hablaste, que disimulaste su olor horrible, que dijiste que se parecían a los padres cuando no era cierto, cuando los agarraste del cabello para levantarlos y cuando ibas a soltarlos para que gatearan, ellos se darán cuenta enseguida de la clase de persona que sos y enseguida se pondrá a llorar desconsoladamente, lo cual aprovecharás para concluir tu visita diciendo algo así como ¡Bueno, ahora debe volver con su mamá! ¡Ya he molestado bastante!, afirmación esta última que todos te van a creer con absoluta firmeza aunque te digan que no has molestado para nada.

Pablo Cazau. Marzo 2008.

Mensajes ocultos de la vida cotidiana



Hummm… qué sueño que me agarró. (Decí algo interesante porque no te soporto más).
Las fotos de este catálogo son solamente ilustrativas. (En realidad le venderemos algo peor a lo que usted está viendo).
Estás seguro de tu decisión? (Yo prefiero que hagas mi voluntad).
Bueno, no es que no te quiera, pero… (No te puedo ni ver).
Te gustan las alcachofas al verdeo? (Fue lo único que cociné, así que comételo).
Acá los vecinos siempre se quejan de los ruidos molestos. (Ni se te ocurra cantar).
Nos vemos en cualquier momento, ¿no? (Si no te veo más, tanto mejor).
Es uno de los cinco mejores del mundo. (Es el quinto).
Pablo Cazau. Marzo 2008

La intimidad personal en la pareja

Uno de los grandes mitos en torno al amor sostiene que en el amor verdadero todo se comparte. Él ha de contarle todo a ella, y ella ha de contarle todo a él. No debe haber secretos entre ellos, porque los ocultamientos o las verdades a medias tienen el desagradable aroma de la traición, la deslealtad o la culpa.
Claro está que no nos referimos a situaciones que en muchos casos no se comparten pero no habría problema en compartirlas, como el trabajo, las alegrías o los pesares. Nos referimos a aquello que es prácticamente imposible compartir por formar parte de la la más absoluta intimidad de cada uno.

Una cosa es la intimidad de la pareja, importante y deseable, y otra cosa la intimidad personal de cada uno de los cónyuges, a mi juicio igualmente importante y deseable o, cuanto menos, inevitable.
¿Hay algún secreto inconfesable que jamás contarías a tu pareja? ¿Hay algo que nunca quisieras que tu pareja te contase sobre ella? Si contestás afirmativamente, estarás reconociendo que además de la intimidad compartida hay una intimidad personal intocable, una infranqueable barrera que el otro no puede atravesar. Si contestás negativamente, es probable que estés conformando con el otro/a una pareja simbiótica donde los límites entre uno y otro están borrados, y donde el yo no existe: sólo el nosotros. Este tipo de relación idealizada llega a veces a ser tan asfixiante que la pareja decide juiciosamente una separación temporaria para experimentar la soledad con uno mismo y darse tiempo a pensar si uno es uno o es nosotros, o para intentar comprender aquella gran verdad según la cual toda pareja está compuesta por tres cosas: él, ella y el nosotros.
Tomemos cuatro ejemplos concretos.
1) El correo electrónico.- Hay parejas donde cada una tiene su propio correo electrónico y ni piensan en comunicarle las respectivas contraseñas al otro a pesar de haberse prometido en un rapto de pasión y romance compartirlo todo en esta vida. Conozco otras parejas con un único e-mail que ambos utilizan indistintamente. Otras emplean ambas alternativas: un correo para él, un correo para ella y un correo compartido. Y si le preguntamos porqué, quizás desconozcan algunas razones, pero otras sí. Por ejemplo, porque alguno no quiere dar a conocer algún amor escondido o, más sencillamente, porque la pareja no quiere que el otro/a, muy celoso, interprete equivocadamente un saludo del tipo “te mando un abrazo” proveniente de algún amigo/a sospechoso, y que esto se transforme otro motivo más de pelea estéril. También pueden alegar que ellos tienen ciertas intimidades con un amigo o familiar que no tienen interés en compartir con la pareja.
2) Las fantasías.- Se comparten fácilmente fantasías sobre viajes que realizarán, hijos que van a tener y demás proyectos de familia, pero muchas parejas no están dispuestas a revelar al otro que fantaseó con otra persona en la cama. Pocas parejas se atreven a preguntarle al otro ¿Qué preferís, estar conmigo pensando en otro o estar con otro pensando en mí? Estas cuestiones son delicadas porque dependen de cada persona, de su cultura y de su educación. Podría muy bien ocurrir que una pareja jamás revelara fantasías sexuales personales que orillasen la infidelidad y sin embargo llevarse bien, pero otras, en cambio, tienen el privilegio de darse libertad para contarse mutuamente esas fantasías sin que ello menoscabe el amor que se tienen, y inclusive de realizarlas incorporando a sus actividades sexuales a otras personas.
3) Las necesidades fisiológicas.- Las parejas comparten el ingreso de la comida, pero no todas comparten su egreso, y hasta cierran la puerta del baño con llave. Hay aquí un ejemplo de mantenimiento de intimidades personales que en nada llegan a afectar la felicidad de la pareja.
4) El momento de morir.- Creo que el momento de morir es un acto absolutamente personal porque no puede compartirse con nadie, incluso si los amantes deben morir juntos en un naufragio o en un suicidio concertado. En el momento de morir ocurre una despedida final, el último contacto compartido. Después de ello, él o ella cerrarán los ojos y a partir de allí estarán absolutamente solos enfrentados a su destino. Eso también forma parte de una intimidad personal totalmente intransferible. ¿O quizás no sea así, y uno pueda morir mirando la imagen de su amada y después... la nada? Lamentablemente no podemos preguntarle esto a los muertos.
En suma, las intimidades personales, lo que no se comparte, no necesariamente atentan contra la felicidad de la pareja, e incluso puede llegar a enriquecer la relación, todo lo cual es un gran tema para investigar.
Esta es mi opinión, pero nadie tiene toda la verdad, de manera que invito a todos a dar su parecer sobre esta cuestión que seguramente habrá de despertar encendidas polémicas. En el fondo, ellas nos ayudarán a entendernos a nosotros mismos, a nuestra pareja y a nuestra relación.
Pablo Cazau. Marzo 2008.

Nuevos colectivos en Buenos Aires

Para beneficio de los sufridos pasajeros de Buenos Aires, no estaría de más que las autoridades establezcan las siguientes categorías de colectivos:
Colectivo VIP: Aquí subiría la gente normal, negándosele la entrada a otra clase de pasajeros molestos y desagradables, para quienes se destinarían otros vehículos.
Colectivo flete: Para pasajeros que ocupan espacios desmedidos, como mochileros que caminan golpeando con la mochila a otros pasajeros, familias numerosas con muchos cochecitos, pasajeros con arpa y orquestas en tránsito.
Colectivo freak: Especial para simuladores de reumatismo, mujeres con embarazos psicológicos, individuos con muletas de utilería o sujetos que bajan ellos mismos sus sillas de ruedas y se alejan caminando.
Colectivo fast food: Exclusivo para pasajeros que suben con pochoclos, gaseosas, sandwiches de salame, choripanes, manzanas y platos de ravioles.
Colectivo salamandra: Para pasajeros muertos de frío aunque hagan cuarenta grados centígrados. Carece de ventanillas, y en lugar de asientos hay banquitos como en los baños turcos. Con el boleto los pasajeros reciben un sobretodo, una bufanda y un instructivo sobre hipotermia.
Colectivo vertedero: Para pasajeros con olor a transpiración, a vino o a orina. Cada asiento dispondría de una bolsita para vomitar.
Colectivo estadio: Especial para hinchadas que van y vienen de las canchas de fútbol. La carrocería vendría con portabanderas, y contaría con dos pisos separados con una puerta blindada, para alojar a los de Boca y los de River. En la foto puede verse un antecedente de esta clase de vehículos.
Colectivo movistar: Exclusivo para pasajeros que usan telefonía móvil. El chofer deberá tener un oído muy agudo para escuchar el precio del boleto solicitado, dado el infernal parloteo reinante.
Colectivo auto: Para conductores de automóviles particulares, causantes de los embotellamientos de tránsito que hacen que un viaje en colectivo dure siempre media hora más. Cada asiento tendría una bocina y un volante de mentira para mantener ocupados a estos pasajeros conductores. Cada colectivo podría cargar treinta conductores, con lo cual el tránsito quedaría absolutamente despejado.
Pablo Cazau. Diciembre 2007.

Manual de instrucciones para después de morir

1. La muerte es el momento de transición donde pasarás de la etapa donde has sido soportado a la etapa donde serás recordado, y te darás cuenta que realmente has muerto cuando te sientas liberado, del mismo modo que alguien que desconoce qué es un orgasmo podrá reconocerlo de inmediato en cuanto lo experimente.
Si luego de “morir” te sientes prisionero en un cuerpo inmóvil y aterrorizado en las estrechas paredes del ataúd, es probable que no hayas muerto aún, y que padezcas catalepsia o bien que te hayan hecho ingerir cierta sustancia muy utilizada en Haití y que convierte a las personas en zombies.
2. Cuando hayas muerto no estarás en tu ataúd. Yacerá en él solamente tu cuerpo, del que te habrás desprendido de la misma forma en que los insectos y las serpientes se desprenden de su caparazón para renacer a un nuevo estado. Tus parientes y amigos, no obstante, se seguirán visitando allí porque ser el último lugar donde te vieron.
3. De acuerdo a las instrucciones de tus antepasados los griegos, apenas mueras comenzarás a conocer nuevas tierras y nuevos personajes. El primer contacto lo establecerás con Tanatos, un joven alado que portando una tea encendida te irá a buscar al hospital, a tu casa, al campo de batalla o al lugar donde él decida apagar tu vida. Tanatos es hijo del Erebo y la Noche, a su vez engendrados por Caos, el huevo cósmico del que surgió todo lo existente. Hermanos de Tanatos son Hipnos (el sueño), Momo (la risa, la burla y el sarcasmo), y Caronte, pero solamente conocerás a este último porque el joven alado te llevará hasta las orillas del río subterráneo Aquerón, de aguas infestadas y cenagosas, donde Caronte te esperará con su barca y te conducirá a tu nueva morada, el reino de Hades, que es el mundo de ultratumba de los difuntos.
Aquí deberás tomar tus primeras precauciones, porque Caronte te exigirá dos condiciones: primero, que hayas tenido un entierro digno, y segundo, que le pagues un óbolo. De ello habrán de encargarse tus familiares vivos, por ejemplo llevándote al camposanto y depositando una joya valiosa en tu boca. Caronte negará cruelmente el acceso a todo aquel que no puede pagar o no tenga un entierro digno, y te obligará a errar durante cien años por las orillas del río Aqueronte y la laguna Estigia. Tal es el caso, por ejemplo, de quienes fueron asesinados y escondido su cadáver en las paredes de sus casas, y por tanto condenados a vagar durante años por una región que no es ni el reino de los vivos ni el reino de los muertos, y donde los vivos te reconocerán como un fantasma.
Si has cumplido todos los requisitos exigidos por Caronte, te depositará en la otra orilla del río Aquerón, y ya nunca más podrás retornar al mundo de los vivos. Para ingresar al Hades, el mundo de los muertos, deberás hacerlo por las Plutonias, que son grutas o cavernas subterráneas que te conducirán a lo que será tu morada definitiva porque la salida estará vigilada por Cerbero, un monstruoso perro de tres cabezas que vigila la puerta del reino de las tinieblas. Sólo algunos muertos tienen la suerte de volver a la vida a través del inexplicable fenómeno de la reencarnación.
4. Así como los vivos no pierden el contacto con sus difuntos visitándolos en sus sepulcros, mirando sus fotografías o contactándolos con médiums y clarividentes, tampoco tú perderás el contacto con tus seres vivos, pero en este caso lo harás a través de las fotos, los espejos y los sueños de los vivos.
5. Quienes mueren habitan amplios pasadizos húmedos y oscuros que están detrás de las fotos y de los espejos de los vivos. A través de esos espejos podrás mirar a tus seres vivos, aunque no podrás hablarles, ni tampoco te interesará hacerlo. Los muertos llegan a observar los actos más íntimos de los seres vivos, que estos realizan frente al espejo creyendo estar a salvo de miradas indiscretas. Pero los muertos no retroceden avergonzados porque están más allá de las debilidades humanas.
6. Los muertos lucen diversas prendas de vestir como uniformes de soldado romano o monje de la edad media: y es que los muertos conservan la ropa que tenían puesta cuando murieron. Si están desnudos, quizá hayan muerto mientras se duchaban, y si tiene ropas de pirata, tal vez Tanatos los sorprendió en alta mar o en algún baile de disfraces. Unos pocos lucen una mortaja: ellos fueron enterrados vivos creyéndoselos muertos.
7. Cuando ingreses al reino de Hades verás muertos de todo tipo: leprosos, millonarios, niños, mujeres, músicos, quemados y decapitados. Jamás hablan entre ellos pues no tienen nada para decirse. De hecho, están muertos.
Muchos tienen aspectos increíbles ya que les sigue creciendo el pelo y las uñas. Pueden caminar, aunque lo hacen muy lentamente y, de manera inexplicable sin mover las piernas, y no te costará hacerlo. Tal vez creas estar enfermo, pero no te importará ni harás nada por curarte. Vagarás eternamente por los pasadizos y por algunas mansiones deshabitadas evitando todo contacto con los seres vivos, a quienes ya no podrás amar ni odiar. Si algún vivo ingresa a uno de esos lugares abandonados, es inmediatamente espantado mediante los disfraces que los vivos más temen, como las caretas horribles, las sábanas y las cadenas. Los muertos no pueden reír porque han perdido sus emociones: sólo fingen reír cuando quieren asustar a los vivos para ahuyentarlos.
8. Los muertos no quieren retornar al mundo de los vivos. Perdieron la curiosidad, pues ya conocen todos los secretos de la vida, y tampoco desean, porque el deseo los haría vivir.
Las personas vivas experimentan una amplia gama de sentimientos y emociones hacia los muertos: los veneran, los admiran, les tienen miedo, y hasta siguen amándolos u odiándolos durante mucho tiempo. A los muertos, en cambio, les resultan totalmente indiferentes los vivos: no sienten hacia ellos ni sed de venganza hacia sus asesinos, ni celos hacia aquellos que eligieron otros amores, ni envidia porque todavía siguen vivos, ni tampoco los necesitan como compañía. Ocasionalmente pueden llegar a sentir lástima por ellos porque están prisioneros de la gula, la ira, la envidia, la lujuria, la pereza, la soberbia y la codicia. También los compadecen cuando ven que los vivos insisten en construirles casas de mármol donde graban ridículas inscripciones teñidas de melancolía y alabanzas varias. En realidad, los muertos ya no habitan más en esos lugares, vagando sin rumbo por los pasadizos de la muerte.
Cuando seas difunto tampoco podrás entender qué es una estrategia de supervivencia, porque ellas buscan preservar la vida y tú estás muerto. No tendrá sentido que te defiendas de nadie y, por lo demás, nadie de tus compañeros te atacará porque tampoco ellos intentarán vivir.
9. Cuando mueras, tal vez encuentres en el interminable mundo de Hades algún familiar fallecido antes que tú, pero no intentes acercarte a saludarlo ni ofrecerle la caricia que no supiste darle en vida. Simplemente te desconocerá, porque habrá perdido el corazón. Quizás te reencuentres también con tus amigos o enemigos, pero ya no serán tales porque la muerte es el gran destructor de vínculos.
Si quieres darle al otro lo que no supiste darle en vida, sólo podrás hacerlo con los vivos penetrando en sus sueños, donde tendrás oportunidad de darle aquel abrazo siempre postergado, e incluso podrás despedirte definitivamente de ellos porque no lo hiciste en su momento.
Sin embargo, tienes aún otra opción para contactarte con tus seres queridos fallecidos, y es que ellos se acerquen a ti. Debes saber que cuando mueres, tu primer destino es un campo grande parecido al paraíso, pero luego de un tiempo pasarás a tu morada definitiva: un inmenso desierto donde no hay arena, sino polvo de estrellas. Tus allegados vivos sólo podrán acercarse a ti en el primero de estos destinos, y te darás cuenta porque alguien invisible te estará alcanzando un ramo de claveles rosados, la flor de la recordación y el apego. Y te darás cuenta que ellos te olvidaron porque estarás de buenas a primeras deambulando por un desierto de polvo estelar. Ello es así porque nuestras vidas se componen de tres etapas: donde somos deseados, antes de nacer, donde somos soportados, antes de morir, y donde somos recordados, antes de ser definitivamente olvidados.
10. Los muertos, finalmente, saben que algo ocurrirá cuando el número total de los muertos supere al número total de los vivos, aunque no saben exactamente qué. De lo que sí están convencidos es que tarde o temprano no quedará nadie en el mundo de los vivos. Y ellos reinarán entonces sobre la tierra.







Por Pablo Cazau. Duermevela, 2007.

Mida su capacidad de persuasión

La persuasión es la capacidad de convencer a otro de cualquier cosa. Para medir la suya puede realizar el siguiente experimento, pero eso sí, debe realizar los dos únicos pasos mientras los lee, porque si no lo hace no resultará:
1) Ahora mismo tome el monitor de su PC con ambas manos.
2) A continuación ponga sus labios sobre la pantalla durante 5 segundos.
Si ahora entra su cónyuge o su jefe, deberá convencerlo de porqué estaba franeleando con la computadora. De nada le servirá decirle que se trataba de un experimento que leyó en la PC porque esta nota se autodestruirá en diez segundos.
Pablo Cazau. Abril 2008.