lunes 6 de febrero de 2012

Noche de tango


El pasado 6 de octubre fuimos a “Cátulo”, inaugurado hace unos meses en Anchorena y Zelaya (pleno centro del Abasto) donde disfrutamos de un excelente show tanguero con orquesta, cantores, bailarines y videos, además de un exquisita cena donde cada plato tenía el nombre de un tango (yo me pedí un Tinta Roja, o sea, un bife de chorizo al Malbec con milhojas de papa). Fuimos cuatro parejas y el total salía 1040 dólares, o sea unos 4400 pesos.
Ahora viene la verdad de la milanesa. Si aterrizamos allí fue porque un amigo mío, director de una murga de Flores y conectado con el sindicato que instaló el lugar, nos invitó como parte de la promoción del mismo. Resultado: nadie pagó nada o, mejor dicho, acordamos en dejarle a los mozos 3 dólares cada uno. Del resto del público no supimos nada, salvo de uno que tenía toda la pinta de un yanqui que se fue con un gato.
En fin: para el que le sobra la guita un lugar muy recomendable.
Pablo Cazau. Octubre 2011.


El valor económico de la salud

Hablando crudamente, hay sectores de la sociedad que se benefician con la salud, y otros que se ven perjudicados.

¿A quiénes les conviene que las personas sean sanas? Al Estado, sobre todo si se trata de un estado benefactor que asume el compromiso de atender a los pacientes sin recursos; a las empresas de medicina prepaga y las obras sociales, que disfrutarán de las cuotas de sus asociados sin tener que hacer gastos en tratamientos; a las empresas en general que no deberán otorgar días improductivos de licencia por enfermedad a sus empleados; y especialmente a la gente común, que siendo sana evita sufrimientos físicos y económicos.
Cuando uno se enferma y va al hospital público, el tratamiento lo pagan todos los ciudadanos; cuando es atendido por una obra social, por todos los afiliados; cuando lo es por una prepaga por todos los clientes; y si no va a ninguno de esos lados, el tratamiento se lo paga el mismo enfermo y, con suerte, familiares y amigos.
¿A quiénes les conviene que las personas no sean sanas? A los médicos y otros profesionales de la salud, porque de esta manera siguen teniendo trabajo; a los fabricantes de tecnología médica (por ejemplo máquinas de diálisis), a los proveedores de insumo médicos (por ejemplo jeringas), y especialmente a los laboratorios farmacéuticos. Una persona sana es una amenaza potencial contra la industria farmacéutica, y por ello la OMS en 1948 ya definía la salud como el “completo” bienestar biopsicosocial. Como nadie tiene ese “completo” bienestar, se concluye que no hay sanos, y que todas las personas por tanto han de comprar medicamentos, aunque sean simples minerales que pueden tranquilamente encontrarse en abundancia en frutas y verduras.
La codicia de la mafia de los laboratorios farmacéuticos, basada en la idea que los sanos no generan ingresos, es insaciable, y varios de quienes la denunciaron públicamente han sufrido hasta la prohibición de volver a ejercer la medicina. En su afán por conseguir cada vez más clientes, no sólo promocionan medicamentos curativos (como un antibiótico), sino también preventivos (del tipo “una aspirineta diaria previene ataques cardíacos”), y sintomáticos (alivian síntomas sin curar, como ciertos psicofármacos o analgésicos). Esto significa que casi han logrado que el 100% de la población les compre sus mercaderías.
De todos estos sectores sociales, el más importante es, incluso numéricamente hablando, la gente común, quienes además del sufrimiento económico padecen el sufrimiento físico y psicológico derivada de la condición de enfermo. De ello se desprende la importancia de las campañas de prevención primaria, orientadas hacia tres aspectos fundamentales: la modificación del estilo de vida (hábitos perniciosos), el cambio de ambiente (desde evitar entornos con demasiado smog hasta entornos donde se padece acoso psicológico), y el chequeo periódico (por lo menos del nivel de glucosa, del nivel de colesterol y de la presión arterial, tres de los asesinos silenciosos más comunes).
Muchas personas que se consideran sanas porque no tienen síntomas continúan con sus hábitos, con sus ambientes insalubres y sus faltas de chequeo, y este desinterés es lo que justifica la existencia de campañas que promuevan la salud en tales aspectos y concienticen no sólo los perjuicios económicos de la enfermedad sino también el gran beneficio psicológico de sentirse bien.
Pablo Cazau. Noviembre 2010.

lunes 30 de enero de 2012

El último fideo

Esa noche estaba invitado a la fiesta de casamiento de un primo, por lo que aquel día prácticamente no comí nada sabedor que asistiría a una buena comilona.

Cuando llegué no hubo ninguna entrada ni mucho menos un cocktail party previo, por lo cual empecé a sospechar que moriría de hambre. Luego de una hora de agonía, finalmente trajeron el plato principal: fideos, que empecé a devorar casi inmediatamente aunque de manera educada como corresponde al protocolo social.

Mis desconocidos compañeros de mesa todavía iban por la mitad del plato cuando yo ya me había comido todos los fideos. Bueno, “todos” es una manera de decir. Sabemos que siempre queda un último fideo que suele ser el más problemático. En mi caso, se trataba de un fragmento de pasta de aproximadamente un centímetro de longitud, y que debía engullir sobre todo por el hambre que no se saciaba.

¿Usted probó alguna vez transportar ese último fideo a la boca? Si es así, entonces comprenderá mis tribulaciones. Primero debía resolver el problema de su manipulación, porque ningún tenedor por sí solo puede agarrarlo: siempre se resbala para un lado o para el otro, y a veces aterriza en el traje de uno. Probé empujarlo con un trozo de pan, pero la cosa no funcionaba porque el fideo estaba pegado al plato como si le hubieran puesto adhesivo para metales. Luego empecé a remover desde diferentes ángulos el molesto trozo de pasta, tarea que me insumió varios minutos. A todo esto mis compañeros de mesa ya me habían comenzado a mirar como una curiosidad de las normas de ceremonial, algunos inexpresivos, otros con un discreto asomo de malicia y divertimiento. Mientras mi fideo seguía manteniéndose adherido al plato, terminé mirando a todos con una sonrisa de resignación.

Cuando luego de un tiempo ya nadie me prestaba atención, disimuladamente lo raspé con la uña y me lo llevé con los dedos a la boca pensando que los platos de fideos debían servirse sin el último fideo.

La fiesta de casamiento terminó sin segundos platos ni postres, de manera que cuando llegué a mi casa, todavía hambriento, me dispuse a cocinar más fideos, aún sabiendo que entre todos los que estaban en la olla se escondía, amenazante, el último fideo.

Lo encontré cuando luego de colar la pasta, en la olla quedó un único fideo no más largo que un fósforo. Como estaba firmemente adherido no pude removerlo con cuchillo ni tenedor, por lo cual recurrí a las uñas, y tardé varios minutos porque justo aquel día había decidido cortármelas. Al agarrarlo con los dedos intenté tirarlo al tacho de basura, pero le erré y fue a parar al suelo, donde se rompió en dos pedazos y uno de ellos fue a parar debajo del mueble bajomesada. El último fideo comenzaba a reproducirse peligrosamente.

Estuve agachado varios minutos y cuando comenzaron a dolerme los riñones, pensé en pedirle ayuda a mi señora pero luego cambié de idea. Ella era especialista en tirar el fideo, no en recogerlo. Luego de haber levantado no sin esfuerzo los dos últimos fideos, los arrojé al tacho de basura pero fueron a parar al fondo del mismo, no a la bolsa de residuos, lo cual me significó otros cinco minutos para trasladarlos a su lugar de reposo final. Finalmente pude comer mi segundo plato de fideos del día, no sin antes haber lidiado con otro último fideo en el plato.

Moraleja: al igual que el último escalón o el último orgasmo, el último fideo es el que siempre cuesta más.

Cuando aquella noche me fui a dormir cerraba los ojos y veía un fideo que me perseguía por el fondo de una olla gigante, pero finalmente pude conciliar el sueño distrayéndome con una película de la serie de los Jueves Cardíacos, y un documental de Mil maneras de morir.

Pablo Cazau. Diciembre 2011.

La diversidad de opiniones

Un diario impreso, por elegir un típico medio de comunicación, no es otra cosa que un conjunto de opiniones diversas provenientes de cuatro fuentes: los editores, los periodistas, los lectores y la publicidad. Está claro que los lectores y los periodistas (y especialmente los columnistas) dejan su impronta ideológica, pero también lo hace la publicidad cuando sostiene que tal dentífrico tiene al menos diez ventajas, o cuando el editor ubica en la portada la noticia que Graciela Alfano no usa ropa interior, relegando al último plano la noticia de la muerte de mil personas en un tsunami, o tal vez a un segundo plano la noticia que Alfano perdió la ropa interior en un tsunami en Ibiza. Parafraseando a Marshall McLuhan, puede decirse que la ubicación es el mensaje, o al menos parte de él: el editor está diciendo que lo de Alfano es más importante que lo del huracán.
Existe un amplio espectro de diarios que se extienden entre dos extremos: desde aquellos donde las opiniones siguen una misma línea, como puede serlo el órgano oficial de un partido, hasta aquellos donde las opiniones son muy heterogéneas: la publicidad dice sí, el periodista dice no, el editor dice mas bien sí y el lector dice mas bien no. Mal que nos pese todo este espectro de publicaciones son manifestaciones de la libertad de expresión.
Así como los editores tienen derecho a decir que no necesariamente adhieren a la opinión de los columnistas, también éstos tienen derecho a decir que no necesariamente adhieren ni a la línea editorial ni a la publicidad incluida en el diario o la revista. Los primeros suelen dejarlo en claro, mientras que los segundos casi nunca lo hacen porque les interesa ante todo darse a conocer, sea por el medio que fuere.
Puede resultar disonante que junto a un artículo que defiende el oficialismo haya un aviso publicitario de la oposición, pero ello no es más que la expresión de la pluralidad de opiniones –uno de los soportes de la democracia- y en tal sentido es mejor que una publicación donde todos tienen la misma ideología. Si un diario publica avisos de bebidas alcohólicas, en lugar de quejarse el periodista tiene la inmejorable oportunidad de criticar el consumo de estas bebidas en el mismo espacio. Además, es el dinero del aviso publicitario lo que permite que el periodista pueda publicar, salvo que decida hacer su propio blog en Internet, con la consiguiente merma en la cantidad de lectores.
Pablo Cazau. Setiembre 2010.

lunes 23 de enero de 2012

Las diez estrategias de manipulación mediática



1. La estrategia de la distracción.
El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. ”Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar” (cita del texto “Armas silenciosas para guerras tranquilas”).
2. Crear problemas y después ofrecer soluciones.
Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
3. La estrategia de la gradualidad.
Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.
4. La estrategia de diferir.
Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.
5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad.
La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad” (cita del texto “Armas silenciosas para guerras tranquilas”).
6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión.
Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos.
7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad.
Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores” (cita del texto “Armas silenciosas para guerras tranquilas”).
8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad.
Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto.
9. Reforzar la autoculpabilidad.
Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!
10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.
En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.
Autor: Noam Chomsky

Sacame estas dudas


1. ¿Por qué las mujeres se preocupan tanto por elegir, si dicen que todos los hombres son iguales?
2. ¿Por qué las mujeres abren la boca cuando se maquillan los ojos?
3. ¿Por qué las mujeres con las curvas más aerodinámicas son las que más resistencia ofrecen?
4. ¿Por qué utilizan agujas esterilizadas para poner la inyección letal a los condenados a muerte? 
5. ¿Qué hacer si uno ve un animal en peligro de extinción comiéndose una planta en peligro de extinción?
6. ¿Por qué los kamikazes usaban cascos? 
7. ¿Por qué apretamos más fuerte los botones del control remoto cuando tiene poca batería?
Fuente anónima.

Frases varias X

Soportamos las reprensiones, pero no sufrimos las burlas. Preferimos ser malos a ser ridículos. Moliére
Tal vez para el mundo no eres nada, pero para alguien quizás eres el mundo. Anónimo
Ten paciencia, corazón, que es mejor, a lo que veo, deseo sin posesión que posesión sin deseo. Ramón de Campoamor
Tenemos dos orejas y una sola boca, justamente para escuchar más y hablar menos. Zenon de Citión
Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo en que tener un piano no lo vuelve pianista. Michael Levine
Toda idea nueva pasa inevitablemente por tres fases: primero es ridícula, después es peligrosa, y después... ¡todos la sabían! Henry George
Todas las cosas ya fueron dichas, pero como nadie escucha es preciso comenzar de nuevo. André Gide
Todo aquel que se sobreestime, subestimará a los demás, y todo aquel que subestime a los demás, los oprimirá. Samuel Johnson
Todo el que participa en una discusión defiende dos cosas: una tesis y a si mismo. Paul Valéry
Todo hombre que no sabe "lo que quiere" no merece lo que tiene. Anónimo
Todo lo que es incomprensible no deja de existir. Pascal
Todos los cementerios están llenos de gente que se consideraba imprescindible. Clemenceau
Todos los vicios, con tal de que estén de moda, pasan por virtudes. Molière
Toma años construir la confianza, y sólo segundos, destruirla. Anónimo
Trata a tu inferior como quieras ser tratado por tu superior. Séneca
Tratar de mejorarse a sí mismo es empresa que suele dar mejor resultado que tratar de mejorar a los demás. Noel Clarasó
Un egoísta es quien se empeña en hablarte de sí mismo cuando tú te estas muriendo de ganas de hablarle de tí. Jean Cocteau
Un estadístico podría meter su cabeza en un horno y sus pies en hielo, y decir que en promedio se encuentra bien. Anónimo
Un experto es aquel que ya ha cometido todos los errores posibles en su especialidad. Niels Bohr
Una alegría compartida se transforma en doble alegría; una pena compartida, en media pena. Anónimo
Una palabra hiere más profundamente que una espada. Richard Burton
Una postura adecuada genera una disposición feliz. Anónimo
Una vez al año, ve a un lugar al que no hayas ido nunca. Dalai Lama

lunes 16 de enero de 2012

Robar triunfos ajenos

Si usted hace un asado memorable y alguno de los comensales se manda un discurso donde festeja el asado que “logramos hacer”, es lógico que se sienta molesto porque el asado lo hizo usted solo. Casi con seguridad el mencionado comensal será un político o un aprendiz de tal.
Cuando días atrás los comerciantes de la calle Florida hicieron un acto de protesta contra los vendedores callejeros que le quitaban clientes y no pagaban ni alquiler ni impuestos, se coló en el mismo la legisladora María José Lubertino que casualmente pasaba por ahí y aprovechó para hacer sus declaraciones. No pasó mucho tiempo para que la echaran a patadas sosteniendo que la susodicha vino a hacer su campaña política cuando en realidad los comerciantes estaban reclamando por sus derechos.
El altercado me hizo recordar algo que pasó años atrás en mi barrio, cuando un grupo de vecinos, a fuerza de sudor y entusiasmo, crearon un centro de atención a víctimas de la violencia o algo parecido. Para publicitar la inauguración no tuvieron mejor idea que invitar a un diputado, quien al poco tiempo fue criticado porque había sostenido que el tal centro de atención era algo así como “el fruto del esfuerzo de las leyes propuestas por los diputados”.
Nunca termino de asombrarme de la inagotable imaginación de los políticos para mentir. Afortunadamente, algunas veces son desenmascarados y escrachados.
Pablo Cazau. Abril 2011.

El psicólogo

En este juego participan preferentemente entre 5 y 8 jugadores, que pueden o no conocerse entre sí. Un moderador organiza el juego.
1) Cada uno escribe en un papel con letra bien clara cómo se autodefiniría en tres palabras (por ejemplo emprendedor, imaginativo, franco), y a continuación, su propio nombre.
2) Todos doblan en cuatro sus papeles y los ponen dentro de una bolsa.
3) El moderador saca el primer papel, lee en voz alta las tres palabras y pregunta a cualquier participante quién es la persona con esas cualidades, cuidando de no preguntarle al mismo que escribió el papel. Luego saca el segundo papel y procede de la misma forma con otro participante, y así hasta terminar todos los papeles.
4) El moderador, mientras realiza su tarea, irá anotando puntajes en secreto: si los participantes aciertan tienen tres puntos, si no aciertan tienen cero puntos, y si no quieren arriesgar tienen un punto. Gana quien obtuvo mayor cantidad de puntos. Puede haber más de un ganador.
5) El moderador comunica los puntajes de cada uno y finalmente lee las cualidades que se asignó cada uno.
Puede continuarse el juego con otra alternativa: escribir tres números entre el 1 y el 10, que califican cómo está en la actualidad su estado de salud, dinero y amor. Los nuevos puntajes obtenidos se sumarán a los anteriores, lo que aumenta las probabilidades que haya un solo ganador.

lunes 9 de enero de 2012

Los mejores chistes (I)

El empleado le pregunta al hombre:
- ¿Estado civil?
- Viudo. En realidad enviudé tres veces.
- ¡Pobre! ¿Y cómo murieron sus esposas?
- Las dos primeras comieron hongos envenenados.
- ¿Y la tercera?
- Tuvo una fractura de cráneo.
- ¿Se cayó por la escalera?
- No. No quería comer los hongos.
El paciente entra al consultorio del psiquiatra y le dice:
- Doctor, creo que soy invisible.
Tras unos instantes, el psiquiatra pregunta:
- ¿Quién anda ahí?
Un periodista sorprende a dos miembros del Ku-Klux-Klan en una reunión secreta.
- ¿Qué están haciendo?- les pregunta.
- Estamos organizando la tercera guerra mundial. Vamos a matar a todos los negros y a un dentista.
- ¿Y por qué al dentista?
Frente a esta pregunta, uno de los miembros de la secta le dice al otro:
- ¿Viste? Yo te dije que por los negros no iban a preguntar.
Anónimo. Febrero 2011.