lunes 23 de noviembre de 2009

Aprender a leer por tercera vez


Varias veces en la vida aprendés a leer. Aprendés a hacerlo por primera vez en la escuela con un importante esfuerzo que ya olvidaste, y además porque te obligan a ello.

Más tarde, sólo algunos deciden aprender a leer por segunda vez cuando devoran libros de aventuras, clásicos de la literatura o simplemente el diario. Aquí ya nadie los obliga porque lo hacen por interés, y tal vez porque vieron que otros, por ejemplo los padres, también encontraban placer en esas lecturas.

Sin embargo, casi nadie aprende a leer por tercera vez, porque no hay nadie que te obligue a hacerlo como en la primaria, y porque no encontrás placer como ocurre más adelante en la vida. Vos te preguntarás qué clase de lectura es esta, pero en realidad la conocés muy bien aunque no la practiques.

¿Alguna vez leíste el manual de instrucciones del nuevo calefón? Para qué, si vos ya sabés como anda un calefón: los manuales de instrucciones son para los ignorantes. ¿Alguna vez leíste las instrucciones para casos de emergencia en los colectivos y subtes? Para qué, si no vas a tener ningún accidente. ¿Alguna vez leíste la letra chica de los contratos? Para qué, si no trajiste lupa y además, tratándose de letra pequeña, no ha de ser muy importante. ¿Alguna vez leíste el papelito que viene con los remedios? Para qué, si el médico o la abuela ya saben para qué sirven. ¿Alguna vez leíste los cartelitos que aparecen en las cajas registradoras de los supermercados? Para qué, si vos sos cliente y te tienen que atender igual aunque no estés embarazado, y aunque no pidas que te lleven las cosas a domicilio. ¿Alguna vez leíste la etiqueta del envase de un nuevo producto? Para qué, si ya en la publicidad te dijeron de qué se trata o te lo recomendó el vecino.

En muchos los casos evitar estas lecturas pesadas no trae consecuencias fatales, pero algunas veces sí, y en estos casos suele ser tarde: ya te explotó el calefón en la cara, ya volcó el micro donde viajabas, ya te sacaron mil dólares por la letra chica del contrato, ya te moriste con el remedio que tomaste, ya hiciste una cola de media hora para que te digan que esa caja registradora no era para vos, y ya te enteraste que el Activia que venías tomando de hace rato no es un inofensivo yogur delicioso sino había que ingerirlo con moderación porque te puede arruinar el organismo.

Otras veces, paradójicamente, leer las instrucciones trae consecuencias nefastas. En el viejo puente Pueyrredón vos leés un cartelito en un desvío que dice “Acceso portuario”, le das bola y te decidís a hacer una visita turística al Puerto, pero resulta que desembocaste en la Isla Maciel donde una banda de delincuentes te afanó hasta el apellido.

Pablo Cazau. Junio 2009.

Agendas personales


Una agenda es básicamente un sistema para administrar información sobre actividades a realizar. Hay agendas gubernamentales y agendas empresariales, pero nos referiremos aquí a algo más sencillo: las agendas que registran nuestras actividades cotidianas personales.

Cada actividad suele llamarse técnicamente evento, e incluye el QUÉ (ir al dentista), el CUÁNDO (el lunes a las 16), el DONDE (en la calle Malabia) y el CON QUIÉN (con el doctor Pendorcho), y de aquí que la agenda contiene también información adicional sobre nombres, direcciones y números telefónicos que, si bien no son eventos propiamente dichos, son útiles para definirlos.

Los eventos son siempre acciones: saludar, asistir, cobrar, pagar, pedir, etc. Muchos eventos no se registran: nadie escribe en una agenda cosas como “dormir”, “trabajar”, “respirar”, “llorar” o “hacer pis”. Se registran sólo los eventos que pueden ser olvidados (de los que deben ser olvidados no hay que preocuparse: se ocupa el inconciente).

Hay muchos sistemas de agendas personales, y cada cual elige, bien o mal, la que le resulta más cómoda, de manera que puede decirse que no hay dos agendas iguales.

1) La agenda mental no tiene soportes externos, y la utilizan ciertos privilegiados con una excepcional memoria para recordar lo que tienen que hacer, y cuando y donde hacerlo, además de saberse mentalmente cumpleaños, números telefónicos y mails. Según cuenta El Libro de lo Increíble, de la Editorial García Ferré, a los 97 años, David Roth se sabía de memoria los teléfonos de los 600 miembros de su Rotary Club.

2) La agenda escrita es más segura para la mayoría de las personas, sea que los eventos se registren en la clásica agenda de papel, o en un soporte electrónico como el “Calendario” que ofrecen Hotmail o Gmail, o la “Agenda” de Yahoo.

A partir de aquí se abre la gran diversidad de agendas personales que todos conocemos bien porque alguna vez espiamos distraídamente las agendas de los demás, y hemos exclamado cosas como “¡Qué mal que se organiza Fulano!” o “¡Qué buena forma de organizarse que tiene Mengano!”. Algunas son grandes como un tomo de enciclopedia, y otras del tamaño de un celular.

Algunas son tan prolijas que los eventos están subrayados con regla, y hasta conservan los eventos ya realizados aunque minuciosamente tachados, mientras que otras son todo lo contrario, y que podemos denominar “montaña de papelitos”. Tengo un amigo cuya agenda se reduce a un montón de pequeños papeles de diversos colores y tamaños, que en cierta ocasión alcanzaron los diez centímetros de altura. Claro que para encontrar algo tardaba una hora, pero para él resultaba demasiado trabajo “organizar” la información para encontrarla rápidamente, componente clave de toda agenda eficiente.

No hay una fórmula para la súper agenda, pero pueden aprovecharse algunas ideas para mejorar la propia.

a) Tener una agenda única que integre la agenda personal, la laboral o profesional, e incluso la agenda “negra”, esa que uno no quiere que la esposa espíe, pero en este caso deberá escribirla con algún código secreto. Y si sabe taquigrafía tanto mejor.

b) Incluir una hoja para anotaciones rápidas, que luego serán volcadas al resto de la agenda en el lugar respectivo.

c) Incluir una o dos hojas con la agenda anual, donde de un vistazo pueden verse todos los eventos programados para el año calendario. Muchos de ellos son repetitivos (como horarios de clases), y otros únicos (como salutaciones de cumpleaños).

d) Incluir una sección contable para registrar lo que se debe, lo que hay que cobrar, los ingresos mensuales, vencimientos de impuestos, etc.

e) Incluir al final una hoja con los eventos previstos para el próximo o los próximos años.

f) Desde luego también estará la clásica sección actividades diarias y la sección direcciones, teléfonos y mails. Estas y el resto de las secciones convendrá separarlas mediante cartulinas con solapas, para tener un rápido acceso a cada una.

g) Utilizar pequeños papeles autoadhesivos para eventos repetitivos, lo que evita volver a escribir siempre lo mismo.

h) Dedicar unos minutos diarios a organizar la agenda, preferiblemente al final del día, porque de otra manera le pasará lo mismo que a mi amigo el de la montaña de papelitos: perderá un tiempo precioso para encontrar lo que busca.

i) Periódicamente guardar en la computadora una copia de seguridad de nombres, direcciones y teléfonos, y agregarla impresa a la agenda. Ello hará menos traumático el evento “perdí la agenda”.

Pablo Cazau. Agosto 2009.

El homo eréctil



Imagínese el lector un pueblo primitivo donde a la mitad de los hombres se le paraba y a la otra mitad no se le paraba. Como los únicos que podían reproducirse eran los primeros, todos los hijos heredaron la característica “se le para”, y al cabo de una generación los impotentes quedaron extinguidos.

Sin embargo, aquí no nos referiremos al homo eréctil que se le para sino al homo eréctil que se para y camina en dos piernas, o sea al que tiene la propiedad de la bipedestación. Caminar sobre las dos piernas y tener las manos libres representa una ventaja evolutiva porque por ejemplo se puede acarrear comida más fácilmente. Los científicos sostienen que el ser humano es el único que hace esto.

¿A qué viene todo esto? A lo siguiente.

Desde la época de Darwin la gente empezó a creer que provenían de los chimpancés, y que poco a poco estos fueron mutando hasta convertirse en humanos. O sea, la evolución era considerada lineal: en algún punto de la línea debía haber un sujeto mitad chimpancé mitad hombre, es decir, el famoso eslabón perdido.

Descubrimientos recientes en Aramis parecen echar por tierra aquella presunción: la evolución no fue lineal sino ramificada. Como lo muestra el esquema, a partir de algún mono antiguo se abrieron dos ramas: una que evolucionó hasta el chimpancé, y otra que evolucionó hasta el hombre actual.

Esta teoría surgió cuando encontraron un extraño homínido en Aramis, que existió hace 4,4 millones de años, y que era muy parecido a un simple mono, pero… caminaba sobre dos extremidades. Esta nueva habilidad más algunas otras más hicieron que este ser evolucionara de otra manera hasta desembocar en el hombre actual. Por ejemplo y en tren de simples conjeturas, el hecho de tener ambas manos libres lo estimuló para crear herramientas, habilidad que fue transmitiéndose de generación en generación por los genes y por la enseñanza. Mientras tanto, el pobre chimpancé siguió hasta hoy caminando con sus cuatro extremidades.

Claro que el tema del eslabón perdido sigue vigente, porque ahora tratarán de encontrar al sujeto que es mitad hombre de Aramis y mitad hombre actual.

Pablo Cazau. Octubre 2009.

lunes 16 de noviembre de 2009

Te quiero pero como amigo

La peor frase que podés escuchar de tu pareja es:

-Tenemos que hablar.

Eso significa problemas, porque detrás de eso viene el “si no cambiás nos separamos”, o, peor aún, “te quiero, pero como amigo”, lo cual significa cualquier cosa menos sexo. Cuando tu mujer te dice eso te transformó automáticamente en una bombacha: podés estar pegada a ella todo el día pero no podés hacer el amor. Y menos mal que todavía te considera su amigo, porque... ¿qué les dirá a sus enemigos?

Ella cree que hablándote de quedar como amigos te hace la separación más fácil, pero en realidad mas que nada evita que te enfurezcas, porque después de todo los amigos no se agreden.

Sin embargo, el “quedamos como amigos” significa “ahora no nos vamos a ver nunca más”, y tienen razón, porque nadie puede ser amigo de su ex pareja. No podés ponerte como amigo a escuchar sus confidencias ni sus aventuras con otros porque no deberías sentir celos y haber superado muchos egoísmos y querer su felicidad, como todo buen amigo. Nadie puede ponerse a escuchar cosas como “¿qué me aconsejás: salir con Lucas que está fuertísimo o con Andrés que me vuelve loca con su mirada?”. Es ahí donde decidís comprarte un perro y olvidarte de ella.

Y así te vas convenciendo que una ex pareja no pueden empezar a ser amigos, porque donde hubo fuego cenizas quedan: es mucho más fácil pasar de ser amigos a ser amantes. Te vas convenciendo que para que un hombre y una mujer sean amigos no debe haber deseo sexual por ninguna de ambas partes, y es por eso que la mujer puede tener un amigo gay y un hombre una amiga lesbiana.

Cuando al hombre se le pregunta si es posible la amistad entre el hombre y la mujer, suele ser bastante escéptico, prefiriendo como amigo a otro hombre. En cambio, la mujer no vacila en responder que sí, porque, en primer lugar, hay mujeres que buscan ser ‘sólo amigas’ de los hombres pues reprimen su propia sexualidad, llegando así a una solución de compromiso: pueden estar con hombres pero no tener sexo con ellos y evitar la molesta situación de ser tentadas. En segundo lugar, pueden buscar ‘sólo una amistad’ para darse tiempo a conocer y estudiar a su futuro amante desde ‘afuera’, o para esperar a que el otro por fin se decida a declararle su amor. Desde ya esto no es amistad sino un simple periodo de prueba. Y en tercer lugar, hay mujeres que no pueden encontrar al hombre completo y entonces se buscan el semental capaz de excitarlas y al amigo tierno capaz de comprenderlas. Y cuando encuentran al hombre que tiene todas las cualidades juntas, lo adoptan abandonando a los demás.

Pero la amistad es algo muy distinto. Por ejemplo, no suele tener una ceremonia de comienzo. Una pareja siempre te va a decir que empezaron a salir el 24 de julio a las 18 horas, pero nadie puede decir cuando empezó a ser amigo de alguien. Una pareja necesita verse seguido, mientras que los amigos pueden distanciarse físicamente por años y décadas, y seguir manteniendo la amistad.

Tampoco la amistad es la solución mágica que algunos creen. Luego de una sangrienta lucha, los enemigos se terminan diciendo ¿amigos?, mientras extienden sus manos. Y de la misma manera, cuando la pareja se separa se asegurarán de quedar ‘como amigos’. Desde ya, el único significado que tiene en estos casos la amistad es la cesación de todo odio y todo amor erótico. Pero esto no es una definición de la amistad.

El “contrato” amistoso incluye, en efecto, una cláusula que prohíbe la sexualidad, del mismo modo que en el matrimonio una cláusula obliga al sexo y que en una relación laboral o entre compañeros de estudio otra cláusula simplemente lo permite, sin obligaciones ni prohibiciones. Cualquier relación humana incluye una condición acerca que como manejarán el sexo entre ellos.

A partir de aquí, la amistad tendrá diferentes matices según se trate de amistad entre hombres o amistad entre mujeres.

Freud había dicho que el vínculo entre los hombres es originariamente erótico, y que, al ser desexualizado, se convierte en amistad o camaradería, un sentimiento lo suficientemente intenso como para mantener cohesionados a los individuos que conforman una sociedad.

El hombre valora más la amistad que la mujer, tal vez porque, al ser por definición un vínculo no erótico, reprime más la homosexualidad que ella. Las mujeres, en cambio, son amigas sólo hasta que se interpone el mismo hombre en sus vidas. Quizá por ello es más fácil, cuando de sexo grupal se trata, que dos hombres compartan una mujer a que dos mujeres compartan un hombre.

Pablo Cazau. 2007.

El arte de escribir y publicar

Escribir es una forma de viajar, cuando construimos los escenarios del relato. Es una forma de fantasear, porque nos permite expresar nuestros grandes y pequeños deseos y temores. Es una forma de reír, cuando contamos con humor. Es una forma de llorar, cuando no hay nadie que pueda consolarnos.
También es una forma de hacer, porque podemos modificar las cosas de la realidad (Sarmiento decía que escribir es realizar el pensamiento). También es preservar, porque a la palabra no escrita se la lleva el viento. Es una forma de comunicarse, una forma de protestar, una forma de cobardía cuando escribimos lo que no nos atrevemos a decir oralmente, y especialmente una forma de pensar porque nos obliga a organizar de otra manera nuestras ideas.
Para escribir, hay que leer mucho por varios motivos: para enriquecer el vocabulario, para aprender ortografía, para no repetir de la misma manera lo que otros han dicho, para encontrar motivos de inspiración, para averiguar lo que nunca fue dicho.
Con suerte se aprende a escribir por primera vez a los seis años, pero a veces se tardan décadas en aprender a hacerlo por segunda vez, porque escribir es como armar un rompecabezas. Se comienza por poner sobre la mesa las diferentes piezas sin preocuparnos por el orden, lo cual equivale a escribir ideas sueltas en una hoja en blanco: esas que hasta entonces estaban escritas solamente en el cerebro. Luego, se continúa uniendo piezas y armando pequeños fragmentos del rompecabezas, y, finalmente, se unifican todos estos fragmentos en el rompecabezas total, ya publicable. Este proceso supone ir integrando cada vez más todo el material en artículos o en relatos, y luego eventualmente en libros. Finalmente, todos los libros formarán una unidad global que la tradición ha consagrado con el nombre de Obras Completas.
A veces puede ocurrir que haya piezas del rompecabezas mal ensambladas, con lo cual se deberán reagrupar de una manera diferente, lo que significa que los artículos e incluso los libros pueden sufrir cambios, sea en el contenido, sea en la forma. La obra verdaderamente queda completada cuando el autor fallece o queda incapacitado para seguir escribiendo.
Los escritores más conocidos están entre aquellos que se han presentado en concursos (los escritores trepadores), quienes han pagado la propia edición de sus libros (los escritores adinerados), o quienes finalmente saltaron a la fama porque un editor se arriesgó a publicar su obra luego de haber sido rechazada por otros, y su obra fue aceptada ampliamente por el público (los escritores afortunados). Es así que no hay ninguna seguridad que los mejores escritores sean los conocidos: ellos pueden estar entre los ilustres desconocidos que no quisieron o no pudieron publicar.
Afortunadamente hoy en día la tecnología ha permitido que mediante una máquina de impresión digital se pueda publicar… un solo libro o unos pocos. Gana en principio el autor porque paga menos, y gana la editorial porque puede fabricar o reimprimir libros a pedido sin necesidad de hacer grandes tiradas.
Pablo Cazau. 2008.

Ya nadie se asusta con Drácula


¡Ohhhh! ¡Aquellas épocas en que te agarrabas desesperado a la butaca cuando aparecía Lon Chaney haciendo de Hombre Lobo, o Christopher Lee mostrando amenazante sus colmillos al pobre Jonathan Harker! ¡Dichosos los ingenuos que hoy en día no perdieron su capacidad de morirse de miedo con el regreso de los muertos vivos, el muñeco Chucky o Jason!...

Qué lindo que era sentir miedo. Qué feo haber perdido irremediablemente aquella ingenuidad, un pedazo grande de nuestra infancia. Qué feo haberse convencido que ya no hay más horrores imposibles, y que sólo van quedando en los films los horrores posibles, mucho peores, como los tsunamis, la guerra nuclear y las torturas.

Tal vez todo empezó cuando los creadores de Hollywood fueron perdiendo imaginación, o cuando las sátiras al estilo Mel Brooks comenzaron a mostrar a un joven Frankestein de lo más ridículo, o cuando nos horrorizábamos de la risa al ver a los Locos Adams queriendo comprar un terreno en New York para reacondicionarlo como pantano.

Los creadores tienen por delante un enorme desafío: volver a asustar con nuevas y más eficaces metáforas. Mientras tanto, podemos ir enterrando al Hombre Lobo, la criatura que tuvo la osadía de querer asustar para siempre al hombre.

Pablo Cazau. Junio 2009.

lunes 9 de noviembre de 2009

Mostrando ficciones como realidades

Los novelistas y los creadores de los video-juegos o la realidad virtual no pretenden convencer a los lectores y usuarios que eso es la realidad: sólo los invitan a imaginarse por un momento que es algo real, como un mero juego, y solamente sucumbirán aquellos pocos incapaces de distinguir la realidad de la fantasía. En la película “Matrix”, el protagonista llega a creer que cierta realidad inventada por alguien es la verdadera realidad.

Sin embargo, algunos más audaces se proponen desafiar al público mostrándoles una ficción como si fuera la verdadera realidad.

Por regla general, cuando encendemos el televisor sabemos cuando las personas están actuando y cuando no: podemos distinguir el diálogo entre un periodista y su entrevistado, del diálogo entre dos actores en un teleteatro. Pero, ¿qué pasaría si en una escena varios actores están representando una situación inventada mostrada como si fuera real?

Una película de ciencia-ficción dirigida por Robert Iscove, y cuyo título en inglés es "Without warning", que significa algo así como "Sin advertencia", reproduce precisamente el efecto indicado. Se trata de un largo noticiero absolutamente realista que anuncia y describe la caída de unos meteoritos gigantescos sobre la Tierra. Desde ya, los actores son absolutamente desconocidos, ya que haber puesto a un famoso como locutor hubiera destruido todo el efecto deseado. Podemos imaginarnos a alguien que recién se despierta, enciende el televisor y se encuentra con este ‘noticiero’.

Otro ejemplo está representado por la forma perversa en que se marketinean películas como “Blair Witch”, presentadas como un documental real cuando en rigor se trata de una mera ficción. Incluso llegó a correrse la bolilla que algunos de los actores tenían hoy un paradero desconocido.

Pablo Cazau. Julio 2007.

Una primera versión de esta nota fue publicado bajo el título “¿Ficción o realidad?” en Agony Column, Anuario del Círculo Holmes 2002-2003, editado por la Asociación Amigos de Sherlock Holmes, Barcelona, España.

Alegría y tristeza en los tangos

Si de estados de ánimo se trata, podemos describir sumariamente tres etapas en la evolución de nuestra música ciudadana.

1) Los historiadores en general coinciden en afirmar que el tango nació como acorde alegre. Indica Palacio (1994) que allá por las últimas décadas del siglo XIX y comienzos del XX, los primeros tangos alegres y retozones que se conocen nacieron en aquellos lupanares (quilombos, prostíbulos, quecos) de un Buenos Aires que podía reír al compás de un tango.

2) El mismo autor refiere que el tango continuó cantándose con letras alegres, burlonas y zafadas durante muchos años, hasta que aparece “Mi noche triste”, hacia 1916/1917, donde se estrena el tan mentado esplín o tedio de la vida: “Percanta que me amuraste / en lo mejor de mi vida / dejándome el alma herida / y esplín en el corazón…”.

Paralelamente, otros investigadores destacan que el tango comienza a destilar tristeza de manera concluyente hacia los años 20 cuando hace su ingreso el bandoneón, proveniente de Europa, instrumento que dejó en un segundo plano violines, flautas y guitarras y que poco a poco se convirtió en sinónimo de tango. Fue la época donde la tristeza se hizo omnipresente: tristeza por la pérdida de la madre, por la traición de la amada y por el tiempo qué pasó dejando atrás “el farolito de la calle en que nací”.

3) En una tercera etapa, el tango recuperará parte de aquella alegría perdida. Siguiendo el rumbo de Gardel (Palacio, 1994) otros intérpretes estrenaron tangos humorísticos en las radios y teatros de revistas (“Garufa”, “Chorra”, “Cachadora”, “Atenti pebeta”, etc) durante las décadas del 20 y del 30, pero en las del 40 y parte del 50 no surgió ninguno de tono auténticamente humorístico. Silva Valdés cuenta que el tango cómico es generalmente el producto de un letrista que busca originalidad y éxito, a diferencia del modo doloroso y sentimental, que es borbollón rojo del corazón del pueblo (Silva Valdés, 1976).

Sobre la alegría.- Lo alegre en las letras de tango suele manifestarse como optimismo o esperanza, y bajo la forma del humor cómico.

En el primer caso puede darse el ejemplo de “Si no me engaña el corazón”, donde se juega con la ilusión de encontrar la mujer soñada: “Ya sé como eres, y como es tu voz, porque en mis sueños ya te imaginé…”. También pueden mencionarse, en una línea similar, “El día que me quieras” y “A media luz”.

Respecto de la comicidad, se puede respirar el humor, por tomar un ejemplo entre muchos, en algunos temas interpretados por Julio sosa. El tango "Martingala" narra la mala suerte que tuvo el protagonista en la 'rula' de Mar del Plata. Julio Sosa intercala aquí unos recitados de este tenor: "Y mire que mi vieja me dijo: Andá a veranear a La Salada que Mar del Plata no es pa'vos, cartón”. Hacia el final, el mismo cantor agrega recitando con la música suspendida y con una letra inventada sobre el pucho: "Mándeme veinte mil pesos...mandemelós, mire, si no se los devuelvo yo se los devuelve Pontier [en ese momento el director de la orquesta donde Sosa cantaba], que tiene más guita que Canaro...".

Pero si en alguna letra se han zafado realmente los letristas, ha sido en "En el corsito del barrio", donde se relata el memorable encuentro del pícaro que quiere levantarse una mina con antifaz...y se lleva la sorpresa de su vida a punto tal que Julio Sosa recita en el medio de la melodía cosas como "Y no, muy fulera no era la mina: ¡a las cuatro hermanas mayores tuvieron que tirarlas, mama mía...!", y más adelante termina comparándola con Drácula, Frankestein y el Hombre lobo.

Aunque Edmundo Rivero, el fundador del legendario “El Viejo Almacén”, recorrió toda la gama de estados de ánimo en sus canciones ciudadanas, el humor se aprecia en su trabajo como intérprete de tangos cómicos, de algunos de los cuales incluso fue el autor de la letra.

Una recorrida por su discografía nos revela muy pocas pinceladas irónicas pero sí mucho de una sátira que ridiculiza a los personajes, por momentos de un modo grotesco y extravagante. Y sin intentar definiciones académicas, diremos simplemente que un tango tiene humor cuando es capaz de generar al menos sonrisas.

Descartes cuenta que “los que tienen defectos visibles o los que han recibido en público alguna afrenta, son los más inclinados a la burla” (Descartes, 1646). En “Línea 9” Rivero retrata precisamente al paisano ingenuo que llegó del campo a la gran ciudad, y es desplumado por un vivillo en un tranvía.

Tampoco falta, en la literatura lunfarda, el famoso cuento del tío, donde se intercambian misteriosos paquetes: uno con plata auténtica y otro con recortes del diario como se retrata en "Madame Julie", una auténtica embaucadora que se hace pasar como 'recién llegada' de París.

Retomemos palabras cartesianas: “La mofa o burla es una especie de alegría mezclada con odio procedente de la percepción de algún mal pequeño en una persona considerada como digna de él” (Descartes, 1646). En “Aguja brava”, Rivero sintetiza la biografía de aquel explotador de mujeres que terminó en un calabozo cosiendo colchones para la cana.

Tampoco la figura femenina se ha salvado de la burla tanguera. Los “Tortazos” aluden a los merecidos golpes a una mina por agrandada, que cometió el delito de enganchar a un gil que la chamuya en francés y la pasea en voiturette, olvidada de sus humildes orígenes: "Te conquistaron con plata / y al trote viniste al centro / algo tenías adentro / que te hizo meter la pata”.

Y como siempre, la mujer en el lugar de la eterna víctima de la furia machista del tango. La “Biaba” no es otra cosa que la paliza que recibió la mina por llegar tarde al bulín, y donde se cuenta que los bifes parecían aplausos de una noche de gala en el Colón.

Pero el humor grotesco alcanzará su máxima expresión en las 34 puñaladas –ni una más, ni una menos- inferidas “Amablemente” a la infiel. Otro tema, “Amasijo habitual”, no hace más que reiterar esta temática donde la mujer ocupa el lugar de la traición, el desengaño y la dominación masculina cuando la “duerme de un cazote”.

Pero nuestro tanguero no vacila a la hora de la autocrítica burlona. En “Las diez de últimas” describe el contraste entre su glorioso pasado de pícaro delincuente y su trágico final donde solamente espera a la huesuda que le “sacuda el guadañazo”. Y tampoco hubo de faltar el relato del hombre que se mofa y ridiculiza a sí mismo cuando fue desalojado de su vivienda, en “El desalojo”.

Sobre la tristeza.- Dijo el Negro Celedonio Flores en un reportaje: “No soy de los que creen que el tango cómico sea la expresión de lo que siente el pueblo; sabemos todos que el tango es triste, como toda la música de nuestra tierra”, mientras que Tita Merello, ávida de desafíos, proclamaba que había elegido el tango cómico porque era más difícil hacer reír que hacer llorar.

Las letras del tango, nos revela Silva Valdés (1976), son trágicas y pesimistas, a base de "bacanes amurados", "minas" calculadoras y ambiciosas, y de otros temas conocidos que pintan el dolor masculino. En particular, adjudicará la tan mentada tristeza tanguera también a las condiciones en que se desarrollaba: aquellas en salas públicas de baile donde nunca se estaba seguro, puesto que por una mirada, un rozamiento o un pisotón, se oía un "piñazo", contestado por otro con una puñalada o un tiro de "bufoso". Y en efecto, abundan los temas tristes en el tango mezclados con situaciones de violencia, como en “El ciruja” o “La gayola”, toda vez que la frustración es generadora tanto de depresión como de ira.

También abundan los tangos simplemente tristes, y aquí la lista resulta interminable, desde “Amurado” y “Garúa” hasta otros temas cuyo título lo dice todo: “Nunca tuvo novio” y “En esta tarde gris”.

Finalmente, la alegría y la tristeza también aparecen fundidos en una sola canción. En "Otario...que andás penando" se avizora una especie de lamento optimista que se ríe nerviosamente de su propia desgracia: "Qué te importa si la mina / del bulín se te piantó, / y te traicionó el amigo / y la timba te secó...”. Asimismo “Qué risa” pone al descubierto que un desengaño amoroso puede llegar a ser un motivo para reír, aun cuando no llegue a la categoría de tango cómico.

Y por último, un tango inolvidable, "Padrino pelao", contrasta toda la gama de emociones humanas a propósito de una fiesta de casamiento en el barrio: desde el enojo del padrino por los colados hasta la mustia tristeza de alguna pebeta que “ya para siempre perdió su ilusión”.

Pablo Cazau. Enero 2006.

Referencias bibliográficas

Descartes René, “Pasiones en general y de la naturaleza del hombre” (1646).

Palacio Jorge, “Fue alegre hasta Mi noche triste", Buenos Aires, Revista La Maga, 1° de Agosto de 1994.

Silva Valdés Fernán (1976) “El tango, hijo de la milonga”.

Este artículo es una reedición de otro del mismo autor publicado en “Lasalida”, revista especializada en tango argentino, París, Francia, 2002, y en la revista Tango Reporter, editada en Los Ángeles, California (EEUU), Año X, N° 107, Abril 2005.

Los llamados "niños genios"

La psicología cuenta con una definición bastante precisa acerca del niño genio o superdotado, en términos de si sobrepasa o no un determinado nivel de cociente intelectual. Sin embargo, el saber popular suele llamar ‘genios’ a muchos otros niños, aunque técnicamente no lo son. Veamos cuatro ejemplos.
1) Los niños precoces.- Así como hay niños que presentan cierto atraso en la aparición de algunas funciones, otros se adelantan. Son los llamados por la psicología niños precoces, como aquel que comenzó a tocar el violín a los tres años o aquel otro que ya habla fluidamente a los dos. En la enorme mayoría de los casos con el tiempo estos adelantos se detienen, los niños pasan a ser igual que sus pares y cuando adultos son simplemente personas normales.
2) Los hijos de uno.- Algunos padres tienen cierta tendencia a considerar ‘genios’ a sus hijos cuando éstos manifiestan ciertas habilidades fuera de lo común, pero un niño con una inteligencia superior NO es un genio. A veces no es necesario ni ser padre para sostener esta posición, porque muchos tenemos la tendencia a pensar que los niños son seres infradotados, y entonces nos asombramos cuando vemos que ellos piensan o hacen cosas que son, en realidad, típicas de los niños normales.
3) Los niños sobreadaptados.- Hay niños que son muy exigidos por los demás y por ellos mismos, de manera tal que año tras año aparecen siempre en el cuadro de honor, cuando en realidad se trata de niños intelectualmente normales. He conocido a varios de ellos que luego, con el tiempo, se transformaron en adultos normales e incluso en adultos sin demasiadas luces o que tuvieron varios fracasos importantes en diversas áreas de su vida. Lamentablemente otros continuaron siempre sobreadaptándose destinando todas sus energías en satisfacer las expectativas de los demás, complaciéndolos o volviéndose moralmente muy rígidos, y se olvidaron de ellos mismos. En la clínica psicológica ha sido identificado no hace mucho el llamado “síndrome del ejecutivo”: el hombre ‘exitoso’ que trabaja de sol a sol, va al country los fines de semana, tienen bastante dinero y toda su existencia está altamente programada. Claro que nada es gratis, y entonces como resultado surjen con frecuencia cuadros de hipertensión, infartos y cánceres en edades entre los 40 y los 50 años donde no es estadísticamente esperable que aparezcan estas patologías. Las coronarias se hacen cargo del problema porque ellos son incapaces de procesarlo psíquicamente, o sea, de pensar en lo que les está pasando.
4) Los sabios idiotas.- Hace poco se hablaba en un documental científico de los famosos "idiots savants" (idiotas sabios), aunque allí los llamaban eufemísticamente "savants", o sea individuos intelectualmente deficitarios en muchos aspectos pero que tienen una extraordinaria habilidad para hacer algo: algunos retenían un libro entero palabra por palabra luego de haberlo ojeado brevemente, otros pintaban con absoluta fidelidad una ciudad luego de haberla sobrevolado rápidamente, etc. Tales habilidades suelen aparecer muy tempranamente en la vida, y persisten el resto de la existencia.
Una de las varias teorías que explican este fenómeno sostiene que estas personas, debido a un daño cerebral, no interpretan la realidad: simplemente la ven como es, entonces tienen recursos de sobra para hacer lo que hacen: su cerebro puede concentrarse entera y únicamente en retener.
Ni lerdos ni perezosos, enseguida los científicos metieron a los savants dentro de los aparatos de Resonancia Magnética Funcional (que no examinan la estructura del cerebro sino que lo muestra funcionando en vivo y en directo) para ver qué partes del cerebro se activaban en ellos cuando ejercían sus habilidades ‘mágicas’, y luego estimularon esas mismas zonas a las personas normales para que sean, diría yo, "normals savants".
Todavía están investigando esta cuestión, que no deja de estar relacionada con las dos grandes corrientes que dominaron la historia de la filosofía occidental: los realistas, que sostenían que podía captarse la realidad tal cual es, y los idealistas, que la realidad era aquello que las personas interpretaban y hasta creaban como tal. Los realistas dominaron la filosofía antigua y la medieval, mientras que los idealistas comenzaron pisar fuerte desde el Renacimiento hasta nuestros días. Un realista extremo fue Platón, y un idealista extremo fue Berkeley, que llegó a afirmar que la realidad directamente no existía, siendo un mera creación del espíritu humano.
Pablo Cazau. Abril 2009.

lunes 2 de noviembre de 2009

Cómo acceder a un libro


He aquí las formas principales que tiene un lector para acceder a su libro:

1) Comprar el libro impreso (nuevo o usado) en una librería. Lo que paga por el libro nuevo es una torta que, según iReaderReview suele repartirse clásicamente así: librerías 40%, editores 30%, imprentas, 10%, distribuidores 10% y autor 10%.

2) Comprar el libro directamente al autor en su casa, que se encargó de manufacturarlo él mismo: lo diseñó en una PC, lo mandó imprimir y hasta pudo haberlo encuadernado con sus manos. Desde su propio sitio de Internet, el autor puede también venderlo digitalizado.

3) Comprar el libro impreso por Internet como hicieron por ejemplo sitios vendedores del tipo Amazon y muchas librerías que lo llevan a la casa del comprador.

4) Comprar un dispositivo llamado E-Book o libro electrónico, donde se pueden cargar miles de libros. Supuestamente el costo de cada libro debería ser considerablemente menor porque por ejemplo no hay imprentas. El libro electrónico no avanza tanto porque no toda la gente tiene un E-Book, porque mucha gente todavía prefiere leer libros impresos, o porque no todos los títulos están disponibles para E-Books por motivos técnicos diversos.

5) Comprar o recibir sin cargo un libro en Google Books, donde pueden encontrarse a) libros de dominio público (sin copyright) agotados en librerías, que supuestamente son gratuitos; b) libros con copyright vigentes pero que ya no se imprimen; y c) libros donde se han escaneado sólo algunas páginas: si al lector le interesa, puede comprarlos como libro impreso.

6) Comprar un libro digitalizado mediante el novedoso sistema Google Edition. El comprador podrá armarse su propia biblioteca virtual, marcar las hojas y hacer anotaciones, cortar y pegar hasta un máximo de un 20% del libro e imprimirse algunas páginas pero nunca la totalidad del libro. El sistema fue presentado en la última Feria de Frankfort, que ofrece una gran cantidad de posibilidades de acceso a un libro y que probablemente se convertirán en los nuevos modelos de la industria editorial.

7) Comprar en una editorial o una librería un libro impreso mediante el sistema POD (Print on Demand o impresión bajo demanda), que permite imprimir muy pocos libros en forma muy económica. Varias editoriales ya han dado este paso, evitando así acumular miles de libros en stock: se imprime lo que se demanda.

Teóricamente y sobre todo las cuatro últimas alternativas, que incorporan nuevas tecnologías, reducirían el costo de los libros y además el lector podría saber de la existencia de muchísimos otros libros en forma más rápida.

8) Claro que también se puede pedir prestado un libro en una biblioteca pública. La forma tradicional es caminarse hasta la biblioteca y leerlo allí o llevarlo en préstamo, pero ahora ya se está popularizando, sobre todo en EEUU, el préstamo digital. Basta con entrar al sitio de la biblioteca en Internet y tipear el número de carnet, para acceder a la lista de libros y descargarse los que uno quiera, y todo gratis.

Pablo Cazau. Octubre 2009.